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2005-10-26 16:42:11
NAtalia, es una de esa hembras con las que cualquier hombre fantasea. Toda una femme fatal. Tiene un cuerpo espectacular, donde sobresalen unas hermosas tetas de mediano tamaño, torneadas piernas, amplias caderas y un lindo rostro, con carnosos labios.
A sus treinta y cinco años todo en ella parece ser un volcán en constante erupción.
Es amiga por años de mi mujer y fue precisamente ella, quien me la presentó, advirtiéndome desde entonces de sus irresistibles atractivos.
Aquella vez, mientras cenábamos me costó mirarla a la cara fijamente. Una porque mi esposa podría reclamar el descaro y otra, debo confesar, porque le brota la sensualidad por todas partes y eso me incomodaba.
Siempre se jactaba de sus cuerpo, meneándose, contorneándose, provocando. Era la envidia de casi todas sus amigas. Siempre rodeada de hombres dispuestos a todo por estar junto a ella.
En más de una oportunidad me hice tremendas pajas soñando con ella. Imaginando espectaculares cogidas y casi siempre deliraba acabando en su cara.
Un par de ocasiones en que compartimos reuniones sociales, pude bailar con ella y era evidente que la hembra disfrutaba provocando a destajo. Roces fortuitos, una mano que se deslizaba intencionadamente, y las inevitables conversaciones sobre sus últimas conquistas.
Siempre se caracterizó por cambiar constantemente de parejas. Y esto era tema obligado para los chismes de sus amigas.
Recuerdo que la primera vez que se me cruzó una idea de concretar mis fantasías, fue en una cena de amigos. Esa noche llevaba puesto un vestido largo color negro, semitransparente, que contorneaba su espléndida figura. El amplio escote evidenciaba que no llevaba sostén y el colaless era perfectamente visible. Nuestras miradas se cruzaron en más de una oportunidad y fue mientras mi mujer partió al baño que se desencadenó mi contenida lujuria. Tomó la iniciativa y salimos a la pista a bailar. Apenas nos coménzábamos cambió la música y comenzaron a sonar boleros. La muy zorra, sabiendo cuánto producía en un hombre el contacto con su cuerpo, se apegaba a mi bulto que no tardó en manifestar una tremenda erección. Sin ninguna vergüenza y dándose por enterada, me preguntó por mi vida sexual con mi esposa. A lo que respondí que no estaba nada de mal, pero que por períodos habíamos caido en la rutina. Entonces comentó sin escrúpulos.
- A mí lo que me sobra es la imaginación cuando estoy en la cama.
Dijo esto mientras se humedecía los labios y con una mano se arreglaba el colaless diciendo:
- Se me ha metido muy adentro.
A esta altura yo lo único que quería era ir al baño a meneármela, porque de verdad tamaña erección, me estaba doliendo.
- ¡Mujer! es que tú no tienes compasión por uno…
Y se rió mientras se frotaba decididamente en mi bulto.
- No imaginas cuánto me excita ver las cara de un hombre cuando arde de deseo por llevarme a la cama.
- Y habrás tenido muchos? - pregunté ingenuamente, cuando sabía que prácticamente los desechaba luego de haberlos cogidos un par de veces.
- No tantos como imaginas. Pero los he disfrutado a cada uno. Eso sí nunca me cansa. Siempre quiero cosas nuevas.
Estábamos en eso cuando mi esposa regresó del baño y prácticamente tuve que sacarme a NAtalia de encima.
Volvíamos a la mesa me susurró.
- Me pude dar cuenta quue no te soy indiferente. Ví como me mirabas en la mesa y como te pusiste mientras bailábamos.
- Eres muy caradura - le respondí.
NAtalia sonreía impúdica.
Pasaron algunas semanas y a propósito de un viaje de negocios, tuve que salir de la ciudad. Seguramente mi mujer le comentó que estaría fuera. Hasta allí todo bien. Pero una vez en el bus me llevé la gran sorpresa. Ella estaba alli también. Me miró con risa pícara y dijo:
- Así no será tan aburrido el viaje ¿no te parece?.
La calentona había comprado el asiento contiguo al mío. Y luego de preguntas tontas, al rato mi asombro dejaba lugar a la fantasía. Estaba allí al alcance de mis manos. Porque de coincidencia nada, la zorra se subió al mismo bus para pasarlo bien, y la calentura se comenzaba a apoderar de mí.
Al poco rato se hizo de noche. Las luces se apagaron y el auxiliar del bus, nos acomodó unas frazadas y una almohada. Luego de unas bebidas las manos comenzaron su tarea de búsqueda lujuriosa.
