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2007-05-25 23:12:07
Hola amigos, después de un tiempo sin publicar, tuve nuevamente deseos de hacerlo y como siempre he dicho, esta página es mi "confesionario sexual". Me incentivó a contar esta historia, el haberme encontrado hace unos días con la persona que es parte de la misma y eso reavivó la llama del recuerdo.

Hola amigos, después de un tiempo sin publicar, tuve nuevamente deseos de hacerlo y como siempre he dicho, esta página es mi "confesionario sexual". Me incentivó a contar esta historia, el haberme encontrado hace unos días con la persona que es parte de la misma y eso reavivó la llama del recuerdo.

Todo pasó cuando estaba en la universidad, dando clases. Iba dos veces por semana, realmente no era un trabajo, sino la forma de estar cerca de la docencia, lo cual siempre me agradó mucho. El perfil de mis alumnos era muy particular, porque no era una clase de "chicos", más bien rondaban en lo veinticinco a treinta años, excepto Sebastián que era el más "joven" del grupo con apenas dieciocho años. Este jovencito, siempre estaba muy alegre y con una actitud positiva. Tenía la particularidad de ser un poco afeminado, bastante, diría, pero no he sido jamás discriminador, por lo tanto ese hecho no enlutaba ni opacaba la excelente relación que manteníamos. Siempre que terminábamos las clases, me preguntaba cosas y me hablaba mucho de su madre. Tenían una empresa de diseño, su mamá era diseñadora de modas, manejando una boutique propia y con bastante suceso. Definitivamente, no les iba mal, pero el chico con sus nuevos estudios intentaba darle un toque diferente a la empresa de su madre y estaba muy claro, que buscaba mis consejos siempre. Un día, al finalizar la clase se acercó y me dijo:

Profe, he hablado con mi madre y me dijo que quería conocerlo

¿Me quiere conocer? – pregunté asombrado

Si, lo que pasa es que le he hablado tanto de usted y de sus ideas de marketing, que le interesó – me dijo muy animado – además vamos a presentar una colección de temporada y se hará un desfile, por eso la invitación.

Muchas gracias y cuenta conmigo.

Allí quedó todo el tema, en la próxima clase me llevó una tarjeta para hacer más formal la invitación.

El día señalado llegó, fui a uno de los salones más coquetos de un reconocido shopping de la ciudad y allí se hizo la presentación. Obviamente, el público que había era en su mayoría femenino y el masculino prácticamente gay. Cuando terminó el desfile y apareció la madre de Sebastián, quedé anonadado, era una mujer espectacular, unos cuarenta y poco, vestía un traje negro, con un tajo a cada lado, que mostraba unas piernas hermosas, torneadas. Se le veía un escote interesante resguardando pechos turgentes y no pequeños. A la distancia no pude definir sus rasgos, tan solo ver la cabellera rubia, seguramente teñida y le quedaba hermosa. Un cutis blanco dorado por el sol o la cama solar, un cuerpo contorneado por el vestido que le daba un aspecto de una hermosa hembra. Se la veía muy jovial, sumamente alegre, integrada a su trabajo, definitivamente me encantó aquella mujer. Cuando hubo terminado todo, me fui a despedir de Sebastián, que estaba rodeado de modelos y de un chico con similares características, a quien luego me lo presentara como su pareja. Me acerqué a él y me recibió con su constante sonrisa y simpatía:

¡Profe! ¿Le gustó el desfile?

Me agradó mucho y quiero que saludes a tu mamá de mi parte – le contesté

No, pero no se vaya, porque ahora hay un pequeño ágape y usted está invitado – dijo con mucha ansiedad – en la tarjeta decía

Bueno, te agradezco, no lo tuve en cuenta – respondí un poco confundido

Dejé al chico con sus amistades y dirigí mis pasos hacia un pequeño saloncito donde se iba a realizar el final del evento. No había más de veinte personas, allí vi. a la madre de mi alumno de cerca. Hermosa, definitivamente una mujer divina. Ojos negros grandes, con labios gruesos y rojos, carita de ángel. Sus pechos tal cual lo percibí, eran medianos, pero firmes y enfundados solo en el traje, no llevaba sostén. No era alta, pero todo congeniaba en ella. En ese momento me obsesioné con aquella mujer. Pasaron unos segundos, que llegó su hijo, con su amigo e inmediatamente la llamó y me la presentó.

