Porno Galerias Gratis Foro Contactos Gratis Videos Porno Fotos Porno Juegos Relatos Eroticos Porno Gratis SexShop Webcam Porno
   






Edad &

Crea tu perfil y conoce gente cerca de ti

ZONA PRIVADA DE MACIZORRAS




 

Webcam Porno


2010-03-16 04:23:56
ónica y Lorena eran amigas desde niñas, sus novios Jorge y Diego tuvieron que entablar amistad a la fuerza. Los cuatro se volvieron inseparables. Pero, tras aquel trágico accidente todo cambió entre ellos…

Mónica y yo nos conocimos en el preescolar y desde entonces fuimos amigas inseparables, lo compartíamos todo, nos vestíamos igual, nos gustaban las mismas cosas, comenzamos a salir con chicos a la vez, e incluso nos dieron nuestro primer beso el mismo día. Ninguna hacia nada sin la aprobación de la otra.

Después, con 20 años, conocí a Jorge, mi novio, y aunque procuraba repartir mi tiempo entre los dos, la verdad es que Mónica se sintió un poco desplazada, y a menudo me decía que ya no nos veíamos tanto como antes y que me echaba mucho de menos, y para ser sincera yo también a ella.

Unos meses después Mónica conoció a Diego y comenzaron a salir, entonces vimos una gran oportunidad de volver a restablecer el equilibrio que se había roto con la aparición de Jorge, y sin consultárselo a ellos, que ni se conocían ni tenían demasiado que ver el uno con el otro, decidimos que los cuatro seriamos amigos y saldríamos juntos. Nuestros novios aceptaron resignados, y así comenzaron las citas dobles. Al principio los chicos no se entendían demasiado bien, pues ambos tenían personalidades bastante dispares, pero, con el tiempo terminaron haciéndose amigos.

Para los demás éramos unos bichos raros, la verdad es que en cierto modo tenían razón, nos habíamos convertido en un grupo hermético y exclusivo, siempre estábamos lo cuatro solos, no nos relacionábamos con nadie más, y la verdad es que tampoco lo necesitábamos, nos pasábamos los fines de semana tirados en el piso de Diego, viendo películas, y charlando hasta las tantas, pero, incluso si salíamos de fiesta era como si no hubiese nadie más a nuestro alrededor, no nos hacía falta más gente para divertirnos, los cuatro formábamos una ecuación perfecta. Y entonces nuestro mundo perfecto se desmoronó…

  • JORGE

    Todo pasó muy rápido, volvíamos de una fiesta a la que ni siquiera nos apetecía ir y de la que nos retiramos temprano, se trataba de uno de esos compromisos ineludibles, el cumpleaños de la hermana de Diego. Lorena y yo íbamos en el asiento trasero, mi novia se había quedado dormida sobre mi hombro, Mónica viajaba en el lado del copiloto y jugueteaba con la radio, fingiendo que ignoraba a su chico, mientras este conducía en silencio. Llevaban todo el día peleados y habían vuelto a discutir en la fiesta, aunque no nos habían querido explicar la razón de ese extraño comportamiento, tan poco propio en aquella pareja que casi nunca se enfadaba. Se trataba de un trayecto corto por una carretera bien iluminada, nada debería haber salido mal…

    -¡Deja la radio en paz! -exclamó Diego exasperado.

    -¡Pasa de mi! -respondió Mónica irritada mientras cambiaba de emisora.

    El apagó la radio, ella volvió a encenderla, discutieron, gritaron, ella lloró, el gritó mas, Mónica estaba furiosa, y Diego exasperado. Pisó a fondo el acelerador, yo le pedí que redujera la velocidad y mirase a la carretera, pero, no me prestó atención, seguía acelerando mientras gritaba a su chica que lloraba a moco tendido. En apenas unos segundos, perdió el control del coche, que se salió de la carretera y chocó con un muro. Lo siguiente que recuerdo, es que me desperté en la cama de un hospital.

  • DIEGO

    El coche quedó totalmente aplastado por el lado del copiloto, vi la sangre chorrear de su cabeza, traté de despertarla, pero, no se movió, entonces intenté arrastrarla fuera del vehículo, no fui capaz ya que estaba encajada entre los hierros y un dolor agudo punzaba mi brazo izquierdo, me lo había roto.

    -¡Diego! -gritó Lorena desde el asiento trasero- ¡por favor ayúdame no soy capaz de despertar a Jorge…!

    La ayudé a salir, y entre los dos tiramos de su novio hacia el exterior, después llamamos a una ambulancia.

    -¿Y Mónica? -preguntó.

    -No pude sacarla, está atrapada, no se mueve…, creo que está…

    -¡Ni lo digas! -suplicó llena de angustia.

