Porno Galerias Gratis Foro Contactos Gratis Videos Porno Fotos Porno Juegos Relatos Eroticos Porno Gratis SexShop Webcam Porno
   






Edad &

Crea tu perfil y conoce gente cerca de ti

ZONA PRIVADA DE MACIZORRAS




 

Webcam Porno

Webcam Porno


2010-11-08 01:15:03
Sé que tenéis una imagen sórdida de mí, también yo he cooperado, lo sé. Releyendo lo poco que he escrito, me sorprendo, y lo peor es que a veces me identifico con ello. “Es un buen síntoma” me dijo el Dr. Casapollosa que me asiste desde que Marcos me dejó por el polaco.

Mientras él disfrutaba de su recién estrenada vida, yo me iba al dentista, partido por el dolor de muelas. Algo no funcionó cuando manipulaba en mi boca con su mano enguantada y tuve una reacción alérgica, se me hincharon los morros y después la lengua. Tuvieron que chutarme fuerte en la ambulancia, y cuando al cabo de unos días me dieron el resultado de las pruebas, se confirmaron los peores pronósticos: ALERGIA AL LÁTEX con todo lo que ello comportaba. No sólo estaba en dique seco, sino que tendría que buscar condones alternativos, porque a pelo no me iba a arrimar yo a esos chulos. Pensé en el sexo tántrico, pero desde que ese famoso peluquero de voz chillona lo practica, me da repelús.

Presentía que algún consuelo extra me podría proporcionar el Dr. Casapollosa, a parte del alivio espiritual y la medicación que me daba. Puede que el bote de lubricante me hubiese ayudado, pero no lo llevaba encima y ya estaba decidido, cuando el ascensor subió los treinta pisos a toda leche, rompiendo la gravedad y la telilla de mis cojones. Tras atender que la neurótica de turno saliera, y de que Greta me franqueara el paso, me senté en el sillón de la consulta esperándolo.

“Está sacando toda la rabia contenida, y también esa parte oscura que todos cobijamos”, me había dicho durante la última sesión, prosiguiendo con el diagnóstico: “Vamos bien con la catarsis, ese marica garrulo y vicioso va aflorando poco a poco, y luego ya veremos que hacemos con él, quizá usted lo acepte de una vez o....caput... lo matemos...ejem ….ritualmente, claro” .Y acompañó esas palabras con un gesto muy explícito: su mano como una daga cortando su garganta...

Yo era muy políticamente correcto y me horrorizaba oír la palabra “marica”, y eso que el doctor lo decía con ese tono arrastrado y amable que tiene la vieja burguesía de la zona alta. Él no era gay, porque para esas cosas no soy nada del gremio. En casos graves prefiero la objetividad, y allí estaba: en esa consulta forrada de piel negra, y despojada de cualquier toque blanco y sanitario.

Escuchando chilout, sentado frente al mar y a treinta pisos del impacto, parecía imposible que algo se torciera y sólo daba fe de mi trance: la cuenta corriente que menguaba acelerada y las recetas de fluoxetina no genérica que me dispensaba Greta, la enfermera, una sueca de sonrisa de hielo y tetas desafiantes.

El doctor entró, y tras los saludos protocolarios y la puesta al día de mi estado, le solté de forma franca y decidida:

-Mire doctor. Usted no sólo me ha aliviado de mis penas, sino que ha sacado la zorra que llevo dentro. Por fin la he aceptado. Ya no soy ese gay fino y elitista que llegó al matrimonio casi virgen, que no salía de la ciudad más que en avión o en gay crucero, y si no salgo más y no practico cruising es porque no tengo transporte propio. Pero hay un problema que ahora veo insuperable: soy un ser patético cuya alma usted conoce mejor que yo, abocado a la castidad casi absoluta por culpa de mi intolerancia al látex..

