Sentada ya en la mesa de la oficina, miro a su alrededor y se dio cuenta de que estaba sola. Si que era temprano. Bueno, Diana procedió a encender su ordenador, como hacia cada mañana y mientras en sistema operativo hacia de las suyas, con sus pitiditos y demás, se levantó a ponerse un café.
La sala de café, era un pequeña cocina abierta instalada en la misma planta. De esas de estilo americano.
Preparó café y con una galleta de nueces que traían cada mañana de la pastelería cercana al edificio se volvió a sentar en la mesa donde el ordenador ya la esperaba con alguna que otra ventana abierta. Su messenger, que aunque no estaba permitido (con ella hacían la vista gorda) lucía en medio de su desktop.
Aún quedaban veinte minutos para que llegase todo el mundo, o empezase a llegar la gente, mejor dicho. De su bolso cogió su pen-drive y lo conecto al PC. Es ahí donde Diana guardaba sus escritos, sus historias, sus relatos. Abrió uno llamado “Sin Título” (aún no había decidido el nombre). Se quedó mirando la pantalla en blanco y tomó un sorbo de café caliente. Hacía ya unas semanas que no escribía y tenía ganas de retomarlo, así que comenzó a teclear.
Diana esa mañana se despertó con una sonrisa en la cara. Antes de abrir los ojos, todavía en la cama, recordó con satisfacción y gran placer la aventura vivida el día anterior con su tío. !Su tío Miky la había follado! Si pensaba mucho en ello conseguía excitarse.
Ese día no podría hacer nada con él pues, toda la familia estaba en la casa. Iban a descansar por la larga caminata del día anterior. Sus padres, y sus tíos prepararían una barbacoa.
En fin, a ella esas cosas la aburrían, así que se dispuso a tomar el sol, eso si, con el bikini oficial, el que su madre la dejaba usar a sus tempranos 16 años.
Veía a su familia deambular por el jardín, con leña, platos, la bota de vino...Miraba de reojo de vez en cuando para ver a su tío Miky, al cual no le pasaba inadvertida la presencia de esa niña, no tan niña, tomando el sol junto a la piscina.
Diana, se sentía más guapa. Más mujer. Empezaba a comprender que si manejaba el asunto con inteligencia era dueña de la situación. Que aquel hombre, su tío, la deseaba. Que haría casi cualquier cosa por acostarse con ella. Bueno, quizá no cualquier cosa, pero vería hasta donde sería capaz de llegar.
Por lo pronto, en todo el día le hizo caso. Es decir, no más caso que le habría hecho de no haber follado la noche anterior. Eso no pareció desconcertarle mucho, pues él, aunque también miraba a Diana de reojo guardaba las distancias.
El día transcurrió sin ninguna anomalía. Una vez ya sola en su habitación y amparada por la oscuridad, Diana se asomó por el balcón para ver si había alguna actividad esa noche en la cocina. Nada.
Se recostó y pensó en lo ocurrido el día anterior. Ella apoyada en el fregadero y su tío Miky penetrándola desde atrás. Se excitó y sin casi notarlo fue acercando su mano a su sexo ya húmedo. Rozando su clítoris pensó en como hacía tan sólo un día, su tío se había aferrado a sus pequeños pechos mientras que con su pelvis golpeaba casi violentamente su culo para penetrarla.
El orgasmo no tardo en hacer acto de presencia en Diana. Fue genial, placentero y apaciguador. Casi sin moverse se quedó dormida.
La gente comenzó a entrar en la oficina. Eso sacó a Diana de su concentración. Levantó la mirada y no vio que hubiese llegado el Don Ricardo. Ricardo Mendoza era el director de la empresa. Bueno, en realidad una sucursal de una filial...vamos que era uno más en la cadena de mando, pero allí en la oficina, era Don Ricardo. Pelo castaño, con cierto estilo y de apariencia bonachón, llegaba siempre puntual y de los primeros. Ese no era el día, y Diana aprovechó para seguir escribiendo.
A la mañana siguiente se levantó con otra cara. Satisfecha de lo que había ocurrido un par de días atrás, pero con ganas de más.
Cuando Diana bajó a la cocina, ya se había levantado todo el mundo. Sólo su madre aún andaba con un café a medio tomar.
