
La tarde se manifestaba ligeramente calurosa y por eso había elegido aquella camiseta de fina tela blanca y cuello abierto, ceñida, dejando entrever un par de centímetros de piel hasta llegar al pantalón negro, mi favorito. Íbamos caminando a la par sin hablar demasiado tratando de ocultar furtivas miradas cargadas de chispeantes y apetitosas intenciones que por otro lado se iban aglomerando entre mis pensamientos a lo que mi cuerpo reaccionaba instintivamente contoneándose suavemente, metiendo tripa y sacando pecho. A mi derecha, él caminaba perfectamente erguido, igualmente pensativo y silencioso, aunque sus labios dibujaban una imperceptible sonrisa que delataba satisfacción. Una ligera y fría brisa se coló juguetona entre mi ropa ¿notaría él el endurecimiento ahora visible a través de mi camiseta?
Decidimos tras un par de vueltas más entrar en un garito. No estaba muy concurrido pero quedaba una única mesa alta, justo en la esquina derecha al fondo, el lugar más discreto. El ambiente era íntimo y armónico, coincidiendo con que la puesta de sol impedía ya la claridad del resto del día y que aun no habían encendido la iluminación nocturna. La música sonaba alta pero sensualmente envolvente y la decoración acogedora daba sensación de relajación. Ya con nuestras copas en la mano comenzamos una charla más animada cuyas pausas eran secundadas por el cruce de nuestras miradas libidinosas, pardas bajo la luz tenue y aderezadas con sonrisas licenciosas.
Apenas lograba centrarme en lo que me decía pues el delicado movimiento de sus labios carnosos y el vaivén de su deseable lengua húmeda me habían embrujado como una sirena al marinero.
A modo de estrategia, puse una mano sobre la mesa si bien la reacción no fue la esperada pues empezó a darle vueltas al único anillo que llevaba puesto. Yo deseaba a ese hombre y a duras penas dominaba la lujuria y mis ansias por descubrir qué se escondía bajo su ropa, cuál sería el aroma de su aliento, cómo sería el contacto con su piel…. Él seguía apoyado en la pared, piernas y brazos cruzados y con su cabeza echada a un lado me miraba fijamente como queriéndome seducir con aquellos ojos ligeramente entornados y expresión de perdonavidas que cada vez me excitaba más. Ya no pude apartar la vista de su mirada y dejando en "off" absolutamente todos mis sentidos durante tres segundos, di los dos pasos que me separaban de él para fundirnos en un beso enardecido en el que las lenguas rebosantes de ardor se lamieron impetuosas recuperando el tiempo perdido durante toda aquella tarde de primavera.
Le tenía acorralado y gracias a la esquina modelada por una columna cuadrada nos manteníamos a salvo de miradas fisgonas mientras friccionaba mis pechos contra el suyo, agarrando fuertemente sus perfectos glúteos para apretarme más contra su cuerpo, movía hirvientes mis caderas jugueteando con su prominente dureza. Sus manos iban recorriendo la piel de mi espalda, brazos y hombros, llegando hasta mis senos que acariciaba suavemente aun por encima de la camiseta. Sin dejar de regar mi boca con su sabrosa saliva, me empujó en un arrebato contra la columna ahora a mis espaldas y de manera apasionada dejó unos instantes mis labios para lamerme desde la oreja hasta el cuello, apretándome cada vez con más fuerza por toda mi anatomía mientras que algunos gemiditos imposibles de controlar se me escapaban aprovechando los minutos de ardor. Una idea fugaz se atrevió a filtrarse entre tanto morbo, no podíamos dar más pasos en ese sitio pero tampoco era el momento para salir tan normales del garito. Echando un vistazo rápido aun envuelta en las caricias de sus manos vigorosas, a mi izquierda estaban las puertas de los baños y enfrente teníamos una pequeña puerta oscura, no obstante, la primera opción era una locura pues podía aparecer cualquiera en el momento menos oportuno. Le hice un gesto para que se detuviese y entre jadeos le señalé con ojos brillantes la otra entrada poco visible, asintió sin dejar de sonreír seductoramente y cogidos de la mano nos acercamos rápidamente, con tanta suerte que al girar el pomo conseguimos colarnos en aquel habitáculo oscuro.
No nos hizo falta encender la luz dado el emplazamiento de una claraboya por la que atravesaban destellos anaranjados procedentes de las farolas de la calle. La estancia era sin duda un almacén, con altas cajas, algunas de cartón y otras de madera. Comenzaron nuevamente apasionados besos aún más fogosos que los anteriores ahora sin azoramientos por miradas extrañas, pudiendo dar rienda suelta a toda nuestra incontinencia sexual.
Me cogió por la cintura para izarme sobre un par de arcones apilados y sentarme quedando justo a su altura. Me despojó con avidez la camiseta y sin quitarme el sostén por el apremio, lo apartó como pudo, agarrándome los pechos con las manos mordisqueando mis pezones alentado por mis susurros que le suplicaban: "más fuerte". Mordiéndome los labios y relamiéndome de placer logré desabrocharle el cinturón, el botón, bajé la cremallera del pantalón de pana gris, metí mis manos entre su bóxer negro hasta dar con su falo duro, calentito, y lo agarré fuertemente desplazando la piel arriba y abajo una y otra vez, pasándomelo entre los pechos. Sin parar de tocarle, miraba con ojos felinos cómo suspiraba, con la boca entreabierta en una expresión de dolor inexistente con lo que excitándome aun más, acerqué libidinosamente mi boca para ir recorriendo y humedeciendo con la lengua su zona más sensible haciéndose sus gemidos más intensos con cada una se mis succiones.
Luego, bajó mis pantalones junto con el tanga de algodón negro dejándome al descubierto y apartándome las piernas noté sus dedos acariciarme, su boca chuparme, su lengua recorrerme…. La temperatura de nuestros cuerpos rozaba ya la incandescencia…. Me bajó de mi improvisado asiento y dándome media vuelta enérgicamente, me cogió por detrás acoplando todo su cuerpo al mío, penetrándome finalmente en unos movimientos rápidos y rudos, golpeándome de placer, perforándome las entrañas, moviéndose dentro de mí con frenesí, ambos exhalando ruidosamente hasta casi gruñir de éxtasis en el mismo momento en el que alcanzando con una de sus mano mi vulva me sumió en un profundo orgasmo que a su vez desencadenó el suyo llenándome así de todo su ser.
Nos quedamos unos segundos en la misma postura, resoplando de gozo y recuperando el aliento por la energía consumida, pero corríamos el riesgo de ser descubiertos. Me di la vuelta para fundirnos en un sensual abrazo en el que se sentía aun el calor de nuestras pieles recién agitadas y comenzamos a vestirnos con premura. Acercándonos cautelosamente a la puerta, le besé con dulzura y me dispuse a abrirla con mucho cuidado. Miré por la rendija para otear la situación actual de la clientela y para mi sorpresa todo seguía igual salvo que precisamente en esos instantes entraba al bar un ruidoso grupo de chicas, imagino que celebrando una despedida de soltera dados los disfraces de sexys enfermeras con velo. Era la ocasión perfecta, salimos con ritmo normal para no atraer atención sobre nosotros, atravesamos la muchedumbre sin soltarnos de la mano y franqueamos la puerta de salida, ahora si, los dos tan normales…