Después de unos relajantes minutos, me pongo el albornoz y vuelvo a la habitación. Abro el correo. Y allí estás tú. Tu correo, como otras veces desde hace unas semanas. Nada más verlo ya empiezo a ponerme "nervioso". Hace tiempo que me encanta leer tus correos. Que me encanta enviarte mis relatos. Que me encanta como los comentas. Lo abro. Un alegre saludo. Y una petición. Vuelves a pedirme otro relato.
Cierro los ojos un momento, aprovechando el relax que ha quedado en mi cuerpo tras la ducha. Cuando los abro estás ahí. Como si hubieras dejado la pantalla, en mi puerta, mirándome. También acabas de salir de la ducha, tienes el cabello húmedo, todavía alguna gota de agua se dibuja en tu cuello. Llevas tu albornoz, entreabierto, lo justo para que se adivine el comienzo de tus pechos, lo justo para apreciar esos muslos que tanto me gustan.
Mientras imagino todo esto, siento que mi cuerpo comienza a reaccionar. Creo que dejaré la escritura del relato para luego. Ahora voy a seguir "relajándome". Suelto el nudo de mi albornoz, comienzo a acariciar mi cuerpo, mi pecho, mis muslos. Rozo, acaricio, araño suavemente el interior de mis muslos, subiendo hacia mis testículos, jugando por toda la zona.
Quizá cuando te escriba el relato, cuando te lo mande, cuando te llegue al correo, tú estés también sentada en tu silla, tu cuerpo también reaccione a lo que estás leyendo, quizá también lleves puesto un albornoz como el que llevas en mi imaginación, un poco entreabierto. Y quizá, ojalá, también empieces a acariciarte.
Vuelvo a mirar hacia la puerta, ye te has decidido a avanzar por fin, hacia mi. Me levanto y te recibo con un beso. Suave. Aprovecho que tu albornoz está desabrochado para pasar mis manos por tu cintura, para atraerte hacia mi. Nuestros labios poco a poco se van animando, abres los tuyos, dejas que mi lengua encuentre a la tuya.
Mis manos suben y bajan por tu espalda, desabrochas mi albornoz y dejas que caiga al suelo. El tuyo también cae. Nuestros cuerpos, todavía húmedos se juntan, siento tus pechos contra el mio, siento el calor de tu entrepierna abrazar la mia.
Mis labios van hacia tu cuello, lo beso, lo rozo, soplo levemente, busco tu oreja, mientras juego con tu pelo, mis dedos traviesos, revolviendo tu pelo húmedo, hundo mi cara entre tus cabellos, me encanta tu olor, me embriaga, me excita. La otra mano sigue recorriendo tu espalda, bajando, cada vez más, acaricio tus nalgas, con suavidad, pero aprovechando para acercarte todavía más hacia mi.
Sigo besando tu cuello, mordiéndolo con suavidad, buscando tus puntos débiles, y creo que no lo estoy haciendo nada mal, porque comienzo a escuchar tus primeros suspiros, justo al lado de mi oreja, con lo que a mi me gusta, con lo que a mi me enciende que hagas eso, que me susurres, que me digas esas cosas al oído...
Imaginando todo esto, no he podido evitar que la excitación crezca en mi cuerpo, y al mismo tiempo no sea lo único que crezca. Rozo mi miembro levemente, jugando con él, igual que imagino que estoy jugando contigo, leves roces, suaves caricias.
Quizá también tu excitación este creciendo, quizá tus dedos estén jugando con tus pechos, quizá tus pezones comiencen a endurecer levemente.
Tus susurros en mi oído consiguen tu objetivo, puedes sentir mi excitación, muy cerca, demasiado cerca de tu entrepierna. Mis labios comienzan a bajar, buscando la miel de tus pechos, recorriéndolos con la punta de mi lengua, haciendo círculos, acercándome a tus pezones, rozándolos, atrapándolos entre mis labios, apretando levemente. Juego con ellos, con mis labios, con mi boca, con los dedos de una mano. Rozo, acaricio, pellizco, chupo, muerdo suavemente.
Mientras la otra mano juega entre tus nalgas, cada vez más abajo, subiendo y bajando por tus muslos, rozando con las uñas, evitando las cosquillas que tienes por esa zona tan sensible. La llevo hacia delante, sin rozar todavía tu sexo, jugando por toda la zona. Sabes que me encanta jugar, y se que te gusta. Por eso estoy tanto tiempo con mis dedos recorriendo tu ingle, subiendo y bajando por tus muslos, por su interior, cada vez más cerca, sientes primero ligeros roces, roces furtivos, cada vez más frecuentes, hasta que en uno de ellos me decido, sientes como mis dedos recorren tu sexo, abren tus labios, húmedos, y ya no es por la ducha.
Al imaginar ese momento mi excitación llega al máximo. Siempre me ha encantado ese momento, el momento de recorrer tu sexo, de comprobar tu excitación. Tanto me gusta que sólo de imaginarlo he sentido un escalofrío recorrer todo mi cuerpo, me he dejado caer hacía atrás en la silla, y he comenzado a recorrer mi miembro, lentamente... disfrutando cada caricia.
Igual que espero que disfrutes tus caricias mientras leas mi relato, que sientas el mismo escalofrío inundar tu cuerpo. Te imagino mordiendo tus labios, mientras tus dedos recorren tu sexo y piensas que son mis dedos los que lo hacen.
Mis dedos se mueven despacio, con suavidad, pero con firmeza. Voy directo a tu clítoris, a ese botón del placer con el que tanto me gusta jugar. Lo rozo, lo acaricio, comienzo a mover mis dedos sobre él, aplicando un poquito de presión, lo justo para que tus suspiros se conviertan en ligeros gemidos.
