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2009-06-26 05:48:34
Nací en la ciudad de México, desde muy pequeña fui rebelde, traviesa, coqueta y con el tiempo atrevida. Durante la educación secundaria perdí toda inocencia. Solo estudie un año de la educación preparatoria pues me case a los 17 años por que quede embarazada. Mi esposo tampoco termino sus estudios y tuvo que trabajar en lo que fuera. A los 19 años tuve que ponerme a trabajar porque la verdad con el miserable sueldo de mi marido no alcanzaba ni para comer. Rentábamos un cuarto muy feo y teníamos todas las carencias. Entre a trabajar como mesera en restaurant de comida china. Los dueños eran un matrimonio ambos de origen chino, el de 38 años y ella de 28.

Entre como mesera, y las dos primeras semanas transcurrieron como si nada. Pero a la tercera semana tenía yo el último turno. Todos se habían retirado y solo faltaba yo, pues el dueño me había pedido que hiciéramos una lista de faltantes. En cuanto salió el último empleado, cerró la puerta y fuimos a la oficina que usaban para llevar las cuentas, arreglar asuntos o descansar; tenía un escritorio, una silla, un sofá que podía convertirse en cama, un televisor y algunas otras cosas.

Entramos y esperaba que fuera rápido, yo me quería retirar estaba cansada. Nunca me imaginé. Me pido que tomara asiento.

  • Mira Paty. Yo se que tú necesitas dinero. Así que voy a ser directo y claro. Soy un hombre con ciertas fantasías y fetiches, y si tú estas dispuesta a complacerme, puedes ganar mucho dinero.

Me quedé atónita, sabía bien a qué se refería, bueno, lo podía imaginar.

Como dije siempre fui muy coqueta, atrevida, me gustaba que los hombres me observaran.

Ese trabajo resultaba ideal para satisfacer mi ego. Usaba blusas blancas de botones y siempre permitía que mis senos se mostraran generosamente a los clientes, la falda era a medio muslo de color negra, usaba siempre pantimedias brillosas. Me gustaba coquetear con los clientes por que dejaban mejores propinas. Pero de eso, a que el dueño me estuviera haciendo esa propuesta, pues la verdad, no sabía que decir.

  • Entiendo que he sido un poco brusco, pero mira, si no te interesa, te puedes retirar en este momento y como si no hubiera pasado nada. Tu trabajo no se verá afectado; por el contrario si me permites explicarte a que me refiero, quizás te interese y nos convenga a ambos.

  • Pero….. no supe que más decir

  • Mira Paty, a mi me gustan las mujeres atrevidas, pero debo tener discreción por mi esposa. Te voy a explicar que es lo que quiero.

Primero, si llegamos a algún acuerdo, este deberá ser totalmente secreto, no puedes comentarlo con ninguna de tus compañeras ok. Segundo, en el momento que no quieras continuar solo me lo dices, y se termino el trato, sin responsabilidad para ninguno de nosotros dos.

  • Pero que tengo que hacer exactamente. Yo me imaginaba que en ese momento me pediría que me desnudara y que tendríamos sexo de inmediato.

  • Ok, me dijo, como te mencioné anteriormente, soy un hombre con fantasías y fetiches. Y uno de ellos es hacerlo con una mujer casada, y que su esposo este presente aunque no lo sepa. Mira detrás de ti, ese cristal, se puede ver todo el restaurante verdad, es el espejo que esta al fondo. De tal manera que desde aquí se puede ver todo, pero no desde el otro lado.

Era verdad al final del restaurante había un gran espejo, y algunos más en todas las paredes, por lo que se veía normal. Pero dentro de la oficina se podía ver todo.

  • Quiero que mañana o el día que tú me indiques, le pidas a tu esposo que venga por ti, en cuanto se vayan todos, lo haces pasar y que se siente en la mesa frente a este espejo. Vendrás a la oficina y te cogeré. Después te retiraras, y te irás con tu esposo a casa como si nada. Pero eso sí, bien cargadita de semen. A cambio te daré un mes de sueldo.

  • Esta usted loco?, creé acaso que soy una puta o algo así? Olvídelo me largo.

  • Tres meses de tu sueldo, es lo máximo que te ofrezco. Pero lo haremos sin condón, por las enfermedades no te preocupes, llevo casi tres años sin encontrar a la "puta" que acepte. Si no quieres quedar embarazada tú sabrás que hacer o que tomar. Pero que te quede claro que terminare en tu interior. Te irás a tu casa llena, escurriendo de leche y del brazo de tu esposo.