Ella con toda su gracia me dio un beso y me dijo:

¡Por fin conozco al famoso profe Carlos!

Bueno – le dije con gracia - ¡Por fino conozco a la famosa "mami" de Sebastián!

Ambos reímos y ella me dijo enseguida:

Carlos, tengo idea de hacer algunas cosas. Me gustaría si usted puede asesorarnos, me pasa un presupuesto y vemos. ¿Le parece?

Con mucha cautela le respondí:

Antes de hablar de presupuestos, sería bueno saber su nombre, conocer sus ideas, saber de sus proyectos y ver que es lo que realmente necesitas – la comencé a tutear, lo cual enseguida aceptó.

Tienes razón – dijo con esa hermosa gracia que poseía – me llamo Magdalena, pero me dicen Magda. Es cierto que no sabes nada de mí, entonces hoy pasémosla bien y fijamos una fecha de reunión.

Se imaginarán que eso me encantó y le dije enseguida que si, que aceptaba la idea y ese día todo fue normal, yo solo me limité a admirarla en toda la noche y ver que el ambiente era de muchas mujeres.

Antes de irme, Sebastián vino a despedirme y me presentó a su pareja, otro chico joven como él, educado y muy cortes.

A la primera clase que tuve, llamé a Sebastián y le hice preguntas sobre su madre. Ahí supe que lo había tenido muy joven como madre soltera, que tenía cuarenta años, que estaba solo desde hacía tres, ya que su pareja la había dejado para irse a España y que vivía para su trabajo. No podía creer que aquella terrible hembra estuviera sola por tres años.

Todas las clases algo trataba de sacarle a mi alumno sobre su madre, De todas formas debía de ser cauto, para que no se diera cuenta que quería cogerme a su progenitora. Pasaron unas dos semanas, hasta que Sebastián se acercó en un "recreo" de clase y me dijo:

Carlos, mi madre me dice si puede tener una reunión con ella

Claro – le contesté – dile que cuando quiera

Me dijo, si puede ser mañana, lo quiere invitar a almorzar

Justo tenía una junta al mediodía, lo cual me hizo imposible aceptar. Pero quedamos para el otro día. Ahí si nos encontramos, ella estaba vestida con un trajecito blanco, con una camisa celeste, falda a la rodilla, labios rojos, ojos negros, perlo rubio, se le veía el comienzo de los pechos. En fin, una hembra preciosa, para cogerla allí mismo encima de la mesa. Fue acompañada de una socia, para un proyecto que tenían. El encuentro no vale la pena narrarlo, pero si que yo quedé más impactado y creo que ella también. Desde ese día no dejaba de pensar en Magda, la imaginaba en tanga, desnuda, que ganas de cogerla y si ella hacía tanto tiempo, suponía que estaría con muchos deseos.

Luego de aquella cita, la primera vez que vi a Sebastián, fui casi derecho al tema. Le pregunté:

¿Tu mamá te comentó algo de la reunión?

Si – respondió con fuerza – me dijo que usted fue muy efectivo y claro

Ah que bien – le dije y con mucho atrevimiento le lancé una frase para ver como la digería – dime Sebastián, tu madre, siendo tan linda ¿está sola?

Sola – me respondió muy naturalmente

Me ha llamado la atención que esté sola, porque es tan agradable, tan "especial" que tres años, como tu me dijiste que está sola, parece una locura.

Es que ella se ha metido en su trabajo – me respondía muy pausadamente Sebastián – se dedica a mi abuela, su madre, también a mí y como que ha quedado sola y asexuada como dice ella – y se reía mientras lo decía.

No puede ser asexuada una mujer como tu madre - le dije con risa y atrevimiento – perdona la expresión – le recalqué.

En ese momento el pibe, con mucha cancha, me dice que se tiene que ir volando a su casa. Como estábamos saliendo juntos, me ofrecí para llevarlo en el auto y aceptó. A mi me servía porque de esa forma sabría más cosas de su madre. El viaje resultó monotemático, hasta que antes de llegar a la casa, Sebastián realmente me sorprendió sin muchas vueltas me dijo:

¿Le gusta mi madre?