-Buenos días hija- Le dijo a Diana sonriente.
-Buenos días mamá- sonrió Diana complaciente y sin decir mucho más se preparó el desayuno.
Escuchó pasos y una conversación con voces masculinas. Su tío y su padre entraron en la cocina.
-¿Estás seguro que no quieres que te acompañe?- Preguntaba su padre Pedro a Miguel, su tío y ahora, amante secreto.
-Que no. Tranquilo, que puedo bajar yo sólo. Además tu estarás cansado de la excursión de anteayer. Quédate tranquilo. Ah! Buenos días Diana. Dijo su tío dirigiéndole la mirada.
-Buenos días cielo- saludó también su padre a su hija.
-Hola, buenos días- contestó Diana mirando por encima de la taza de café.
-¿Que ocurre?- preguntó Diana interesada por el tema de discusión.
-Ocurre que tu tío tiene que hacer la compra para todos y quiere ir sólo, y no me parece bien que el cargue con todo- contesto su padre mirando a su cuñado en modo de reproche. Diana, que vio una oportunidad de estar a solas con su tío Miky no la desaprovechó.
-Mamá, ¿Puedo yo ir con el tío Miky a la ciudad? Así podría mirar esos pantalones que tanto me gustan.- Dijo mirando con carita de niña buena a su querida madre.
-No quiero que seas una carga para tu tío Miguel- Diana odiaba que hiciera eso, dirigirse a ella hablando sin mirarla cuando era a otra persona a quien iba dirigida la pregunta.
-No es una molestia Paqui, sólo que yo tardaré como mínimo un par de horas- Contestó su tío Miguel.
-Está bien. Te doy algo de dinero y con eso te apañas para los pantalones.- Dijo su madre esta vez dirigiéndose a Diana, la cual no estaba interesada, ni de lejos en los pantalones.
-Vaaaale, mamá- Y diciendo eso, se terminó el café descafeinado y su tostada y subió a vestirse.
Su tío se quedó frente a la nevera hablando con su padre de lo que deberían comprar.
Cuando Diana bajó cambiada su tío Miky ya la estaba esperando en la furgoneta. Se despidió de su madre saludando con la mano y subió a la furgoneta.
-Vámonos!- Dijo alegremente.
Su tío sin mediar palabra arrancó la furgoneta y salió del cortijo hacia la ciudad. Aunque era una mañana fresca, Diana abrió la ventanilla para sentir el aire. Estuvieron unos minutos sin hablar, hasta que Diana le pregunto algo a su tío.
-¿Vas a estar mucho rato comprando? Por que quizá necesite un buen rato para elegir mis pantalones.-
Su tío meditó un momento lo que quería decir hasta que cogió aire para hablar.
-Diana, con respecto a lo que ocurrió ayer...-
-¿Que pasa? ¿No te gustó?- Le interrumpió Diana.
-Eh, si si, claro que me gustó, pero esa no es la cuestión...- Empezó de nuevo su tío Miguel a argumentar.
-Si, si que lo es. Y supongo que querrás que ocurra de nuevo, ¿no?- Y diciendo esto se echo un poco sobre su tío poniendo su mano sobre su paquete, el cual no estaba del todo fláccido. -Pues si quieres más tendrás que hacer lo que te dije. Esta noche.- Dijo cerca de la cara de su tío mientras le desabrochaba el pantalón. Él nervioso, miraba hacia los lados buscando caras conocidas que le pudiesen descubrir.
-Diana, por dios, nos puede ver alguien!- Exclamó algo nervioso.
-Si, espera que me escondo- Y diciendo esto bajo la cabeza y comenzó a lamer la polla que ya asomaba por la bragueta medio abierta de su tío Miky. Él conducía como podía.
-Ahh- Se le escapaban algún que otro gemido. Soló tardó un minuto en tener la verga a punto para empezar a chuparla en condiciones. Cuando su tío dio un volantazo, a Diana se la metió de golpe esa polla en la boca. A su tío se le cerraban los ojos de placer...
-Mmmm, veo que si que te gusta como lo hago.- Dijo Diana mirando aquel pene resplandeciente y brillante de saliva.