  • Esta demente, no lo haré, le dije muy indignada, al tiempo que me levantaba y salía por la puerta.

Antes de casarme, se puede decir que no fui una santa, pero yo pensaba que nunca sería infiel. Aunque mi esposo no se enoja que use ropa muy atrevida, faldas cortas, escotes, ropa muy pegada, lencería, no creo que estuviera de acuerdo con que yo fuera de otro.

Llegue a casa, y mi marido jugaba con nuestra hija, había preparado una cena y platicamos de cosas sin importancia esa noche antes de acostarnos. No puede dormir, seguía pensando en la propuesta del chino.

Al día siguiente todo transcurrió como si nada. El chino, estaba de lo más normal, como si en verdad no se hubiera dado esa platica. Pasaron dos semanas y yo había olvidado el incidente, pero mi marido había perdido el trabajo. Lo habían corrido por borracho, se puso a tomar con uno de sus compañeros en horas de trabajo y ese mismo día estaba en casa desempleado.

Dicen que el muerto y el arrimado a los tres días apestan y es verdad. Mi marido no buscaba trabajo, se la pasaba en casa cuidando a nuestra hija. Ni siquiera me acompañaba al trabajo.

Fue entonces que vino a mi memoria la propuesta del chino. Ese día antes de retirarme le dije:

  • Mañana vendrá mi esposo por mí. Sigue en lo dicho?

  • Claro, respondió, arreglare todo para que nos quedemos solos mañana.

  • Está bien, con permiso. Hasta mañana.

Al día siguiente estaba muy nerviosa, tuve que insistir mucho para que mi esposo aceptar a ir por mí. Habíamos discutido pero finalmente aceptó.

Procuré un arreglo personal normal, mi cabello recogido por mi trabajo, la misma blusa y falda habituales, pero la ropa interior si era la más atrevida que tenía. Totalmente de encaje blanco, el bra de media copa me quedaba muy, pero muy justo, con lo que mis senos parecían que se saldrían en cualquier momento, y la tanga era en verdad minúscula. Desde antes de casarme me rasuraba completamente, por lo que la tanga a pesar de taparme apenas mis labios vaginales, estos se dibujaban de manera muy erótica.

El día transcurrió como de costumbre, quizás uno o dos piropos extras por parte de algunos clientes frecuentes.

Faltando 40 minutos para la hora del cierre yo era un manojo de nervios. El chino había mandado a su esposa desde la tarde a su casa. Y había estado apurando a todos los demás empleados para que terminaran antes sus responsabilidades y se retiraran. Mi esposo llego y me saludo desde la calle. Lógicamente había llevado, a nuestra hija con él. El chino se dio cuenta, de su llegada. Solo quedábamos otra mesera y yo. Se acerco a mí y me dijo que pasara a mi esposo, y que me fuera a la oficina, a la otra mesera la puso a ordenar unas cosas en el mostrador de la entrada, tardaría por lo menos una hora en terminar y no se movería de ahí.

Le dije a mi marido que entrara, le ofrecí un refresco y aceptó. Me pregunto que si no se enojaría el chino, pobre ingenuo. Lo senté en la mesa frente al espejo. Le dije que entraría a la cocina a terminar unas cosas y que nos íbamos.

Me fui a la oficina donde el chino estaba parado frente al espejo viendo a mi esposo y a mi hija, en cuanto entré me pido que cerrara la puerta y que me acercara.

El sofá lo había pegado bien a la pared justo debajo del vidrio, me acerqué pude ver perfectamente a mi marido sentado tomando su refresco y jugando con mi hija. Mientras los veía, el chino se coloco detrás de mí. Me abrazo y comenzó a sobar mis senos de una manera muy delicada, los acariciaba sobre la ropa. Me besaba el cuello buscando una reacción en mí, pero estaba sumamente nerviosa. Comenzó a besar mi oreja y mi cuello

  • Quién es ese hombre. Me dijo susurrando

  • Mi esposo. Le conteste en el mismo tono.

  • Tu esposo, o sea que eres una mujer casada.

  • Y no te importa que en unos momentos será mía.

  • No

  • Por qué?

  • …………….. no conteste

  • Porque, volvió a preguntar

  • No sé

  • Quieres que te diga por qué?

  • Porque eres una puta, una mujer fácil, una perra.

Quizás aquello lo excitaba pero para mí, no significaba nada, o eso creí.

  • Míralo bien perra, porque hoy deja de ser tu marido, para convertirse en tu cornudo.

