
Estábamos yo y Yuridia desnudos en una habitación sin que nadie nos molestara. Ella no se veía muy contenta, pero eso no me importaba, lo último que me importaba en este mundo era hacer feliz a una puta de 18 años que se acostaba con el tipo que le diera costosos regalos.
-¿Qué se siente?.
-¿A que te refieres?.
-¿Qué se siente tratarme como tú lo haces?.
-¿Por qué lo preguntas?.
-¿Te excita humillarme?.
Me hubiera gustado tener una respuesta inteligente que dar pero la verdad es que la pregunta me dejo pensando mucho.
-¿Por qué no me contestas?, ¿Te comió un ratón la lengua?.
-Que te importa, eso es asunto mió.
-Claro que me importa, yo soy la que se jode… lo único que trato de decir es que por las buenas también puedes conseguir lo que deseas, no hay necesidad de golpear y humillarme.
-¿Qué intentas decir?, ¿Qué sea bueno contigo?.
-Si, así de simple
-¿Y para que?.
-Tienes una hija de mi edad, ¿te gustaría que la trataran como tú a mi?.
-Claro que no, mato al pendejo que le haga eso.
-¿Y por que me lo haces a mi?.
-Por que contigo es diferente, tú eres una mendiga puta.
Ella se quedo callada, para bien o para mal pero lo hizo, no me gusto la forma en que me miraba, así me le acerque al sillón en el que estaba sentada, le tome de la mano y la lleve a mi pene, ella aparto su mano pero yo la volví a agarrar y la lleve de vuelta a mi pene, la bese y aunque ella no le gusto yo seguí insistiendo hasta que por fin abrió su boca y dejo entrar a mi lengua para que junto con la de ella hicieran un sabroso contacto.
Su mano agarro mi pene fuertemente y comenzó a masturbarlo, eso me dio la clara idea de que esta putita quería ser cogida, entre beso y beso me dijo que quería orinar pero yo no la deja que se levantara, seguimos besándonos de una manera que casi nos comíamos, ella aparto su cara y en su rostro vi claramente que los besos la habían excitado, siguió masturbándome y en varias ocasiones rozaba sus dedos con el glande lo cual me producía un tremendo placer, ya no pude resistirme más y me baje al suelo, me acosté boca arriba y la tome a ella, la hice que se montara sobre mi macana, ella volvió a repetir que quería ir al baño a orinar pero le dije que después fuera, la tome de la cintura y la levante un poco, mi verga se paro, ella lo agarro y lo puso en la entrada de su panochita, se fue sentando poco a poco, vi como su vagina se abría mientras ella se sentaba, por fin le entro toda y de nuevo la agarre de la cintura, con movimientos lentos comenzó a cabalgar, aumento el ritmo y cabalgo de una manera impresiónate, cada sentada que daba sobre mi verga sentía que esta me iba a explotar.
-Ahhhh me duele, siento algo muy raro. (Me lo dijo de una extraña manera)
Su cuerpo hizo unos movimientos que por momentos pensé que sus caderas iban a doblarse, sus nalgas pegaban sobre mis huevos cada que cabalgaba y es en ese entonces que comencé a sentir algo extraño, mis testículos parecía que se habían mojado, luego sentí que mis piernas también se mojaron, mire hacia la vagina de Yuri y me di cuenta que se estaba orinando, sus orines eran calientes y no me molesto, al contrario, sentí muy rico, yo eyacule, di un tremendo grito al llegar al clímax.
-Ahggggg… puto gordo, estas haciendo que me venga.
-¿Te gusta la verga de este gordo?.
-Si… me gusta tu verga.
Ella no termino de cabalgar y siguió haciéndolo durante un minuto más hasta que llego al orgasmo, nunca llegue a pensar que haría gozar de esta manera a una joven más de treinta años menor que yo.
Termino muy cansada y se acostó sobre mi, yo le masajeaba la espalda con pequeños roces de mi manos, el tocar su piel tan suave me hacia un cosquilleo, ella busco mi boca y nos besamos un buen rato.