-Creo...- Dijo miando la polla de su tío- ...que tendrás que esperar a que cumplas tu parte del trato, antes de que tengas más de lo que tuviste ayer.- Y sin titubeos guardó como pudo aquel erecto pene en los pantalones. Y dando un cariñoso beso a su tío en la mejilla, regresó a su asiento.
Estaba siendo mala, más bien perversa, pero esos matices no los vería hasta años después.
Algo hizo que Diana se detuviese en el frenético teclear. Un extraño silencio se apoderó de la oficina. Ahí entraba Don Ricardo. Un hombre de cuarenta y pocos años pero que aparentaba bastantes más. Un hombre que dejaba entre ver que una vez fue sexy pero que el paso del tiempo lo había castigado. Eso y el estrés, probablemente.
-Buenos días- Iba saludando con su característica seriedad. -Buenos días Diana ¿Podría pasar a mi despacho? Necesito que redacte una carta para mi- Dijo apuntándola con un dedo. -No. Mejor espere a que la llame. - Dijo girándose cuando ya se iba.
-De acuerdo Don Ricardo.- Respondió Diana en voz baja. Ella sabía quien se escondía detrás de aquella fachada de hombre serio y jefe, poco menos que, irrespetuoso.
Diana y su tío llegaron a la calle de tiendas ya tarde cuando casi deberían estar de camino hacia la casa.
-No te puedes entretener mucho comprando Diana.- Dijo su tío en un tono que sonó más a súplica que a mandato.
-Pues échame una mano para elegir los pantalones.- respondió Diana metiéndose en una tienda árabe. La tienda vendía casi de todo, eso si, todo estilo marroquí. Ella se paseó por la tienda pasando la mano por los percheros como si de cuerdas de arpa se tratasen. "Aquí" exclamó sin mirar atrás. Cogió dos pantalones y se metió en un pequeño probador. Tras la cortina esperaba su tío Miguel un poco nervioso.
-A ver que te parecen tío Miky.- Dijo Diana desde dentro. Su tío retiró muy poco la cortina y se encontró a su sobrina con los pantalones que había escogido en la tienda puestos, pero sin nada arriba. Embobado casi no respondió. No veía los pantalones, sólo veía unos pechos perfectos y juveniles como hechos de miel. Ella deslizó un dedo por entre sus tetas para sacar a su tío del trance. Funcionó y su tío respondió un “si” casi automático y salió del probador.
Contenta, Diana se compró los dos pantalones que había cogido para probarse y salió de la tienda.
Llegaron a casa cuando su padre ya tenía la barbacoa preparada para empezar a cocinar la paella. No le gustaba mucho ese plato pero, no era de los peores.
Comieron juntos y Diana se entretuvo en mirar a su familia uno por uno y pensar en la situación, lo que la llevo a hacerse preguntas. ¿Lo estaría haciendo sólo con su tío? Es decir, su madre ¿engañaría a su padre sólo con su tío Miky? ¿su padre sospecharía algo? ¿Y su tía?
La tarde fue un poco aburrida. Los “adultos” jugaron a las cartas toda la tarde.
Después de cenar, Diana aburrida se levantó a recoger la mesa.
-¿Vas a ayudar a recoger hija? - preguntó la madre incrédula.- Increíble! - Dijo sarcásticamente.
-Ja ja. -Se rió Diana en tono casi mordaz – Me aburro! – Argumentó ella.
Estaba en la cocina acomodando los platos en el lavavajillas, cuando entró su tío Miky.
- Esta noche, a la 1. Procura no hacer ruido o será nuestra ruina. - Dejó unos platos sucios en la encimera y se marchó de la cocina.
Diana se quedó un momento sin habla y sin saber que pensar. La excitación, el nerviosismo la invadían. Excitación por lo que sabía que iba a presenciar y nerviosismo por darse cuenta de que si que estaba en control de la situación. De que su tío llegaría lejos por conseguir lo que probó dos noches atrás, es decir, su cuerpo. Se notaba húmeda por la excitación. Era una sensación fantástica.
No esperó mucho para irse a su habitación y prepararse. Se vistió con algo cómodo y decidió bajar descalza para no hacer ruido con sus zapatillas. Estaba nerviosa, pero expectante, por que esta vez además de ver claramente lo que pasaba allí lo oiría.
