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2009-07-26 08:54:17
A mis 35 años no pensé que mi vida cambiaría de esta manera. Yo disfrutaba junto a Gustavo, mi esposo, de una buena vida y era completamente feliz como esposa y profesionista... Todo comenzó cuando mi jefe me nombró responsable del área de administración y una de mis nuevas responsabilidades fue recibir la papelería de toda la oficina. Así conocí a Alejandro.

El es un hombre de unos 28 años alto y moreno, sus rasgos son fuertes, algo toscos y además posee una prominente barriga. No es el prototipo de un hombre atractivo, sin embargo su fuerza física capta la atención de algunas chicas de la oficina. El se encarga de hacer las entregas de las cajas de hojas de papel a diversas oficinas, una de las cuales es la mía. Siempre que realiza una entrega no desaprovecha para mostrar sus magníficos brazos levantando las cajas hacia el área que sirve de almacén.

Fue divertido ver cuando Alfonso, uno de los miembros de mi equipo intentaba arrastrar una de las cajas que Alejandro solía cargar con un solo brazo.

Fue más que divertido por la noche ya que Gustavo estaba de humor y mientras hacíamos el amor mi imaginación se turnó hacia los brazos de Alejandro… Le imaginé sujetándome fuertemente mientras me bombeaba infatigable, imaginé su polla de grandes dimensiones entrando y saliendo de mi coño. No me detuve a pensar en su aspecto poco agraciado, mi imaginación volaba evocando la fuerza del cargador capaz de levantarme y empalarme en la oficina… ese juego mental me llevó a tener un par de orgasmos como hacía algún tiempo no lograba.

Aunque Gustavo siempre me atendió muy bien tras 6 años de matrimonio conocíamos muy bien nuestros cuerpos. No pienso que el sexo con pudiera denominarse rutinario pero había sido influenciado un poco por la costumbre. Esa noche en él también notó un cambio muy agradable en nuestra vida sexual

A partir de ese momento sentí incrementarse mi necesidad de sexo me encontraba a menudo muy caliente tanto que llegué a imaginarme a algunos de mis compañeros de trabajo en la cama. Mi libido subía al máximo cuando Alejandro llegaba con su entrega de papel para la oficina. Gustavo fue el más beneficiado porque por las noches debía apagar la hoguera que me consumía estando en la cama. Así pasaron alrededor de cuatro meses

Después de este tiempo, se incrementó mi deseo por Alejandro. No puedo decir exactamente cuando empecé a sentir verdadera necesidad de ser follada por el cargador. Incluso mi trato con él empezó a ser más familiar y relajado. Estando cerca de él sentía como entre mis piernas se generaba una ligera humedad, mis senos se endurecían y mi piel se erizaba. No había duda: ¡Mi cuerpo necesitaba ser poseído por él!

Empecé por hacerle la charla un poco, así averigüe que era soltero y que tenía una novia.

Luego empezó el coqueteo: Empecé a vestirme más provocadora de vez en cuando, procurando que a su llegada el cargador pudiera admirarme. Alguna vez debí ir al lavabo para calmar con mis dedos el ardor que su presencia me causaba. En esta etapa pude ver que Alejandro no era indiferente a mis encantos

Fue una vez en la que mi escote resaltaba particularmente. Cuando él llegó se quedó mirando fijamente mi pecho. Observé el bulto entre sus piernas y descubrí un esbozo de erección. Eso me puso a mil. Regresé inmediatamente al baño y metí dos dedos mientras me mordía los labios para contener el gemido que amenazaba escapar de mi boca.

El resto de la tarde me la pasé muy inquieta y muy caliente. Por la noche no di descanso a mi esposo y lo recibí enloquecida de deseo. Mientras él se esforzaba en darme lo que yo le pedía mi mente estaba fija en la imagen de la verga de Alejandro creciendo entre sus pantalones.

Imaginé su polla entrando en mi boca, en mi coño y en mi culo. Me retorcí de placer mientras fantaseaba con el cargador sometiéndome y follándome como a una perra. Me corrí con la imagen de la pija de este individuo llenándome de su leche. Antes de dormir decidí que era hora de encontrar la mejor forma de estar a solas con el semental que me estaba enloqueciendo.

Un día simulé que estaba en una junta y que todas las personas que podían recibir la entrega no estaban disponibles. Cité a Alejandro después de las 6 de la tarde para estar segura de que nadie me vería. Llegamos casi al mismo tiempo él en su furgoneta de entregas y yo en mi auto.

