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2005-11-17 16:55:25
mis doce años mis padres decidieron que debía hacer deportes. Era un chico bastante tímido y reprimido. Como era socio de un club desde que había nacido y casi nunca usaba la membresía, me dieron el ultimatum.

hacía algún deporte, o dejaban de pagar, perdiendo todo derecho y no pudiendo ingresar a la cancha gratis cuando jugaba mi equipo favorito. Así que decidí inscribirme en natación. Era lo único que más o menos me interesaba y para mi edad nadaba bastante bien.

Tenía que ir tres veces por semana. El profesor era un hombre joven de aproximadamente unos 35 años. Era nadador profesional y tenía muy buen físico. Lo que más me gustaba de él, era que tenía una cintura muy estrecha. Sus abdominales todos marcados, parecían una tabla y sus ojos azules, que siempre estaban brillantes por su risa agradable, parecían un mar en calma. Pero lo que más me llamaba la atención, era el bulto que se le veía cuando usaba su slip de competición, que era muy ajustado.

A mí siempre desde chico me habían llamado la atención los hombres mayores. Los veía como colosos y me parecía que nunca iba a llegar a ser tan grande como ellos. Siempre los había visto con admiración en los vestuarios de los clubes, me gustaba su armónica perfección. Me detenía a ver sus miembros de distintos tamaños. Los más jóvenes sus músculos marcados y su vigor. No entendía como podrían ser lampiños o peludos... me llamaban más los peludos... tenían, no sé qué, tal vez algo animal que me gustaba... Mi profesor de natación era peludo, no exageradamente, pero lo tenía y eso me fascinaba...

Yo siempre hacía lo mejor posible, todos los ejercicios en el agua, como el profesor me marcaba, para que nunca tuviera que regañarme por el trabajo mal hecho.

Le había pedido un régimen alimentario, para poder tener más energía, poder desarrollar mejor mis músculos y así tener un mayor desempeño en el agua. Al verme tan entusiasmado, me trató de ayudar todo lo posible y en el término de seis meses, aquel chico medio gordinflón, se empezó a convertir en un saludable, casi adolescente, deportista.

En esa época, comenzaron a iniciarse todos los cambios hormonales, que modificaban mi físico y yo tenía muchas dudas con respecto al sexo. El porqué mi pubis se empezaba a llenar de pelos, porqué mi miembro y los huevos comenzaban a crecer, el porqué de los pelos en las axilas... Muchas dudas se agolpaban en mi cabeza y los amigos de mi misma edad, estaban medianamente con el mismo dilema y no me podían ayudar demasiado... y por supuesto, a mis padres, tenía muchísima vergüenza para preguntarles... Así que estaba inserto en el cuerpo de un adulto, con la mentalidad de un niño, asustado por no entender demasiado esos cambios tan abruptos...

Por mi buen desempeño en natación, el profesor me animó a inscribirme en un torneo de clubes rivales. Esto me agradó bastante, pero tenía que tener el nivel necesario para poder desempeñarme y dejar bien parado al club y sobre todo a él, que lo que más me interesaba. Decidimos de común acuerdo, con la venia de mis padres, practicar, además de las 3 veces semanales, todos los días entre una hora y hora y media más, pero de noche. El profesor, les prometió a mis padres que cuando termináramos de practicar, me llevaría a casa en su coche. Así que ellos no tuvieron ningún problema en permitírmelo.

Yo estaba más que entusiasmado, porque Raúl, el profesor, me trataba como a un adulto y hacía que creciera la confianza en mí mismo.

Una noche en particular, nos quedamos un rato más, porque me costaba sacar la salida de un estilo determinado. Se metió conmigo en el agua para ayudarme y con cada roce de sus brazos sobre mi cuerpo, me ponía cada vez más nervioso. Raúl me trataba de ayudar todo lo posible, pero entre la hora, el cansancio físico y mi nerviosismo, decidió dar por terminada la práctica por esa jornada.

Como el vestuario de los menores ya estaba cerrado (eran pasadas las nueve), Raúl, después de avisar a mis padres por la hora, me llevó a ducharme con él al vestuario de los "grandes". Llevamos nuestros bolsos hacia una cabina, la cual tenía una puerta que la cerraba totalmente, un pequeño receptáculo para dejar las cosas y cambiarse y la ducha en sí. Entramos. Raúl pasó el cerrojo en la puerta y abrió la ducha al máximo. Sacamos los implementos de limpieza de nuestros bolsos. Yo estaba muy nervioso, nunca lo había visto desnudo a mi profesor y eso me excitaba bastante. Raúl llevaba todavía su slip, entonces yo decidí dejarme el mío por pudor. Nos metimos bajo la ducha y comenzamos a bañarnos. El profesor me dijo:

- Para sacarle todo el cloro al slip, es mejor enjabonarlo puesto así se lava bien.

