Sus grandes ojos color café están enmarcados por sus pobladas cejas las cuales procura llevar bien delineadas para hacer juego con sus carnosos labios que acostumbra pintar de rojo para resaltar su blanca y bien cuidada dentadura, para lucir su hermoso rostro con esa melena color negro que lleva siempre suelta.
De carácter paciente y tranquilo, pero apasionado, Ana se siente cansada de la monotonía en la que se ha convertido su matrimonio por la ausencia de momentos íntimos con su esposo, está ávida de placer, lo que la orillado a considerar la idea de buscarse un amante, sin embargo su círculo social es limitado además de que lo comparte con su esposo, lo que representa una complicación para ese tipo de aventuras.
Fue así como una noche llegó a un café del centro al que entró sintiéndose extraña pero emocionada de iniciar una nueva aventura, su cuerpo comenzaba a calentarse y podía sentir humedad en su sexo. Se sentó y ordenó un café frío con chocolate para ver si podía calmar sus sensaciones. Mientras lo saboreaba notó que a dos mesas de la suya se encontraba un hombre que llamó su atención.
Era alto, de tez morena, cabello entrecano y como de cuarenta años, características muy cercanas al tipo de hombre que le gusta; estaba acompañado de dos mujeres y, a juzgar por la actitud de ellas, era un hombre bastante entretenido, pues las mujeres no paraban de reír escuchando lo que él contaba.
Moría de ganas por acercarse y conocer a ese individuo que tanto la había cautivado, sin embargo, no se atrevía a hacerlo, escuchar las risas de los tres le hacía aumentar su ansiedad pero su inseguridad no le permitía reaccionar.
En un momento las dos mujeres se levantaron y pensó que era su oportunidad, sin embargo, no se sentía con el valor suficiente de acercarse, por lo que pidió la cuenta y se dispuso a marcharse. Al levantarse, sus nervios eran tal que su bolso cayó al suelo y cual fue su sorpresa de que aquel hombre se levantó para ayudarle con el bolso.
Sus miradas se encontraron y su sexo se humedeció podía sentir sus flujos vaginales correr por sus piernas, era una sensación extraña pero anhelada.
Los nervios la invadían, no sabía que hacer, sin embargo, él parecía tener mucha experiencia en encuentros similares, pues enseguida la invitó a sentarse y pidió dos cafés. No pudo resistirse y tratando de disimular su inexperiencia permaneció con aquel hombre que la había cautivado con tan sólo mirarlo.
Platicaron por más de dos horas, él le contó que trabajaba como gerente de un banco, lo que lo obligaba a viajar constantemente, lo que lo había orillado a un fracaso matrimonial en el que procreó tres hijos ya grandes, por su parte, ella mintió diciendo que su vida en pareja era inigualable, que su casa marchaba de maravilla. Mientras continuaba creando castillos en el aire, miró el reloj y se percató que era momento de volver a casa, pues la persona que cuidaba a los niños estaba por marcharse.
Se despidieron con un fuerte saludo y un beso en la mejilla, para luego intercambiar correos electrónicos.
Llegó a su casa con una sensación extraña, se sentía culpable por lo que había hecho aunque luego se dijo que no hacía nada malo, simplemente había platicado con un hombre que no era su esposo, sin embargo, una extraña sensación recorría su cuerpo para detenerse en su coño. Decidió darse una ducha para calmar su calentura y mientras disfrutaba del agua recorriendo su cuerpo, imaginó un encuentro sexual con ese desconocido.
Imaginó que las gotas de agua que escurrían por sus pechos eran la lengua de él y se estremeció, sus pezones se endurecieron tanto que le provocó un leve dolor, sin embargo, no podía contener la oleada de sensaciones que invadían su ser. Comenzó a frotar su cuerpo con el jabón y notó como respondía a sus propias caricias, lentamente fue llegando a su coño perfectamente delineado, le gustaba llevarlo con vellos que delimitaban sus carnosos labios, mismos que abrió con sus dedos índices para luego introducirse en ese hueco deseoso de llenarse con la polla de un hombre.
