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2010-08-24 01:18:50
Casada infiel; el jefe de mi esposo me mete mano y algo más…y en casa…
dir="ltr" align="justify">Estaba en casa con mi marido, Miguel; iba a bañarme y arreglarme porque iríamos a una reunión en casa de su jefe (Manuel), que según me han comentado compañeros de trabajo de Mike y sus esposas es muy mujeriego y no pierde ocasión para coquetearles. Decían que se había acostado con algunas, pero chismes, son chismes, no hay que creerles…mucho. Para esos momentos yo ya tenía algunos meses siéndole infiel a mi esposo. Como ya he comentado, sus desatenciones hacia mi –luego de cogerme diario y los fines de semana tres veces o más por día- provocaron que buscara lo que en casa no tenía. Aunado a eso –y tal vez por lo mismo- sospechaba que él tenía alguna aventurilla por ahí, así que no me sentía tan culpable. Pocas semanas antes de que sucediera lo que voy a relatarles, pasó otra cosa que me hizo hervir la sangre y a la postre fuera parte importante de mi divorcio.

Una noche Miguel llegó tarde y sentí cierto perfume algo conocido, así que cuando se durmió esculqué sus bolsillos a ver qué encontraba y hallé una nota de una farmacia, había comprado condones. La infidelidad era evidente. Espiándolo averigüé el password de su correo, así que lo revisé y encontré las pruebas de su infidelidad, eso no me sorprendió, lo que me encabronó es que se estaba tirando a mi hermana Bety, a una prima y a una amiga mía; las demás viejas que se cogía –entre ellas una del trabajo, una tal Elvia- me valían madres, pero mi hermana, mi prima y una de mis amigas. Todos me las pagarían. Ninguna de ellas, a la fecha, sabe que lo averigüé. Tenía meses que las estaba cogiendo, de hecho me hice pasar por él en un correo y supe que mi hermana se la mamó en nuestra boda, aunque fue meses después que ya empezó a tirársela. ¡Pinche Betty puta!

Volviendo al relato. Estábamos acostados, ya iba empezar a arreglarme cuando me dice Miguel mientras me acariciaba:

  • Mámamela, flaca.
  • Mickey, ya me voy a meter bañar –repliqué.
  • Bien que te gusta, flaca…además hoy no hemos cogido.
  • Pues no te vi con muchas ganas en todo el día.
  • Pero ya me dieron ganas…ya ves hasta estás mojándote la panochita –si estaba dedeándome cómo no quería que me mojara, cabrón- tengo ganas de venirme en tu boquita, Teresita…ándale –agarrándome el cabello me bajó hasta su paquete; lo acaricié y se la saqué del boxer. Se la lamí desde abajo hasta arriba y empecé a mamársela dándole chupetones en la verga y en los güevos.
  • Mmmmmmmmm…sssccchhhhllllllppppp…sssssccchhhhhllllppp…mmmmm
  • Ahhh, qué rico! Así me gusta, flaca…qué rico me la mamas, chingao.
  • Mmmmmmmm…mmmmmmmmmm…mmmmmmmmmmm –en eso metió su mano en mi panty y empezó a dedearme la conchita- Mm…qué rico.
  • ¿Te gusta mi reata, verdad?
  • Mmmm…m-hm…está deliciosa…mmmmm…grandota…mmmmmmm
  • Es toda tuya, flaca…qué buen culo te cargas…ZAZ…-me dio una nalgada; me haló hacia él acercándose mi culo y empezó a darme dedo con el pulgar simulando cogerme; la verdad lo hacía bien rico- ¿te gusta?
  • Ay, sí, Mickey…qué rico me dedeas…mmmmmmmmm…mmmmmmmm.
  • Móntame, flaca.
  • Mmmm…no te quieres venir en mi boca?
  • Sí, pero primero quiero metértela…-lo iba a montar de frente pero me dijo que no, que quería verme las nalgas, así que lo monté dándole una buena vista de mi culo- Ay, así…me encanta ensartarte y verte las nalgas.
  • Me encanta cómo me la metes, Mickey –me movía como a él le gustaba…y como a muchos de mis amantes les gustaba, mientras me movía hacia arriba y hacia abajo, también lo hacía hacia delante y hacia atrás restregando su verga en mis paredes vaginales.
  • Te mueves delicioso, Teresita…cómo dejar de cogerte…si supieras la envidia que le da a los weyes del trabajo y los que se babean por ti en la calle, en el gym…jajajaja…quisieran. Qué rico coges –pensé "Si supieras, Mickey…"- en la noche que regresemos te la voy a meter en el culo, chiquita, como te gusta.
  • En serio? No te vayas a emborrachar, entonces, eh.
  • Aunque esté pedo te la voy a meter por el culito, Teresita.
  • Conste…me encanta por el culo…quiero que me la metas por el culo, papi, ensártame, Mickey –sabía que eso lo calentaría y se vendría en poco tiempo; quería sentir su lechita dentro de mi.
  • Qué culo me come, carajo…mmmmmm…ya me voy a venir, flaca.
  • Sí vente, Mickey, vente…dame tu lechita.
  • No, no, me quiero venir en tu boca…anda, mámamela.
  • Ya vente adentro.
  • Mámamela, chinga! Quiero echártelos en la boca –me sacó la verga, se paró en la cama y me metió la reata en la boca; me cogió la boca unos segundos y luego me la inundó con sus mecos- Aaaaaaaahhhhhhhhhhh…sí, qué rico…
  • Mmmmmmmmm…mmmmmmmmmmmm…mmmmmmmmmm
  • Aaaaahhhhhhh…me encanta venirme en tu boquita…mmmmmmmm…o donde sea…jajaja…-se la seguí mamando hasta que poco a poco fue perdiendo su erección.
  • ¿Ahora sí me puedo bañar?
  • Mmmm…ahora sí, flaca. Ahorita que te bañes ya voy yo.
  • No me acompañas?
  • Te espero, deja reviso mi correo –pendejo; "deja reviso si alguna de mis putas me mandó un mensaje", será.

