
Sacaron el muerto del panteón y lo trasladaron a las salas exclusivas del chamán donde lo desnudaron y amarraron a la mesa de operaciones. La muerta estaba muy viva gracias a las artes de Arius (quién dudaba que era capaz de eso?), aunque no coleando puesto que finísimos cables la inmovilizaban. Kat se encontraba solo cataléptica y hubiera podido quedar así para siempre, aunque para su desgracia, cuando recobró la consciencia por arte de una fuerte pócima olorosa, en lugar de creerse en el mundo de la nada como esperaba se encontró dolorosamente sujeta a un duro catre, y vio horrorizada a su hijo y a su odiado Arius inclinados sobre ella con caras que anunciaban que iban a disfrutar a su costa. Inmediatamente le vino al pensamiento su tíabuela y, tras inútiles suplicas a su hijo, maldijo el día que no le marcó su pene con el látigo.
Enseguida me respondieron que sí, tanto Champs, como Navegante, como mi querido Perraca, que al responderme me propuso quedar una hora antes para tomar un café y conocernos personalmente. Indudablemente acepté.
El día indicado acudí a la cita. Perraca me estaba esperando frente a la puerta. Al verme y reconocerme (ya que ambos nos habíamos enviado foto anteriormente), me sonrió, y yo también le sonreí. Estaba nerviosa. Al llegar junto a él me saludó, dándome un beso en cada mejilla.
Era un martes por la tarde, un día en el que no tenía nada planeado, por lo que empecé mi rutina normal: Me levante temprano, desayune bien, fui a la facultad en mi auto, me gomearon en un examen y al regresar pase por el Gimnasio. Al salir del gimnasio volviendo a mi casa mire sobre mi hombro izquierdo y note que el día estaba tan claro que se veía detalladamente el cerro, por lo que decidí subir a mi terraza para apreciarlo mejor.
"Lo quiero a el. Es mi debilidad, es mi pasión. Lo necesito, no puedo estar así."
Supongo que eso era lo que pasaba por la cabeza de Gema, cuando lo veía.
29 de junio de 1990
08:00
Departamento de Telecomunicaciones de la Base Aérea MacDill (Tampa – Florida)
(Suena el teléfono...)
El apareció por nuestro valle aquel caluroso verano, venía montado en su caballo prieto con manchas blancas, desde lejos se podía apreciar que no era un hombre común. Su cuerpo era demasiado grande para ser real. Mientras se acercaba a nuestro rancho pude fijarme en sus facciones indígenas y en las enormes proporciones de su cuerpo. Su cara mostraba unos negros ojos entrecerrados pero vivos, del mismo color que su negra cabellera, unos pómulos fuertes y marcados al igual que su mentón y una enorme cicatriz que iba desde el lado de su ojo izquierdo hasta cerca de su poderosa barbilla, detalle que lo mostraba aun más brutal a pesar de sus dos metros de altura y de sus gigantescas proporciones.