Dejamos de besarnos y cada quien se levanto, nos bañamos juntos en la regadera pero mi calentura no termino ahí y fui yo quien le lavo la vagina, mientras pasaba el jabón por dicha zona le tocaba con mis dedos. Al terminar de bañarnos nos cambias y yo limpie los orines que había en el suelo. Por hoy fue todo, nos fuimos en mi coche y la deje cerca de unas cuadras de su casa, yo me fui a mi hogar.
Pasaron tres días sin verla, mis huevos estaban hinchados y lo único en lo que pensaba era en cogermerla pero no había tenido la oportunidad de pasar por ella y llevármela a coger, mi esposa ya no me satisfacía, de hecho me parecía aburrido hacerlo con ella, a mi mujer no le podía pegar y tratarla del modo en que lo hacia con Yuridia, ¿Era sano esto?, para mi si, yo no era la victima, ¿Era correcto?, claro que no, pero hacer lo incorrecto es más emocionante que lo correcto.
Durante la comida de uno de esos días yo estaba en el comedor comiendo un poco de carne, mi hija estaba sentada en uno de los sillones de la sala y desde aquí podía verle los calzones blancos que traía, eso me calentó mucho y me acerque un poco para verla más de cerca y le alcance a ver la forma de los labios de su vagina. Me recordó a Yuridia.
No pude más y una tarde tuve que halarle a su celular, la cite en la misma plazuela donde nos veíamos y pase a recogerla, parecía un ángel, traía un vestido azul marino y una bolsa de mano que la hacia ver como una muñeca, se veía tan fresca y juvenil, como quisiera robarme su juventud. En cuanto llegue a ella la bese desesperadamente, fue un beso tan apasionado como desesperado, desesperado por la urgencia de tener a alguien así junto a mi.
-¿Cómo has estado?.
-Muy bien.
-Vamonos.
-No, no puedo.
-¿Por qué no?.
-Estoy menstruando, me duele allá abajo, estoy rosada.
-No te preocupes, no te va a doler.
-Estas loquito.
Ella se quedo callada. Claro que no me importaba si le dolía, no me interesa en lo más mínimo si su panocha está rozada, lo único que me importa es sentir esos labios vaginales apretando mi verga.
En contra de su voluntad me la lleve al coche, por unos segundos creí que iba a hacer un berrinche típico de las putitas de su edad pero no fue así. En el transcurso de la plazuela al departamento no dijo ni una sola palabra, mejor para mi, no quiero estarla oyendo.
Al llegar al departamento ella se sentó en el sillón y se quito los zapatos.
-¿Tienes agua?.
-Si, en el refrigerador.
Se levanto y se acerco al refrigerador, tomo una botella con agua y bebió un poco, luego la guardo y se vino a sentar conmigo en el sillón. Por unos minutos nos quedamos viendo, solo hacíamos eso, vernos, no disfrutaba el ver a alguien de la misma manera que me pasaba con Yuridia.
-¿Qué me ves?.
-No sé. No sé por que te veo de esa manera.
Me le acerque y nos besamos, comenzamos dándonos pequeños besos hasta que poco a poco fuimos metiendo nuestras lenguas al juego. Su cabello olía rosas, su piel tan suave como la de un bebé, su mirada penetrante, sus labios que seducían a quien sea, estoy seguro que no soy el único que desea a esta muchacha, pero solo yo la puedo tener, la tengo a mi entera disposición, por más mal que la trate ella no dirá nada, tiene miedo a que los demás se enteren lo puta que es o… ¿será por que siente algo por mi?, ¿Qué importa?, lo importante es disfrutar el momento y de la rica morbosidad que me daba el solo estar con ella.
Metí mi mano bajo su vestido y acaricie sus piernas, toque suavemente su panocha por encima del calzón y sentí el kotex que traía, le subí el vestido hasta los senos y comencé besar y a lamer su cuerpo desde el pecho hasta su ombligo, Yuri solo daba unos cuantos gemidos de placer y me acariciaba la cabeza.
-Ahhhh… que rico- me dijo ella.