Empecé a arreglarme después del baño; medias negras, una pequeña panty negra con una pequeña agujeta al frente simulando que se amarra, aunque de hecho puede amarrarse y desamarrarse es sólo un adorno, seguiría un pequeño brassiere negro y finalmente un vestido negro con una larga abertura en la pierna derecha, que llega casi hasta la altura de la entrepierna. Apenas estaba en las medias y la panty, cuando llegó a la habitación, mi esposo. Se quitó la ropa en la recámara, entró al baño y me abrazó por atrás. Enseguida sentí su erección. Me besaba el cuello, me acarició la cintura, luego subió una mano a las tetas y otra la bajó y la metió a la panty para masturbarme.

  • Otra vez, Mickey?
  • No puedo contenerme, Tere, estás riquísima…-sentía su paquete endurecerse rápidamente en mis nalgas- un rapidín.
  • Otro? No nos va a dar tiempo.
  • Llegamos un poco tarde.
  • A la reunión en casa de tu jefe, seguro?
  • No muy tarde.
  • Ya me bañé, Mickey…-él seguía metiéndome mano; sacó la mano de mi panty, me acarició sobre ella y cuando creía que se metería a la regadera, me hizo la panty a un lado y me la metió; me incliné un poco y subí una pierna a la taza del baño-
  • Te ves bien rica pegada al espejo…me gusta ver cómo rebotan tus tetas con mis embestidas –me incliné más y ya tenía la cara pegada al espejo.
  • Hace tiempo no me cogías dos veces en un día.
  • Y serán tres en la noche que te rompa el culo –me dio una nalgada. Después unos minutos, me volteó me sentó en la barra del baño, me la metió y me llevó cargando a la cama; ahí me acostó, me agarró las piernas en sus brazos abriéndomelas y siguió bombeándome- qué rico se mueven tus tetas, flaca.
  • Cógeme, cógeme, Mickey…síguele, papito, síguele. Ahora sí vente adentro, quiero sentir tu lechita adentro de mi, por favor –sentí cómo palpitaba su verga, así que lo apreté rítmicamente con mi panochita y poco después se vino dentro de mi- ay, sí, papito, así, así…mmmmmm, qué rica lechita.
  • Aaaaaahhhhhhhh…qué buena estás, Teresita.
  • Y tú qué sabroso me coges…mmmmmmmm…ya hay que arreglarnos, Mickey, o no vamos?
  • No, sí, sí. A arreglarnos pues.

Pude cambiarme la panty, pero no quise. Se me antojó oler a sexo y provocar un poco; alguien seguro caería. Y así fue. Llegamos a la elegante fiesta a casa de Don Manuel. Era una casa muy grande a las afueras de la ciudad en un fraccionamiento muy selecto. Había ido una ocasión anterior pero por un ratito mientras trabajaban en algunos pendientes. Era la primera vez que iba a una de esas fiestas. La reunión fue en el jardín –que está detrás de la casa; es un jardín enorme, bastante largo. De la mitad hacia el fondo del jardín había mesas y una pista para bailar de muy buen tamaño. Había mucha comida y sobre todo bebida; buena y variada música.

