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2012-05-25 06:50:34
Era mi primer viaje a León. Hacía unos meses que tenia ganas de visitar la ciudad, pero siempre había algo que fallaba, ya fuese el tiempo, el dinero o los estudios. Pero por fin estaba montada en ese tren, y aunque no era un trayecto largo, a penas hora y media, no me apetecía nada ir sola. A pesar de que intuía que no me iba a aburrir. Alguna me tendría preparada... si no, ¿porqué iba a pedirme que me estuviera quietecita en mi sitio y hacerme prometer que no iba a rechistar? Desde luego a veces me trata como a una niña pequeña... aunque tengo que reconocer que en el fondo la mayoría de las veces es algo que me gusta, algo que siempre me ha atraído de Él. Y aunque se que a Él a veces le pone de los nervios, creo que en ocasiones también disfruta.

Era inevitable no sentirme completamente en sus manos, aún sin tenerlo a mi lado. Había elegido la ropa que debía llevar. Aprovechando que ya hacia buen tiempo,  mi vestido vaquero había vuelto a ver la luz. No era difícil adivinar porque le gustaba tanto. Aunque no tuviera un gran escote, su forma sí que resaltaba mis grandes pecho, y eso podría ser causa suficiente. Pero sin duda lo que caracterizaba ese vestido era lo excesivamente corto que era. Nunca me había atrevido a llevar una prenda tan corta, y a pesar de que por eso no me sentía completamente cómoda, a la vez  me veía tremendamente sexy. Además tenia unas cuantas historias a sus espaldas, siempre que me lo ponía pensaba “si este vestido hablase...” Como siempre, ese vestido,  merecía ir sin bragas, si no, ¿dónde estaba la gracia?

El primer sms no tardo en llegar, “álzate el vestido y apoya el culo directamente sobre el asiento, y nada de cruzar las piernas”. Sonreí irónicamente, ni que faltara levantarlo mucho más para estar en contacto completamente.  Por suerte justo a mi lado no había sentado nadie, las cosas me resultarían así un poco mas fáciles. Mire al rededor para ver cuanto control tenía sobre la situación. Con los asientos delanteros y traseros no parecía que fuera a ver problema, pero en el asiento paralelo un hombre se había quedado fijo en mis piernas descaradamente. Como siempre que me pasa algo así, actuó exactamente igual que la otra persona, me quedo mirando fijamente hasta que se da cuenta y entonces retira la mirada. En este caso conseguí que lo hiciera y volviera a su periódico, pero no sin que antes me dedicara una sonrisa. En realidad era un hombre atractivo, de unos 40 años. Alto. No era precisamente guapo, pero tenía ese toque de maduro interesante que muchas veces da el comienzo de las canas,  una barba de 3 días y unas gafas de pasta. Aunque para mi, en esa ocasión, sería mas una complicación que me haría refunfuñar a cada petición de mi Amo.

Con un gesto disimulado de querer cambiar de postura levanté un poquito mas el vestido, entreabrí las piernas y aproveché para colocarme la chaqueta sobre ellas para no llamar tanto la atención.

Un segundo sms llegó: “Empieza a contraer y relajar el coño. Prueba a tocarte de vez en cuando. Cuando estés como a mi me gusta avísame”.

Comenzaba a resoplar. ¿Como metería la mano con aquel tío mirándome de reojo cada dos por tres? No me atrevía a sostenerle mas veces la mirada, pues la primera vez puede ser efectiva, pero las siguientes podrían confundirle y pensar que quiero algo con él. Comencé a contraer y relajar mientras pensaba la forma de comprobar mi humedad sin que fuera evidente. Igual si mi Amo supiera en que situación me encontraba... pero había prometido no protestar. Deslicé la mano muy despacio por mi muslo, escondiéndola debajo de la chaqueta. Rocé ligeramente uno de los labios, pero mi dedo no se mojó lo más mínimo. Debía relajarme un poco. Cerré los ojos mientras seguía haciendo los ejercicios vaginales. Imaginaba la polla de mi Amo clavada en mi culo, eso siempre funcionaba... Volví a deslizar el dedo. Aquella caricia me gusto mucho más. Abrí los ojos para comprobar si estaría tan mojado como imaginaba y me encontré una vez más a aquel hombre mirándome fijamente. Si realmente se había percatado de lo que acaba de hacer ya no me dejaría tranquila en todo el viaje.

Esta vez cogí yo el móvil para mandar un sms: “ya estoy mojada, tal y como te gusta. Por cierto, hay un tío enterándose de todo, creo que deberíamos cortarnos un poco...”  No tardé en recibir la respuesta: “¿Eso es lo que habías prometido? No ha pasado ni media hora y ya te estás quejando. Mete la mano y no pares de acariciarte”.

No podía volver a quejarme, había aceptado aquel juego y quería cumplirlo. Es más, estaba cachonda, pero no sabía qué hacer con aquel hombre. Decidí hacerme la dormida, suponía que así pasaría mas desapercibida. Me coloqué las gafas de sol, me escurrí un poco en el asiento, y como si fuera parte de coger postura me arropé lo que pude con la chaqueta, dejando las manos por debajo. Así tenía acceso libre a mi coño. Comencé a acariciarlo con tan solo un dedo, pasándolo de arriba a abajo. Mi mente voló justo donde la había dejado antes. A cuatro patas en una cama. Las manos de mi Amo agarrando fuerte mis caderas para hacer cada vez más profundas las embestidas. Mis tetas colgando por fuera de la camiseta, balanceándose en cada movimiento. Su mano agarro mi pelo para levantarme la cabeza. Y justo en frente apareció él, el hombre del tren, mirando fijamente el baile de mis pezones. Frotándose la polla mientras yo le miro con cara de vicio, deseando que ayude a rellenar cada uno de mis agujeros.