NAtalia se acercó a mí y bajo las frazadas, comenzó a hurguetear mi jeans.
- No creas que esperaré hasta llegar a un hotel, amenazó mientras me besaba las orejas y el cuello.
De verdad, esta hembra se había ganado fama entre sus amigas, incluyendo mi mujer, de ser muy fogosa e inescrupulosa. Eso me lo confirmaba con esta descarada faena. Varios amantes a su haber, unas tórridas relaciones, generalmente con hombres casados y algún rumor de supuesto lesbianismo.
Era una verdadera gata en celo. Succionando, abrazando, arañando, gimiendo.
Con increíble habilidad, desabrochó mi jeans y lentamente comenzó a masturbarme. Tuve que hacer milagros para no gemir. Apretaba mi tronco y lo soltaba suavemente, a la vez que mordisqueaba mi oreja. Llegaba hasta el glande casi haciéndome gritar de dolor y soltaba. Era una sensación divina.
A ratos olvidaba donde estaba. Pero no dejaba de pensar que a nuestro alrededor dormían otros pasajeros. Bueno eso creía yo. Porque NAtalia gemía y no hacía nada por evitar sus sollozos.
Tenía tal habilidad con las manos. Mi miembro parecía estallar, ella se percataba de aquello y se detenía. Era una tortura deliciosa.
- No dejaré escapar ni una gota, sentenció y bajó la cabeza y comenzó a chupar como desesperada.
Mis manos buscaban aferrarse a las butacas a la vez que NAtalia subía y bajaba chupando mi tronco como poseida. No me contuve más y descargué una primera explosión de semen en su boca. No sé cuanto eyaculé pero los sorbos no escaparon de su boca, tal cual prometió. El placer era indescriptible. Ella alzó la mirada y sacó la lengua como saboreando un manjar.
- ¿Disfrutaste? - Y aún no te he hecho el amor… Sonrío.
- Eres fantástica. Realmente no entiendo cómo lo haces... respondí.
- Bueno, la práctica lo hace todo… Comentó al tiempo que me cerraba el cierre del pantalón y se sentaba arreglando las frazadas.
Al rato nos dormimos. Y creo que hasta soñé con esta hembra que ya me volvía loco.
Llegamos a nuestra ciudad de destino y tuve que preguntarle:
- ¿Tienes hotel o...?
- ¿...O me invitas al tuyo? pregunto ella.
- No te dejaría escapar por nada, le dije.
Arribamos al hotel al cabo de un rato de viaje en taxi. Tuve que cambiar mi habitación single por una matrimonial.
Recién entrando a la pieza, me lanzó contra la pared y se colgó a mi cuello. Besando desesperadamente, apretando, gimiendo. Mariana parecía impulsada por una fuerza externa a ella. Su mirada ardía, todo en ella era pasión y desenfreno.
Yo sobaba sus senos, erguidos y duros tras la blusa y el sostén. Buscaba afanosamente su culo bajo la minifalda de cuero. Las medias y las pantys me impedían alcanzar cómodamente la concha que ardía bajo el colaless humedecida por la pasión.
La lancé sobre la cama y ella se subió la falda abriendo las hermosas piernas, torneadas y enfundadas en las sedas negras.
- Me debes la de anoche - dijo, al tiempo que se arreglaba la frondosa cabellera castaño claro.
Lentamente me saqué la camisa y me arrodillé junto a la cama.
Era verdaderamente hermosa. Sus zapatos de charol negro terminaban en enormes tacos, una fiesta para el fetiche.
La acaricié. La besé apasionadamente, casi mordiéndola. Ella apretaba mi cabeza como no queriendo dejarme escapar. Gemía y pedía más
- Ahora sabrás lo que es una buena lamida de concha, le dije.
Y me dispuse a desnudarla. Primero busqué suavemente el portaligas, y una a una desabroché las ligas de las medias. Mientras se las quitaba iba lamiendo sus bien depiladas piernas. NAtalia susurraba de placer.
Ya sin zapatos ni las medias de seda, le mordisqueba los dedos, cuidadosamente pintados. Me detenía en sus rodillas anunciándole mi pronta llegada al interior de sus rosados muslos. La firmeza de sus piernas nada tenían que ver con sus 38 agitados años. Todo en ella era belleza. Hundí mi cabeza en su entrepierna buscando la humedad de su sexo. Ella se contorsionaba y apretaba.
- ¡Qué riiiicoooo…agghhhhh!
- Me vas a matar de placer...mhmhhmmhmmm.
Completamente dedicado a la labor de hacerla gozar llegué hasta su mojadosexo, pude darme cuenta que estaba empapada y un delicioso aroma a hembra en celo brotaba desde su interior.