Miguel y yo no éramos de las parejas que nunca se despegan cuando van a una reunión, de hecho por lo regular andaba cada quien por su lado y nos juntábamos de vez en vez para ver cómo iba la cosa, si ya nos íbamos, en fin. Esa ocasión no fue la excepción. Lo observé y me di cuenta que no perdía ocasión para estar con una que otra chava de la oficina con particulares coqueteos; francamente no me importaba mucho ya; eso sí, no sólo él se divertiría. Bailé con uno que otro amigo de Miguel y con su jefe, Don Manuel. Cuando bailé con ellos un par me toqueteaba más de la cuenta eventualmente; me rozaban las nalgas, las tetas, me arrimaban el paquete, en fin. Pero Don Manuel fue el más lanzado, podría decir descarado, pero inteligente. Cuando estábamos bailando norteñas me agarraba media nalga o trasero completo y me tallaba mi conchita con su pierna diciéndome "Ay, qué bien se siente, no?" o "Si así baila, Teresita…".

Estando yo en la mesa, platicando con otras personas, llegó Don Manuel y se sentó junto a mi. Pocos minutos después sentí cómo su mano acariciaba mi pierna por debajo del vestido disimuladamente por debajo de la mesa; metía su mano por la apertura del vestido y me acariciaba la pierna lentamente. Yo no sabía qué hacer; si reaccionaba bruscamente podía armar un altercado o se darían cuenta de lo que estaba pasando, además me tomó desprevenida y el peligro que significaba la situación me estaba excitando muchísimo. Fue metiendo la mano suavemente entre mis piernas abriéndolas un poco para tener mejor acceso. Subió la mano y ya estaba entre ese pequeño espacio entre las medias y mi panty; yo estaba ardiendo. Quería que me tocara, que me lamiera, que me cogiera; cabrón y yo aguantándome los gemidos. Su mano se acercó poco a poco a mi entrepierna, me abrió un poco más las piernas y acarició suavemente con la punta de sus dedos mi conchita sobre la panty. En uno de los lugares frente a mi estaba Chris, un compañero de Miguel, y me vio con una sonrisa muy picarona, me puso nerviosa y sólo atiné a preguntarle a Don Manuel por el baño. Me aconsejó que fuera a uno que está en la casa porque seguramente estaría en mejores condiciones y le pidió a una de las meseras que me indicara dónde estaba el baño en cuestión. Me llevó a la parte superior de la casa. Era un corredor muy largo con varias habitaciones, al final del pasillo hacia el lado derecho estaba el baño, enfrente el estudio.

En el baño me refresqué un poco, pero estaba ardiendo, quería sexo; más le valía a Mickey no emborracharse hasta caerse porque le iba a exigir una buena cogida. Coquetearía un poco más para calentarme y cogérmelo aunque no quisiera; pero ojalá pudiera. Al salir estaba esperándome Don Manuel afuerita del baño, en la puerta de su estudio.