Comenzó el juego de entrar y salir de su coño mientras apretaba su clítoris, lo jalaba, lo volvía a apretar, disfrutaba realmente ese placer que se estaba dando, sensaciones nunca antes vividas. Continuó recorriendo cada parte de su cuerpo hasta que uno de sus dedos encontró su ano y sin pensarlo, lo introdujo para descubrir aún más placer en su propio ser.
Al otro día, despertó con la ansiedad de saber de aquel hombre, corrió a su ordenador para revisar su correo electrónico con la esperanza de tener noticias de Joaquín, al no tener éxito, se reprochaba no haberle dado su número de celular. Ante la ausencia de mensajes, regresó al café, pidió nuevamente su café frío con chocolate y se sentó en la misma mesa de aquella noche con al esperanza de volver a verlo, nuevamente experimentaba ese cosquilleo en el estómago que poco a poco se convertía en un calor que invadía todo su cuerpo, movía las piernas impaciente, se acariciaba los brazos lentamente y su mente comenzó a volar.
Esa voz la hizo volver a la realidad, era él, de pie a unos cuantos centímetros de ella, su respiración acelerada se detuvo por un instante, no sabía que decir, sus ojos brillaban de una manera especial.
No respondió, simplemente hizo un movimiento indicando que sí, miró como él se sentaba en su mesa y el corazón le latió como nunca en su vida, las manos le sudaban y los nervios le impedían articular palabra alguna.
Ella sonrió, no sabía que decir, sin embargo, él no paró de hablar del clima, de la crisis, en fin, de temas que cualquiera podía conocer, momentos después se encontraban hablando acerca de sus ojos color café y esa dulce mirada que era enmarcada por sus pobladas cejas que hacían juego con su sonrisa de labios carnosos y apetecibles, que constantemente humedecía en señal de nervios.
Joaquín la mirada fijamente lo que la hacía sentir un cosquilleo juguetón en su vientre, durante la plática, él rozó su mano provocando que el color subiera a sus mejillas, cosa que él detectó provocándole una pequeña sonrisa.
Ana estaba embelezada por las emociones que Joaquín le hacía sentir, no sabía a que se debía esto, pensó que se trataba de una reacción natural de un cuerpo ansioso de caricias masculinas.
Joaquín, todo un lobo conocedor, fue acercándose a ella lentamente, tomó su mano mientras le decía lo hermoso que era su cabello color castaño que combinaban muy bien con su rostro.
Sin darse cuenta, había cedido al contacto de ese hombre del cual sólo sabía su nombre.
Eran dos mujeres, las mismas que lo acompañaban la noche anterior, él se volteó a saludarlas y las invitó a sentarse, ella lamentó la llegada de las dos mujeres, sin embargo, sonrió.
Deseaba desaparecerlas, le reprochaba a la vida que las mujeres hayan aparecido justo en ese momento en que su cuerpo reaccionaba a la sensación de la mano de Joaquín rozando la suya, sin embargo, pensó que no había razón alguna para sentirse así.
Las mujeres se sentaron en la mesa, obligando a Joaquín a acercarse tanto que su rodilla tocaba suavemente la pierna derecha de ella, haciéndola estremecer al grado de que sus bragas comenzaban a humedecerse.
Continuaron charlando por un momento, hasta que Martha se despidió argumentando que debía regresar a su casa, por lo que Cristina se ofreció a llevarla, dejándolos nuevamente solos.
Le resultaba difícil contener la reacción de su cuerpo, la humedad comenzaba a ser notoria, por lo que se disculpó y fue al tocador.