El doctor permanecía callado, observándome, y yo lo tanteaba pensando en si me informaría de que también hacen condones de vinilo, o dejaría de mirarme como a un cobaya, y se implicaría por fin en la terapia de forma activa. Le miré ese brazo, robusto, moreno y peludo, y salivé. Debía aprovechar el estado de autocomplacencia en que lo había sumido y me metí en faena. Me bajé los pantalones y los gallumbos de diseño, temiendo que en cualquier momento hubiese pulsado algún botón secreto, y los seguratas invadieran la consulta para sacar al terrorista sexual. Me tumbé sobre la mesa, levanté las piernas y me ofrecí diciéndole:

-Doctor, no me dirá ahora que nunca ha hecho tactos rectales sin guantes...de ser así.....¿ por qué no aplicarme esas medidas preventivas?...¿y por qué no meterme cinco dedos en lugar de uno y asegurarse de que no hay nada malo ahí al fondo?...y si no hay almorrana, ni tumor, ni pólipo, y sólo encuentra la soledad y el ardor del mal follado...¿por qué no calmarlo?...¿no dice eso el Juramento Hipocrático?

-Ejem.....-carraspeó apurando la sorpresa-. La verdad es que no dice eso exactamente, aunque así puede interpretarse si usted quiere.... y también es cierto que practiqué esa terapia en mis años de residente.... y aunque ahora queda fuera de mi especialidad, no está de más el reciclarse, por si acaso...ejem...-Y mientras hacía esas aclaratorias observaciones, se dirigió hacia la puerta para decirle a la sueca:

-Por favor, Greta, que no nos molesten. Vamos a llevar a cabo una regresión hipnótica de alta intensidad. -Oí la puerta cerrarse y otra abrirse, la de un frigorífico y el trastear en ella...

-Bífidus activos, créame -le oí murmurar-,  hidratan y restauran la flora bacteriana del intestino.

Ahora estaba frente a mí, abriendo el yogur mientras yo tensaba la piel de mi nalga, para mostrarle el mísero ojete faltado de macho. Él metió sus dedos en el tarro, y tras darle unos someros lametones lo ungió en el ano...

-Oh...-gemí yo-...está frío....no podría pasarlo antes por el microondas..porfa?

-¿Microondas?....ya lo calentarás con tu culito, puta zorra...

Lo miré asombrado. ¿Era el Dr. Casapollosa ese eminente psiquiatra, el que empezaba a penetrarme con su mano y vejándome de esa manera?...pues sí.... y cómo lo hacía ...mmmmm....con esa mano pringosa de bifidus activos.....Oooooh ..no eran esos bichitos diminutos vivos como los esperacomosellamen?...  no me estaba preñando de semen, pero si de algo parecido, blanco y lleno de vida...no pude contenerme y le agarré la mano mientras le decía...

-Oh doctor...que gran obra ha hecho conmigo..... no vamos a matar ahora a esa zorra que tan laboriosamente ha sacado de la madriguera.... vamos a gozarla un poco antes, no le parece, doctor?

-Cómo noooo...aisshhhhh síííííi....contestó suspirando mientras me la hundía poco a poco, untando de vez en cuando con el bífidus. Yo ya gritaba y gemía incontrolable y el golpear de los nudillos de la sueca alarmada, nos detuvo. Impaciente, el doctor se fue hasta la puerta y le oí decir:

-Greta, por favor, anule las visitas pendientes y ya puede irse a casa. La regresión se ha torcido, y en lugar de volver al colegio o a las colonias de verano, ha traspasado las barrera identitaria y se ha puesto pariéndose a si mismo. Oí su excitado y sueco “öuj” de asombro y la puerta cerrarse. Se puso de nuevo frente a mí para endiñármela con más bífidus mientras me decía:

-Esos nórdicos son muy eficaces mientras no se tuerzan las cosas, no improvisan ni una meada fuera de horas....no como tú, puta zorra, que bien te haces los apaños y como te retuerces bajo el puño....¿a qué sí?

