Reconozco que él ya me había comido el coño varias veces y que dejaba que me corriese en su boca, cosa que utilizaba siempre como pretexto para pedir que se la chupara. Mi chico tenía una buena polla, con la cabeza gorda y brillante, pero yo era adolescente y en esa edad basta que te pidan algo para negarte.
Yo tenía pensado en hacerle una mamada dentro de poco tiempo, y me decidí una tarde que vino a recogerme a casa en el flamante citroen de su madre. Normalmente venía andando, y aquel día me gusto mucho que me llevara a follar a otro sitio, me hizo sentir especial.
Me llevó a la zona de Tejares, a escasos Km. de mi ciudad, allí se metió con el coche en una parcela abandonada y empezó a meterme mano a los pocos segundos de echar el freno de mano.
Empezó comiéndome las tetas por encima de la ropa hasta que se me pusieron los pezones duros, su mano frotaba mi coño por encima de la tela de mis vaqueros y mi mano izquierda magreaba su enorme paquete.
Me subió la camiseta, me bajo el sujetador de un tirón, me comía la tetas como un cerdo, se saco la polla para que pudiera meneársela bien, me moría de gusto al notar como me palpitaba en la mano.
No tardó en echar mi asiento hacia atrás para ponerse encima de mi, fui yo quien me baje los vaqueros y las bragas hasta los tobillos y apunté su polla a la entrada de mi coño. El entonces se dejo caer y me la metió de golpe, empezó a moverse como un descosido encima de mí, había momentos que pensé que me desmayaba del gusto.
Su polla me taladraba contra el asiento mientras yo gemía como una loca y le pedía que me comiese la boca.
En ese preciso instante en el que sentí su lengua dentro de mi boca me entraron ganas de llenármela con otra cosa, así que me deslicé hacia abajo hasta que caí casi a los pies del asiento, le coji la polla y me la metí en la boca, se la chupé como una puta, mojándola con mi lengua hasta que le goteaba la saliva por los huevos. No tardó mas de 5 minutos en decirme que se corría, mientras yo le agarraba del culo para que no me la sacara de la boca. Me comí todo lo que salió por la punta de su convulso cipote, degusté por primera vez el sabor salado de una corrida, lo engullí y le limpie con la lengua los restos que se habían quedado en el glande.
Fue mi primera mamada y por supuesto no la última. Hoy en día sigo practicando con mi vibrador de silicona, y espero que no pase mucho tiempo hasta que pueda degustar de nuevo otra buena polla como la que tenía mi novio, o como la que puedas tener tu en la mano.
FIN
(final feliz?)