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2010-02-11 02:51:08
El ayer no existe y el mañana quizás no llegará. Quizás mi cuerpo no vuelva a experimentar el calor de un cuerpo desnudo en mi cama como el de Gabriel mi ex.

Ahora debo conformarme solamente con las torpes embestidas de mi esposo Alberto quien hace uso abusivo de mi cuerpo a cada oportunidad que tiene sin percatarse de lo insatisfecha que puede dejarme.

Me llamo Laura, mido 1.68, peso 58 kg. aproximadamente y lo que voy a contarles empezó hace un par de meses en una de mis visitas a la plaza donde voy a comprar la comida que preparo en casa ya que no trabajo actualmente.  A escondidas de Alberto cuando está en el trabajo trato de vestirme exquisitamente para ser observada por todo hombre que me ve pasar.  Disfruto exhibiendo eso que todavía tengo bien puesto, mis caderas. Mi cabello largo bien arreglado y blusas pegadas a mi cuerpo que resalten mis senos y mi piel morena.

Esa mañana mientras compraba sentí la mirada de un hombre y disimuladamente volteaba eventualmente para observarlo.  Era corpulento ya maduro pero de un aspecto muy sexy.  Me siguió por toda la plaza y me siguió hasta el frente de mi casa.  Yo entré apresuradamente y él siguió de largo sin voltear a ver ya que me quedé en la ventana observándolo.

Ese día mientras cocinaba tuve todo tipo de pensamientos lujuriosos con ese desconocido y al preparar la ensalada me dejé llevar y pelé un plátano de los que había comprado y empecé a introducirlo en mi boca una y otra vez como que estuviera succionando el miembro de aquel hombre que había tenido la gentileza de acosarme debido a mi apariencia lo que me hacía sentir un morbo increíble.

Terminé destrozando aquella delicioso plátano con mis dientes y lo destripé con mis manos para luego esparcirlo sobre mis labios, mi cuello y mis senos.  Ahh que lujuriosa me sentí y no pude más tomé otro plátano, lo pelé y me dirigí apresuradamente al baño, lo puse en el lavamanos y me desnudé.  Cerré la puerta asegurándola y encendí la regadera.  Comencé a masturbar mi clítoris con mis dedos centrales de la mano derecha, subí un pié en la taza del baño e introduje el plátano en mi vagina.  Ahh que deliciosa sensación sentir por fin mi cavidad vaginal completamente llena como cuando Gabriel me penetraba.  Estaba completamente fuera de mí y tuve un orgasmo delicioso.  Finalmente me extirpé el plátano y lo deposité en el bote de basura (Por un momento pensé preparárselo de cena a mi marido).  Me bañé y seguí con mis tareas domésticas.

Esa tarde me sentí otra mujer completamente distinta de la que salió de compras en la
mañana, es más me sentía otra, alguien que estaba descubriendo una etapa sexual y sensual distinta a la que Alberto me tenía acostumbrada a vivir.  La noche fué un desastre, esperaba tener una noche romántica y en cambio mi marido me avisó que llegaría tarde y de seguro llegaría con sus tragos.  Esa como otras noches al regresar llegó a manosearme y por más dormida que me hice terminé siendo montada y ridículamente penetrada por Alberto. 
Tuve que admitir que manoseara mi trasero como sus dedos ya que no acepte mamarle la verga porque me da asco ser amamantada por ese pedazo de hombre.

Al otro día estaba ansiosa porque Alberto se marchara para repetir mi aventura del día anterior, volví a buscar ropa extremadamente provocativa y me arregle con ropa interior
nueva como preludio de algo que estaba deseando.  Me dije a mi misma hoy voy a vivir y voy a dejarme enredar por la pasión de este gusto por el sexo.  Voy a ser feliz hoy porque la vida es como una hoja en el viento que llega  y se vá nos toma  y nos devuelve al pasado y al presente con escenas de nuestra propia novela.  Victimas del recuerdo, la tristeza, la pasión, el odio y la felicidad!

En mi mente había una idea firme y muy clara.  Ese día, esa mañana iba a tener sexo con aquel macho que me había hecho meditar que estoy viva, que amar es vivir, que si tengo la oportunidad de sentirse amada no la debería dejar pasar.

Al nomás entrar en la plaza me estaba esperando, pasé un par de veces cerca y me sonreí con él.  Tomó la iniciativa y nuevamente comenzó a seguirme, así que simulé resbalar y botar las bolsas que había llenado con la comida.  Presurosamente corrió a ayudarme y después de una corta presentación iniciamos una entretenida plática sobre como lucía de guapa y de las muchas veces que había querido hablarme.  Me llevó hasta la puerta de mi casa y le recibí las bolsas en la entrada.  Le dije que entrara para darle un refresco a lo que Mario aceptó.

Me preguntó si a mi marido no le molestaría que estuviera a solas conmigo y yo con una sonrisa de regalada y haciendo una mueca de puta me sonreí y le dije que si quería que lo llamara para peguntarle.

Entonces se levantó, fué a cerrar la puerta y regresó junto a mí para terminar de refrescarnos.  Hablamos por un rato de lo bonita que era la casa y descaradamente lo invité a conocer el baño y la recámara.  Mario se dió cuenta de lo difícil que se me hacía respirar y tragar mi propia saliva así que ya en la recámara me abordó preguntándome si no me había lastimado al resbalar en la plaza a lo que respondí que donde más me dolía era en los labios.  Mario sin más se me lanzó encima y nos fundimos en un beso apasionado.

