Porno Galerias Gratis Foro Contactos Gratis Videos Porno Fotos Porno Juegos Relatos Eroticos Porno Gratis SexShop Webcam Porno
   






Edad &

Crea tu perfil y conoce gente cerca de ti

ZONA PRIVADA DE MACIZORRAS




 

Webcam Porno

Webcam Porno


2011-01-21 19:35:50
Hace ya muchos años, tantos que yo mismo era joven, el mundo no era digital, sino analógico y el servicio militar, obligatorio, a causa de esto último y a pesar de mis vanos intentos, me vi obligado a formar parte del "glorioso" ejercito. Lucí durante trece eternos y estériles meses un triste uniforme de caqui. Mi trabajo en ese inútil periodo consistía en recoger por la mañana y devolver por las tardes a sus casas a un grupo de suboficiales, cual tiernos infantes, con un vehículo militar dando el espectáculo por donde aparecíamos.

Vivían estos seres en unas viviendas, propiedad del estado y durante esos meses salían de estas y montaban en mi 109 especial. Uno de los integrantes de este grupo era el brigada Martinez. Este hombre, de bigote grandioso y monstruoso, con unas gafas de sol eternas, era chulesco y bravucón.

Si este suboficial tenia algo bueno, esto era su mujer. Había pasado ya la treintena,( siempre me gustaron las mujeres mayores que yo) y delgada y morena, esta fémina era guapísima e inmerecida por su fanfarrón marido. Cuando salían a la puerta de su casa, ella le daba un besito de despedida y él, ufano, subía en mi vehículo saludando alegremente al resto de los pasajeros del coche. Yo, desde el primer día, la miraba con disimulo por el espejo retrovisor. -!Que desperdicio de mujer¡, -pensaba yo lujurioso.

Entre los múltiples y graves defectos del brigada Martinez, se encontraba el ser aficionado a lo lupanares. Algo que yo no entendía, estando casado con la mujer que tenia. De vez en cuando, entraba en la compañía y con su habitual chulería preguntaba quien era el imaginaria de aquella noche. La primera vez que me toco, apareció y me fijo sonriente.

-Soldado, si esta noche llama por teléfono mi mujer, le dices que estoy de servicio, muy ocupado.

-Si, mi brigada, -conteste mecánicamente.

Obviamente, eso era una enorme mentira. Aquella noche, el brigada Martinez se iba de putas con aquella escusa.

Comprendí entonces que los días que no pasaba por la casa del suboficial, es por que había estado de juerga, engañando a su pobre mujer.

Eso me llenó de tristeza, y luego, de ira.

Durante esos trece tontorrones meses, pase de ser, como allí se decía, pollo, padre, abuelo y por fin bisabuelo. Me licencié. Había llegado el momento de la venganza.

Unos días después, agazapado, vi pasar mi ex coche, conducido por mi sustituto y recoger en su casa al vil brigada. Salió, como todas las mañanas, con su mujercita y se despidieron Era mi momento. Robé unas flores en los jardines de aquel barrio castrense y confeccioné un bonito ramo. Armado de valor, toqué el timbre de la casa del brigada Martinez.

-¿Si?, -preguntó su mujer al abrir y verme allí.

-No se si me conoce, -le dije,- yo era el conductor que recogía a su marido estos últimos meses.

-A si, es verdad .

Gentilmente le ofrecí el ramo y proseguí.

-¿Puedo entrar?, quisiera hablar un momento con Usted.

-Pasa, pasa...

Entramos en el pequeño comedor y nos sentamos. Ella me ofreció café, pero cortesmente le dije que no.

-Le voy a decir una cosa sobre su marido, -expliqué, -que creo que debe saber.

-¿Si?, ¿que ocurre?.

Sus ojos claros en aquel rostro de porcelana me estaba hechizando. Su melena negra, que había visto tantas mañanas, aveces recogido en coleta, otras incluso en trenzas, caía esta vez sobre sus hombros.

-Su marido...

-Dime.

Me faltaba valor para descargar ese peso sobre aquella mujer.

-Si, su marido...

-Es un putero.

Me quede estupefacto al escucharla.

-Perdone, ¿ya lo sabia?

La mujer comenzó a llorar, diciendo:

-Si, lo se desde hace mucho tiempo.

Cubrió su rostro con las manos y las lágrimas afloraron en sus ojos.