  • ¿Mejor? –me dijo sonriendo maliciosamente.
  • Sí, Don Manuel. Gracias. Linda casa. No conocía esta parte. Hay muchas habitaciones.
  • Eran de mis hijos, pero ya crecieron y se fueron. Quedamos mi esposa y yo. Mira este es mi estudio –entré.
  • Hasta el extremo.
  • Si, lejos de la recámara principal; hasta el otro lado –caminamos hasta el ventanal desde el que se veía el jardín. Yo iba a prender una lámpara que estaba en el escritorio- No, no la prendas.
  • ¿Por qué?
  • Para que no sepan que estamos aquí –me recargué en el escritorio y él se paró delante de mi-
  • ¿Por qué no quiere que…
  • Para seguir en lo que estábamos –me acarició la pierna nuevamente, primero sobre el vestido, luego metió los dedos en la apertura del vestido subiendo lentamente por mi muslo.
  • No, Don Manuel, abajo no dije nada porque…
  • Porque te estaba gustando, Tere ¿Crees que no me di cuenta como me estoy dando cuenta ahorita de que te estaba gustando? ¿Crees que no noto que estás calientita? –sus dedos llegaron a mi entrepierna y acarició de nuevo mi conchita sobre la panty- Mueres de ganas, Tere. Estás mojada –me susurró al oído; hizo a un lado mi panty y me masturbó delicioso; en eso estaba cuando agarró mi mano y la llevó a su paquete. Estaba durísimo y bastante grande- Esto va a ser para ti, preciosa. Sácamelo.
  • No, Don Manuel…y si viene alguien.
  • No te preocupes, nadie sabe que estamos aquí, preciosa. Además cerré la puerta con seguro.
  • Pero…es que…
  • Déjate llevar, linda…hazle caso a tu sexo…sácamelo –le abrí el cierre, metí la mano y no llevaba ropa interior, eso me sorprendió y lo notó- (sonrió) es más rápido, no crees? Ya sabes qué hacer, preciosa –lo masturbé unos segundos y entonces tuve mi primer orgasmo- ¡Qué rico! ¿verdad? –yo estaba agitada por el orgasmo y la excitación-.
  • Ay, Don Manuel…qué va a decir…-se inclinó hacia mi y me murmuró al oído mientras se recargaba en el escritorio junto a mi…-
  • Ya sabes qué hacer, linda –entonces me hinqué dándole la espalda al ventanal, le acaricié la verga que en efecto era bastante larga y estaba durísima, la lamí un poco y luego empecé a mamársela. Él estaba recargado en su escritorio acariciándome el cabello, viendo hacia el jardín, la fiesta para sus empleados –tal vez a mi esposo- mientras yo estaba de rodillas mamándosela; le lamía los güevos y le daba chupetones- Tú sí sabes dar una buena mamada, preciosa. Podría venirme en tu boquita, pero mejor vente, linda –me levantó, me volteó, me recargué en el espejo, me hizo la panty a un lado…- Estás muy rica, preciosa –me golpeteó la entrada de mi conchita con su palo- tienes hinchada la cuquita…¿cómo le dices a tu sexo? ¿cómo le dice tu esposo?
  • Conchita…o…panochita…
  • Pues tienes la conchita hinchada, Teresita. ¿Ya quieres que te la meta? ¿Eh? –metía sólo la cabeza y la sacaba de inmediato; eso me excitaba cabronsísimo- la quieres adentro, verdad?
  • Sí, ya démela Don Manuel…
  • Ahí te va, preciosa –y la metió hasta el fondo- te cabe todita, linda –me bombeaba delicioso, no sólo la metía y sacaba, sino que movía la cadera dando un nuevo empujón al final. Estuve así unos minutos, recibiendo sus estocadas- De perrito debes verte aún más rica, preciosa…cinturita y nalgona…culo respingón.
  • Qué rico me la mete, Don Manuel…se ve que es bien canijo, verdad?
  • Sólo cuando se puede, Teresita…y tú también.
  • Nunca había hecho esto, Don Manuel…no sé por qué…
  • Porque se te antojó, preciosa…porque andabas con ganas…porque en casa no es suficiente…porque estás deliciosa.
  • Me voy a venir otra vez, Don Manuel…ay, qué rico…-en ese momento vi a Miguel en el jardín, estaba secreteándose con una de sus amiguitas y él le toqueteaba las nalgas con muy poca discreción- sígale, siga metiéndomela, Don Manuel…así, así, así, así a-a-a-a-a-a-a-ahhhhhhhhhhh…mmmmmmmm.
  • Hasta vibras, preciosa –siguió con el bombeo pero a diferente ritmo-
  • Ya hay que volver a la fiesta, Don Manuel.
  • Espérate…-se sentó en la silla- súbete –me acomodé sobre él y me senté poco a poco metiéndome su verga hasta adentro- así, linda, así…Hace tiempo que te traía ganas.
  • ¿En serio?
  • Por supuesto, igual que varios…-me bajó los tirantes del vestido y me quitó el brassiere; me acarició las tetas y me las besó mientras me agarraba las nalgas con la otra mano- eres de las más deseadas.
  • Ah si? Por?
  • Porque estás muy rica…además tu esposo te presume mucho.
  • Me presume?
  • Dice que eres muy buena en la cama y siempre dice de lo rica que estás.
  • Con que habla de lo que hacemos?
  • Bastante –aceleró sus movimientos- quién no va a fantasear así? Pero ya no quise fantasear –me cargó, me recostó en el escritorio y me siguió bombeando, pero ahora con fuerza.
  • Así me gusta, Don Manuel…así…así…
  • Voy a venirme, preciosa…aaaaaahhhhhhh…
  • ¿Dónde quiere venirse, Don Manuel?
  • Me encanta cuando se bambolean los pechos con mis embestidas.
  • Qué rico me la mete, Don Manuel…métamela, métamela.
  • Me voy a venir, carajo.
  • Dónde quiere venirse, Don Manuel? Véngase, Don Manuel, véngase.
  • Quisiera venirme adentro, Teresita.
  • Véngase adentro, no se preocupe tomo pastillas…écheme su lechita, Don Manuel, écheme su lechita…-en ese momento se vino, no sé si tenía planeado venirse adentro, pero sus palpitaciones aceleraron cuando le dije "écheme su lechita". Y me echó chorros; sentí delicioso cómo me echó toda esa lechita dentro de mi.
  • Aaaaaahhhhhhhhhh…uuuuuuuaaaaaaaaaahhhhhhhhh…yes!…mmm..
  • Mmmmmm…rico…es tremendo, Don Manuel –le dije mientras seguía con el mete y saca pero ya cada vez más lento.
  • Cuando quieras, preciosa, cuando quieras.
  • Será? –le dije mientras me sacaba su reata y yo se le acaricié un poco.
  • Por supuesto. Voy a la fiesta. Ahí nos vemos, Tere.
  • Ahorita bajo.
  • Tiene razón su esposo, pero no debería presumirla tanto. Se antoja.
  • Que se atenga –le apreté el paquete y le sonreí pícaramente.
  • Nos veremos pronto, preciosa.
  • Eso espero, Don Manuel.