Acto seguido, se comenzó a pasar el jabón por sobre su miembro, haciendo muchísima espuma. Yo comencé a hacerlo también, pero me puse todo colorado, porque cuando me empecé a tocar, mi verga, se empezó a endurecer sin poder ocultarlo, así que me di vuelta y me quedé quieto a espaldas de él, esperando que algún tipo de milagro me bajara la erección. Raúl me palmeó la espalda y me dijo:

- Tenés vergüenza?

Me di vuelta, estaba colorado como un tomate. Tenía las manos tapando la erección. Me miró fijo y me preguntó:

- Que te pasa?

- No sé - le dije - cuando me empecé a enjabonar, se me puso dura...

- Y por eso tenés vergüenza? - Asentí - no tenés porqué sentirla, es natural, más a tu edad - Yo seguía sin emitir palabra - A ver, dejame ver!

Saqué las manos sin mirarlo siquiera, tenía miedo que me dijera algo y nuestra amistad se vería empañada. Con una de sus grandes manos, delicadamente, me tocó. Yo sentí una excitación tremenda, quería que no la sacara.

- Ya te masturbás?

- No le dije - mirando para abajo.

- A tu edad ya debés eyacular, o todavía no?

- A veces me despierto todo manchado, pero me da miedo tocarme.

- Pero te gusta lo que estoy haciendo?

- Si... me gusta, pero el cura me dijo que era pecado, que no lo hiciera...

- Pero te dijo algo de que te toque otro?

- No. - Le contesté.

Vi como a Raúl también le estaba creciendo. Alargué la mano hacia su entrepierna, pero me detuve a los pocos centímetros...

- La querés agarrar? - Me preguntó - hacelo.

Y como vio que no me movía, me llevó la mano hacia su miembro. Era grande, se la empecé a acariciar. Creció más. Mientras Raúl me había bajado el slip y me estaba masturbando suavecito.

- Tenés una linda pija -

Me bajó el prepucio, tenía la cabeza hinchada. Me tocó el culo, lo apretó. Yo me abracé fuerte a él. Necesitaba hacerlo. Su verga ya estaba del todo dura y me estaba presionando la panza. El agua caliente seguía cayendo. Yo lo seguía abrazando. Me sentía tan bien entre esos brazos fuertes y musculosos y su pecho peludo! Me apartó un poco, me señaló su inmensa verga y me pidió que lo masturbara. Yo lo comencé a hacer y con la otra mano le agarraba los huevos, grandes y pesados. Se arrodillo y sin decirme nada, se la metió en la boca. Yo no daba más de la alegría y la excitación que tenía. Le agarré la cabeza con ambas manos. Su boca subía y bajaba cada vez con más fuerza. Con sus manos agarró el jabón y me lo empezó a pasar por el culo. Sobre todo la raya que separa los globos... me gustaba. Sentí un dedo haciendo fuerza en mi ano. Separé las nalgas. El jabón permitió que todo el dedo, poco a poco ingresara en mi interior. Si Raúl me estaba haciendo eso, no tenía porqué ser malo, además, me daba mucho placer, así que lo dejé hacer. Todo mi cuerpo empezó a temblar y sentir un gusto nunca experimentado. Me asusté, tenía ganas de salir corriendo del lugar, pero el profesor me tenía fuertemente agarrado de los muslos. Tenía ganas de reír y llorar a la vez. Sentí que mi cuerpo se me iba... Solo sentía su boca, su dedo metido en mi ano, que se movía... Involuntariamente de mi verga empezó a salir todo mi esperma... Me sentí mareado y me caí en el suelo, tratando de llenar mis pulmones de aire... En eso golpean la puerta:

- Estamos cerrando! - Avisó el portero.

- Ya va, Don Julio! - Le contestó Raúl.

Como ya estaba bien, me levanté y me empecé a secar rápidamente. Sentía vergüenza. Nos vestimos en silencio y salimos. Yo pensaba que todo el mundo estaba enterado de lo que había pasado. Sentí los ojos de todos (los pocos que quedaban), que me miraban acusadores.

