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2010-03-10 02:09:52
Sí, vale, ya sé que es la fantasía típica de toda novela rosa picante. El jardinero guapetón. Pero es que esta vez es verdad. Es guapo a rabiar y tiene un cuerpo increíble. Creo que no es español, pero qué más da. Le añade incluso más morbo. Y yo sé que también se ha fijado en mí, lo sé. Nunca hemos intercambiado más que un hola y adiós, pero lo sé. A no ser que mire así de intensamente a todas las mujeres con las que se cruza... Ya me vale, que soy una mujer hecha y derecha y con una familia a cuestas, no una adolescente. Pero es que esos brazos fuertes y esa piel tostada por el sol me alteran cada vez que los veo, y ese mono verde de trabajo...Uf, me gusta imaginar que no lleva nada debajo...

Ya te vale Auka, qué tonterías tienes en la cabeza. Y luego dicen que a las mujeres no nos excita la vista tanto como a los hombres, ¡pamplinas!

Seguro que las féminas que me lean me entienden y para ellas les describiré al efebo de mis fantasías. Es un hombre de unos treintaipocos, alto y fuerte, espalda ancha y cero gramos de grasa por cualquier lado que busques. Cabello castaño claro corto, mandíbula ancha, y facciones grecorromanas. Ojos creo que claros, no sé. Siempre viste con un mono verde aceituna, que en otro sería muy poco favorecedor, pero no en él. Rectifico, es un peto verde; en verano sólo lleva una camiseta debajo del mismo color y en invierno un jersey. Sí, es que me llevo fijando en él hace mucho tiempo...

Sé que no haré nada, sería una absoluta estupidez, pero nadie me impide imaginar lo que haría si no hubiera ningún condicionante externo.

Pongamos que así fuera. Acompañadme en mi fantasía. Pero aviso, ojo, incluso en mi fantasía ¡ES MÍO!

 

Hoy no llego a tiempo, no me ha sonado el despertador (o no lo he oído) y ya llego tarde a trabajar. Quién me mandaría a mí salir ayer a cenar con las chicas, nos liamos a hablar y nos dieron las tres tomando unos mojitos y charlando de mil cosas.

Y ahora voy corriendo, con ojeras y con prisas, por las calles de mi urbanización intentando llegar al autobús que veo arrancar a lo lejos.

-¡Mierda! Se me escapa...¡¡Aaaayyyyy!!

Lo que faltaba, me he caído, y lo pero es que no me puedo levantar. He debido de meter el pie en la zanja del riego y me lo habré torcido. Mierda, mierda, mierda. Y encima creo que me he clavado algo en el culo porque también me duele. Me toco y en los dedos veo un poco de sangre.

-Ya solo falta que me maree-digo mientras busco con la mirada a quién puedo pedir ayuda.

-No puede ser- Pienso al ver al jardinero que se acerca corriendo. A MI jardinero.

-¿Se ha hecho daño?- pregunta, su rostro refleja sincera preocupación.

-Pues me parece que más de lo que me gustaría-Le respondo con un mohín, incluso en esa postura tan poco favorecedora (hecha un siete en el suelo) no puedo evitar intentar parecer sexy y le pongo caritas- Creo que me he torcido el pie y me he clavado algo.

-Déjeme que la ayude.

Se agacha a mi lado y pasa su brazo izquierdo por mi espalda y el derecho bajo mis rodillas. De un movimiento me levanta en sus brazos; yo temo caerme e instintivamente me abrazo a él, pasando mis manos en torno a su cuello. Madre mía, qué bien huele, a una mezcla de césped, lluvia y suave sudor masculino. Mi hormona empieza a despertarse.

-Le voy a llevar a la caseta y allí veremos qué le ocurre, ¿de acuerdo? Tiene pinta de que se vaya a poner a llover de un momento a otro y éste no es el mejor lugar para quedarse.

Y tiene razón, según comienza a caminar empiezan a caer las primeras gotas, primero lentas y en menos de un minuto se pone a llover copiosamente. Perfecto. A pesar de que el jardinero camina rápido yo me estoy empapando y lo peor es que no es sólo por la lluvia. Su olor me está volviendo loca y sus fuertes brazos sujetándome me ponen a mil. El movimiento bamboleante de sus caderas mientas camina hacia la caseta se transmite a las mías y enciende más aún el calor que me provoca. Espero que la caseta esté lejos. Me fijo en su cara, este chico podría ser modelo, es incluso más guapo que los hombres de las revistas porque en éste todo es natural con un punto salvaje; tiene un perfil precioso y una nariz grande, como a mí me gustan. Y esa boca...,buff, cómo me comía yo esos labios... Miro hacia otro lado para espantar esos pensamientos de mi cabeza, pero resulta peor ya que me fijo en su pecho: su camiseta, empapada, marca unos pectorales duros e incluso creo intuir sus pezoncillos.