Me fascinó la cogida que me dio; cómo me calentó, cómo me dominó, cómo me tocó, cómo me penetró. La fama le precede a Don Manuel y con razón; es muy buen amante. No fue nuestro único encuentro, pero esa será otra historia. Me satisfizo por un buen momento –y por cierto, no sentí ninguna culpa- pero conforme pasó el tiempo y las copas, me volvieron las ganas…pensaba en la cogida que me daría mi esposo al llegar a casa. Estaba molesta con Miguel y el matrimonio ya iba hacia abajo, pero me cogía delicioso, sabía perfectamente lo que me gustaba y tenía muy buen aguante y recuperación. Eso sí, en ocasiones era muy egoísta y sólo le importaba su satisfacción.

Volví a la fiesta y estuve como antes de la pequeña escapada platicando, bailando y bebiendo un poco más. Como a las dos de la mañana Miguel fue conmigo, estaba hasta atrás de borracho, y me dijo que nos fuéramos, que unos de sus amigos nos llevaría a la casa y se llevaría el coche, que al día siguiente nos lo regresaría. No puse objeción porque la verdad yo no estaba como para manejar, al menos no estaba en mis cinco sentidos y a eso sí no me arriesgo. Miguel le dijo a Chris que si no había problema en que él se fuera sólo adelante y Mickey y yo atrás. Era obvio para qué. La verdad me dio un poco de pena llevarlo de chofer todavía que nos haría el favor de llevarnos a casa, pero estaba muy ganosa y con las copas de más pues me pongo aún más cachonda, así que no me desagradó la idea.

Pocos minutos después de salir Mickey empezó a besarme y acariciarme las piernas; me abrió la falda para acariciarme las piernas y rápido me agarró también las nalgas. Yo sentía la mirada de Chris y le susurré a mis esposo:

  • Estamos dando show, Mike, mejor nos esperamos a llegar.
  • No te preocupes…que sueñe con lo que sólo yo me puedo comer.
  • Cabrón –y cornudo, pensé…claro, yo fui cornuda primero. Me besaba y me medio desvestía, me bajó uno de los tirantes del vestido con todo y bra, se me veía una de mis piernas hasta la panty…el alcohol me prende riquísimo y que me manoseen bien, mmmmmmmmm. Yo le acariciaba el paquete sobre el pantalón; estaba enorme, palpitante y durísimo. Yo veía de reojo a Chris por el retrovisor y él estaba viéndonos, viéndome. Sus ojos eran de lujuria, los míos de golfa seguramente. Mickey me dedeaba sobre la panty. Yo estaba una vez más empapada- ya Mickey, me voy a venir –nunca había hecho algo así con mis esposo, habíamos provocado, pero no tanto ni tan descaradamente. ¡Su amigo estaba en el asiento de enfrente! Sí, mi esposo estaba borrachísimo.
  • Todavía no te vengas…quiero que me la acaricies con tu lengua, mámamela, Tere.
  • ¿Ahorita? ¿Frente a tu amigo? ¿Seguro? –le dije mientras metía la mano en su pantalón y el boxer para pajearlo directo.
  • Sí…agachada no te ve. Ándale –volví a ver a Chris y él me regresó la mirada de complicidad y lujuria- ay, así…
  • Mmmmmmmmm…mmmmmmmm…mmmmmmmmm –después de unos minutos volvió a dedearme-
  • Qué rico la mamas, mi amor…cómo se le debe antojar aquí al Chris…jajajaja, de seguro la tienes bien dura, cabrón…háblale a Manuela, compadre.
  • Mmmmmmmmm…mmmmmmmmmm…mmmmmmmmmm…mmmmmm
  • Te envidio, Mike, mis respetos.
  • Dale, flaca, ya casi –yo estaba que no podía de caliente, el alcohol, las ganas de coger, la situación; estaba apunto de venirme y Mike en mi boca mientras su amigo iba manejando y mi esposo se lo presumía; ya para ese momento mi esposo me había destapado al menos la mitad de mis nalgas- me gusta cómo te recortaste la panochita, Teresita…te arreglaste el mono…ya va, ya va…-acabamos al mismo tiempo.
  • Mmmmmmm..mmmmmmm…vente…mmmmmmmmm…h-mmmmmmm
  • Aaaaaaaaahhhhhhhhhh…ay, cabrón...mmmmmmm…aaaahhhhhhhh
  • Mmmmmmmmmm…mmmmmmmmmm…mmmmmmmmmmm –no fue mucho lo que me echó en mi boquita, lo que mi hizo darme cuenta que alguien más había hecho travesuras en la fiesta no sólo yo.
  • Ay, mi amor…tú sí sabes cómo complacer a un hombre.
  • Gracias, se hace lo que se puede…y otras también al parecer –no pude contenerme el comentario mal intencionado.
  • Ah, chingao, por qué lo dices si esta reata es sólo para ti, mi amor? –se la chupé un poco más mientras perdía toda la erección; no quería hablar del tema.

Llegamos muy poco minutos después a la casa; Mike estaba dormido cuando llegamos y me extrañó que invitara a Chris a pasar para tomarse una par de copas, ya que estaba durmiéndose, se le notaba que no tardaría mucho en caer; yo estaba un poco más despierta –coger me da pila- pero francamente muy cansada. Miguel le insistió un poco a manera de "pagarle el favor" por habernos traído e ir de "chofer".

  • Al menos un tequilita…o no, sabes qué, me acaban de traer un mezcalito que no tiene madre, cabrón. Pruébalo nomás y mañana que me traigas el coche, ya nos la acabamos con unas chelitas; ¿quihúbole?.
  • Bueno, pero sólo una, Mike. La verdad ya ando cansadón.
  • Vale pues, así me gusta. Machito.

Subimos al departamento a traspiés, los tres y sobre todo mi esposo y yo estábamos algo borrachitos. Detrás de nosotros en las escaleras iba Chris quien –según sentí- no quitaba su mirada de mis nalgas; eso me excitó y recordé sus miradas, en la cena y en el coche. Ya en la casa nos instalamos en la barra que estaba junto a la sala. Nos tomamos dos mezcales de un jalón, yo no quería pero me fregaron hasta que me los tomé. Me senté en las piernas de Miguel quien me acariciaba sin mucho pudor frente a Chris; que era hasta cierto punto lógico, pero en el coche estábamos atrás, no frente a él como en ese momento en la barra. Le advertí que no prendiera el boiler si no se iba a meter a bañar. La plática fue totalmente intrascendente, mil y una estupideces. Al poco rato y ya más borrachos todos, Miguel dijo que ya se iba a dormir, por lo que Chris se ofreció para llevarlo al cuarto, pues mi esposo caminaba en zigzag y se tropezaba fácilmente. Le llevamos a nuestra habitación, lo acostamos y me ayudó a desvestirlo. Lo dejamos acostado y lo acompañé a la puerta para despedirlo.

