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2005-12-20 17:25:59
Y la camioneta arrancó con fuerza, saltando más que antes. Santino tenía intención de llegar lo antes posible, aunque estaban a mitad de camino, con el propósito de neutralizar las intenciones que había leído en los ojos del Compadre.

Valerio hombre más robusto que Santino, para evitar que la niña se golpeara contra la consola del vehículo, la tomó con sus fuertes brazos, la tapó con el toallón y la apretó contra su rodilla derecha, la que había dejado liberada de sus pantalones, antes de entrar a la cabina. Su botamanga se encontraba arremangada sobre su nalga. Se excitó al máximo cuando sus carnes tocaron la humedad de la pequeña tanguita de Ojitos Verdes. Su miembro, saltó de su bragueta, ya que la había desabotonado, dura como un madero y enorme. La niña se dio cuenta, giró su cabeza, con picardía lo miró, regalándole una sonrisa, bajó su mano y la tomó con fuerza, mientras fregaba su vulvita contra la rodilla del padrino...

OJITOS VERDE Y EL GRAN SECRETO
El vehículo seguía su carrera enloquecida por ese camino sinuoso y poceado. Santino miraba de reojos al compadre y observaba sus gestos de placer que le daba su pequeña hija. No podía, no debía decir nada. No podía pelear a aquel hombre. No podía hacerlo. Peor sería que todo se supiera. Observó el lento movimiento del bracito derecho de Catarina y comprendió lo que estaba pasando. Se sintió obnubilado por un golpe de sangre a su cabeza, cuando vio al compadre cerrar los ojos y morderse lo labios, conteniendo un grito de placer, en señal de estar eyaculando. El aroma llegó a su olfato, mientras Ojitos Verdes, se enloquecía, cabalgando la rodilla del padrino, y ya no disimulaba, ni sus gestos, ni sus gemidos de goce inmenso, delectación de una chiquilina despertando al sexo.

Santino, no soportó aquello, y comenzó a friccionar su verga por sobre el pantalón mientras trataba de conducir el 4 x 4, que se le escapaba de la ruta internándose en la banquina.

Los movimientos de la camioneta, merced a la velocidad que le había impuesto Santino, y las carnes caliente de la piernita izquierda de la niña, totalmente bañada de semen, volvían a jugar con el trozo enorme de Valerio.

Las miradas de los dos hombres se enfrentaron. Santino en desesperada embestida con su polla, puso los ojos en blanco, al tiempo que volvía a terminar, enloquecido de goce, al tiempo que Valerio, quitándose algunos pensamientos de culpa, le bajaba la tanguita de la nena, hasta tenerla en sus manos y guardarla en el bolsillo de su pantalón. Acomodó a la niña sobre la punta de su miembro, y Santino con gestos desesperado, sin emitir sonidos, moviendo su cabeza, le pedía que no lo hiciera. El padrino le suplicó perdón con sus ojos y apretó con todas su fuerzas a Ojitos verdes sobre su verga, penetrándola sin compasión, quedando la mocyo semidesvanecida, sin articular una palabra. Valerio le acarició el cuello y lentamente comenzó a moverla, subiendo y bajándola, haciendo que su pene totalmente lubricado con flujos vaginales y sangre de la pequeña, remueva las profundidades de Ojitos verdes, que abriendo lentamente sus ojos, mirando a su padre, le sonrió con placer y satisfacción, apoyó sus dos manos en la consola de la 4 x 4 y se recostó hacía donde estaba su padre, gimiendo, dando esténtores de lujurias. La excitación de Ojitos verdes era tal, que Santino, frenó el vehículo sobre la banquina, se corrió hacia donde estaba su compadre, saco la roja verga y se la acomodó en la boquita de la niña, que la abrió desaforadamente hasta que logró introducir el enorme glande del papi, casi todo, en su ardiente boca. Santino soportó la situación 20 segundos y acabó, eyaculó de tal forma que la niña casi se ahoga con tanto semen junto, al tiempo que Valerio, también acababa llenándole la lastimada cavidad vaginal de la jovencita, que mostraba un rostro angelical y lujuriante, por momentos vicioso y depravado. Una mirada profunda y perversa les regaló a los dos, como sellando un siniestro pacto de silencio.

Quedaron los tres enrollados y enchastrado de jugos seminales de una jornada de orgía impensada. El padrino, fue el primero en reestablecerse. Ojitos Verdes se había dormido, la tomó en sus brazos y la cruzó al asiento trasero, mientras limpiaba los restos de semen en todo su cuerpo. Miró por la ventana del vehículo, observó una entrada a un campo y a un centenar de metros una limpia laguna. Lo despabiló a Rodrigó, y le señaló hacia el lugar donde se veía agua. Este entendió el mensaje, se puso en marcha y allá fueron para refrescarse y asearse. Ojitos verdes fue introducida en las aguas tibias y transparentes de la laguna, despertándose. Pidió que los dos hombres se volvieran para ella poder lavar su cuerpo y sus partes pudendas.

Los dos hombres subieron al vehículo y conversaron entre ellos, pactando el mayor de los secretos, pero había que hacer algo para evitar el embarazo de la niña, le sugirió Santino. Valerio, entonces, le reveló, que nunca sirvió como reproductor, por eso es que no tienen hijos en su matrimonio. Había tenido un accidente de joven, en una cuadrera y había quedado imposibilitado de procrear. Por ello no había tomado precauciones con la chiquita.

Desde ese día, fueron más unidos, Valerio, un cincuentón, vecino de su campo, padrino de Ojitos Verdes y Santino, que con treinta y dos años recién cumplidos, tiene ahora que convivir con malsano secreto con su hija de 14 años, que está escapándole a la niñez muy aceleradamente.

OJITOS VERDES EXIGE MAS...
Llegaron a media tarde a la estancia de los Arévalo. Los Arévalo se dedicaban a la cría de distintas razas de animales pura sangre y pájaros exóticos. Catarina le había pedido para su cumpleaños un papagayo de hermosos colores para el enorme comedor de la casa y un Loro hablador. En la entrada, que era enorme, los invitaban a recorrer los distintos stands, donde se exhibían todo lo que ellos vendían. Santino y Valerio fueron hacía el interior donde había gente conversando para hacer las averiguaciones del caso...

Ojitos Verdes se quedó en la 4x4. De pronto vio a unos doscientos metros del lugar, en medio del campo, una pequeña tropilla de Pony, pequeños caballitos de no más de setenta centímetros de alzada, fuertes, de crin largo y hermosas colas. Ella sabía conducir, de chica su papi le había ENSEÑADO, PUSO EN MARCHA la camioneta y fue a detenerse frente a los caballitos. Los vio nerviosos, se tiraban coses entre ellos, se mordían y relinchaban mientras trotaban como jugando a algo desconocido, después se enteraría que era una ceremonia muy especial, donde el macho trata de excitar a la hembra. Bajó del vehículo y se acercó al grupo de caballitos justo en el momento en que uno de los animales intentó subir sobre otro, siendo rechazado, hasta que el caballito macho, el semental, desenvainó una larga verga oscura y gruesa, cuya cabezota encajó justamente en la apetecible raja de la hembra, que dio un relincho, pero no pudo escapar, pues el editor la tenía agarrada de tal forma que ya no podía huir. Ojitos Verdes observó semejante cosa, volvió sobre sus pasos y se introdujo en la camioneta y entró a jugar con sus dedos en su sexo, estaba sin su tanguita, se acordó que el padrino se la había sacado.





Autor: Anónimo


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