En cuanto vio que las luces se apagaron, y tras esperar unos minutos salió de su dormitorio. Eran ya las 12:20. Pensó que su madre tampoco daba un margen muy largo para asegurarse de que su padre estuviese dormido. Lo mismo ocurría con su tío y su tía. En fin, ellos sabrían lo que se hacían. Desde luego y visto desde el presente Diana, sabe que su padre nunca se enteró de nada.
Bajó hasta la cocina y abrió la alacena y se dio cuenta que tendría que mover un par de bultos grandes para poder estar un poco a gusto. Así lo hizo.
Allí escondida, tras la puerta de la despensa pensó en cuanto tiempo llevarían haciendo esto su madre y su tío. ¿Y si no sólo lo hiciesen en las vacaciones? Estaba claro que no había sido algo improvisado de ese verano. Llevaban un tiempo haciéndolo, pero claro quien sabe si luego en Madrid se verían alguna vez. Lo averiguaría. Utilizaría esa moneda de cambio que los hombres tanto aprecian. El sexo.
Un ruido la devolvió al presente. Se había acomodado encima de una caja. La despensa estaba llena de ellas. Su espalda descansaba apoyada en una estantería. Así que cuando escuchó que alguien venía simplemente se levantó de donde estaba y se arrodilló en el suelo para tener una mejor visión de la "película" que iba a ver y así no advertir a nadie de su presencia por mover algo y hacer ruido.
Una luz se encendió. La de la nevera. La puerta estaba abierta y su madre buscaba algo en su interior.
Antes de que se cerrase pude ver que había cogido una botella de RuaVieja. ¡¿Mi madre bebía licor de hierbas?! Se sirvió un vaso cerca del fregadero y guardo de nuevo la botella. Agitó un poco el licor en el vaso mirándolo como si el vaso le estuviera diciendo algo. Un ruido la saco del ensimismamiento y se bebió el embriagador liquido de un solo trago.
Su tío apareció por la puerta de la cocina cerrándola tras de sí.
-Te he dicho mil veces que no quiero que la puerta esté cerrada. Quiero oír si alguien viene- Dijo su madre nerviosa dirigiéndose a la puerta y abriéndola un poco. ¿Mil veces? ¿Pero cuantas veces había ocurrido eso? Pensó Diana al escuchar la frase de su madre.
-Dios, estos encuentros me ponen nerviosa- Dijo acercándose al que era su cuñado. - No vendría si no me aportasen tanto placer- Y rodeándolo por el cuello con sus brazos abrió la boca y le propinó un beso digno de una zorra. Se podía ver que estaba caliente.
-¿Que pasa que no tuviste bastante la otra noche, que quieres más?- Dijo ella cuando finalmente saco su lengua de la boca de su tío.
-No, quería verte otra vez Paqui- Contestó su tío y sin darse cuenta se le escapó un fugaz mirada en dirección a Diana. Algo que mi madre pasó por alto.
-Oye, he visto como miras a mi hija. Tu sobrina. Ni se te ocurra mirarla así otra vez- Y le propinó un cachete en el culo.
-Tendrás que reconocer que tienes una hija extraordinaria Paqui- Dijo su tío Miky.
-Si lo es. Pero no es para ti. Cerdo- Y se volvieron a besar.
-¿Me las vas a comer como tu sabes Paqui?- Preguntó su tío Miky sin dilaciones.
-¿Quieres que te haga una mamada de las mías?- Preguntó su madre con un tono muy sexual.
-Si, quiero que me la chupes como tu sabes Paqui. Pero espera que me pongo mirando a la puerta y así vigilo si viene alguien- contestó para así poder mirar a Diana también. Lo supo por que su tío Miky en cuanto su madre se bajo a desabrochar el pantalón miró a la puerta tras la cual Diana se hallaba escondida. Era una puerta de persiana de madera, con lo que si acercaba la cara podía verlo todo con claridad.
Su madre le bajó los pantalones casi con violencia. y acariciándole las piernas fue subiendo las manos hasta sus genitales, los cuales ya estaban prietos. No hubo muchos preámbulos. Su madre se insertó aquel rabo en la boca, entero y de una vez. Su tío que hasta entonces estaba mirando hacia la alacena alzó la cabeza en señal de placer.