El diminuto colaless estaba encajado en su mojada y roja hendidura. Unos cuantos rizos asomaban. Y no dejaba de lamerla.
Mi lengua empapaba más el negro encaje de la prenda y con mis dedos se la separé para adentrarme en ella. Hacía esto y ella se contorsionaba y jadeaba, hasta que acabó en un soberbio orgasmo.
- Acaaaabooo...aghhgggghhhh
Y se quedó inmóvil apretando firmente mi cabeza. Jamás creía que gozaría de esa manera. Aguardó unos minutos como disfrutando la eternidad y no me dejó salir de entre sus piernas. Al rato, se quitó ella misma la blusa y se incorporó. Quedó de pie encima de la cama sólo vestida en el delicado y excitante conjunto de encaje negro.
Desde abajo, contemplé la perfecta silueta de NAtalia. Su metro 70 estaba perfectamente proporcionado. El bello rostro coronado del cabello castaño, coronaba la majestuosidad de un busto mediano. Y todo encima de las bien torneadas piernas.
- ¿Te parezco linda...? preguntó
- Eres maravillosa. ¿Qué más te puedo decir?, respondí.
NAtalia se puso de rodillas, como gata en celo y apoyó la cabeza en las almohadas. Aquello fue invitación para subirme y acomodarme tras ella. Busqué su cuello, su espalda, Besé su espectacular trasero cubierto sólo por el delgado hilo negro. Mordisqueba esos gluteos como poseído. Casi fuera de mí.
Ella sonreía con la cara llena de gozo. Por unos instantes estuve en esa posición. Hasta que se dio vueltas quitándome de su lado.
Me lancé sobre ella a buscar sus labios. Me froté como un loco sobre su cuerpo sobando los firmes senos que tapaba el encaje del sostén. La desvestí y chupé los exquistos pezones rosados, erguidos y enhiestos. Los succioné como un niño hasta causarle algo de dolor.
Su vientre quemaba. NAtalia ardía toda. Un pequeño ombligo adornaba ese turgente abdomen. Y por unos minutos lo besé. Esto al parecer le provocó una nueva sensación de gusto, porque jadeó intensamente.
Pero la concha empapada invitaba a ir por ella. Lentamente me deslicé hasta llegar a esa pequeña y bien depilada mata de pelos que coronaba su clítoris.
Sus labios eran verdaderas ventosas que ella contraía para apretar la punta de mi lengua. Impresionantemente, el clítoris apuntaba en la caverna carmesí de su sexo. Fue un verdadero festín para ella los minutos que lo chupé.
- ¡Queee riiiiiicooooo..ohgggghhhhh………!
Y un nuevo orgasmo se aprisionó de su cuerpo. Temblaba de placer y unas cuantas palabras ininteligibles pronunciaban sus labios. Apenas la palabra más, más, más se podía comprender.
Los senos turgentes tiritaban. Y luego de quitarle el sostén, me dediqué a lamerlos con gran pasión. Esto le provocaba un evidente placer.
A esta altura mi miembro ya adolorido por la tremenda erección, se asomaba fuera de mi zunga. La cabeza de color rojo oscuro, brillaba y me provocaba una exquisita sensación cada vez que rozaba su bajovientre.
Me alcé sobre su cuerpo y avancé hasta quedar a horcajadas sobre sus pechos. Con notoria maestría lo apretó con suavidad precisa. Lo sobó, y era indescriptible el placer. Cada vez que empujaba hacia su cuello, el glande parecía reventar por la presión. Estuvimos un momento, ella pajeándome con sus senos y yo gozando como loco.
No aguanté más y dirigí mi miebro hasta su boca. Acomodándose, abrió la boca y con la punta de su lengua comenzó a lamer. Escupía la cabeza y chupaba. Con enorme destreza lo hacía y hasta mordisqueaba el tronco cuando entraba casi hasta su garganta.
La cogí como si sus labios fueran una vagina ardiente y lubricada. Con las manos afirmadas en el respaldo de la cama y sin dejar de menearme sobre su rostro, temblé cuando un caudal de semen salió disparado desde mi miembro. Sorprendida por la cantidad, NAtalia no pudo tragar el río de leche que había brotado. Y un espeso chorro blanco rebalsó por la comisura de sus labios carmesí.
Desesperadamente evitó que se escurriera y con sus dedos limpió lo que le corría por el cuello. Y escupiendo aún más, se frotó sus tetas con el semen.
Era endemoniadamente excitante verla lubricarse las redondeces de sus tetas.
- ¡Ahora cógeme! reclamó.
- Tengo que recuperarme, le contesté mientras me tumbaba a su lado.