  • Gracias por todo, Chris y qué pena por lo del coche, pero así se pone Mickey a veces.
  • Sí, nos ha contado.
  • ¿En serio? Ay, qué pena.
  • Si vieras lo que nos ha contado…y otras cosas…
  • ¿Cómo que otras cosas?
  • Mejor no te digo, no sea que cause un problema.
  • No, no, dime…
  • ¿Tú quisieras que le dijera lo de hoy con Don Manolo? –me sorprendió su afirmación.
  • ¿De qué hablas?
  • ¿Tere, crees que el único que habla es tu marido? Don Manuel estando pedo dice muchas cosas. Además vi cómo te metía mano en la mesa…qué envidia –me acarició la pierna con la punta de sus dedos-. Además yo sí me quiero meter a bañar, Tere –me susurró al oído.
  • No, Chris, cómo crees?
  • ¿Me vas a decir que te dejaron bien atendida en el coche, Teresita? Tú necesitas que te atiendan bien, completita…como en la fiesta, pero esta te va a gustar más…¿o vas a jugar a la esposa fiel? Ya no te queda, chiquita. Y bien que me dejaste toquetear en la fiesta y no sólo por el jefe –Chris estaba pegado a mi y me hablaba al oído; eso ya me estaba calentando bastante, si a eso le agregamos mi borrachera y que en efecto necesitaba que me penetraran…- bien que te dejaste agarrar las nalgas, arrimones te dieron…y cómo los disfrutabas, ¿o no?
  • No…Chris…-metió la mano en mi falda por la apertura de mi pierna; la subió entre mis piernas y llegó rápido a mi panty-
  • ¿Creíste que después de lo que nos cuenta el cornudo de tu esposo –empezó a acariciar mi conchita sobre la panty- de lo que vi en la fiesta…del show que me dieron en el coche…de tus miradas en el coche…me iba a ir así como así?...además tu esposo me invitó a pasar…es su culpa, te entregó en bandeja de plata, Tere…se me hace que quiere ser cornudo…así se sentirá menos culpable por tirarse a Elvia…qué rico calzoncito traes, déjame verlo.
  • No ya lo viste en el coche.
  • Por atrás, pero quiero verlo por enfrente; ándale, chiquita…voy verlo de cerca –se hincó quedando su cara justo frente a mi conchita aún cubierta y ya muy mojada- mmmm, qué coqueto calzoncito, Tere…para desanudarlo y comerte la papaya –acarició la conchita sobre la panty con toda la mano- ¿a ver cómo se ve por atrás y de cerquita? –me dio la vuelta, yo me recargué en uno de los brazos de los sillones- no jodas, qué culo tan sabroso. Te ves re buena vestida pero en calzones te ves mejor –me mordisqueó las nalgas y las lamió mientras metía la parte de atrás de mi panty entre mis nalgas.
  • Espérate, Chris…Mickey…
  • Está dormido y bien pedo, ese ya no despierta…y estás igual de caliente que yo. Mueres porque te la meta, Teresita, te dejaron bien caliente…además has estado golfeando toda la noche, hay que cerrar bien, ¿no? –me dedeó sobre la panty, luego se puso de pie embarrándome su paquete en las nalgas, me besaba el cuello, los hombros, me acarició las tetas sobre el vestido, me bajó los hombros del vestido y me desabrochó el brassiere (por enfrente se desabrochaba)- estás bien rica…te voy a encuerar quiero verte son ropa.
  • No, así, vestida.
  • No, quiero verte encuerada –me bajó el cierre del vestido y lo dejó caer, intenté detener el vestido pero me detuvo las manos con algo de fuerza- tranquila, tu esposo no se va a despertar; me volteó de nuevo y su rostro estaba tan cerca que no pude evitar besarlo; él me agarró las nalgas con sus manos restregándome el paquete en mi pelvis y abdomen- No, chingues están buenérrima, Tere –se hincó de nuevo, me acarició la panty, la abrió quedando mi cuquita recortadita frente a su cara- Y sí se ve bien rica tu panochita recortadita –empezó a comerme la concha; yo estaba ardiendo, estaba siendo un día de mucho sexo y con tres diferentes hombres; desde la universidad no me sucedía. Me senté en el brazo del sillón y me incliné hacia atrás; Chris me quitó la panty y siguió comiéndome el coño- Mmmmmm…mmmmmm…estás que chorreas, te va a entrar riquísimo ya verás…mmmmmmmm…mmmmmmmm.
  • Qué rico me la comes, Chris…síguele, síguele…vas a hacer que venga bien rápido…mmm…ay, papito…métemela…clávamela, Chris…ayayay…me voy a venir…espera…
  • Vente en mi boca, quiero saborearte…mmmmmmm…mmmmmmmmm –me metió un dedo en la concha mientras me la comía-