La acosté en el sillón y continué besando-lamiendo su cuerpo hasta que ya no pude más y le baje el calzón, vi la toalla femenina que traía y se la quite, en ella había unas manchas de sangre, no sé por que pero acerque más la toalla y olí la sangre, tenia un olor exquisito, era el verdadero olor de una mujer, lamí el kotex hasta casi dejarlo limpio de las manchas de sangre, para mi sorpresa no sabia tan bien como olía, no es que supiera mal, es solo que me esperaba otra cosa.
Deje la toalla en el suelo y le lamí la panocha, con mis manos abrí los labios de la vagina y parecía una flor, sus jugos sabían tan rico, era un manjar para mi, ni siquiera los de mi mujer sabían de esta manera.
-¿Te duele?.
-Un poquito.
Continué lamiendo su vagina hasta que metí mi lengua hasta el fondo de su vagina, comenzó a gemir y yo le seguí haciendo con más fuerza, era una lucha para ver hasta donde podía llegar mi lengua. Me levante y acerque mi cara con la suya, nos volvimos a besar, jugábamos con nuestras lenguas de tal forma que parecíamos niños.
-Métemela ya.
-¿Quieres que te de una buena culeada?.
Ella solo sonrió pero yo lo tome como un si.
Era hora de que empezara lo bueno, me baje el cierre y saque mi vergita, me masturbe un poco para que terminara de pararse, hice para atrás la piel y la cabeza de mi pene salio, se veía muy roja y brillosa.
-¿Estas lista?.
-Si.
Abrió las piernas de tal forma que me dejo acodarme bien, apunte mi verga hacia su entrada y la fui metiendo poco a poco.
-Ahhhhhh, que rico se siente tu panochita.
-No lo hagas tan fuerte.
¿No lo hagas tan fuerte?, ¿Qué chingado quiere decir con eso?, de cualquier forma, yo estaba disfrutando al máximo, saque mi pene hasta la mitad y lo volví a ensartar bruscamente.
-OOOOOOUUUUUUU
¿Eso es todo lo que vas a gritar pendejita?. Pobre escuincla babosa nalgas miadas. Yo estaba como un animal, cogiendo y cogiendo, mis embestidas eran muy rapidas.
-Hugooooooooooooooooo….. ahhhhhhhhhhhhh…. Me duele……. Detente.
Ella no se callaba, parecía un puto perico.
-AHHHHHHHHHHHHHHHH…. PARAAAAAAAAAAAAAAAAAA… HUGOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO.
-Cállate el hocico.
No se callaba, ¿Qué puedo hacer para que se calle?, con una de mis manos apreté su cuello y la comencé a ahorcar, al fin se callo, ahora solo hacia unos extraños ruidos los cuales a mi me excitaban mucho más. Su cara se puso roja y con una voz baja me suplicaba que la soltara, por supuesto que yo no la iba a soltar, al menos no hasta que acabara, para su buena suerte eyacule muy pronto y la solté, saque mi verga de su panocha y ella se levanto, tocia y parecía que se estaba ahogando.
-¿Por qué hiciste eso?.
De nuevo comenzó a toser y a llorar.
-Pendejo……… pudiste matarme baboso.
Por primera vez desde que la conocí, tuve hacia ella un sentimiento que no había sentido, el verla llorar y toser me había hecho sentir…. Lastima, sentí lastima por ella, no sé por que pero así fue. Me di cuenta que era adicto a la humillación de los demás, solo soy feliz cuando veo a Yuridia sufrir, pero no esta vez, no esta vez, todo había llegado muy lejos. Todo inicio tiene un final.
Dejarla cerca de su casa fue fácil pero el recorrido hacia la mía fue una tortura total, me imaginaba a mi hija siendo ahorcada por mí mientras la penetraba. El arrepentimiento llego a mí. No dormí bien durante días, una noche soñé que tenía relaciones con ella, al despertar del sueño mi boxer con el que duermo estaba manchado de semen, ya no podía más seguir con este juego.
