Ella guardaba silencio mientras mamaba, concentrada como estaba en dar todo el placer del mundo a su hombre. Él la miraba con los ojos entrecerrados sintiendo como una corriente eléctrica sacudía todo su cuerpo.
—¿Qué pensaría tu marido si nos viera ahora? —preguntó él con la voz entrecortada.
—Posiblemente te mataría —sonrió ella dejando de chupar mientras pajeaba la polla del hombre—. Y luego me mataría a mí.
—Pero vale la pena ¿verdad?
Ella volvió a sonreír y pasó la lengua por toda la longitud de la polla, humedeciéndola con su saliva.
—Pero no hablemos de eso ahora —le pidió en un susurro, mientras se tumbaba al lado del hombre y él le rodeaba los hombros con su brazo. La mano de ella siguió masajeando la polla, extendiendo la saliva que había dejado en ella.
—Ahora solo quiero follar —le dijo.
Entonces el hombre se echó sobre ella y paso la lengua por su cuello arrancando suspiros de placer de la garganta de ella.
—Ahh, sí, Carlos.
La polla de él rozaba ligeramente el coño húmedo de ella mientras sus manos bajaban a apretar los pechos duros y firmes. Sus dedos pellizcaron con suavidad sus pezones.
—¿Quieres que te folle, Eli?
—Clávamela ya.
Entonces, Carlos de un movimiento de cadera la penetró con fuerza. Ella emitió un quejido mientras rodeaba la espalda de él con los brazos, sorprendida de tener semejante monstruo en su interior. Poco a poco Carlos fue moviéndose, balanceando su polla en su coño. Ella gemía, presa del placer y acompañaba sus movimientos con su cadera, deseando que la polla entrara más adentro.
—Siii —gemía—. Más, más.
Eli buscó los labios de Carlos que respondió a su beso hundiendo su lengua en la boca de ella. El sudor ya los cubría casi por completo y los empapaba haciendo que sus cuerpos resbalaran el uno con el otro. Carlos aceleró sus embestidas, golpeando con fuerza el coño de Eli que gritaba sin parar que no se detuviera.
Ambos amantes gemían, perdido el control. Las manos de él exploraban su cuerpo, apretando sus tetas y agarrando con fuerza el cuelo.
El orgasmo de ella llegó antes. Carlos sintió como su polla se empapaba con los fluidos de ella y su cuerpo se arqueaba de placer. Las uñas de Eli se clavaron en su espalda provocándole dolor. Pero fue un dolor placentero.
—Quiero correrme —le pidió él, separándose de Eli y tumbándose a su lado.
Ella no perdió un momento y se lanzó a comer la polla que él le brindaba. Recorrió cada centímetro de su carne con rabia, deseando sentir su leche en su boca, en su cara. Finalmente, Carlos agarró la cabeza de ella por la nuca y la obligó a meterse la polla hasta la garganta. Ella luchó por sacarla y cuando lo consiguió, pudo ver como de su capullo surgía un chorro de semen que fue a parar a su cara. Sintió la leche caliente chorrear por sus mejillas hasta su boca. El sabor en la lengua le gustaba y abrió más aún la boca para recibir el segundo acceso de semen que fue a parar directamente a su garganta. Ella saboreó la lefa y limpió la polla de su amante con la lengua. Luego se tumbó al lado de Carlos y tras besarle en el cuello, se quedaron dormidos abrazados.