-Zorra que bien lo haces- Dijo y pareció que su madre se detuvo por un momento, pero continuó la instante. -Ahh, ahh- Su tío gemía de placer mientras agarraba la cabeza de su madre con firmeza para acentuar el movimiento.
No sabía que su madre pudiese dar esas mamadas y luego venirme a ella con historias de que si ciertos bikinis no eran para chicas de su edad. Bla, bla, bla...
Ella no paraba. Su cabeza se movía y engullía la polla de su tío. Le acariciaba la tripa, las piernas. Continuó con los huevos y sin parar siguió con el ano. Lo supo por que su tío al poco la dijo:
-Mete un dedo Paqui- Casi susurrando con esfuerzo para no gritar. Su madre excitada por sus palabras aceleró la mamada e hizo lo que su tío le pidió.
-Ah si..pero que puta eres...- Susurro de nuevo.
-Nunca me habías hablado así pero me excita mucho. Dime más cosas- Dijo su madre para acto seguido continuar con la tremenda mamada.
Miky, su tío, le miro y sonrió como diciendo "mira lo guarra que es tu madre". Y era exactamente lo que ella estaba pensando “ Que Madre más guarra tengo”. Eso la excitó y sin darse cuenta de lo que hacía metió una mano por debajo de su camisón y comenzó a masturbarse en silencio.
-Si! quiero follarte la boca- Y agarrando la cabeza de su madre fue el, el que comenzó a moverse literalmente follándose la boca de su madre.
Dios, eso la puso a mil. Diana chorreaba. Estaba muy excitada. No dejaba de tocarse.
-Oh, me encanta- Decía su tío el cual no paraba de mover su pelvis mirando como su pene entraba y salia de entre los labios de su madre. Ella casi no podía ni respirar, pero no hacía esfuerzos para apartarse.
Diana de repente sufrió deseos de que también le follasen la boca. Quería estar ahí y compartir aquello con su madre. Algo imposible. Se tenía que conformar con mirar.
Pronto su tío paró y dejó que su madre se levantase del suelo, donde estaba arrodillada.
-Madre mía, como estás hoy- Dijo su madre un poco asombrada.
-Cállate zorra, hoy quiero follarte duro- Contestó su tío, agarrándola y poniéndola con la cara contra la encimera de tal manera que yo podía verlo todo.
Le levantó la camiseta que era lo único que llevaba puesto y con el rabo muy duro empezó a buscar la humedad de la vagina de aquella hembra a la que Diana solía llamar "mamá".
-Miguel, que pueden oírnos- Advirtió su madre a su tío no con mucho interés.
-Me da igual quien nos puede oír- Y diciendo eso, insertó la polla de una vez en aquel coño ya de por si húmedo.
-Ahhh- A su madre se le escapó un gemido un poco subido de tono.
-¿No decías que podían oírnos? Entonces ¿por que gimes así, puta?- dijo su tío embistiendo de nuevo aquella vagina y con ello arrancando otro gemido. Frenético, Diana pudo ver que su tío estaba un poco fuera de si. No obstante a su madre no parecía importarle mucho. Al contrario.
Su madre hacía gestos con la mano como para querer agarrar a su tío para potenciar las embestidas.
Diana por su cuenta estaba a punto de correrse. Frenó un poco y se aguantó.
A cada embestida sonada claramente la pelvis de su tío rebotar contra el culo de su madre. Era un espectáculo divino.
- No te esmeres mucho hoy que a mi marido le ha costado dormirse y no quiero correr riesgos -Dijo esto su madre entre gemidos.
- Tu marido no te folla como yo, así que cállate y disfruta – Dijo su tío sin cesar con las embestidas.
- Ahh, ahh, como estás hoy de agresivo. Me encanta, ahh, ahh...- Gemía y hablaba su madre al compás de las penetraciones de su tío. Diana no tenía claro que la excitaba más, si ver todo aquello o escuchar a su madre hablar como una zorra.
- Joder como me estás follando hoy Miguel – Dijo su madre mordiéndose el labio de placer.
Diana se estaba introduciendo dos dedos mientras miraba y eso la estaba transportando a un mundo de placer que antes desconocía.
Algo la sacó del trance. Su madre había golpeado a su tío Miky para llamar su atención.
- Shhh, he escuchado algo – Dijo su madre mirando atentamente la puerta, como si alguien fuese a entrar caminando por ella y fuese a sorprenderlos en plena follada.