Si – respondí – te diría que mucho

Usted le gusta a ella – me lanzó de una

¿Y tu cómo sabes? – pregunté

Porque me hace las mismas preguntas que usted – y se reía – creo que si no lo toma a mal, les arreglo una cita

Acepto – le respondí en broma

Profe – dijo – mamá hace como tres años que no sabe lo que es un hombre, yo quiero que pase bien, que disfrute, vive para la casa y su trabajo. Eso a veces hace que yo no pueda vivir como quiero, acepta mi condición pero, por ejemplo, con mi pareja no puedo dormir en casa. Ella no quiere entender que mi deseo sexual es otro hombre, creo que todo esto pasa porque está reprimida sexualmente. Por eso, de verdad le digo, usted es el tipo ideal y si no se enoja le armo el "tinglado". Saco a mi abuela de la casa, yo me voy con mi pareja y le dejo la noche a ustedes. ¿Qué le parece el sábado?

¿Tienes todo armado? – le pregunte - ¿Tu madre, aceptará? Es todo muy loco esto

No se haga problemas, usted invítela a comer, ella me va a decir, que la invitó. Yo le voy a pedir que lo invite a casa y comemos los tres, porque mi abuela se va a la casa de mi tío este fin de semana. Cuando llegue la hora, mi pareja va a llamar que se siente mal y le digo que voy a ver que pasa. En la noche llamo para decirle que me quedo allí y usted se encarga. – mientras decía esto reía y me guiñó un ojo.

Lo dejé en su casa y me fui. Todo era muy loco. Llegó el día, todo se dio como Sebastián lo planeaba, yo invité a comer a su madre, luego ella me llamó que comeríamos en su casa los tres. En la tarde me telefoneó Sebastián a mi celular y me dijo:

Carlos no se olvide que mi madre es muy tímida, pero está necesitada - se reía – no toma anticonceptivos pero no los necesita porque tuvo una operación de ovarios cuando nací y quedó sin fertilidad, así que la información se la doy tal cual. Ahora me despido porque cuando lo vea será parte del teatro – riendo se despidió y cortó.

Fui a la casa, me abrió la puerta Sebastián, nos saludamos. Entré. Al instante apareció Magda. Estaba vestida con una falda gris, a media rodilla, un bucito celeste y sandalias grises. El pelo salvaje, los labios rojos como siempre y los ojos con sombra celeste resaltaban en su negro profundo y penetrante. Nos saludamos, me ofreció sentarme, ella lo hizo también y comenzamos a conversar. Se sentó y sus piernas atraían mi visión. Que ganas de besárselas todas. En eso suena el teléfono, Sebastián que venía con una bandeja y tres copas, va y atiende. Se oyó toda la parafernalia de la teatralización, se acercó a nosotros ya con un abrigo en sus manos y dijo que ya volvía. Empezaba la cosa, ahora solo dependía de mí, Magda quedó algo confundida, pero siguió la conversación hasta que me dice:

No sé si quieres que sirva la cena, o esperamos a Sebastián, porque este muchacho salió como loco.

Magda, no vine a comer, sino a pasarla bien, no tengo hambre, prefiero hablar contigo – le dije mientras la miraba a los ojos y ella sostenía la mirada.

Gracias –contestó- yo también tengo ganas de conversar contigo hace tiempo que no lo hago con nadie.

En eso sonó el teléfono, imaginaba quien podía ser, confirmé cuando la escuché a ella, rezongarlo y decirle que era un tonto. Cuando volvió estaba contrariada, yo me hice el desentendido y le pregunté:

¿Pasa algo Magda?

Era Sebastián que no vuelve hasta mañana porque se va a quedar con su amigo, parece que el chico no se siente bien.

Ah que pena - le dije – entonces si te parece me voy. Cuando le dije así, su cara cambió y puso ojos de no querer, lo vi. en el acto.

Como quieras, yo no sé la comida está pronta.

Magda, no deseo incomodarte

No me incomodas, al contrario, entonces no se hable más, te quedas y listo.- lo dijo con convicción.

