-¡Ya métemela!-dijo con voz cachonda.
Todavía no, pensé; la sujeté de las caderas y le puse la verga en medio de las nalgas. Deslicé mis manos hasta sus senos mientras ella paraba el culo y lo echaba hacia atrás para frotarse contra mi erección. Estaba bien mojada. Me sentía eufórico.
-Qué buena estás, te voy a dar una cogida de la que no te vas a olvidar.
Le metí la punta suavecito. Uf, que ganas de dejársela ir completa, hacerla gemir y cabalgarla; pero mejor iba a estimularla despacio, hacer que se derritiera completita y después…
Me doblé encima de ella y los dos quedamos en cuatro puntos. Dejé que sintiera mi pecho en su espalda morena. Su cabello era suave, olía a limón y a flores. Empecé a darle unas buenas lamidas en la nuca combinadas con mordiditas y a soplarle suavecito en los hombros y el cuello. Mis sentidos se llenaban de ella. De inmediato arqueó la espalda y empujó el culo hacia atrás. Quería meterse la verga hasta adentro pero en esa posición sólo le entraba poco más de la punta. Se movía como una gata furiosa debajo de mí, buscando ensartarse bien a fondo.
-Métemela toda- dijo con una vocecita ansiosa y sumisa.
-¿La quieres toda Michi? ¿quieres que mi verga te coja?
-¡Sí, cabrón! ¡ya déjate de mamadas y cógeme bien!
-Así me gusta zorrita, que pidas verga. Ahora te voy a coger como a una puta hambrienta.
La tomé por la cintura con las dos manos y se la enterré hasta el fondo.
-Aaah, aah…
Empecé bombeándola suave pero con fuerza.
-¡Ay, asíiii, asíiii, cógeme bien!
Mi pene la estaba derritiendo. Qué buena zorra. Qué gusto poder coger con una mujer de éstas.
-¡Siente mi verga zorrita!
-¡Síiii! ¡Quiero verga! ¡cógeme! ¡cógeme!
Su cuerpo respondía con cada embestida de mi pene, la espalda se arqueaba y un gemido salía de su boquita entreabierta. Se inclinó más, ofreciéndome su culo por completo. Uf, fue como ver las puertas del paraíso abriéndose. Al verla cómo se me entregaba, me invadió una euforia indescriptible. Le di más duro, quería meterme hasta dentro de ella, tocar las profundidades de su sensualidad. Me invadió ese instinto animal, cuando todo lo que uno desea es fornicar, apropiarse del otro cuerpo que se ofrece sumisamente. Jalé sus brazos hacia atrás de la espalda, de manera que su tórax quedó suspendido en el aire y la cabalgué con más fuerza. Mi verga enterrándose en su deliciosa rajita, mi pubis nalgueando sus redondo culo y ella gimiendo, pidiéndome más con su vocecita entrecortada. Uf, aquello era realmente el paraíso. Semejante bombón enteramente entregada. Michi. Dejé de pensar. Mi mente era deseo puro, deseo de tocar, apretar, morder, penetrar. Eso era lo que Michelle representaba para mí. Había tenido la suerte de encontrarme ahí, montándola a placer, e iba a aprovechar ese momento al máximo.
-Aaah… aaaah, aaaaaah.
-¿Te estás viniendo zorrita, eh?
-Uufff… ¡no me lo saques!
-¡Cómo te gusta la verga!
Se la metí hasta el fondo.
-¡Oooooooh!- gimió casi con angustia.
No podía moverse. Toqué sus senos con morbo, manoseándolos sin ningún miramiento. Quería que sintiera mi deseo, que me pagara todas las veces que me despreció, que supiera lo que se siente ser un objeto. Al fin y al cabo, esa sería la única vez que iba a estar con ella. Se seguía viniendo. Le jalé el cabello suavemente.
-¡Ooh!- mi verga le estaba dando un orgasmo muy largo. Le jalé el cabello más fuerte y empecé a bombearla de nuevo. Iba a cogérmela hasta que quedara exhausta. La dejé que se clavara mi verga a su gusto mientras yo le mordía la espalda.
Con ella en cuatro puntos y sin sacarle la verga, me puse en cuclillas. Sus nalgas quedaron en medio de mis muslos, invitando a una cabalgata épica. Junté sus piernas para que su culo se apretara más. Estaba completamente montado sobre ella. La tenía completamente atrapada; lo único que ella podía hacer era ensartarse más a fondo. Era la posición perfecta para cogerse a Michi. La sujeté de la cadera y la monté con más fuerza que antes. Mis embestidas eran mucho más violentas y ella las recibía gustosa. Entre gemidos me pedía más.
-¡Ah, aaah, cógeme!