No sé como lo hacía yo, pero que bien lo hacía él, entrando, saliendo y arrastrándome con su empuje de tal forma, que ya tenía la cabeza colgando de un canto de la mesa y boqueaba boca abajo como un pez atrapado en el anzuelo. Técnicamente, el asunto podía haber sido una exploración rutinaria realizada con celo extremo,  pero cuando desembragó la verga por fin, cualquier equivocó se disolvió, y pasó a ser un acto sexual en toda regla. Creo que fue ahí cuando él tomó plena conciencia de los hechos y soltó la fiera retenida mientras me decía:

-Vamos a gozar a esa zorra que ha sacado de mí a ese follaculos contenido...agoenlaleche..te voy  a partir sucia perrraaaa...

Bajo su furor, yo me sentí reventando, y apenas podía articular palabra. Sólo  atiné a extender la mano para alcanzar su verga, y estrujarla, y sacudirla con la pasión de mi orgasmo. No fui consciente del ardor con que lo había masturbado, hasta que abrí los ojos y pude ver que ese calor que sentía en la mano, no solo era de la lefa, sino de la sangre de su frenillo desgarrado.

Jodimos la moqueta impoluta, pero el cuero negro de los sillones y el cristal de la mesa resistieron el asalto. Una empresa de limpieza hizo el resto fuera de horas. No hay como tener pasta, digo.

¿Cómo se había producido en mí esa transformación? Buscando en el pasado, no había indicios de que ese ser depravado albergara en mi cuerpo.

Durante los últimos meses, Marcos, mi ex, había estado omnipresente, más que cuando compartíamos nuestras vidas. Su ausencia se hacía más dolorosa cuando me encontraba con amigos comunes, y leía en sus miradas: “Mira ese pobre desgraciado, mientras Marcos anda por ahí con ese putón veinteañero”, o las patéticas Navidades en familia, metido en el papel de tío divorciado, e incluso cuando iba al mercado, y la pescadera debía rectificar el hábito de ponerme dos lenguados en lugar de uno.

Vivíamos en un piso en pleno Gaixample, frente al McAxel. Los primeros días de ausencia pedí a la comunidad que me dejara tapiar los balcones para no ver a todos esos tíos entrando y saliendo del hotel, consumados o dispuestos a consumar, pero me dijeron: “no”, con besitos en los morros y cariñosas palmadas en la espalda, y aunque entonces me resistí a entenderlo, ahora lo veo razonable, porque así eran y siguen siendo: sensatos y buena gente, todos gays, bueno, ahora, porque hasta hace una año, estaba también la senyora Roser, una anciana de 92 años que vivía en el Cuarto 3ª.

La senyora Roser era muy buena persona, pero un poco resistente a las novedades. A mí no me caía mal, y la verdad es que algunos hubiesen preferido una de esas simpáticas mariliendres viudas pensionistas que te adoptan, te hacen la limpieza y la comida, a cambio de fisgar bajo las camas y en los armarios.

Como combativa arrendataria venía a las reuniones con su bata, sus rulos y su bastón beligerante, que blandía cuando no estaba de acuerdo con las derramas. Pero en esa ocasión estalló de verdad, y dijo qué a ella le habían enseñado a soportar los bombardeos de la guerra y no el berreo de las inacabables folladas. Tampoco podía con el barullo de esas juergas en plena madrugada, ni con los del Principal 2ª, que a días alternos, se desgarraban en el potro de tortura que habían tuneado en una tabla de planchar, y que en sus tiempos, quien quería tortura se hacía comunista, y esperaba a que lo mandaran a una celda en Montjuich.

Nosotros intentamos calmarla amenazándola con avisar al 061, pero no se calló y prosiguió. Nos dijo que si querían hacerle “mufin”(moobing) inmobiliario, podían haber buscado métodos más dignos, como los que les practicaban a sus amigas: cortarles el agua, la luz, o dejar que se cayera el techo o los balcones, pero que con nosotros no podía. Y subió airada y cardíaca hasta su casa.