Salimos del club. Raúl era un conductor excelente. Tomamos el camino de costumbre, pero a las pocas cuadras de casa, estacionó el auto en un lugar bastante oscuro. Me miró y me preguntó:

- Te gustó lo que pasó en la ducha?

- Si - le contesté.

- Querés que vuelva a pasar de nuevo?

- Si - le dije.

Llevó mi mano a su entrepierna. Estaba excitadísimo. Desabrochó su cinturón, abrió la cremallera del pantalón y sacó su verga afuera. Yo me puse a jugar con su miembro y sus bolas... me dijo:

- Chupala.

- No sé si me va a gustar...

- Si no la probás, no lo vas a saber...

Me agaché. Mi mano no podía cerrar del todo su circunferencia. De la punta de su glande salían gotas de líquido. Lo probé con la lengua. Era un sabor raro, medio salado, medio agrio. No sé si me gustó, pero abrí la boca todo lo posible y me metí la cabeza. Empecé a chuparla, estaba caliente y muy dura. Le agarré los huevos y se los empecé a tocar con una mano. Me gustaba la tersura de su bolsa. Abandoné la cabeza y me puse una en la boca. La empecé a pasar por toda la cavidad y le daba pequeños mordiscos, sintiendo en mis dientes su blandura. La escupí. Me metí la otra, sintiendo como Raúl había comenzado a masturbarse y escuché como gemía. Mi pija se había vuelto a endurecer. Me la saqué del pantalón y empecé a masturbarme, ya no tenía miedo. Raúl con una mano me comenzó a tocar el culo. Le dejé hacer. Bajó mi pantalón y slip, se mojó un dedo de saliva y lentamente lo empezó a meter nuevamente, Pero mi esfínter esta vez se negó a abrirse... Así que con mi mano se lo saqué. No intentó de nuevo. Volví a chuparle el glande, después de dejarle sus bolas bien mojadas. Raúl con una mano en mi cabeza me obligó a meterme un poco más y otro poco. Cuando llegó a la garganta, empecé a hacer arcadas... bajó la presión, pero continúo guiándome para que subiera y bajara mi boca por su mástil. Cada vez gemía más fuerte. Sus manos me obligaban a apurar mi trabajo sobre su verga. Sentí que un chorro me inundaba. Traté de apartarme, pero Raúl me tenía fuertemente agarrado y no me pude escapar. Me estaba ahogando, así que me tragué toda su descarga. Cuando terminó, me dejó sacar la cabeza y pude respirar. Yo tosía. Tenía la comisura de los labios llenos de esperma. Agarró mi cabeza, me miró con una sonrisa de satisfacción. Me lamió lo que me quedaba en la cara y me besó. Abrí los labios y permití que su lengua jugara con la mía. Me sentía en el séptimo cielo! Me acordé de los besos de las películas y en ese momento, pensé que nunca lo había querido tanto!

Me abrazó y nos quedamos así un rato largo. Los autos pasaban, pero nadie se percataba de nuestra presencia. Al rato me dijo:

- Te gustó lo que pasó recién?

- Si mucho! - Le contesté.

- Querés que lo volvamos a repetir?

- Si! - Le dije entusiasmado.

- Entonces me tenés que prometer una cosa.

- Que cosa? Le pregunté medio asustado.

- Que no se lo tenés que contar a nadie y menos a tus padres

- Porqué? Es malo?

- Porque la gente grande no entiende. Y si vos se lo contás me puedo llegar a enojar mucho!

Yo lo adoraba y ahora más que nunca. Así que no quería que se enojara conmigo por nada del mundo entonces me apuré a decir:

- No Raúl, nadie se va a enterar!

- Así me gusta - Me dijo y me dio un beso en la boca.

- Mirá yo tengo otros amigos como vos, si querés te los puedo presentar.

Mi cara se iluminó. Que bueno era! Quería que yo también tuviera amigos!

- Cuándo me los vas a presentar?

- Esperá, esperá! Todavía no. Pero esto a nadie eh!

- A nadie. Te lo juro!

Raúl pareció satisfecho.

La semana siguiente, convenimos en que nos quedaríamos más tarde un día. Así, además de practicar natación, también podíamos practicar otras cosas.

Ese día yo estaba muy ansioso. Cuando estábamos en la clase, vi que MArcos, un chico de quince años, morocho y muy simpático, me prestaba mucha atención. Me ayudaba a realizar bien los ejercicios. Claro, él sabía, hacía dos años que estaba en el equipo!

