
Hacía tiempo que no veía a mi amiga, la encontré trabajando en un banco, en cambios internacionales, años atrás nos habíamos conocido en la universidad y habíamos coqueteado un poco. Ella seguía tan linda como siempre.
En realidad podía sentir que había mucha química entre nosotros, la invité a un trago después del trabajo, nos fuimos de copas cerca de mi departamento y nos pusimos al día con nuestras vidas.
Quiso conocer mi departamento, cuando llegamos todavía era temprano, y la radio estaba prendida (nunca la apago) con música suave, hasta ese minuto no pensaba en nada, pero nos dio por bailar, ella apretó el abrazo y pegó a mi sus espectaculares senos, yo trataba de reprimirme (en esa época tenía poca experiencia y me daba vergüenza) pero allá abajo algo crecía a pesar de mis esfuerzos por controlar la situación, seguíamos bailado, pero nuestras mentes estaban en otra parte, ella agachó apoyó su cabeza en mi pecho y quedamos estáticos, ambos disfrutando de la situación, el tiempo parecía no avanzar.
Se sorprendió cuando la tomé de la mano y la llevé a la habitación, nos tendimos y me dejó que la desvistiera suavemente, nos acariciamos todo el cuerpo, allí me dijo que esa era su sueño de años, dejar de ser virgen conmigo. Cuando comenzamos a hacerlo yo sentía como mi glande habría lentamente un anillo en su himen… y sus ojos se habrían también. No nos apuramos y quedamos en un abrazo eterno. Hasta el día de hoy, ya separados nuestros rumbos, a veces nos juntamos a almorzar y recordamos lo lindo que fuimos.
Desde esa vez en adelante me quedó claro que las mujeres son las que escogen.