En un principio, obviamos ese olor rarito ascendiendo por el patio de luces. Era el espacio comunitario donde el chulo del Oriol  acostumbraba a lanzar los condones tras usarlos. Andrei, que así se llamaba la prenda, era expresidiario, y Oriol que era cooperante de la ONG, Ni Un Culo Sin Su Polla, se lo había agenciado en una misión en Rumanía, pero ese diamante en bruto era de costumbres más que siniestras, y más guarro que la Bernarda.

El calor apretaba y confirmó lo que todos temíamos: Hubo cámaras y barullo mediático, pero a los pocos días ya estaban limpiando el piso de la senyora Roser, y a los tres meses lo ocupaba una flamante pareja: él de Pasadena, maricón de playa y él de Salt Lake City, mormón reconvertido.

Frecuentaba ese ambiente tan ameno, pero no podía olvidar a mi Marcos. Nos conocimos en los 80's. Yo trabajaba en el Ayuntamiento y tenía un piso a compartir. Él era un estudiante de Soria y buscaba sitio donde alojarse. Una simple nota en un tablón de anuncios en la Universidad fue nuestro cupido. Él era virgen, ya que los cucuruchos de la heladería de su padre donde se había aliviado no cuentan, creo yo.

Una heladería en Soria, siempre me sonó extraño con la rasca que hace allí, pero lo acepté tal como era: un encanto que se fundió conmigo en la cama, llenando al tercer día mi culo y mis ventrículos al sexto, y dejando las demás habitaciones libres para siempre.

Pasaron años de convivencia casi fiel, y tras el doctorado, el máster de rigor en Massachussets, y su meteórico ascenso en una multinacional, decidimos hacer uso de la recién estrenada ley de matrimonios, casándonos de blanco, de mano del teniente de alcalde, con el soporte de la bandera irisada, y la Coordinadora en pleno, omnipresente en esos actos y no como el padre de Marcos que no quiso asistir, y que desde entonces se vistió de luto riguroso, coincidiendo con la moda del helado de tinta de calamar con caracoles.

Nos hacíamos mayores rapidito y buscamos un niño que adoptar. Volamos a Ucrania porque entonces se llevaban los blancos y rubitos, y a ser posible de  Chernóbil. Encontramos a nuestro Dimitri en un zarrapastroso asilo al sur de Kiev. Era un caserón de madera, rodeado de nieve impoluta, una hermosa imagen que parecía negar todo el horror que había dentro: Niños enfermos, andrajosos y mal comidos, rodeados de chinches y piojos.

Yo me desmoronaba inmerso en el vaho de col hervida, pero Marcos se movía bien con el contacto, y consiguió algo que nadie logra: una garantía de 5 años, un certificado que nos dieron firmado y sellado, que aún a sabiendas de que nos serviría sólo para aliviarnos si un apretón nos pillaba sin papel en el trayecto, al menos nos daba cierta tranquilidad.

Como amorosos padres, lo saneamos y escolarizamos hasta que empezaron los problemas. Con nueve años, sólo hablaba ruso y parecía un poco duro de mollera y un día, cuando lo desnudamos para ponerle el pijama, vimos su cuerpo lleno de moratones. El fantasma de Chernóbil se ciñó sobre nosotros, y lo llevamos al médico que lo miró detenidamente mientras sentenciaba: “Son golpes, tendré que llamar a los asistentes sociales”. Nos quedamos helados y más cuando Dimitri soltó en un perfecto castellano de Terrassa:

-Ya era hora. No quiero vivir con esos maricones. Por su culpa me muelen a hostias en el cole. Tengo una garantía de 5 años por lo que sugiero volver al orfanato. 

Qué deciros que aquello nos hundió. Habíamos vinculado nuestras vidas a un descendiente directo de Rasputín, y aunque le buscamos los mejores colegios y psicólogos, nunca logramos su cariño. Eso no se paga con dinero, y lo torcido, torcido quedó. Objetivamente, era un chico aplicado y recto que conseguía buenas notas, lógico si tenemos en cuenta que su meta suprema era independizarse cuanto antes y salir de nuestras vidas.