-Ya hemos llegado.

Sin soltarme saca una llave del bolsillo y abre la puerta de la caseta. Es una caseta de madera situada en un rincón de la zona común de la urbanización, bajo unos sauces llorones. No es muy grande, pero lo suficientemente grande como para albergar los aperos de jardinería y dejar sitio para un pequeño catre sobre el que me deposita. Hay una lámpara de gas que enciende y entorna la puerta sin llegar a cerrarla.

-Dígame dónde le duele, he sido socorrista y boy scout – Me aclara para que esté tranquila, mientras se arrodilla a mi lado.

(No, si a mí eso es lo que menos me preocupa, la verdad. Más deberías preocuparte tú, que la peligrosa soy yo; como te acerques demasiado te atacaré)

- Por favor, tutéame, me llamo Eva.

Me mira a los ojos por primera vez y yo quiero hundirme en ese verde que me mira. Creo que el verde va a pasar a ser mi color favorito.

-Yo soy Christian - Me sonríe y parece relajarse, ¿estaría tenso?- Dime dónde te duele, para que te pueda ayudar.

(Si yo quiero que me ayudes, pero no de esta manera..., aich...) Como siga mirándome así creo que va a salir mi parte vampiro y le saltaré al cuello.

-Me duele el tobillo derecho, y creo que me he clavado algo en..., eh.., el trasero.

Cuando miro hacia dónde le indico me doy cuenta de que tengo la ropa empapada, los vaqueros han aguantado un poco más, pero la blusa blanca está totalmente pegada a mi cuerpo y se transparenta mi sujetador de encaje rosa. Y mis pezones no sólo se intuyen, sino que parece que ellos mismos estén diciendo:"¡eh!, míranos, aquí estamos, es que Eva está en celo desde que la cogiste en brazos y nosotros estamos erectos a la espera de ordenes". Pero si se ha dado cuenta, lo disimula muy bien.

-Bueno, pues vamos a ver qué puedo hacer.

Coge una silla y se sienta a mi lado, coloca mi pierna sobre sus rodillas y me descalza. Examina mi tobillo que, efectivamente, se está hinchando por momentos y cogiendo un bonito color morado. Me roza con sus dedos.

-¡Ay!

-Tienes un buen esguince, Eva, te lo voy a vendar, pero tendrás que ir al médico para que compruebe que no hay nada roto. Súbete un poco el pantalón.

Lo intento pero lo malo de estos pantalones estrechos es que no suben mucho. Hacen un culo estupendo pero prácticos, lo que se dice prácticos, no son.

Me mira con cara de fastidio.

-Te lo voy a tener que cortar.

-¡Espera, no!, que me han costado mucho – Miento, de perdidos al río. Echo toda la carne en el asador- Mejor me los quito, ¿me ayudas? Además también tengo eso en el trasero que me duele...

Me mira sorprendido, y noto una pizca de rubor en sus mejillas que aumenta cuando me ve desabrocharme el pantalón y elevar mi culito para comenzar a quitármelo. No es tonto y se acerca a ayudarme. Coge la cintura de mi pantalón y me ayuda a quitármelo. Este chico tiene posibilidades; no me lo quita rápido, se deleita recorriendo mi piel con su mirada mientras me lo quita. Yo diría que sus dedos me acarician más de lo normal cuando el pantalón desciende por mis piernas. Me quedo en bragas (nunca me gustaron los tangas), que son, eso sí, rosas y de encaje y bastante pequeñas y muy transparentes. Me observa semidesnuda frente a él, mientras dobla mi pantalón y lo coloca en el suelo. Se levanta y se dirige a la puerta de la caseta.

-¿Dónde vas?

-Un momento, voy a lavarme las manos.

Qué cuidadoso. Fuera de la caseta se oye el ruido del agua de la manguera. Mientras está fuera aprovecho para desabrochar un poco mi blusa y dejar a la vista un trocito de sujetador. Debo estar loca, creo que nunca antes me he comportado así, pero mis neuronas ya no mandan en mis acciones, tan sólo me guía el deseo. Entra de nuevo en la caseta, me mira intensamente de nuevo y coge una caja metálica roja de una estantería. Un botiquín.