Lo que sí me llamó la atención, era que antes yo había pasado totalmente desapercibido para él. Cuando algo me salía bien, me daba una palmada en el hombro y cuando no, me incitaba a mejorar.

Era un chico excelente. Cómo me ayudaba! Yo siempre había admirado su figura esbelta, su cintura angosta, sus bíceps y tríceps bien marcados, juntamente con su pecho duro y sus nalgas firmes y... también observé, debo decirlo, que tenía un paquete más que interesante...

Cuando terminamos la práctica esa noche, Raúl me dijo:

- Tengo una sorpresa para vos.

- Si, de que se trata?

- Esperá que ya vas verlo.

Nos dirigimos al vestuario de los "grandes" como la semana anterior y fuimos a la misma cabina de la primera vez. Raúl volvió a pasar el cerrojo. Yo no daba más, no hizo mas que cerrar la puerta y me abalancé a él, lo abracé y le di un beso en la boca, de las ansias acumuladas que tenía. Raúl me dijo:

- Pará un poquito, que aunque sea abra la ducha!

La abrió. Esta vez fue él el encargado de enjabonarme bien el slip de competición para que se le vaya todo el cloro y yo del suyo. Cuando terminamos, nos lo sacamos, lo enjuagamos bien y nos volvimos a abrazar y besarnos. Estaba muy feliz..!

En eso escucho que llaman quedamente a la puerta de la cabina, yo me puse muy nervioso y busqué el slip para ponérmelo. Pero Raúl me dijo:

- No te vistas, acá vino la sorpresa!

Cuando abrió la puerta apareció MArcos, vestido deportivamente con una raqueta de paddle en una mano y el bolso al hombro.

- Llego tarde? - Preguntó.

- Llegaste justito - Le respondió Raúl.

Volvió a pasar el cerrojo. Se abrazaron y besaron. A mí me dio un poco de celos. Pero Raúl me agarró la mano e hizo que MArcos y yo nos diéramos un beso en la boca. Mientras lo hacíamos MArcos me agarró fuertemente las nalgas con sus manos y me dijo:

- Que fuerte que estás!

A mí me gustó mucho lo que me dijo, no sabía que era lindo, entonces le contesté:

- Vos también!

Nos dimos otro beso más, pero esta vez con la lengua. Raúl se había puesto detrás de MArcos y le estaba bajando los pantalones, pero me dijo:

- Te dejo los honores de bajarle el slip!

Yo más que contento me arrodille a sus pies, lo ayudé a sacarse las zapatillas y las medias, mientras le veía con los ojos de goloso el bulto que se dejaba ver. Se lo agarré con las manos y empezó a crecer.

- Chupame arriba del slip - Me pidió.

Acto seguido, acerqué mi cara, abrí la boca y empecé a morder todo el palo que tenía escondido. MArcos con su mano aplastó mi cara y yo seguía mordiendo y chupando hasta que noté que estaba muy duro. Tenía olor a orín y sudor, pero ese aroma me embriagaba. Le bajé el slip y me encontré con una verga de 16 cm. Gorda y linda, pero igualmente no era tan grande como la del profesor. La tomé entre las manos y metí su cabeza en mi boca, su gusto era distinto, más salada, distinto. Me hicieron parar y Raúl nos acariciaba a los dos por igual. MArcos se arrodillo y se metió nuestros miembros en la boca, claro que el mío en comparación con el del profesor, no tenía comparación, la de él 20 cm. en comparación de la mía de apenas 13 o 14. Nos chupaba a los dos, mientras Raúl me besaba apasionadamente.

Raúl le empezó a acariciar el culo a MArcos. Y mientras este me la seguía chupando, Raúl se agachó y le empezó a meter los dedos.