A los veinte, ya tenía la carrera acabada, trabajo y una boda en ciernes; y nos mandó la invitación como si fuéramos unos parientes más. Nosotros llorábamos, no ofendidos por ese desprecio, sino de contento porque nos había invitado. Era más de lo que podíamos esperar. Podía haber dicho que era huérfano y quizá lo hubiese intentado, pero en este país es muy difícil soltar lastre y pillarse identidad nueva.

Creemos que apuró la mentira hasta el último momento, porque la novia, una niña muy mona, rubia, que supongo le recordaría a sus ancestros, se puso a chillar un cuarto de hora antes de la ceremonia, metida en el Rolls alquilado que la acercaba a la iglesia ortodoxa.

Transcripción integra de sus palabras, que junto con las imágenes fueron captadas por el vídeo de seguridad del vehículo:

:

-Noooooo...¿¿¿estoy loca???!!!!..¿casarme con ése y aguantar a esos capullos? Quiero una suegra de verdad que venga a casa y pase el dedo por el vengue buscando polvo, que no se porque coño siguen haciendo muebles oscuros, con lo bien que disimula el abedul y el haya... que me critique con las demás arpías..... y no que sea comprensiva, y se esfuerce en ser la abuela barbuda ideal, o que vaya a reuniones para asumir su nuevo reto de suegra-trans....y los consuegros, ni te digo....¿qué chiste cómplice van a soltar cuando esperando la carpa, arranquen del río un condón?. Antes muerta que casada con él...

Sabemos que en ese momento, nuestro niño, en lugar de arras hubiese preferido una soga, pero nosotros no se la buscamos en nuestro afán de complacerle, sino que nos acercamos a él, cautos pero entregados. Su mirada nos partió. Mejor un bofetón.

Ahora sabemos que está en Alemania, afiliado a un grupo neonazi y entregado a cualquier actividad homófoba con toda su alma. También dedica el poco tiempo libre que le deja su afición a zurrar maricas, a restaurar la cruz gamada, allí donde el Plan Marshall las cubrió.

Que deciros que ya he dejado mis roles añadidos. Ya no quiero que me acepten, ni hacerle el paripé a la sociedad. Me niego a ser como ell@s, y paso de etiquetas, maridos, hijos y bodas de punta en blanco. Solo quiero ser yo mismo.

Sigo con el tratamiento, pero ahora el Dr. Casapollosa  me recibe en horario preferente, siempre a última hora, y cuando Greta ya se ha ido. Nunca sé adonde me lleva, desnudo, el collar puesto, y amordazado en su maletero, pero intuyo que son a esos lugares tan horribles que siempre rechacé. Parecen naves industriales del extrarradio, o rincones oscuros y boscosos; y yo le sigo como un perro, atado con collar y a cuatro patas. Mis palmas y rodillas acaban rotas y arañadas hasta que llegamos a esos sitios donde sus amigos me utilizan para todo. Les lamo los zapatos y me saludo con otros de mi especie, mientras oigo complacido su voz diciendo:

-Mirad lo curtido que está ahora. No sabíais lo fino y remilgado que era, pero yo ya lo domé. Ya no es el faldero de ningún mamarracho, ahora es un curtido  perro que igual le da felar, follar que fistear, se muere porque cualquiera le escupa, mientras yo lo verifique, claro está. Ya casi no pisa el asfalto para ir de compras, eso que tanto le gustaba, lo voy a poner a buscar trufa a ver si aprende, pero con lo vicioso que es, igual le dará un zurullo que esa joya, pero que le haremos...es mi perro, y así me gusta.

Autor: marcokolo


RECIBELOS EN TU MAIL

Recibe nuevos relatos
en tu email cada dia:


All logos and trademarks in this site are property of their respective owner. - Condiciones de uso y Aviso Legal
The comments are property of their posters, all the rest Copyright 2004-07 by me.
Todos los derechos reservados - MaciZORRAS.CoM Copyright 2004-10. Porno Gratis