Mis labios, mi lengua, mi boca entera sigue en tus pechos, los roces y besos suben de intensidad, chupo un poco más fuerte, me relajo, juego con los ritmos, acelero, me freno.
Comienzo a bajar, recorriendo con la punta de mi lengua todo tu vientre, moviéndome hacía tus costados, lamiendo, besando. Sientes un roce muy suave, muy liviano, que busca que los escalofríos recorran tu cuerpo. Creo que lo he consegido, porque esos roces, unidos a los que sigo haciendo sobre tu clítoris, han conseguido que todo tu cuerpo vibre, se agite.
Y no deja de hacerlo mientras mis labios siguen bajando, y mucho menos cuando llegan al interior de tus muslos, cuando comienzo a besar toda la zona, saltando de uno a otro, rozando con la punta de la lengua, cerca, muy cerca de tu sexo. Miro hacia arriba. Me encanta mirarde desde aquí. Me encanta ver tus pechos, excitados. Me encanta ver tu carita. Me encanta ver tus ojos entrecerrados. Esos ojos llenos de deseo. Esos ojos que me piden que continúe.
Me levanto de la silla y me tumbo en la cama. Estaré mucho más cómodo. Cierro los ojos y mientras imagino que mi lengua roza por primera vez tu sexo mi mano se mueve con un ritmo regular, lento, arriba y abajo, disfrutando cada caricia, cada movimiento.
Tú no podrás irte a la cama, tendrás que seguir en la silla, tienes que seguir leyendo. No puedes parar de leer pero cuando lees que mi lengua comienza a recorrerte, cuando lees que se mueve lentamente por tu sexo, cierras un momento los ojos, y dejas que tus dedos se muevan libremente, dándote el placer que sólo tú sabes darte.
Mi lengua busca ahora el lugar que ocupan mis dedos, rozo tu clítoris con la punta de mi lengua. Lo beso, lo atrapo entre mis labios. Muevo la lengua de un lado a otro, de arriba a abajo. Vuelvo a mirar hacia arriba, tienes los ojos cerrados, muerdes tus labios, tus manos se mueven por tu cuerpo, acaricias tus pechos, las llevas a mi cabeza.
Mis dedos no dejan de moverse. Recorriendo toda la zona, moviéndose por tu sexo, por tus muslos, rozando tu culito. Vuelvo a jugar con el ritmo, acelero, mi labios, mi lengua, mis dedos entran en ti, despacio, pero firmes, hasta el fondo. Siento como te agitas, como tu respiración se acelera también, como tus gemidos comienzan a inundar la habitación. Y me freno. No del todo, pero casi. Mi lengua da leves roces, suaves, sin pararse, pero casi. Mis dedos casi se detienen. No tengo ninguna prisa.
Sabes que me encanta jugar contigo, que me encanta jugar con los ritmos. Eso por un lado te desespera, pero por otro te fascina. Te desespera por esos parones, esas bajadas de ritmo cuando estás a punto de llegar. Te fascina porque sabes que eso provocará cuando llegue una sensación mucho mayor, un orgasmo eterno.
Y eso es lo que acabo de volver a hacer, bajar el ritmo, por segunda vez. Para volver a empezar.
Mi lengua baja un poquito, recorre tu sexo, húmedo, empapado. Llega a donde quería, a ese agujero prohibido, lo rozo, aprieto suavemente. La lengua se mueve por tu culito, suave, lenta, segura. Al principio tu cuerpo está relajado, pero poco a poco comienza a recibir los estímulos de mi lengua. Escucho de nuevo tus gemidos, y me vuelvo a detener. Para volver a subir.
Para seguir jugando con tu clítoris, con mi lengua, con mis labios. Lado a lado, apretando, soltando. Volver a mover mis dedos dentro de ti. Firmes, más deprisa que antes, quien sabe si esta vez será la definitiva o no.
Imagino esos cambios de ritmo a la vez que los practico en mí mismo. Mi mano se mueve, lentamente, acelerando poco a poco, rodeando todo mi miembro, subiendo y bajando, provocándome un placer exquisito. Cuando siento que se aproxima el orgasmo bajo el ritmo, hasta casi detenerme. Me cuesta controlarlo esta vez, pero lo consigo. Pensar que cuando leas esto tus dedos estarán dentro de ti me provoca un placer indescriptible.
Tus dedos se mueven sin control en tu sexo, imaginas los mios dentro de ti, mi lengua en tu clitoris, tu cuerpo vibra, tiembla. Tus gemidos se convierten en grititos. Imaginas mis dedos entrar y salir, profundos, cada vez más deprisa, aumentando el ritmo, sin determe ya, buscando tu orgasmo, sintiendolo venir, mi lengua, no para, no suelta tu clitoris, y justo cuando estás en el momento cumbre, el primer espasmo recorre tu cuerpo, un dedo se hunde en el interior de tu culito, lo que provoca que se te escape un grito, al sentirte llena. No bajo el ritmo mientras tú no paras de moverte, de gemir, de gritar.
Solo cuando siento que tu cuerpo comienza a relajarse bajo el ritmo, acompasándome a tu respiración. Hasta que quedas totalmente relajada, quieta, inmovil. Abres los ojos y me sonries. Me encanta esa sonrisa. Comienzo a subir hasta que alcanzo tus labios y nos besamos. Nunca me has dicho si te gusta besarme con el sabor de tu sexo todavía en mis labios...