A Diana se le paralizo el cuerpo. Aguantó hasta la respiración ¿Habría hecho algún ruido? Aguardo mirando la escena. Su madre mirando la puerta y su tío mirando hacia donde ella estaba escondida. Parecía una película. La escena sólo duró unos segundos, pero a Diana le parecieron minutos. Horas.
- No sé que he oído, pero algo ha sido...- y diciendo esto comenzó a mover un poco las caderas de tal manera que su cuñado Miguel que aún tenía la polla dentro de ella la mirase con sorpresa.
- Venga que no tenemos toda la noche – Dijo su madre, casi con tono de exigencia, mirando de reojo hacia atrás. Su tío reaccionó como ninguna de las dos se esperaba y agarró a su madre del pelo y con un tirón firme y agachándose un poco le susurró algo que Diana entendió perfectamente:
- He dicho que te calles zorra, o será la última vez que te folle como te mereces ser follada! - Esto cogió por sorpresa a la madre de Diana la cual guardó silencio sumisamente y pareció hasta excitarse aún más. Diana por su parte estaba chorreando. Las rudas palabras de su tío la calentaron sobre manera. Ese gesto de su tío probablemente fue el causante de que años después ella fuese buscando durante algún tiempo alguien que en parte la sometiera como aquel día lo hizo su amado tío con su propia madre.
Sin soltar el pelo de su madre, su tío Miky continuó un buen rato follando a su madre. Esta vez en completo silencio. Se arañaban. Él tiraba de aquella media melena morena que su madre lucía. Ella como podía se agarraba a la encimera de la cocina para facilitar la tarea a su macho. El pene de su tío entraba y salía brillante a causa de los efluvios del coño de su madre. La conexión sexual entre ambos era evidente.
A veces ocurre que esa conexión no se da con tu pareja, con tu amor, la persona que quieres, sino con alguien más. Y en esa situación rara vez la puedes disfrutar sin compromisos ni malos rollos, paralelamente a la vida con tu pareja. La madre de Diana encontró con quien disfrutarla. Y vaya que si lo hacía. Pero eso no significaba que quisiese menos a su marido. Eso Diana como otras muchas cosas que pasaron durante aquel verano, las comprendió con el paso de los años.
Como si de un resorte se tratase el tío de Diana sacó la polla de la vagina de su madre para, aprovechando que la tenía cogida del pelo, colocarla frente a él arrodillada para terminar sobre ella, pensó Diana. Para su sorpresa su madre, esa cándida mujer que raramente besaba a su marido en público, agarró la polla de su tío Miky para engullirla con ansia. Su tío, absorto ya de todo, pero en silencio, echó la cabeza para atrás y así disfrutar de la mamada.
Por los gestos de él, Diana adivinó con sorpresa que se estaba corriendo dentro de la boca de su propia madre. Ella recibía los chorros de semen en la boca como si de un manjar se tratase. Su madre miraba a su tío como implorando que la diese más de aquel cálido líquido que salía de su falo.
Sin dejar de mamar y pajear aquella polla, ella recibió los últimos chorros de semen.
- Me lo he tragado todo - Dijo su madre mirando hacia arriba. ¡Se lo había tragado! No sabía que eso se pudiese hacer. Nerviosa Diana no apartaba la mirada de aquella maravillosa escena.
- Y eso harás en nuestros próximos encuentros. Te lo comerás todo zorra – Contestó el tío sudoroso y un poco extasiado.
- Joder, me encanta que me hables así, Miguel – Y poniéndose en pié su madre le dio a su tío un largo beso con sabor a semen.
Ambos se vistieron en unos minutos y con otro beso se desearon “buenas noches” y dejaron a Diana sola en la cocina. Escondida, caliente y chorreando.
Ya en su habitación Diana, se tumbó en la cama intentando asimilar todo lo que vio y oyó. No aguantó mucho y se masturbó. Se masturbó como no lo había hecho hasta ahora. Lo hizo con rabia, con verdaderas ganas de llegar al orgasmo. Frotó fuertemente su clítoris a la vez que se introducía dos dedos en la vagina.
El orgasmo vino sin avisar. Fuerte, intenso. Y su cuerpo se relajó.