  • LORENA

    Para cuando llegó la ambulancia ella ya estaba muerta. Ese maldito accidente se llevó la vida de mi amiga. La perdimos, y nos encontramos solos y desorientados, de repente la ecuación perfecta se había roto, ya no éramos nosotros cuatro, ahora solo quedábamos tres. Ya no sabíamos que decirnos, o que hacer, todo era confuso y triste. Ninguno volvió a ser el mismo.

    Mónica era algo más que mi mejor amiga, era como una hermana para mí, con quien lo había compartido todo desde la tierna infancia, y por culpa de aquel descuido imperdonable ya no estaba, la había perdido para siempre. Sé que suena muy cruel, pero, ya nunca pude volver a mirar a Diego a la cara, inconscientemente lo culpaba por lo sucedido, y aunque había sido un trágico y desafortunado accidente, no pude evitar odiarlo. No lo quería cerca de mí, y mucho menos de mi novio.

  • JORGE

    Natalia apenas le hablaba, era como si por alguna extraña razón lo considerara una especie de amenaza para nosotros. Sin embargo para mi, él se había convertido en parte de nuestra rutina cotidiana, y ya no podía imaginarme la vida sin él, aunque Mónica ya no estuviese. Intenté apoyarlo, pero, no fue nada fácil, porque el mismo vivía inmerso en su propio auto desprecio, se sentía responsable de todo lo ocurrido. Yo estaba muy preocupado por el, temía que en cualquier momento pudiese hacer alguna locura.

    Aquella tarde tenía un mal presentimiento, de repente supe que algo iba mal y que debía ir a su casa enseguida. Llamé a la puerta, pero, nadie me respondió, yo sabía que estaba allí, casi no salía de casa desde el accidente. Usé mi copia de la llave para abrir la puerta, y entré en el piso a toda velocidad, corrí hacia la habitación de Diego, tan rápido como me lo permitieron mis piernas, y allí me lo encontré sentado en la cama y sosteniendo un frasco de pastillas, tenía los ojos cerrados y las lágrimas le inundaban la cara.

    -¿Qué has hecho? –grité, pero no obtuve respuesta- ¡Joder, Diego, contéstame!

    El abrió los ojos y me miró con una extraña expresión en la cara, casi parecía que no me reconociese.

    -¿Qué te has tomado, gilipollas? -volví a increparle completamente histérico.

    -Aún nada -respondió con voz cansada.

    -¿Aún? ¿Te has vuelto loco? -le reclamé yo arrebatándole el bote de la mano con violencia- ¡ya hemos tenido bastante drama como para que encima ahora tu también…!-me detuve, ni siquiera me atrevía a decirlo, perder a Diego me parecía algo impensable.

    -Tú no lo entiendes… aún tienes a Lorena, pero, yo me he quedado solo… - sollozó sin mirarme.

    -Tú no estás solo -repliqué tratando de adoptar un tono de voz más amable- nos tienes a nosotros, somos tus amigos y no te vamos a dejar… -lo abracé con fuerza, el correspondió a mi abrazo y así permanecimos largo rato, tirados en su cama y aferrándonos el uno al otro, mientras, ninguno de los dos pudo evitar llorar amargamente recordando los días felices que ya nunca volverían, hasta que finalmente nos quedamos dormidos.

  • DIEGO

    Era la primera vez que conseguía pegar ojo tras muchas noches de insomnio, y aunque solo fue por un instante, apretado contra el cuerpo de Jorge y sintiendo su calor contra el mío, me sentí calmado. Cuando desperté, el seguía dormido junto a mí y no me había soltado, como si temiese que al hacerlo yo pudiera cometer alguna locura. Aquello me inspiró tanta ternura que no pude evitar sonreír con melancolía, esa noche comprendí que él nunca me dejaría solo.

    A la mañana siguiente, me confiscó las patillas con las que me había encontrado el día anterior, y se pegó a mí como una sombra. Supongo que tenía demasiado miedo a que hiciese alguna locura si me perdía de vista. No podía culparlo, tuvo que asustarse mucho cuando me sorprendió en aquella situación.

  • LORENA

    Jorge empezó a descuidar nuestra relación por vigilar a Diego, algo que yo no podía entender, puesto que consideraba que con la muerte de Lorena se habían roto todos los lazos que nos unían, de hecho si nosotras no los hubiésemos presentado, ellos nunca se habrían conocido. Y así se lo manifesté en medio de una de nuestras ya frecuentes discusiones, relacionadas siempre con el mismo tema, y con un único culpable: Diego.