-Acerca la pierna, por favor.

Vuelve a sentarse en la silla y coloca de nuevo mi pierna sobre sus rodillas; se detiene mucho tiempo en cada movimiento y todos ellos son caricias sobre mi piel. Tiene las manos frías. En la caja roja hay una pomada que él comienza a extender suavemente por la zona dolorida. Me duele mucho, pero sus manos son suaves y saben cómo tocar. Una parte de mí se excita cada vez más.

Me pone la venda con cuidado y se vuelve a mí.

-¿Dónde dices que te has clavado algo?.

-Aquí- Le digo señalando mi culete mientras me giro en el catre dándole la espalda. Mis braguitas rosas son bastante transparentes y dejan poco a la imaginación. Debe estar deleitandose con la imagen, porque tarda unos segundos en reaccionar.

-Veamos…

Su mano derecha se posa en mi muslo, a la altura del final del culo y el pulgar se aloja ¿casualmente? en el pliegue bajo éste. La mano izquierda me aparta la braguita que pasa a esconderse en la raja de mi culete.

-Me parece que te has clavado el aspersor. No creo que necesites vacunarte del tétanos, pero tienes una pequeña herida. Te la voy a curar.- Coge un algodón y alcohol y lo frota alrededor de la herida, luego directamente sobre ella.

-Aaaaaayy...-Me quejo.

-Shhhh- Acerca su cara y sopla suavemente. Noto su respiración cerca de mi coñito y me excito aún más. Sus manos sujetan sin reparos mi trasero mientras sopla delicadamente la herida. – Te saldrá un moretón, pero nada más. Te voy a poner una tirita.

Yo sigo en mi posición ladeada y de espaldas a él. Avanzo la rodilla para poder apoyar mejor la pierna dolorida en el catre y para ofrecerle una visión un poco más completa de lo que ocultan mis braguitas. Me coloca la tirita y me ayuda a girarme.

Me mira fijamente. Parece estar sopesando qué hacer. Le ayudaré.

-Christian, no sabes cuánto te lo agradezco, no sé cómo te lo voy a poder pagar.

Lo ha entendido perfectamente porque se incorpora sobre mí y se acerca a mi rostro. Yo respondo cerrando los ojos y entreabriendo los labios a la espera del beso. Pero el beso no llega. Abro los ojos y le veo, a apenas un palmo de distancia, con una gran sonrisa socarrona en la cara.

-¿Y dónde dice la señora que le duele?

Me lanzo a su boca que devoro por completo, Christian responde introduciendo profundamente su lengua en mi boca y dejando car su peso sobre mí. Sus manos buscan ansiosas los botones de mi blusa y yo intento desabrochar el peto sin éxito. De repente el catre hace un ruido y se desploma. Nos da un ataque de risa. Christian se incorpora y me baja con cuidado del catre depositandome en el suelo sobre una manta. Se queda de pie disfrutando de la visión de mi cuerpo semi desnudo. Me mira y sonríe, y comienza a quitarse el peto despacio. Para que disfrute del espectáculo. Definitivamente, este chico sabe.

El peto cae al suelo y me encuentro con la espléndida visión de su pene con una tremenda erección. Me quedo extasiada mirándolo y me relamo inconscientemente. Me quito la blusa mientra él se quita la camiseta. Se arrodilla entre mis piernas y me quita lentamente las bragas. Se queda mirando mi coñito un segundo para de inmediato agachar la cabeza para lamerlo. Buf, ¡qué bien lo hace!, recorre con su lengua toda mi rajita desde el ano hasta el botoncito que le espera erecto y se entretiene un buen rato torturándolo. Mis gemidos roncos resuenan en la caseta y me muerdo la mano para ahogarlos. Interrumpe su maravillosa lamida para mirarme y abalanzarse sobre mí. Su boca de nuevo devora la mía. Mis manos buscan su pene con ansia y lo atrapan para no soltarle. Comienzo a masturbarle con fuerza; mientras, que él ha liberado mis pechos y los devora y masajea alternativamente.

Guío su pene hacia la entrada de mi rajita. Christian levanta la mirada y me sonríe jadeante, se separa ligeramente para disfrutar de la visión de su polla a la entrada de mi cueva. Restriego lentamente el glande por mis labios vaginales, impregnándolo bien de mis jugos. Christian respira acelerado, pero aguanta la tentación de insertármela con un golpe de cadera.