Al regresar, Joaquín la esperaba ansioso, se puso de pie para ayudarla a sentarse, luego ocupó su silla y su rodilla volvió a tocarla pero ahora también su brazo rozaba el de ella, ya no podía con tantas sensaciones, sentía ganas de tirarse sobre él, arrancarle la ropa, montarse sobre él y meter su polla en la raja de su coño, sin embargo, debía guardar la compostura.
Continuaron platicando, ella le contó que su esposo trabaja por las noches y ella por las mañanas, lo que ha creado un abismo entre ellos que difícilmente les permitía convivir, despertando en ella necesidades que desea satisfacer.
Sumergida en su plática, no notó que Joaquín se había acercado demasiado, estaba a punto de darle un beso, sintió su aliento sobre su rostro y se dejó llevar, tocar los labios de ese hombre con los suyos fue una experiencia sublime, se sumergieron en un beso en el que sus lenguas pudieron tocarse, recorrer cada parte de la boca del otro.
Al separarse, Joaquín pidió la cuenta y la invitó a su coche, ella aceptó gustosa y se marcharon del lugar, en el vehículo él colocó su mano en la pierna izquierda de ella y comenzó a acariciarla, ella cedió y entreabrió las piernas para que su mano pudiera llegar a su concha. Él rozó sobre sus bragas y ella gimió levemente en señal de que deseaba ser tocada por esas manos suaves y de gran tamaño, cálidas y diestras.
Joaquín reconoció su reacción y haciendo a un lado sus bragas, buscó la entrada a su coño, sintió la humedad de ella e introdujo un dedo, ella gimió y abrió aún más las piernas, permitiéndole introducir tres dedos, mientras su respiración se entrecortaba y su corazón se aceleraba.
El vehículo se detuvo sacándola de las sensaciones que estaba teniendo, miró hacia la calle y vio que estaban en la puerta de un hotel, se sorprendió, sin embargo se dejó llevar por aquel hombre que le ofrecía placer, ese placer que desde hacía mucho tiempo no disfrutaba.
Entraron en la habitación sin dejar de besarse, él la depositó en la cama y de un tirón desabotonó su blusa dejando al aire su sostén color rojo que combinaba con sus coquetas bragas, mismo que diestramente fue desabrochado para liberar sus pechos firmes.
Los acarició sabiamente, apretó firmemente sus pezones para luego tocarlos con su lengua mientras sus manos buscaban su sexo. Subió la falda de Ana hasta la cintura para poder tener libre acceso a ese rincón íntimo que aguardaba ansiosamente recibir placer.
Se introdujo en ella delicadamente pero con la seguridad que sólo un hombre con mucha experiencia puede tener, comenzó a moverse lentamente para ir aumentando el ritmo hasta que sintió los flujos vaginales de Ana tocar su pene, disfrutó la calidez de la humedad femenina.
Posteriormente la colocó de espaldas a él para penetrarle el culo, en un principio ella se resistió, pues nunca lo había experimentado, sin embargo, él, hábil en esos menesteres, supo convencerla para darse la oportunidad de nuevas sensaciones.
Al principio fue doloroso, sin embargo, la mezcla de dolor y placer hicieron que sus sentidos pudieran disfrutar del momento, dejándola gozar de aquella nueva experiencia que Joaquín le brindaba.
Juntos alcanzaron el orgasmo para luego quedar tendidos en la cama, con sus cuerpos entrelazados, sin darse cuenta, el tiempo había pasado y era momento de volver a la realidad, esa triste realidad que representaba su casa con la ausencia de un hombre que la hiciera vibrar como Joaquín lo había hecho.
Subieron al vehículo sin entablar conversación, las miradas eran suficientes para saber que ambos habían gozado del momento, pero algo había en la mirada de él que la hacía sentir que esa sería la primera y última vez que estaría con él.
Llegaron al café, y sin decir palabra bajó del vehículo se acercó a la ventanilla de él, se dieron un beso y subió a su auto, tras de colocarse el cinturón de seguridad puso en marcha el motor y se dirigió a su casa.