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2010-09-15 05:10:37
Hola. En primer lugar, decir que este es mi primer relato, por lo que no aseguro nada. La historia que les voy a contar es 100% real pero, para mantener la intimidad de las personas involucradas, cambiaremos los nombres, nombrando así a la chica como Sara y al chico como Alex, por ejemplo.

Todo comenzó hace unos 3 meses, en los primeros días del presente curso. Yo (Alex) conocía a Sara de hace unos años atrás, ya que ella estuvo conmigo en clase y somos amigos. Sara es una chica de muy buen ver. Estatura normal, pelo rubio, ojos marrones, un culo muy bueno y unos pechos muy apetecibles. En definitiva, es una chica de 18 años que estaba bastante buena. Nuestra relación ha sido siempre de amigos, no amigos íntimos pero sí lo suficiente. Ella me ponía bastante, y cada vez que la veía mis ojos se iban directamente a su culo y sus pechos, además de su preciosa cara. Ella es una chica un poco pijilla (ya saben…jejeje) y muy coqueta. Yo soy un chico rubio, de ojos azules (parece el tópico, pero es la realidad), de estatura normal, cuerpo atlético aunque no del todo y un chico muy cariñoso.

Como decía, estábamos en los primeros días de clase y, como siempre, hablábamos de las vacaciones y todos esos temas relacionados con el verano. Cuando ya empezaron las clases al 100%, la profesora de Ciencias Sociales nos mandó realizar un trabajo por parejas sobre su asignatura. Cuál fue mi sorpresa al escuchar las palabras de la boca de la profesora: ‘’Alex y….Sara, por ejemplo’’. En ese momento se me iluminó la cara y una sonrisa de oreja a oreja la atravesaba (obviamente, disimulé un poco). A la salida de clase, Sara se acercó a mí y me habló sobre el trabajo. Me dijo que quedáramos esa tarde en su casa para hacerlo, y me dijo algún material que tendría que llevar. Acepté, como era de esperar.

A las 16.30 cogí el autobús que me llevaría a su casa, situada en un barrio a las afueras de la ciudad que, por motivos de privacidad, no nombraré. Llegué a su casa sobre las 16.50. La llamé al teléfono móvil para que saliera a por mí, ya que no sabía su número ni nada. En unos minutos allí estaba ella, preciosa. Vestía una camiseta blanca de tirantas, la cual era muy ajustada y con un escote por el que casi se le salían los pechos. Su vestuario lo completaban unos pantalones pitillos (que resaltaban su perfecto culo) y unas chanclas de color blanco. Vamos, que se puede decir que yo estaba flipando. Me dio un beso y subimos a su casa en la que, por suerte, no estaban ni sus padres ni su hermano, que llegarían bien entrada la madrugada.

Entramos en su casa y nos dirigimos a su habitación, situada al fondo. Tenía una cama llena de peluches y demás cosillas típicas de una pija (sin ofender), así como un armario con ropa para una cuarentena. Nos situamos en el escritorio, frente al monitor del ordenador, y después de charlar un poco nos dispusimos a realizar el trabajo. Sara puso en el buscador de internet información relacionada con el tema cuando, de repente, apareció una pantallita que contenía un vídeo pornográfico. Los dos nos miramos, y nos quedamos callados en un silencio incomodísimo. Después de quitar el vídeo y restablecer la normalidad, empezamos a hacer el trabajo, y poco a poco nuestra conversación iba tomando diferentes facetas, hasta que en un momento dado ella me comentó que le gustaba mucho ver porno, y que le gustaría hacerlo pronto. Mi calentura era ya imposible de esconder y, sin saber cómo, me lancé y le dije medio de broma: ‘’pues aquí tienes tu complemento perfecto’’. Ella me miró y sonrió, y me dijo que se había fijado en mí, y que había tenido muchísimas veces la fantasía en la que se lo montaba conmigo en diferentes lugares, ya hubieran sido el aula del colegio, su casa o la mía, el cuarto de baño o incluso en un parque cercano. De repente, me tomó por la cintura, se acercó a mí y me dio el mejor beso de toda mi vida. Yo creía que me quedaba sin respiración. Empezamos a calentarnos más y más, nos tumbamos encima de la cama y seguíamos besándonos apasionadamente. Antes de nada me dijo que esperara un momento, que iba por condones a la habitación de sus padres que, según ella, los escondían en los lugares más recónditos posibles. Al minuto regresó a la habitación y cerró la puerta tras ella. Se tiró encima de mí y empezó a quitarse la camiseta, dejando ver así unos enormes pechos tapados tan sólo por el sujetador. Seguidamente, me quitó a mí la camiseta y los vaqueros que llevaba puesto, así como las zapatillas y los calcetines. Luego la quité yo los pitillos, quedándonos los dos en ropa interior. Y por fin llegó ese momento tan esperado. El que había soñado desde hace años, y el que estará siempre en mi memoria. Se quitó el sujetador y dejó al descubierto sus enormes pechos con sus duros pezones rosados. Me los puso en la cara y los empecé a chupar inmediatamente, como si se fueran a acabar. Después de dejarme lamerle las tetas se quitó el tanga y se tumbó en la cama completamente desnuda, con sus pechos y su conchita sólo para mí. Entonces, me agarro con las dos manos y me bajó los bóxers, destapando así mi enorme polla que ya no aguantaba más. Me dijo que me quería hacer una mamada, por lo que acepté. Sara la chupaba como dios, para no tener experiencia (según ella era su primera vez). Me hacía sentir como en el cielo. Se la metía hasta el fondo de la garganta y jugaba con ella. Increíble. Fantástico. Luego, me puso el condón con sabor de fresa (todo hay que decirlo jaja) y se metió mi pene en su vagina poco a poco. Se tumbó encima de mí y empezamos a bombear lentamente. Su cara reflejaba dolor, pero satisfacción a la vez. Le preguntaba si quería parar, pero respondía inmediatamente que no, que siguiera sin miedo. Así llegamos al orgasmo. Sara gritaba como una loca y me daba besos por toda la cara. Yo creía que los vecinos estarían asustados por semejantes voces. Nos corrimos los dos, unas cuantas veces, y luego nos masturbamos el uno al otro mutuamente. La llené la cara y la boca de semen, y me pedía más. Sin duda, la mejor corrida de mi vida. Nos abrazamos y allí nos quedamos dormidos, completamente desnudos hasta las 21.00 más o menos. Nos despertamos y vimos que se había hecho tarde. Nos duchamos los dos (allí hubo otra pequeña sesión), nos vestimos y yo me fui. Tendría que volver al día siguiente para terminar el trabajo y, por supuesto, para volver a follar.

A la mañana siguiente nos vimos en clase, y estuvimos intercambiando miradas todo el día. Luego, a la salida, se me acercó y me dijo al oído: ‘’esta tarde te espero con más ganas, cariño…’’. Y así volvimos a hacerlo esa tarde, y la otra, y la otra…y así continuamente hasta ahora. En la actualidad somos pareja y cada vez que podemos lo hacemos y probamos cosas nuevas. Sara es el amor de mi vida, y la mejor mujer que he tenido entre mis brazos.

Autor: syaL


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