Podía sentir su erección, sentía su verga tratando de librarse, tratando de salir. Con una mano seguía manoseando mis senos, con la otra se desabrocho el pantalón y lo dejo caer al suelo, me empujo por la espalda, haciendo que quedara apoyada con ambos brazos sobre el sofá, así, ligeramente inclinada, mi trasero quedo levantado. Él con ambas manos levanto mi falda, y bajo mis pantimedias y mi tanga. Creo que ni siquiera se fijo como era, casi la arranco.

Paso uno de sus dedos por mi raja, y se dio cuenta que me rasuraba.

  • Te lo dije eres toda una puta, así me gusta, que se rasuren.

  • Por favor…..

  • Por favor qué?

  • ………………..

  • Dime, por favor qué?, no quieres que te humille? Pero si no vales nada, eres una puta en toda regla, una perra, una ramera. No te importa darme las nalgas mientras ves a tu marido. Y todo por qué? Por dinero? Dime si no eres una vil ramera.

Para entonces ya introducía dos de sus dedos en mi vagina, que para sorpresa mía estaba escurriendo.

Así como me tenía medio inclinada sobre el sofá, con la falda arremangada en la cintura, me metió su verga de un solo golpe. La pude sentir, más grande que la de mi esposo, quizás igual de delgada, pero definitivamente más larga. Me tenía tomada de las caderas, y me cogía de una manera salvaje, brusca, rápida.

  • Mira bien putita, mira a tu esposo y a tu hija, mientras te follo.

  • No cabe duda, eres toda una perra, yo sabía desde que te vi que serías mía de esta manera. Zorra.

  • Haaaaaaa, sí, soy una puta.

Me sorprendí mucho cuando me escuché a mí misma, llamándome puta. No sé que me pasó, pero empecé a disfrutar aquello, me gusto sentir esa verga llenándome y penetrándome de una manera salvaje, quería más.

  • Más. Más, dame duro, cógeme.

  • Los ves, yo sabía, me dijo el chino.

  • Vamos duro, más duro, cógeme, cógeme, no pares.

Pensé que por la excitación de ver cumplida su fantasía el chino terminaría rápido, pero no. Estuvimos así por espacio de 10 minutos, yo llegue al orgasmo, las piernas me temblaban, no podía mantener más esa posición; y el chino ni señas de terminar.

Me tomó de los cabellos, y me jaló haciendo que mi rostro se elevara con lo que volví a ver mi esposo esperándome. Jugando con mi hija frente al espejo, los dos hacían caras chistosas y se reían, ninguno de los dos me imaginaba del otro lado, y mucho menos que en ese momento el chino me cogía.

  • Vamos, lléname con tu leche, dámela papito.

  • Eso quieres putita………..

  • Si dámela, termina, vamos, soy tu ramera.

  • Haaaaa, haaaa, haaaaa, siii

Sentí delicioso esos tres disparos de semen. Calientes, abundantes, sentí como llenaron, todo mi interior, cada milímetro era cubierto por ese líquido espeso ardiente.

Nos quedamos un momento quietos hasta que su miembro flácido, se salió acompañado de su leche, para que no me escurriera por las piernas, y porque quería que permaneciera en mi interior todo el tiempo que fuera posible, me coloque de inmediato mi tanga, acomodé mi falda, y arregle mi cabello. El chino se había dejado caer sobre el sofá, y me extendía un sobre.

  • Lo que acordamos. Si quieres cumplir otra de mis fantasías, después platicamos. Ahora vete con tu marido.

  • Si, gracias.

Salí junto a mi esposo y le dije que ya nos podíamos ir. Se levantó y se dirigió a la puerta, yo antes de salir mire hacia el espejo, sonreí, y tome a mi esposo del brazo mientras lo besaba en la mejilla. Sabía que el chino me observaba y que eso le gustaría.

Durante el camino sentí como mi tanga se humedecía, inclusive empezó a escurrir un poco los fluidos, por mis muslos a pesar de mis pantimedias. En verdad fue una cantidad enorme de leche la que el chino tenía guardada.

Quiero decirles, que dure en ese trabajo dos años. Y cometí miles de locuras. Pero me divorcie de mi esposo a los 8 meses de ese día; y fue por culpa del chino. Pero eso quizás lo cuente algún día.

Cuando dejé al chino era una prostituta en toda la extensión de la palabra. Descubrí que el oficio más viejo del mundo puede ser muy provechoso si te sabes administrar y sabes manejar bien tu herramienta de trabajo. Tu cuerpo.

Si quieren entrar en contacto conmigo, no duden en escribir a paty_sexyy32@hotmail.com

Y gracias por tomarse un tiempo para leer mi relato que es 100% real.

Autor: paty sexyy


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