Se levantó y fue hacia la cocina. La seguí. Estaba revisando en el horno cuando me vio entrar y dijo:

¡Qué sorpresa! – mientras se agachaba para cerrar el horno y vi. su culo redondeado por la falda. Ella se levantó y fue hacia la mesada abriendo el placard de arriba. Me puse detrás de ella, sin decir palabra la tomé por la cintura y la besé en el cuello. Ella solo dijo :

¡Carlos! – se dio vuelta pero no le dejé hablar más, la besé en los labios con furia. Hubo un intento de resistencia, pero enseguida sentí como los labios se abrían pare recibir mi lengua y enroscarse con la suya. La abracé. Me abrazó. Mis manos bajaban por su cintura, las suyas se aferraban a mi espalda. Sentí el borde de la falda y sabía que estaba en la frontera de todo. No me detuve. Mis manos bajaron por la falda, pegadas al cierre. Abrí los ojos, ella mientras me besaba los mantenía cerrados. Comencé a sentir sus nalgas, eran duras, tenía puesta una bikini, percibí los pliegues cuando pasé mis manos. Ella sintió las caricias y se aferró mas a mi lengua, ya casi íbamos a un minuto de besarnos sin separarnos, era tremendo. Saqué mi boca y la besé en el cuello, sentí su respiración agitada en mi oído. Subí hasta su orejita la lamí y le dije:

Me gustas Magda

Tu a mi también Carlos, pero no sé si está bien esto, no pienses cosas de mi..-le tapé la boca con otro beso. Esta vez mis manos bajaron por su falda y fueron levantándola de a poco. En un segundo sentí en la yema de unos de mis dedos que tocaba ya la piel de su pierna, entonces pasé mis manos por debajo y alcancé sus nalgas. Ella dio un salto pero no se separo de mis labios. Mis dedos acariciaban su culo. Con toda la extensión de las manos tocaba su trasero, un orto divino, mis dedos se metían en su raya y la recorrían. Sentí que gimió. Me aparté de su boca de nuevo y le dije:

Me encanta tu culo, es hermoso, lo voy a acariciar todo.

¿Si? – decía Magda con desespero- acarícialo, me gustan tus caricias.

Dicho eso me abalancé sobre ella y la comencé a besar de nuevo ya sus manos me acariciaban la espalda y su lengua jugaba con la mía. Le desabroché la falda y tomándola de los bordes se la empecé bajar por las piernas mientras yo, comencé a bajar por su cuello al mismo ritmo que le bajaba la falda. Pasé por su pecho y le lamí la unión de las tetas. Seguí bajando y mis manos llevaban ya la falda por las rodillas, besé su ombligo y cuando me arrodillé observé una tanga negra, pequeña y unas piernas hermosas, latentes, ella las movía.

Que lindas piernas - le dije y se las besaba todas

¿Te gustan? Son tuyas, bésalas, mmmmmmm me gusta que me las beses – decía hasta que le bajé la tanga y me encontré con una conchita muy depilada, apenas unos pelitos en el pubis.

Hay Carlos, por favor. ¿Qué haces? – diciendo esto me miraba pero no atinaba a nada solo a gemir cuando vio que mi boca le besaba los pelitos y mi lengua empezaba a sentirla entre sus piernas. Me incorporé, la senté en el fogón, la hice abrir las piernas, volví a mi postura y comencé a chuparle la concha de una manera bestial. Estaba toda mojada, totalmente empapada de jugos, me daba hermosas cantidades de líquidos de hembra caliente. De pronto siento detrás de mi cabeza sus manos y veo como ella se mueve más y más e instintivamente frota mi cabeza para que la chupe bien, para que sienta como le saco una acabada con mi lengua. Me aparté y le pregunté:

¿Te gusta mi amor?

Me encanta, no pares, me voy a acabar

Te vas a acabar en mi boquita

Si en tu boca, toda me acabo toda

Pero si no me dices si te gusta no puedo seguir chupándote

Me encanta, tanto que te voy a acabar toda, chúpamela, méteme la lengua, dale, dale, me acabo – con un grito tremendo, que se debe haber oído en la casa vecina se acabó y me llenó la boca de jugos.

Quedó agarrada a mí, me levanté, la besé en la boca y me dijo:

- Hay que cosa mas tremenda, perdóname, hacía mucho que no acababa así de esta forma.

- Pero recién empezamos – le dije, la volví a besar mientras sin que ella se diera cuenta me baje el pantalón. Todo con Magda era diferente, si bien era una mujer de cuarenta años, tenía el cuerpo de una de treinta y la mente de una jovencita. Me besaba y lamía mi boca, se daba cuenta que sus jugos habían quedado en mi boca, Cuando logré sacarme el pantalón, me bajé el bóxer, le tomé la mano y se la llevé a mi pija. Dio un salto. Se bajó de la mesada y me quedó mirando. Volví a tomarle la mano y se la llevé a mi verga que estaba parada al máximo, húmeda en la punta y dura como a mí me gusta que se me ponga. Ella la agarró pero no dejaba de mirarla, entonces le dije:

- ¿No te gusta?