    -Tienes razón- admitió- al principio ni siquiera me caía bien, y en otras circunstancias, es muy posible que nunca hubiésemos llegado a hacernos amigos, es decir, no teníamos ningún interés común y nuestras vidas la verdad es que eran muy distintas, el siempre ha tenido todo lo que ha querido, sus padres se lo han pagado todo, la carrera, el piso, el coche… mientras que yo tuve que buscarme la vida cuando he necesitado algo, trabajar y estudiar al mismo tiempo…, pero, vosotras os empeñasteis en juntarnos a pesar de nuestras diferencias, nos forzasteis a relacionarnos el uno con el otro. Yo me resigné porque sabía que para ti era importante pasar tiempo con Mónica… -me miró esperando una respuesta, pero, como yo no sabía que objetar continuó hablando- cuando lo conocí mejor me di cuenta de que me había equivocado al prejuzgarlo, creo que al le pasó lo mismo conmigo y nos hicimos buenos amigos, quizá el único que tengo ahora, porque por estar contigo he perdido el contacto con muchas de mis anteriores amistades…

    -¿Me estás culpando por haber perdido a tus amigos? –pregunté indignada.

    -No –respondió tratando de mantener la calma- te estoy diciendo que Diego es de las pocas personas de confianza que tengo en mi vida, y no quiero darle la espalda precisamente ahora que nos necesita más que nunca. Escucha –dijo tomándome de la mano- entiendo que todo esto está siendo muy difícil para ti, y sé que la pérdida de Mónica te ha afectado mucho, pero, Diego tampoco lo está pasando nada bien, y también ha perdido a alguien muy importante para él. Los tres estamos muy afectados, y sería más fácil para todos si nos apoyásemos los unos a los otros.

    -¡No puedo!-exclamé entre sollozos- ¡ni siquiera soy capaz de mirarlo a la cara, no puedo evitarlo, no lo quiero cerca de mi…!

  • JORGE

    La verdad es que era incapaz de comprender la reacción de Lorena, no entendía como podía culparlo y odiarlo de esa forma, lo veía como un verdugo y no como otra víctima más de aquel desafortunado día. En nuestros cuatro años de relación, siempre había cumplido todos sus caprichos, dejándome llevar por la corriente sin protestar, con tal de tenerla contenta, pero, en esa ocasión no podía ni quería hacerlo.

    Diego se había roto un brazo en el accidente, eso unido a una profunda depresión ocasionó que apenas saliera de casa, así que yo le hacía la compra, y todos los días me pasaba por su piso después de trabajar y le ayudaba a limpiar, a cocinar, o simplemente le daba un poco de conversación para que no se sintiese tan solo. Con el tiempo empecé a notarlo un poco más animado, y abandonó aquellas ideas catastrofistas que tanto me asustaron al principio. Sin embargo, mientras que por un lado conseguía sacar del agujero a mi amigo, la relación con mi novia se hundía cada vez más a pesar de mis esfuerzos por intentar ayudarlos a los dos.

  • DIEGO
  • Jorge se convirtió en un gran apoyo para mí, me acostumbré a tenerlo cerca siempre que lo necesitaba, cada vez que yo me venía abajo el estaba ahí para animarme. A veces, me sorprendía a mi mismo mirando el reloj, y contando el tiempo que faltaba para verlo, trataba de restarle importancia, y buscaba mil escusas para justificar esa necesidad, pero, casi sin darme había pasado ocupar la mayor parte de mis pensamientos.

    Mi corazón se aceleraba cuando escuchaba sus llaves en la puerta, y la sonrisa volvía a mi cara, como si alguien hubiese pulsado un interruptor, al verlo cruzar el umbral cargado con las bolsas del supermercado. Era tan patoso que cada vez que intentaba cerrar la puerta, mientras sostenía la compra, se le caían las llaves al suelo o tiraba algo, y yo no podía evitar reírme.

    -¡Si, tu ríete y no me ayudes…! -protestaba Jorge molesto, pero, cuando yo iba al rescate con el brazo escayolado, entorpeciéndolo más que otra cosa, era él quien se carcajeaba de mí- ¡Ya está aquí "el escayolas" liándola! –exclamaba él entre risas.

    -¿En qué quedamos? ¿Te ayudo o no? -preguntaba yo fingiendo indignación.

    -¡Mejor saca unas cervezas! -respondía el siempre con una sonrisa conciliadora.

    -¿Qué tal el día?

    -Un caos, he tenido mucho trabajo, hay varias personas de vacaciones, y el marrón nos lo comemos siempre los mismos… ya sabes… ¿y tú que has hecho?