  • Ya ya ya…mmmmmmmmmmm…aaaaaaaaaaa –gemí en voz baja para no despertar a mi esposo que dormía de la peda en nuestra recámara. No me reponía del orgasmo cuando Chris se puso de pie y me la metió sin mediar palabra. Me sorprendió y hasta respingué, en parte por la sorpresa y en parte porque la tenía bastante larga- con cuidado…
  • Aaahhhhh…¿así querías que te la metiera?
  • Sí, así…la tienes enorme…¡qué rico!
  • Sabía que aflojarías, Teresita…siempre supe que las darías en una de esas; se te ve lo caliente, lo arrecha…lo güila. Si supiera Miguelito que eres igual de cabrona que él -mientras me bombeaba me agarraba la cadera y las tetas; sobre todo los pezones, jugueteaba con ellos- siéntate en el sillón –así lo hizo y me monté sobre él; me senté en su verga poco a poco y luego empecé a moverme rítmicamente; él me agarraba las nalgas y me besaba las tetas. Luego de estar así unos minutos, me pidió que lo montar pero dándole la espalda y así lo hice.
  • La tienes bien rica, papito.
  • Y tú estás bien buena y lo mueves…mmmm. Te ves muy bien sólo con las medias y mi palo en tu papaya entrando y saliendo –me recargaba en sus muslos o en el suelo y le daba sentones y luego me movía en ochos y hacia atrás y hacia delante- que rico corazoncito forma tu culote y tu cinturita. Su verga comenzaba a palpitar y como aún no quería que acabara (sí quería seguir cogiendo, quería que siguiera metiéndome esa rica verga) le pedí que cambiáramos de posición. Él se hincó y me agarró como de carretilla, pero estando yo de frente, me recargué en el piso y levanté la pelvis. Me incomodó en poco tiempo.
  • Métemela por atrás –me acomodé de perrito recostándome en el asiento del sillón y esperé su embestida que no tardó…mucho. Primero me acarició un poco las nalgas y la espalda.
  • ¡Qué culazo, Tere! –me golpeteó un poco las nalgas con su verga, luego la entrada de mi panochita-
  • Ya métemela, papito.
  • Dilo otra vez.
  • Métemela, papito.
  • Otra vez, güila.
  • Métemela…métemela…cógeme…la quiero adentro.
  • Te la voy a meter todita, Teresita.
  • Sí toda, métemela toda…mete…¡ay! –empezó el bombeo lentamente.
  • ¿Así?
  • Sí, así, así, así…ay, qué rica verga, papito.
  • Eres toda una golfa, Tere…¿te calienta hablar sucio, verdad? Puta, me dio una nalgada.
  • Ssshhhh…no hagas ruido.
  • Que te vea el cornudo de tu esposo lo puta que eres.
  • Si se entera me rompa la madre…discreción, ¿o no quieres repetir?
  • Ya ves, eres una zorra, Tere…para más las nalgas –obedecí; me hizo más hacia abajo el torso- bájate del pinche sillón, recárgate en el suelo…así…quiero verte mejor las nalgas y el culito.
  • Me voy a venir otra vez…síguele, sigue…ay, así –me la sacaba y la metía toda de nuevo- ya no la saques…así, así…sííííííííííííí´….aaaaahhhhhh
  • Se antoja ese culito, Teresita…-se mojó el dedo y me ensalibó el culito- lo tienes cerradito…vas a apretar delicioso –no quería que me lo hiciera anal, así que luego de venirme le apretaba la verga con mi conchita y me movía para hacer que se viniera.
  • Tienes una reata deliciosa, qué rico me ensartas, papito…dame tu lechita.
  • ¿Quieres que me venga?
  • Sí, papito, vente…échame tu lechita.
  • ¿Dónde quieres que te la eche?
  • Donde quieras.
  • Acuéstate boca arriba –lo hice y después de un par de estocadas, me sacó la verga se pajeó ligeramente y echó su semen encima de mi; cayó en mi panochita, en mi abdomen y en mis tetas un poco- aaaaahhhhhhhhhhhhhhh
  • Ay, qué rico, papito, así…mmmm…qué bien se siente…mmmmmm.
  • Aaahhhhhhh…-luego de venirse me la metió un par de veces más-.
  • Ay, qué rico…la tienes enorme…mmmmmmmmmm.
  • Cuando quieras, Teresita. Te embarré bastante –me dijo con una gran sonrisa.
  • Sí, creo que me voy a limpiar un poco.

Cuando regresé Chris se había ido. Así que agarré mi ropa y me fui al cuarto. Mi esposo seguía bien dormido, así que me di un regaderazo y luego me acosté a su lado. Al poner la ropa sucia en el bote me di cuenta de que no estaban mis pantys, la fui a buscar a la sala y no las encontré. Las busqué bien, porque si las veía al día siguiente Miguel podría imaginarse algo y por el momento no quería que averiguara nada. No las encontré y es que Chris se la había llevado. Al día siguiente, cuando fue a llevarnos el coche, se las pedí. Pero eso lo comentaré en la segunda parte.

Autor: ttflaquita


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