Su culo se derretía deliciosamente, estaba chorreando. Mis manos recorrían sus formas con desesperación. Acariciar su cuello, ordeñar sus tetas, tirar su pelo, morder sus hombros, amasar sus nalgas o simplemente tomarla fuerte por las caderas eran placeres que parecían no tener fin. Michi también estaba gozando como loca. Se apoyó sobre los codos y paró el trasero. Uf, de nuevo tenía su culo entregado. Me agarré de sus nalgas con las dos manos y aumenté el ritmo. Mis ingles rebotaban en la parte más carnosa de su culo, así que podía nalguearla usando los muslos. La tenía completamente controlada. Era una sensación muy intensa.
-¡Aaaah, qué buenas nalgas tienes!
-¡Móntame!
-Te gusta hacerlo como perra…
-¡Síiii, síii, uuy!
Se estaba viniendo de nuevo. Se la enterré completa y apreté sus nalgas entre mis piernas. Sólo oí su gemido de hembra satisfecha. Yo también estaba a punto de venirme. Un espasmo me recorrió el cuerpo, pero aún me quedaban más cosas por hacer antes de terminar. Dejé de bombearla y se la saqué sin importarme si ya había terminado o no. Jalándole el cabello nos hincamos frente a frente. La besé con furia y con la mano libre le manoseaba las tetas y los pezones. Jalé su cabello hacia atrás con más fuerza. Gritó e intentó soltarse.
-Si gritas más fuerte, te lo voy a meter más duro.
Le mordí el cuello y mamé sus tetas. Los pezones duros fundiéndose entre mi lengua y mi paladar eran un placer que no puedo describir. Luego le metí la lengua en la boca. Me abrazó con fuerza. Tomé su cabeza con ambas manos mientras metía y sacaba mi lengua de su paladar. Sus brazos me apretaron más y su boca me recibía gustosa. Uf, era el momento de hacerla mamar verga.
-Ahora te voy a dar de comer, perra.
Tomándola del pelo, la puse en cuatro y bajé su cabeza hasta mi verga. No se animaba a comérsela. Le apreté el pelo pero ni así quiso mamar, así que tuve que frotarle la punta de la verga en los labios embarrándole una mezcla de sus jugos y mis fluidos.
-Siente lo duro que estoy por ti, perra. Ya sabes lo que tienes que hacer, ¿no?
Empezó oliendo mis testículos, subiendo hasta la punta de mi erección.
-Muy bien perra, se ve que tienes hambre, ¿verdad?
Sentí su lengua en la base del pene, lamiendo también las bolas. Dejé que fuera lamiendo la verga a todo lo largo. Empezó a hacerlo lentamente y luego más y más rápido; su lengua subió por mi verga hasta que llegó a la punta, comiéndosela con ansiedad. Con las manos, fui guiando la mamada, acomodando su boquita en diferentes ángulos. Ella se dejaba guiar como una buena perrita hasta que encontré la posición perfecta. Tomé su cabeza con ambas manos y me cogí su deliciosa boquita. Los músculos de la entrepierna comenzaron a contraerse rítmicamente. Me iba a venir gloriosamente en la boca de Michi. La iba a llenar completa, quería vaciarme enteramente dentro de ella, hacerla que se comiera todo lo que teníha guardado.
-¡Aaah! ¡Te voy a llenar, perra!
Puso sus dedos debajo de mis testículos. No pude resistir más, me descargué instantáneamente.
-¡Aaaaaaaah! ¡Comételo, cómetelo!
Ella siguió acariciando mi entrepierna tiernamente mientras su boca recibía toda la cosecha que le tenía preparada. Uf, qué orgasmo tan intenso. No podía parar y tampoco podía moverme. Ver a Michi recibiendo mi semen en su boquita me producía una excitación muy intensa que retroalimentaba mi eyaculación. Estaba vacío, pero mis músculos siguieron contrayéndose por unos minutos. Mientras tanto, Michi me lamía más lentamente pero sin descanso. Me derrumbé exhausto. Michi siguió comiéndose mis ingles, mi pene y mis bolas hasta que se cansó. Cada lengüetazo me producía un espasmo de placer que me recorría desde la garganta hasta el abdomen. Era una dulce tortura soportar tan buena mamada. Cuando termino me besó en la boca y se acurrucó a mi lado. ¡Qué buen bomboncito! ¡Y qué bien me lo cogí! Me pregunto cómo será hacerle el amor. Seguramente me quedaré con la duda, cuando Michi sepa lo que hice para poder acostarme con ella, me va a odiar; no va a querer verme por el resto de sus días. Pero esta noche dormiré con una gran sonrisa. Esta noche, Michi fui mi perra.