El agua caliente seguía cayendo y nuestros cuerpos disfrutando. Raúl se dirigió hasta su bolso y trajo profilácticos y un tubo de crema. Se puso un poco en la mano y se lo empezó a pasar por el ano. MArcos paró bien el culo cuando le metió un dedo, dos tres... En su cara se veía una expresión de placer total. Raúl se paró y le puso la pija en la boca, con cada lamida le iba creciendo más y más. Cuando estuvo bien dura, desenrolló el profiláctico sobre su miembro. Le quedaba medio afuera. Nunca había visto una penetración en mi vida, pero ahora lo estaba haciendo. Raúl se arrodilló y lentamente fue introduciéndole la verga. MArcos hizo un rictus de dolor, pero se calmó. Respiró hondo, mientras Raúl lo seguía penetrando. Y yo veía todo! Cuando estuvo totalmente adentro comenzó a moverse hacía delante y hacia atrás. MArcos me pidió que me pusiera en cuatro patas, porque me quería lamer el culo. Lo hice. Sentí en la espalda las gotas tibias de la ducha, mientras miraba los azulejos medio amarillos por el tiempo. Sentí la lengua de MArcos que me comenzaba a taladrar. Empecé a experimentar un placer nuevo. Su dedo empezó a juguetear con mi ano. Lo quiso introducir. Me asusté y lo cerré. MArcos me empezó a chupar y me relajé de nuevo. De pronto siento que vuelve a jugar con mi ano, pero siento algo distinto, un picor, un calor bárbaro, me comenzó a meter el dedo y ese calor me penetraba. A mi vez sentí que mi ano se dilataba, se entumecía. El dedo había ingresado en su totalidad, me gustaba. Metió otro y otro más y empecé a gozar la nueva sensación de tener sus dedos en el culo que se movían. Empecé a moverlo buscando más. En eso, vi como Raúl salía de MArcos y se cambiaba el profiláctico y me dijo con amor:

- Nunca te vas a olvidar de esto!

MArcos sacó sus dedos. Yo traté de relajarme lo más posible. No me creía capaz de recibir ese tamaño. Se puso detrás de mí. Besó mis nalgas, las separó bien con sus manos, las acarició. MArcos lo ayudó para apoyar su glande en la entrada.

- Es como si te lo hiciéramos los dos - Me dijo al oído.

Yo estaba emocionado. La calidez de la lluvia, la tibieza de las baldosas del piso, el vapor que subía... todo eso le daba una ambientación irreal... Sentí que la punta estaba ingresando, un poco más. Un dolor agudo me invadió. Empecé a sentir miedo.

- Relajate bien, sino no lo vas a poder disfrutar! - Me dijo Raúl.

MArcos se paró y me puso su verga en la boca.

- Chupá, chupá! Y tratá de no pensar! - Me dijo.

Empecé a chupar como si fuera lo único y más importante. Como si no existiera otra cosa. Introdujo un poco más. Mi ano trato de rechazarlo con todas sus fuerzas. Pero Raúl estaba quieto, no se movía, pero tampoco salía. Me fui relajando o mi ano se acostumbró al tamaño porque ya no me dolía tanto. Seguía chupando a MArcos. Lentamente me introdujo la totalidad de su miembro. Me dolió pero no tanto como antes... Sentir sus bolas tocando las mías. Estaba todo adentro. En ese momento, sentí que lo amaba más que nunca! Raúl comenzó a entrar y salir lentamente. MArcos se tiró en el piso y empezó a chuparme con ardor. Yo a mi vez, viendo que se estaba masturbando agarré su verga y empecé a chupársela también. Raúl empezó a moverse más rápido. Me di cuenta que estaba gozando siendo penetrado. Nunca había pensado que podía experimentar tal placer! Nuestros ritmos se fueron acelerando. Mi corazón parecía reventar, necesitaba aire... Raúl ahogó un grito. Sentí como el profiláctico se iba llenando. En ese momento descargué toda mi crema en la boca de MArcos que se la tragó gustoso. Raúl se cayó arriba mío. MArcos se apartó y se terminó masturbando en nuestras espaldas acabando al instante... Raúl todavía seguía dentro mío. Le agarré los brazos con fuerza, las piernas con mis piernas, no quería que saliera... Cuando su miembro perdió su volumen salió se escapó de mi culo... Sentí que me faltaba algo, en eso MArcos



me miró y me besó. Tenía los ojos enrojecidos... Entendía...

Cuando recuperamos el aire, nos besamos los tres. Uno con el otro y el otro con el otro... Raúl cerró la ducha. Nos secamos. Estaba muy contento, pero me sentía raro. Me vestí en silencio. Pensaba en todo lo que me había cambiado la vida en esos pocos meses... Cuando me dejaron en casa Raúl me dijo:

- El sábado con los chicos de natación hacemos una reunión porque es el cumpleaños de uno de ellos... querés venir?

Cuando entré en mi casa, mis padres me vieron tan contento que me preguntaron que me pasaba. Les conté que me habían invitado a un cumpleaños para el sábado siguiente, los chicos de natación. Mi mamá me dijo que si iba Raúl, me dejaría. Yo le dije que él no iba a faltar y mi sonrisa se iluminó...

Autor: Anónimo


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