- Si me gusta – dijo con voz entrecortada

- ¿Entonces por que no la agarras con más deseos?

- Porque me da cosa – dijo- hace tiempo que no tocaba a un hombre y la verdad estoy que me derrito no se que me pasa.

La hice sentar en una silla de la cocina, le saqué el bucito y aparecieron tremendas tetas enfundadas en un sostén negro. Se lo quité, le sobé las tetas con unos pezones chiquitos que no tardaron en ponerse duros, en una aureola marrón que creció increíblemente. Ella miraba todo como extasiada, Mantenía mi pija en sus manos y me observaba a los ojos. Le acerqué la verga a su cuerpo, se la pasé por las tetas, por loe pezones que crecían. Bajó su mirada a mi pija y a sus tetas. Saqué mis manos, dejé mi miembro en las suyas y empecé a hablarle

Me gustan tus pezones, y mas cuando les pasamos la pija, mira como se ponen

Si, me excita sentirte así

¿Te excita Magda o te calienta? – le dije con voz potente

Me calienta, estoy caliente Carlos – dicho eso bajé mis manos hacia si concha y la sentí húmeda llena de jugos nuevamente.

¿Viste como estoy? – dijo con mucho morbo

Le seguí acariciando la concha en tanto la miraba a lo ojos, comenzó a pajearme con más fuerza. Me incorporé, me acerqué a ella y le pasé mi pija por sus pechos de nuevo, solo que en ese momento ella acompañaba el paseo por su cuerpo de mi verga. Ella misma la llevó hacia la punta de sus pezones y comenzó a decirme cosas:

Me gusta tu miembro, es grande, duro, está húmedo en la punta. ¿Cuántas mujeres lo han tenido en sus manos verdad?

¿Te importa eso? - le pregunté

No sé, siento que me da mas morbo

Tomé mi verga con las manos, y se la acerque a su boca, ella se sorprendió mucho, tanto que fue hacia atrás, pero le atajé la cabeza con mis manos haciendo tope y quedó con ella en los labios.

¿Qué haces Carlos?

Nada, quiero que la chupes, que te chupes una verga como mereces

Nunca lo hice – dijo esto y me dejó perplejo, cuarenta años, pero era creíble. Más me excitó, la presioné y abrió sus labios, sentí como con su lengua le rodeaba la punta. Le acaricié los pezones, en eso abrió más la boca y se tragó la pija, Empezó a chuparla con unos deseos enormes y yo le gemía y decía cosas, lo cual más la excitaba e incentivaba, allí afloró la Magda que esperaba.

Que bien me la chupas mi amor

¿La chupo bien?

Si, eres una puta chupando la pija

Me gusta ser tu puta, es la primera pija que chupo, nunca había sentido esto, siempre me negué a chuparla pero me has hecho sentir una puta. Quiero más pija, dámela toda. – en tanto decía esto la chupaba con locura. Me incorporé, la hice levantar y la llevé al living. Iba desnuda, pude ver su culo era hermoso, redondo formado, me puse detrás y se lo besé, dio un salto. Todo era nuevo para aquella hembra, estaba casi para estrenar en muchas cosas de sexo. Se sentó en el sillón grande y me atrajo hacia ella para seguir chupando la pija. La hice acostar en la mullida alfombra del lugar, me puse a la inversa, dejé que siguiera chupando su pija y empecé a besarle las piernas. En eso siento que gime y me dice:

Chúpame la concha de nuevo, quiero que acabes en mi boca y yo en la tuya – dicho eso, le abrí las piernas y puse mi lengua en su clítoris, la lamía de arriba hacia abajo. Sus gemidos eran gritos, acerqué mis dedos a su culo. En ese instante le gire por el agujerito de su culo y la hice gemir, Apretó su ano, pero volví al ataque, le acariciaba en giros hasta que cedió y el dedo, luego de meterlo en cu concha mojada, lo pasé por su culito abriendo el camino. Era un culo virgen, pero no negado al placer, Magda sintió mi dedo y lo hizo saber con un gemido, una chupada de mi pija y una acabada suya monumental gritándome:

Me acabo, ese dedo en mi culo, que hijo de perra eres, me exprimes como nunca, no me saques ese dedo por favor – y su acabada fue tremenda.