-Por favor, no llore. Yo no pretendía esto, solo avisarle.

En esa triste situación, con animo de consolarla, la abracé y apoyé su cabeza sobre mi hombro. El olor de aquella mujer era embriagante. Turbios pensamientos pasaron por mi mente.

-Gracias, -dijo entre gemidos. -Debería dejarlo.

No tuve palabras, solo deseos. Ella levantó la vista y miró mis ojos. Algo vio en ellos, y no se equivocaba. Con el dorso de su mano secó sus lagrimas y volvió a mirarme.

-Yo...- intente decir,- solo quería....

Entonces me besó. Cerré los ojos y saboreé ese dulce manjar. Desbocado, mis labios pasaron a su cuello. La miré de nuevo y encontré en su silencio una franca expresión que me permitía continuar. Mis lujuriosos dedos desabrocharon su blusa. Vi sus pechos rebosantes de belleza con su medalla de la virgen entre ellos. Ella, en principio avergonzada y tímida, me miró de nuevo. Suavemente le quite la blusa, sin dejar de besarle y torpemente desabroché el sujetador. Ella ya animada, se puso en pie y se quitó primero la falda, para después las bragas. En pie, frente a mi, aquella venus se me ofrecía. Me levanté y ella me condujo al dormitorio. Me desnudó completamente y nos acostamos en medio de apasionados besos.

-Fóllame, -dijo excitada.

-Si, si...-contesté apresurado.

Mientras la besaba, mis manos acariciaron aquellos preciosos pechos. Una de mis manos se deslizó lentamente hasta su vientre y topó con su pubis. Busqué ansioso su coño y mi mano entró en su húmedo sexo. Comencé a excitarla y notaba como le daba convulsiones de placer. Entonces

me coloqué entre sus piernas y las separé. Aquel coño me perdía y deseaba saborearlo de inmediato.

Introduje mi lengua entre los labios de su sexo y busqué frenético la vulva de su clítoris. Ella se retorcía y gemía, diciéndome

Oh,oh!, ¿pero que haces , chico?, ¡um...!

Sus manos agarraron mi pelo con corte de recién licenciado militar, apretándome a su coño.

-Si, sigue así, me encanta...

Satisfecho,lamí entusiasmado. Al rato me detuve y le dije.

-Ahora te toca a ti.

Me tumbé sobre mi espalda y agarré su cabeza por la nuca, arrimandola a mi erecto y babeante pene.

-No lo he hecho nunca, -me dijo asustada.

-Seguro que a tu marido se lo han hecho ya muchas veces, - contesté insolente. Eso le dio valor y.

entonces agarró mi polla con ambas manos y la metió en su boca.

-Si, si, ….lo estas haciendo muy bien, -animé. Al rato le dije, -para, para...., no quiero correrme en tu boca.

-Esta bien, -dijo ella y colocándose sobre mi, metió entonces mi miembro en su coño, mientras me besaba. Su larga melena caía sobre mi rostro y yo, desbocado, sobaba y chupaba sus pechos. Al rato, me llegó el ansiado orgasmo y metiéndosela a tope, la colmé de semen.

Ella siguió moviéndose y unos segundos después, abatida por el éxtasis, se dejó caer sobre mi joven cuerpo.

-Hacia tanto tiempo que no me corría, -dijo, -gracias.

- De nada. Ha sido un placer, -contesté desvergonzado.

Ella rió mi estúpido chiste, Después, relajados, seguimos besándonos, hasta que tuve que marchar.

Ese fue el principio de una relación. Me llamaba cuando su marido no pasaba la noche con ella y yo acudía raudo a su lado. Meses después, el encontrar trabajo yo hizo que las visitas fueron menos frecuentes y por fin, cuando el brigada Martinez fue destinado a otro cuartel, se fue, llevándose a mi amante, su hermosa mujer.

Me escribió alguna vez, pero nunca la volví a ver.

Autor: Juglar


RECIBELOS EN TU MAIL

Recibe nuevos relatos
en tu email cada dia:


All logos and trademarks in this site are property of their respective owner. - Condiciones de uso y Aviso Legal
The comments are property of their posters, all the rest Copyright 2004-07 by me.
Todos los derechos reservados - MaciZORRAS.CoM Copyright 2004-10. Porno Gratis