Una nueva vibración me saco de mi fantasía. Otro sms: “¿Qué tal estás perrita? ¿qué hace el hombre?” Saqué las manos para contestar, pero la humedad entre mis dedos era muy evidente. Miré de reojo al cuarentón y seguía sin perderme de vista. Llevé los dedos a la boca lo más discretamente posible y noté un movimiento llamativo en el asiento de mi compañero. Estaba igual que yo, con una cazadora sobre las rodillas y una mano debajo. ¿Se estará tocando? Seguí observándole de reojo, confiando en que las gafas de sol no me delatarían. Noté movimientos debajo de la cazadora y seguía fijo en mis piernas, parecía tan evidente... contesté a mi Amo lo que me parecía estar viendo y su respuesta fue mucho mas allá. “Siéntate a su lado. Saca la zorra en la que te has convertido y acábale tu la paja. Confía en mi perrita. Cuando acabes ve al baño a lavarte las manos”. No salía de mi asombro, aquello era pasarse. No podía levantarme sin venir a cuento y ponerme a pajearle. Decidí empezar por juguetear. Mirarlo de la forma tan descarada que lo hacia él. No se dejaba intimidar, sus movimientos cada vez eran más marcados. Lo imité y volví a meter la mano bajo mi falda, ahora ya sin disimular y sin apartarle la mirada. Él, queriendo ir un poco más allá, comenzó a levantar un poco su chaqueta con la mano libre, hasta que acabé viéndole la polla. Dura. Hinchada. Y su mano agarrándola con fuerza. Deslizándose a lo largo de toda ella, sin dudar en los movimientos. Esa polla hizo que me mojara más aún, y que sin saber como mis piernas se movieran en su dirección hasta acabar sentada a su lado. Con un gesto me invitó a meter la mano en aquel escondite. Notar todo ese trozo de carne dura entre mis dedos hizo que deseara tenerla dentro. Era inevitable no imaginar como sería sentarme sobre ella y cabalgarla hasta acabar destrozada. Pero no era eso lo que me habían pedido. De vez en cuando mi mente volvía a aquel tren y asomaba mi cabeza por el pasillo, asegurándome que no se aproximaba nadie. Cada vez sujetaba con más ansia aquella polla. Quería hacerla mía y conquistarla en mi boca, pero hubiese sido muy descarado, y además una mamada no era mi función. Noté como su cuerpo se estremecía, incluso daba espasmos, lo que señaló que su corrida estaba ahí. Deslicé mi mano hacia su capullo y recogí toda su leche. Saqué el puño cerrado de su chaqueta.

– Ha sido un placer – me susurró al oído.

Sonreí y me levante para ir al baño. Estaba ocupado. No tardó en escucharse el cerrojo y entreabrirse la puerta. Era Él, mi Amo. Sonreí mordiéndome el labio y me hizo un gesto para que entrara.

– ¿Verdad que no ha sido tan malo tener asientos separados? Lo has hecho muy bien perrita, y ahora tendrás tu recompensa – me dijo con media sonrisa en la boca.

Mi respuesta fue un beso. Y sin darme tiempo a terminar me giró y apoyó contra la pared.

Nunca me han resultado atractivos los servicios de los trenes. Son horribles, pequeños e incómodos, pero en aquella ocasión todo me daba igual. Sólo quería notar sus manos sobre mi.

Cogió mis brazos para sujetarlos sobre mi cabeza, pero se percató de que mi puño aún estaba cerrado. Lo bajó hasta mi boca y sin decir nada yo sabía que me tocaba limpiarlo con la lengua. Mientras aprovechó para subirme el vestido. Con un gesto brusco sacó mis tetas al exterior. Mis pezones durísimos los notaba ardiendo al contacto con la pared fría. Su polla ya estaba a la entrada de mi culo. Solo esperaba expectante la primera embestida. La que más me gusta. Donde me rompe el culo. Lo abre. Encaja perfectamente dentro de mi. Un gemido se escapa junto a mi oreja. Sus labios empezaron a recorrer mi espalda. Mordiéndola. Arañándola. Y empezó a follarme con decisión. Fuerte. Dejando que lo único que se oyese fuera el chocar de su cuerpo contra mi culo entre los jadeos inevitables que se nos escapaban. Y sin hacerse esperar llegó su orgasmo. Intenso. Mi culo plagado de leche.

Volvió a hacerme rodar, quedando frente a Él. Su mano bajo a mi coño y lo acaricio mientras me besaba.

– ¿Disfrutas estando cachonda para mi perrita?

Sólo acerté a asentir. Estaba hipnotizada en sus ojos y en su dedo jugueteando en mi interior.

–Mejor, porque seguirás así hasta llegar a León.–

Y sin decir más abrió la puerta y me cedió el paso. Esta vez vino detrás de mi para acompañarme los escasos 15 minutos que quedaban de viaje. Al llegar a mi asiento, se giró hacia el hombre que poco antes se había corrido en mi mano y dijo:

– Por fin te veo Julio, ¿qué tal el viaje? ¿ha sido un viaje placentero?

Autor: saioa


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