-Me estás volviendo loco. Dame más.

Sonrío y le pongo en dedo en los labios para hacerle callar. Su boca lo atrapa y lo succiona golosa. Me vuelve loca. Deslizo el dedo, húmedo, por su cuello y pecho, rodeando los límites de sus músculos. Cuando llego a su pubis, lo enrosco en sus rizos y tiro de ellos. Se le escapa un quejido. Sé que no es de dolor sino de impaciencia. Mi dedo desciende al tronco de su pene que recorro hasta su glande. El ha ido siguiendo todo el recorrido y ahora observa como mis manos se colocan a ambos lados de mi coñito y mis dedos separan bien los labios de mi vagina. Christian entiende el gesto e comienza a penetrarme lentamente. Tiene un pene de tamaño perfecto, no excesivamente largo pero sí un poco grueso, lo que hace que cada centímetro que entra dentro de mí me produzca un quejido de placer. Me penetra por completo y empuja lo más profundo que puede. Me llena por completo y me encanta. Volvemos a besarnos con ansia y comienza a bombear dentro de mí. Es ya el punto de no retorno. Alzo mi cadera para que llegue más profundo. Christian bombea cada vez más rápido y gime roncamente. Yo gimo cada vez más fuerte. Estoy al borde el orgasmo. Le abrazo con fuerza y creo que le estoy clavando las uñas, pero no puedo evitarlo. Sus movimientos son muy rápidos y sé que él ya no va a aguantar mucho más tampoco. Para un momento. Le miro y él me mira fijamente a los ojos. Su polla está casi fuera de mí, intento penetrarme con ella moviendo mis caderas hacia él. Sonríe y no me deja.

-No pares ahora, Christian, por favor...

-Shhh.

Coge mis piernas y las coloca sobre sus hombros. Mi culo queda en el aire. Coloca las manos a ambos lados de mis caderas y comienza a bombear furiosamente. Dios, qué gusto. Me agarro los pechos y pellizco mis pezones con fuerza, mientras su polla entra y sale de mí a un ritmo endiablado. Siento el orgasmo montar en mí y mi cuerpo se tensa. Una descarga eléctrica que nace de mi coño recorre todo mi cuerpo y grito. Al mismo tiempo Christian tensa todo su cuerpo y descarga dentro de mí. Pequeños espasmos que recorren su cuerpo y continúan en el mío nos sacuden durante unos minutos más. Ambos nos hemos corrido ya, pero él no sale de mí aún y sigue frotando su pene contra las paredes de mi vagina en lentos movimientos circulares. Mi umbral de excitación es alto aún y noto como sus movimientos vuelven a excitarme. Resoplo mientras me muerdo un par de dedos y le miro fijamente. Christian observa cómo la excitación me invade de nuevo e intenta mantener los movimientos de su polla dentro de mí, aunque ésta ya no está tan dura como antes. Desliza su mano entre mis piernas y atrapa mi botón con su pulgar. Un estremecimiento me recorre y me tenso apretando su polla en mi vagina. Su dedo frota mi clítoris emulando los movimientos circulares de su polla, pero cada vez a más velocidad. Vuelvo a gemir roncamente y se me nubla la vista, otro orgasmo nace de mi coñito y mi espalda se arquea de placer. Christian frota rápidamente mi clítoris para intensificar el orgasmo, y calla mis gemidos con su boca. Su lengua me penetra y vence a la mía, mientras yo caigo desmadejada sobre la manta. Sin abandonar la cálida cueva, apoya sus brazos a ambos lados de mi cuerpo y deposita pequeños besos por mi cuello mientras yo recupero poco a poco el aliento. Sonríe y me besa suavemente en los labios.

-Eres preciosa.

Le devuelvo la sonrisa por toda respuesta.

-Ahora creo que deberías ir al hospital a que te examinen ese pie.

Lo había olvidado por completo. Creo que las endorfinas han calmado el dolor.

-¿Me llevarás tú?-Le pido con un hilillo de voz.

-Por supuesto. Si me prometes recompensarme como acabas de hacerlo.

Me río y le beso.

-Y aún mejor te lo aseguro.

Creo que las plantas de mi urbanización tendrán que esperar a otro día a que las rieguen, hoy el jardinero es sólo mío.

Autor: Auka


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