Yo me colgué de su nuca y dejé que semejante varón desabrochara mi falda y me sacara la blusa con una habilidad impresionante.  Quedé recostada en la cama con mi brassier puesto pero sin los tirantes que saber dónde habían volado.  Mario amasaba y mamaba mis pechos de una manera deliciosa y yo disfrutaba de su bruzco jugueteo mientras sobaba con gran destreza mi clítoris y coño completamente lubricado con su mano derecha.

Se paró delante de mí con su pene de fuera aún algo flácido y tomo mis manos para regalarme semejante instrumento que rápidamente comencé a chupar una y otra véz como por cinco minutos hasta que mi saliva estuvo completamente esparcida y su pene completamente erecto.  El hizo lo mismo con mi vagina tomando mis jugos y llenándola con su saliva.  Se subió en la orilla de la cama y con gran delicadeza poco a poco penetró mi insatisfecha vagina una y otra vez a lo que yo agradecía con mis gritos de placer.  Le decía que me insultara, que me dijera lo puta que era.  A lo que Mario accedió, me decía "No hace falta que me digas que eres puta".  "Desde que te ví la primera vez sabía que te iba coger, que verga andabas buscando", "te gusta puta?, te gusta perra?".

No pude más, seguidamente tuve mi primer y delicioso orgasmo. Y Mario continuó hundiéndome su miembro como por diez o quince minutos, estaba sudando a chorros pero no daba señales de estar cansado.  Me ordenó ponerme en cuatro y me penetró vaginalmente por atrás.  Eventualmente metía uno de sus dedos en mi ano y a mi no me gustaba pero se lo toleraba pensando que lo exitar?ia más.  Siguió diciéndome "El cornudo de tu marido no te coge bien perra?", "o es que el maricón es impotente?".  Yo le decía mejor a el no lo insultes por favor que me dá pena.

Creo que esto lo enfureció y se puso violento, comenzó a darme de nalgadas en las caderas hasta sentir un poco de ardor, yo le decía que me ardía un poco y con más fuerzas me daba, las tenía completamente rojas y me introdujo un segundo dedo en el ano. Ahh como me dolía cuando los sacaba y me maltrataba, ahora me decia "pedazo de mierda te voy a partir ese culo rico que tenes" yo le decía por ahi no esque nunca lo he hecho.  "Hoy te voy a desvirgar el culo puta", "te va a gustar tanto que me vas a seguir buscando para que te coja".

No por favor por ahí no me gusta le decía yo, aunque la verdad sentía un miedo delicioso por lo que ese mastodonte me estaba haciendo.  Aprovechando su corpulencia, me empujó con su peso haciendo que mis pechos y mejillas quedaran sobre la cama y yo con el culo levantado y las piernas abiertas, metió su tercer dedo y ahhh eso si me dolió, los metíó y sacó por espacio de tres minutos mientras seguía hundiendo su trozo en mi vagina.

Al fin mi culo dilatado, sacó su pene y me clavo su tremendo garrote por atrás.  Ahh yo
solo mordía las sábanas por el dolor y el ardor de sentir ese mástil entrar y salir de mí
por espacio de quince minutos. En ese tiempo siguió dándome de nalgadas, jalándome el pelo y profiriendo todo tipo de insulto hacia mí persona y el cornudo de Alberto. El teléfono comenzó a sonar y yo le supliqué que me dejara ir a contestar.  Mario no accedió y el teléfono dejó de sonar.  Calculo que pasaron otros veinte minutos donde el pene de Mario entraba y salía de mí por todos mis orificios y el teléfono sonó de nuevo.

Mario me dijo que me dejaría contestar siempre y cuando no dejara de cogerme a lo que yo accedí  Me cargó hasta la sala con la verga insertada en mi vagina, me dejó recostarme en el respaldo del sillón y contesté.  Era mi marido y me preguntó que dónde andaba y que porqué no le había contestado.  Le dije que me estaba bañando y que no había escuchado. 

Mario seguía cogiéndome y yo me quejaba y tapaba la bocina.  Alberto me preguntaba que estaba haciendo y yo le decía que estaba doblando unas cortinas y que era bien difícil por eso estaba bien cansada.  Mario sacó su mástil de mi vagina y me penetró analmente.  Me dijo que no colgara, que siguiera hablando y mientras hablaba con mi marido otro hombre descargaba todo su semen en mis entrañas.  Ahh que delicia es recordarlo.  Terminamos besándonos en el sillón y luego nos bañamos juntos. 

 
Ya no me sentía como una perra solitaria dadivosa de amor.  Ahora estoy mas viva que nunca, porque mi vida sexual me haces sentir así.  Estoy mas bonita que nunca, porque los hombres que me cogen me dicen que lo soy! y yo  lo creo!

Estoy soñando despierta, dejando por un lado la fallida calentura de mi esposo que más que satisfacerme insita esa terrible lujuria por traicionarlo y aunque esté mal decirlo estoy enamorada de los verdaderos hombres, de aquellos que son transparentes y completos.

 
Amo la vida, me amo a mi misma cuando le abro la puerta al amor, a la pasión y al sexo, me entrego a el porque me gusta vivir, me gusta sentirme amada.

Laura

Autor: Wichis


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