Tres semanas después de pensar bien las cosas decidí llamarle por celular. Se sorprendió al recibir mi llamada, creo que ella pensó que ya nunca le iba a hablar. Nos quedamos de ver en la misma plazuela, ella venia hermosa como siempre, vestía una falda negra y una blusa azul marino.
-Hola.
-Hola.
No me saludo con su mano y no me dio un beso en la mejilla como siempre. Era obvio que seguía molesta conmigo.
-¿Para que me querías?.
-Solo quería decirte una cosa.
-¿Cuál?.
-Te quería pedir perdón.
Se quedo muy seria y solo volteo su mirada para otro lado.
-¿Eso era todo?, ¿Quieres pedirme perdón para ya nunca volvernos a ver?.
-Pues… si.
-¿Quieres que olvide todo?.
-Si.
-No es tan fácil. Lo que me hiciste no se olvida de la noche a la mañana, no sabes lo mal que me siento.
-Yo estoy muy arrepentido.
Por uno segundos nos callamos, pero al verla me di cuenta que era la tentación vestida con el traje de humano. Me le acerque y le plante un buen beso, ella no puso mucha resistencia y me siguió la corriente. Nos besamos apasionadamente unos cinco minutos, le tocaba la espalda y la cintura.
-Te deseo.
-¿Quieres que vayamos a tu departamento?.
-Si.
Nos fuimos al coche y durante el camino a mi departamento ella me saco el pene y me masturbo durante el recorrido. Mi verga estaba bien parada y ya estaba lista para la acción.
Llegamos al lugar y nos fuimos a la recamara, nos desprendimos de la ropa y la acosté sobre la cama, nunca habíamos tenido relaciones en una cama, siempre era en el sillón o en el suelo.
Tenía todo su cuerpecito blanco a mi vista, su panochita rosita como siempre y se podía ver claramente que se acababa de afeitar el vello púbico, le toque esa parte y podía sentir cosquillas en los dedos por lo corto de los vellos que tenia. Le metí dos dedos de mi mano hasta el fondo de su vagina y dentro de esta hacia movimientos circulares, después los saque y salieron completamente húmedos de sus jugos vaginales, lamí mis dedos hasta que ya no tenían sabor de la panocha de Yuridia.
Me acosté encima de ella y nos besamos de nuevo, mientras hacíamos eso, introduje mi pene en su vagina e hice unas penetraciones lentas, nada fuertes y bruscas, parecíamos dos enamorados, dos amantes que se amaban mucho, era romántico y bello. Estábamos disfrutando mucho los dos.
La posición de misionero nos aburrió y la puse en cuatro patas y la penetre de nuevo.
-Aghhhhhhhhh.
-¿Te duele?.
-Si, un poco.
-¿Me detengo?.
-No, sigue.
Seguí dándole unas embestidas un poco fuertes, luego me detuve y ella fue quien comenzó a moverse, se estaba penetrando ella solita.
-Ahhhhhh… que rico se siente.
-¿Te gusta?.
-Si.
La tome de su cintura y ahora le comencé a dar unas embestidas rápidas, duramos unos cuatro minutos así y termine eyaculando dentro de ella. Ella no llego al orgasmo así que le volví a introducir mis dedos en su vagina y los metía y sacaba de una manera muy rápida hasta que por fin llego al orgasmo.
-AHHHHHH… que rico estuvo.
-¿Te gusto Yuri?.
-Si, nunca había sentido así de rico. Bésame.
La bese por unos minutos y al final terminamos muy cansados, ella se durmió y yo me acosté a un lado de ella, descansaba con un ángel a mi lado, un ángel que me había llevado a la gloria.
Esa fue la última vez que tuvimos relaciones, yo hubiera querido seguir con ella pero los dos teníamos una vida que seguir, cada quien tomo su rumbo y vivió a su manera. Ella no me denuncio o hablo de esto con alguien, creo que ella estaba enamorada de mí o tal vez creyó que yo podía cambiar, yo sé que soy una mala persona pero eso va a cambiar por que yo voy a cambiar, lo haré por mi propio bien y por el de las personas que me rodean.
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