    -Pues he pasado por la oficina a entregar el parte de baja y he estado tomando un café con unos compañeros, lo he pasado bastante bien. Sabes, es muy curioso que lleve dos años trabajando allí y hasta ahora nunca me había dado cuenta de lo divertidos que son…, aunque tampoco los había tratado fuera del trabajo… luego he ido a dar un paseo, llamé a mi padre, pero, estaba reunido…

    -¡Tu padre siempre está reunido!- exclamó con ironía, pues conocía bastante bien mi situación familiar, y sabía que mi familia me había abastecido muy bien de recursos materiales, pero, se les había olvidado la parte afectiva- ¡Me alegra que salgas, no es bueno para ti que te quedes todo el día encerrado en casa…!

    -Pues estos compañeros que te decía, me han preguntado si quería ir a ver el partido con ellos, en el bar que está final de esta calle. ¿A ti te apetece ir?

    -Creo que es una buena idea, así nos aireamos los dos, que buena falta nos hace…

    Aquella noche echamos a un lado las preocupaciones y nos mezclamos con la gente para reírnos, apoyar a nuestro equipo y beber una cerveza tras otra, hasta que terminamos completamente borrachos. Hacía años que ninguno de los dos se divertía tanto. Jorge también hizo buenas migas con mis compañeros, y nos comprometimos a volver la próxima semana. Cuando decidimos regresar a casa, ya eran las tantas y tuvimos que caminar uno apoyado en el otro para no perder el equilibrio.

    -¿Me das asilo político en tu piso?- preguntó mi amigo arrastrando la lengua y riéndose sin parar- ¡no me acuerdo donde he dejado el coche!

    -¡Pues claro, además aunque lo encontrases no sabrías que hacer con él, estás demasiado pedo…!

    -¡Tengo diez llamadas perdidas de Lorena! -exclamó estupefacto al mirar el móvil, una vez habíamos llegado.

    -¿¡Solo!? -pregunté yo con ironía, pues conocía su fijación compulsiva de pulsar una y otra vez la tecla de rellamada.

    -¡Tienes razón, su media está en veinte! -admitió Jorge, entre risas, lanzando el móvil al interior de la cesta de la ropa sucia- ¡Canasta!

    -¡Venga Gasol, deja de hacer el idiota y vamos a dormir…! -exclamé tirando de él hacia el dormitorio.

    La escayola no me facilitaba demasiado la vida, y tareas como desabrocharme los botones de la ropa que ya eran una autentica odisea cuando estaba sobrio, se volvieron totalmente imposibles con todo el alcohol que había ingerido aquella noche. Me encontraba en medio de una feroz pelea con la camisa, en la que ella iba ganándome por goleada, cuando me di cuenta que Jorge me observaba desde la puerta y se estaba partiendo de risa a mi costa.

    -¿Te lo pasas bien? -pregunté algo molesto.

    -¡Pues la verdad es que si, eres bastante cómico…! -exclamó mientras avanzaba hacia mí.

    -¡Me alegra que me encuentres tan divertido! –repliqué enfadado.

    - ¡No te cabrees "escayolas", que solo es una broma…! -susurró poniendo las manos sobre el botón del cuello de mi camisa- ¡anda, deja que te ayude…!

    Quise protestar, pero, el no me prestó atención, continuó desabrochándola, y cuando hubo terminado, hizo lo mismo con el cierre de mi pantalón vaquero. Mientras yo me ponía cada vez más nervioso, e intentaba esquivarle la mirada. Estaba tan cerca de mí que sentía el calor que desprendían sus manos y su tacto suave sobre mi pecho, su cálido aliento en mi cara, el olor a cerveza y tabaco inundaba mis fosas nasales. Luché conmigo mismo, tratando de reprimir mis impulsos, pero, lo cierto es que lo único que podía pensar en aquel momento era en lanzarme sobre él y devorarle la boca. Nunca antes me había fijado en otro hombre de esa forma, pero es que Jorge no era cualquier hombre.

    -¡Ya estás! –murmuró mirándome a los ojos, y yo me quedé completamente embobado durante un instante, me di la vuelta para continuar desnudándome yo mismo, mientras rezaba para que no llegase a sospechar todo lo que estaba pasándoseme por la cabeza en aquel momento -Solo quería decirte que me alegro mucho de que seamos amigos…-murmuró acercándose a mí por la espalda.

    -Y yo también… -respondí tragando saliva.

    -¡No me importa lo que diga Lorena, no pienso distanciarme de ti…! -afirmó con la boca pegada a mi nuca, yo me estremecí.

    CONTINUARÁ…

    Gracias a todos por leer mis relatos, y como siempre os animo a comentar y a hacer vuestras críticas, pues es la mejor forma de aprender y mejorar. Un saludo.

    Autor: DaVinci21

    All logos and trademarks in this site are property of their respective owner. - Condiciones de uso y Aviso Legal
    The comments are property of their posters, all the rest Copyright 2004-07 by me.
    Todos los derechos reservados - MaciZORRAS.CoM Copyright 2004-10. Porno Gratis