Es de noche, estoy helado, no hay Luna, no veo nada, quizás algún destello a lo lejos.
Me río solo sin motivo, dicen que reirse solo es un síntoma previo a morirse de frío.
Estoy en un agujero de poco mas de un metro de ancho y algo menos de profundo.
Hace horas que está nevando pero hasta la nieve es negra.
Si no vienen a socorrerme me voy a morir y no puedo moverme.
“Badabuuum”--¡¡hostias!!—Algo muy pesado me cae encima, alguien grande y pesado que de momento no se mueve, está aturdido, no puedo hacer nada, estoy entumecido, creo que me ha roto alguna costilla pero no me duele,sólo oigo el castañeteo de mis dientes.
Que suerte, se mueve, --¡¡Ay!!-- Se queja. Vaya ayuda de mierda que ha llegado, y yo muriéndome - pienso.
Se incorpora, me palpa, me toca las manos, están heladas, me busca la cara, nota mi aliento, --pensé que eras un muerto—me dice--, “todavía no” respondo con un hilo de voz, --no te preocupes que esto lo arreglamos ya mismo--.
Siento que hurga en sus bolsillos –¡ajá! aquí está--, desenvuelve algo, parte un trozo y me lo pone en la boca. –Mastica despacio, es chocolate, justo lo que necesitas, verás como reaccionas--.
Estoy recostado de lado con las piernas encogidas, temblando. Se quita el tabardo, se acuesta tras mío en igual posición, me cubre con su gruesa prenda y me abraza.
--Ahora arreglamos tus manos antes que se hielen—, las toma entre las suyas, las frota y llevándolas hacia mi espalda, las introduce sobre su vientre dentro del pantalón y vuelve a abrazarme.
No sé cuanto tiempo ha pasado, parece que nos hemos dormido. No sé quién me abraza, no siento frío, parezco ingrávido, no me duele nada. Poco a poco voy tomando conciencia, abro los ojos y no oigo nada salvo el suave aliento sobre mi nuva. La noche sigue igual de oscura. ¿Estará dormido?.
No me atrevo a moverme. Mis manos siguen en su piel que siento cálida sobre un vientre firme que adivino pálido y trabajado, las bajo un poco y me asusto cuando reacciona, sin embargo me abraza mas fuerte y se mueve y se aprieta y parecemos uno.
Siento que sus manos también buscan calor y serpentean entre mis ropas hasta que encuentran mi cuerpo, no digo nada, tiene todo el derecho del mundo. Son manos fuertes pero amables, se sienten limpias sobre mi piel de talco.
Me acaricia, me masajea, se lo agradezco apretándome más y me besa en el cuello. Me desconcierto pero no digo nada, tiene derecho después de lo que está haciendo por mí.
Ahora si me atrevo a mover mis manos y las bajo un poco en busca de mas calor, un poco más quizás???, no sé..., pero es él el que asciende su pelvis hasta que mis dedos se enredan en su selva mas íntima y yo jamás me había sentido mejor.
No existe el tiempo. Todo es presente. Me desabrocha el pantalón y alcanza sin problemas mi miembro, lo acaricia, lo desflora, me da placer, se entretiene, me recoge los lampiños testículos, los aparta y sigue y adivino lo que busca, me asusta pero no digo nada, le estoy agradecido y no voy a hacerle un feo.
Las manos siempre actúan antes que el cerebro y mientras mi izquierda me baja el pantalón, mi derecha le acaricia el pene que es terso y bien formado y lo lleva y lo acompaña entre mis muslos, lo aprieto con ellos y siento su calor, él se acompasa lentamente, sin forzar nada, en un rito que ya ha adivinado que es de iniciación y necesita su tiempo.
Va y viene acercándose cada vez mas al objetivo, cada vez más húmedo. Siente como me estremezco y piensa que es el momento y emboca apurado y me penetra hasta las entrañas con un envite profundo y grito como una bestia herida –Ahhhhhuuuuuuuhhhhhhh—
Mi aullido atraviesa el espacio a doscientos treinta metros por segundo... “o más”, y llega a todas partes. –Shhhh, no grites mi amor, no tengas miedo, ya pasó, siempre es así la primera vez—me dice mientras acaricia mi cabello y busca mi cara y mi boca que ahora es un pozo de ansiedad, y me besa dulcemente.
Ahora ya se como es esto pero nunca fui cobarde, lo estimulo y lo invito para retomar el acto en el punto en que lo interrumpí, al fín y al cabo “se lo debo”.
Todo es más fácil esta vez y el placer físico va desapareciendo sepultado por un éxtasis jamás experimentado y acabamos serenamente húmedos y calientes.
Ahora la oscuridad ya no es amenazante, siento sus latidos dentro de mí y el hueco en el que estamos es la cámara de vapor de una sauna, es el vientre de una madre, y me quedo nuevamente dormido.
Siento que me arropa y me besa en el cabello, lo busco con la mano pero ya no está, ““”se ha ido”””, me incorporo de un salto, le llamo y no se como llamarle, “””no te vayas, espera”””. Nadie contesta, estoy desconcertado, --¿Quién era este?--, --¿No venía a salvarme?--, no tengo respuestas y me derrumbo en mi agujero.
Por fín el alba pone un poco de luz en el escenario, estoy sentado con su chaquetón puesto y todavía siento su calor, me fijo en la prenda, tiene unos galones de cabo en las mangas, pero..., ¿este color?... ¡¡hostias!!.... si esta prenda no es de los nuestros, es del enemigo.
--Tranquilo--, me digo, ¿y qué si es del enemigo?..., si me ha salvado... ¡¡no es mi enemigo!!
Piensa, piensa, piensa, --siempre tuviste la consciencia de estar en el bando equivocado-hablo en voz alta, --no podías hacer otra cosa no había escapatoria cuando te alistaron a la fuerza--,-- pero sabías que te engañaban--, --ahora es tu oportunidad, tienes el motivo y tienes la ocasión para desertar—
Cojo mi fusil y le ato el pañuelo blanco en la punta de la bayoneta, salto afuera de mi puesto de vigilancia, echo un vistazo al hoyo, si pudiera me lo llevaría, suspiro y empiezo a caminar derecho hacia las líneas enemigas con mi bandera de paz bien alta.
Querido cabo, no puedo hacer la guerra contra ti, te devolveré el abrigo, no debes luchar desabrigado. No sé cómo te llamas pero sé como hueles y conozco tu voz. No dudes que te encontraré y estaré contigo hasta que venzamos, te lo debo caray.