Era tan fuerte su forma de acabar, que quedaba extenuada, aproveché para sacarle mi pija casi a reventar de su boca. Estaba tendida en el suelo, desnuda, la alfombra estaba mojada con sus jugos y mi saliva debajo de su culo y de su saliva debajo de su cabeza. Me puse entre sus piernas, la veía de frente, estaba hermosa y como ida. No se daba cuenta de las cosas, pero seguía gimiendo, flexionó sus piernas y aproveché para besarle las rodillas. Abrió sus ojos y me sonrió, no dijo palabras, yo tampoco. Le seguí besando las piernas, se movía de una manera rara, en círculos o intentaba que fuera así, gemía solo con sentir mis labios en su piel. Fui bajando por sus muslos y llegué a su concha nuevamente. Ella elevó su pelvis y apretó sus manos contra mi cabeza para que se la chupara de nuevo. Le pasé la lengua como si fuera un helado.

Cabrón – me decía – como me chupas, me vas a hacer acabar de nuevo.

Pero otra sorpresa le esperaba a Magda, porque mientras decía eso y cerraba los ojos para sentir más mi lengüetazas, me incorporé, tomé mi verga con la mano, la llevé hacia su rajita y de una me la cogí. Abrió los ojos con desesperación, me miró con lujuria, sorpresa y se desbocó totalmente

Hay, me has clavado hijo de puta. Me pusiste esa pija divina adentro, te pido que la tengas así un segundo, no te muevas por favor, Tengo un poco de ardor, pero cuando se haga el espacio quiero que me cojas, que me hagas acabar con tu verga adentro.

Hice caso a su pedido, era lógico lo que me decía, porque si hacía tres años que no cogía, podía haber algo de eso. Mientras tanto le fui besando los labios, los pechos, los pezones, le pasaba suavemente mi lengua por sus labios, por los pezones, le gemía en los oídos, mordía sus labios, todo con suavidad y lujuria.

Cógeme – gritó- cógeme – e inició un movimiento de pelvis que me incentivó a darle fuerte. Cogíamos como desesperados, ella me obligaba a casi levantarme hacia atrás, caíamos los dos en la alfombra, era una cogida impresionante, mi verga estaba a punto de estallar.

Te voy a acabar toda – le dije

Si, papito, lléname toda, quiero sentirte adentro

Toma – le grité - te voy a llenar de leche

Dámela toda mi amor

Dicho eso no me aguanté y le lancé una acabada de película, fue casi como orinar leche, sentía que mis chorros pegaban en su concha. Ella lo sintió claramente y me lo hizo saber:

Mi amor, me acabo, siento tu lechita caliente y me acabo- dicho esto se acabó en un grito fenomenal que me taladró el oído y me arañó con sus uñas la espalda. Me incorporé, se la saqué y llena de semen, embarrada en jugos sexuales, se la puse en la boca y le dije:

Límpiamela toda, prueba mi leche

Se aferró a mi pija y con todo el vicio la chupó, la lamió y se relamía como si fuera un manjar lo que tenía en su boca.

Nos incorporamos. Fuimos al baño. Nos aseamos. Magda sirvió la comida, pero le dije que no tenía mucho hambre, ella tampoco comió mucho. Hablamos de sexo, estaba desorbitada, no podía creer todo lo que había vivido en esa hora. Me narró su vida sexual y le creí. Para que tengan una idea de cómo era todo. Yo, me senté a la mesa desnudo y Magda, se puso una bata desnuda abajo. El postre era frutillas con crema. Me dio una idea, fui hacia ella, la besé. La levanté de la silla sin dejar de besarla. Le saqué la bata. La hice acostar en el sillón grande del living. Tomé la fuente de frutillas y las fui poniendo en su cuerpo. Una en su boca, otra en cada pezón, una en su ombligo y una entre sus piernas. Magda solo miraba. Le tomé la de la boca con mis labios y mi lengua la besó toda dentro de su boca. Fui hasta sus pezones para tomar las otras dos. Cuando las tuve en mi boca las mordía suavemente con los pezones, en tanto Magda gemía como una posesa. Con un hilo de saliva fui hasta su ombligo a tomar la otra frutilla. Mientras la comía le lamía su vientre y los vellos de su pubis. Estaba cerca de la frutilla que había puesto encima de su concha con las piernas cerradas, cuando Magda se incorporó, tomó tres frutillas de la fuente que estaba en el suelo y dijo:

Este juego debe jugarse como es- diciendo esto abrió sus piernas y puso dentro de su concha las tres frutillas – ahora cómemelas.