Estuvo allí tendida unos minutos. Relajada, esperando a quedarse dormida, a que el mundo de Morfeo la envolviese, cuando sintió la puerta de su habitación abrirse. Enmudeció. No sabía quien era, pero distinguió como una figura entro en silencio y cerro la puerta tras de si.
Diana no sabía por que, pero supo que era él. Supo que de alguna manera lo estaba esperando. No hubo palabras. Simplemente él se acercó a la cama de Diana y ella palpó la cintura de su tío Miky. El quería que ella terminase lo que había empezado.
Acomodándose con un codo sobre la almohada, como si de la maja de Goya se tratase acercó la cara al cuerpo de su tío que esperaba de pié al borde de la cama y con la mano que le quedaba libre sacó aquella polla fría del pijama de tío. Se notaba que se acababa de lavar. Aún tenía gotitas de agua escurriendo por sus testículos. Diana supuso que tenía mucha prisa por ir a su habitación, pues ni se había secado bien.
En aquella oscuridad parcial en la que se adivinaban las formas, acarició con cariño la polla de su tío. Sólo un pequeño gemido acompañó al primer roce. Luego silencio.
Diana, no quiso hacerse más de rogar, no pudo aguantar más y se metió aquel rabo en la boca. De pronto no existió nada más. No recordaba donde estaba, ni se acordaba de su madre siendo follada. Ni siquiera pensaba en quien era aquel hombre. Sólo sentía aquel falo escurriendo por sus labios. Y de como su saliva lo iba lubricando. Dios, como le gustaba hacer aquello. El pene de su tío pronto se tornó en una dura polla a la que Diana estaba dispuesta a sacarle todos los jugos que le pudiesen quedar.
Con la mano que le quedaba libre acariciaba muy suavemente los testículos de su tío algo que hacía que aquella piel que los cubría se arrugase mucho. Con la boca, algo que disfrutaba sobre manera, chupaba su polla. Adentro, afuera. Era maravilloso. De vez en cuando la sacaba para poder chuparla desde la base, para acto seguido volver a introducirla en la boca y continuar con la felación.
Estaba durísima. En la mente de Diana sólo existían dos cosas, meterla en la boca y sacarla.
Pronto a su tío le vinieron las convulsiones propias de un orgasmo. El intentó recular para sacar su propia polla de la boca de su sobrina, pero esta no le dejó. Lo cogió firmemente de los huevos, que es lo que en ese momento estaba acariciando y no le dejo marchar. Fue así como Diana por primera vez y con 16 años se tragó su primera leche. La leche de su Tío.
El primer chorro fue fuerte, y asustó a diana un poco, pero reaccionó y los chorros restantes que fueron más moderados, los pudo tragar sin problema. No sabía a nada en particular. Un poco amargo, un poco salado, pero nada desagradable.
La leche salía de su boca por su comisura y chorreaba por su cara. Que su tío descargase toda su corrida en su boca la proporcionó tanta excitación que sólo tuvo que rozar ligeramente su clítoris con un dedo para tener otro orgasmo. Gimiendo mientas ella también se notaba eyacular, siguió chupando la polla de su tío, hasta casi dejarla limpia por completo.
Exhausta, se dejó caer hacia atrás sobre la cama con semen aún en el mentón. Notando su propia respiración acelerada pudo escuchar como su tío, sin decir nada abandonaba la habitación. Allí sumida en el silencio, no tardó en quedarse dormida...
Diana levantó la cabeza del PC. Había terminado el relato y la mitad de su café se había quedado frío. Guardó lo que había escrito. Cerró el procesador de textos y se levantó a por otro café. Estaba entre excitada y cansada. Este relato la había llevado mucho tiempo.
Regresó a su mesa y allí le puso título al archivo. Una voz la sacó de sus pensamientos y de lo que hacía.
-Dígame Don Ricardo- Exclamó casi sumisa.
- Pase a mi despacho en un minuto para que pueda redactarle un par de cartas, por favor – Sentenció la cabeza de Don Ricardo que asomaba por la puerta de su despacho.
- Si, Don Ricardo – contestó Diana.
Terminaría con su relato más tarde cuando hubiese acabado con su jefe, o más bien su jefe hubiese acabado con ella. De hecho, decidió en ese momento que ese sería el motivo de su siguiente relato.
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