- De eso me encargo enseguida - dijo esto y se arrodilló a chupármelo con algo de violencia.
- Mhhh mmmhh. Riiiiiicooooo - susurraba al ver su cabeza subir y bajar.
Tomó apenas unos minutos en elevarme de nuevo. Sin perder tiempo se montó encima mío y con gran maestría tomó mi falo con su mano derecho apuntó hacia su orifició y se empaló de una sola bajada.
Un ahogado grito fue señal de que le dolió la repentina ensartada. Pero fue nada más eso, porque empezó a cogerme de una manera espectacular. Subía y bajaba. Apretaba el tronco y lo soltaba. Hacía esto con unos movimientos circulatorios que me causaban infinito gozo.
Ella misma apretaba sus pezones. Se escarmenaba la cabellera y volvía a sobarse las tetas. Con su diestra buscó su clítoris y apenas lo acarició con sus dedos, estalló en un grito.
- ¡Me cooorrrrrroooooooooo…oghhhhhhhh! Y se quedó estática sobre mí. En segundos su cuerpo entero temblaba. Un orgasmo increíble y comenzó de nuevo a subir y bajar.
Por nada del mundo perdería la oportunidad de penetrar el hermoso culo de NAtalia. Y la levanté suavemente hasta dejarla de rodillas.
- Házmelo con cuidado. Está demasiado grande me puede doler - advirtió, sabiendo lo que me traía en mente. No es que tenga un arma descomunal. Mi erección anda por los 18 cms. pero la lujuria desatada, acrecentaban de manera extraordinaria el grosor de mi falo. Y eso lo había sentido en su ardiente vagina. Lubricado por los jugos de su concha apunté el glande hacia el rosado orificio anal de NAtalia. No sin antes juguetear desde la raja de su sexo hasta la entrada semidilatada de su culo. Suavemente empué, dando pinceladas húmedas. Escupiendo hacia él, conseguí mojarlo más a lo que seguí mi primer intento por encularla.
- Ayyyyyyyy. Despacio. se quejó.
Me eché hacia atrás y nuevamente apunté hacia el esfinter mojado de su trasero. Más de la mitad de la cabeza había perforado el hoyo. Y dando un empellón, no sin causarle algo de dolor, entró completo el glande. El placer era increíble. Jamás había gozado como esa noche. Me quedé quieto, aguardando su reacción. NAtalia jadeaba pero comenzaba a menear el culo con movimientos circulares y ascendentes. La dejé hacerlo hasta que di un empujón y entró la mitad del tronco.
- Dueeeeleeee - dijo casi en un grito.
Sin piedad me lancé de nuevo y conseguí ensartarla entero. La apretada y quemante funda de su caverna, era sensación nunca antes experimentada. Digo esto porque enfundaba mi tronco con suavidad. Contraía y dilataba la musculatura del recto, como o queriendo dejarlo salir.
La majestuosidad de su trasero relucía. Los rosados gluteos, se movían sin cesar. Ella misma se desplazaba hasta mis testículos. Y se lo enfunfaba todo. Sin muestras de dolor, por el contrario, NAtalia se enculó todo mi sexo hasta hacerme estremecer.
Cuando presentí que iba a acabar, saqué mi miembro que ardía desde su interior, apunté hacía el cielo haciéndome una paja, pero NAtalia advirtió esto y se dio vueltas. Trató de arrodillarse pero el semen estalló en su cara, en su pelo y en sus tetas. Chorros de leche brotaron ardientes desde el falo lubricado. NAtalia, como gozando particularmente con el viscoso líquido, se bebió todo lo que pudo esparciendo el resto por todo su cuerpo. Caí rendido por la espectacular acabada luego de lo cual sentí sus pegajosas manos acariciar mi traspirada espalda.
Piernas abiertas, con la concha mojada sobre mí, masajeó con destreza mi cuello y mi espalda.
- Mañana será otro día - amenazó. Ahora estoy cansada y quisiera dormir algo.
- En el bus te lo chupé tres veces mientras dormías - confesó - y voy a descansar.
- ¿Lo chupaste mientras dormía...! - pregunté sorprendido, sabiendo que al despertar en el bus noté mi zunga pegajosa y manchada.
La zorra se lo había tragado todo y no me dí cuenta.
Se durmió antes que mí por lo que tuve todo el tiempo para contemplar semejante belleza. Con un poco de sentimiento de culpa, pensé en mi mujer. Aunque creo, ella siempre ha instuido que NAtalia



se metería conmigo. Mal que mal, era uno de los pocos de nuestro círculo que no se la había cogido.
Lo que sucedió al despertar, es motivo para otra historia
Autor: roger


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