No dejé terminar eso que dijo, porque ya le estaba comiendo de nuevo la concha e iba rozando las frutillas dentro. Magda era una puta gimiendo, saqué la primera y comenzó a acabar. La sacada de la segunda con mi lengua y dientes hizo que del placer se incorporara casi en el sillón y la tercera, la hice jugar dentro de su concha, la rozaba contra si clítoris y ella rogaba:

Cómemela, así me acabo toda, hijo de puta no me hagas esto – para que su acabada fuera profunda, en el momento que le saque la ultima frutilla con mis dientes, clavé un dedo en cu culo. El gemido de Magda fue impresionante, sentí en mi dedo dentro del culo las contracciones de su concha.

Ponme la pija de nuevo – gritaba

La puse de espaldas y la comencé a lamer, mientras le pasaba la pija por su concha. Estaba de espaldas y se movía. La crema que iba encima de las frutillas y que estaba en otro pote, me sirvió para esparcirla por la espalda de Magda. Así la iba lamiendo por su dorso. Se retorcía de placer. Le puse crema en toda la raja de su culo, se la lamí toda. Gemía. Más crema le ponía, más la lamía y más se calentaba. Le puse mucha crema en su culo, se lo llené. Se lo abrí con mis manos y puse en su puerta mi pija. Ella no se dio cuenta, estaba muy caliente. Presioné y entró la punta gracias a la crema. Ahí si sintió la presión.

¿Qué haces amor? Recuerdo hasta hoy esas palabras

Te como el culo le dije – mientras le metía mis dedos en su concha para que sintiera placer y tocaba su clítoris

Despacio mi vida – dijo cuando sintió que de un golpe entré todo su orto.

Gritó. Pataleó. Me insultó. Pero cedió, cedió, hasta que comenzó a decirme obscenidades:

Hijo de puta, me coges por el culo, me hiciste el culo. Siento que me coges por el culo, es como una brasa que me quema.

Inicié un meta y ponga, hasta que ella tomó el ritmo y la cogida comenzó a ser fenomenal.

Me acabo gritaba, me voy a acabar, lléname el culo de leche Carlos.

No la hice rogar mucho, le llené el orto de leche, no tanto como la primera pero, ella sintió y se acabó también.

Que cogida – le dije

Hermosa – me respondió con un beso de costado. Cuando se la saqué, un hilo de sangre corrió por sus nalgas. Le dije. Ella lo notó y fue el baño. La seguí para pedirle disculpas, me sentía mal.

Carlos – me dijo - me has hecho pasar hermoso y ahora ya tienes este culo amoldado a esa verga divina – diciendo eso me la besó.

En eso sonó el teléfono, era Sebastián. Le dijo que yo aún estaba.

Al rato me llega un sms de Sebastián que decía: "profe quédese a dormir, por la voz de mi madre me parece que la hizo feliz y yo no voy hasta mañana en la tarde".

Nos sentamos desnudos en el living y antes de tomar el café la hice masturbarse, para que me mostrara como lo hacía en todo este tiempo. Mientras se pajeaba, le puse mi pija al lado de su cara y me masturbé, instintivamente ella abrió su boca y me dijo:

Dámela en la boca – no me hice rogar, cuando acabé la leche saltó a su boca, Magda se aferró a mi pija con sus labios y me chupó mirándome a los ojos, en tanto ella se acababa. Me chupó exprimiendo toda la verga hasta que la sacó casi flácida.

Extenuados nos tiramos hacia atrás mientras ella me dijo:

En tres horas, cogí, como jamás lo había hecho.

Magda te dedico este relato, por haber sido una mujer divina, cristalina y hembra. Lo nuestro no era posible, pero no se borrará jamás de mi vida.

Te avisé que lo iba a escribir y cuando lo leas espero sientas lo mismo que yo al redactarlo.

Un beso enorme

onlyman43@hotmail.com

Autor: charly


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