Le pedí que antes de bajar las cajas de papel me ayudara a abrir la oficina; fingí que la puerta era muy pesada para mí y así logré estar muy cerca de él cuando abrió. Su olor me excitó de sobremanera ya que denotaba su actividad física durante el día. Estuve a punto de lanzarme sobre él pero preferí pedirle que bajara por las cajas.

Cómo es de imaginar me vestí para la ocasión con una falda abierta por la parte de atrás y una blusa que con el sujetador adecuado marca muy bien mis pechos. Mientras Alejandro se volvía con las cajas solté uno de los botones de la blusa para pronunciar mi escote. Cuando lo hice sentí mojar la diminuta tanga que había elegido para la ocasión. De una u otra forma esa tarde iba a se cogida por ese macho

Cuando el repartidor bajó la última de las cajas me aseguré que su vista coincidiera con mi escote El resultado no se hizo esperar, un tanto turbado Alejandro desvió la mirada, yo creo que para asegurarse que no me hubiera dado cuenta de la excursión de su vista hacia mis pechos

Le pedí que moviera una de las cajas que estaba cerca de la puerta al mismo tiempo que me agaché para poner mis tetas nuevamente a su alcance

Los ojos de Alejandro se desorbitaron se acercó lentamente a mí y extendió una de sus grandes manos hacia mis senos. Su polla se marcaba en la tela del pantalón y tal como había deseado era bien grande. Masajeó mis tetas y retiró la blusa y el sostén para empezar a chuparlas. Yo me repegué hacia él sintiendo su verga creciendo en mi abdomen.

Rápidamente empezamos a desnudarnos mientras nos fundimos en un beso profundo. Mi coño desbordaba humedad y mis pezones estaban duros como nunca. Torpemente tomé su pija con una mano y comencé a pajearlo mientras él pasaba su lengua por mis tetas y buscaba mi culo con sus manos.

¡Quiero que me folles! Le grité mientras me mostraba su pene en todo su esplendor. Su pito era mucho mayor que el de mi marido, más largo, más grueso, ¡su glande era monumental!

Introdujo uno de sus dedos en mi coño haciéndome gemir de placer. Busqué desesperadamente comerle la polla, me hinqué y degusté su sabor salado. Hice lo posible para recorrer cada centímetro con mi lengua y casi la engullí por completo mientras Alejandro mostraba placer y acariciaba fuertemente mi cabello. Por un momento pensé que recibiría una fuerte descarga de su leche en mi boca pero el repartidor me alejó de su exquisito tolete y me depositó con brusquedad sobre una mesa que sirve de escritorio en el almacén

Yo estaba al rojo vivo me sentí más caliente que en toda mi vida y mientras gemía sentí su áspera lengua entrar en mi cueva, él era todo un experto con la boca de inmediato aprisionó mi clítoris con sus labios mientras metía un dedo en mi coño y otro en mi ano. Sus dedos gordos eran como dos penes dentro de mí. Ahora fantaseaba con una doble penetración mientras mi almeja era devorada con avidez.

Mi boca se llenó de obscenidades. Le grité: "cabrón hijo de puta me estas matando" y le rogué que por favor me perforara con su verga, quería sentir su porrón invadiendo las paredes de mi coño, le pedí que llenara mis entrañas de leche y quien sabe que otras cosas más. Mi mente estaba completamente fuera de mi cuerpo, solo podía pedirle que me la metiera de una vez.

Me corrí. Fue el primer orgasmo de esa tarde cuando mordisqueo mi clítoris y metió el segundo dedo en mi culo. Yo mugía, bramaba, gemía y maldecía mientras una fuerte oleada sacudía mi cuerpo. Estaba terminado de disfrutar el clímax cuando sentí como mis piernas fueron levantadas. Sus manazas estaban en mis nalgas y dirigían mi coño hacia la gran estaca que era su falo. Me clavó de un solo golpe y volvía a terminar.

El repartidor continuó follándome sin parar cada centímetro de su polla se incrustó en mi interior, sentí su glande entrar, salir y recorrer las paredes de mi concha mientras él jadeaba un poco. Alejandro se recargaba hacia la derecha y luego hacia la izquierda. Sacaba casi totalmente su verga para después meterla lentamente. Después aumentó el ritmo

Grité nuevamente de placer, mientras lo sentía entrar y salir de mi cuerpo. No desaprovecho la ocasión para dilatarme el culo con sus dedos que humedecía de vez en cuando con saliva.

Así estuvimos un buen tiempo durante el cual puso mis piernas sobre sus hombros, me folló de pié y finalmente me colocó en cuatro patas para atravesarme desde atrás.

Sentía el fuerte golpeteo de sus huevos en mis nalgas. El cargador aceleró el ritmo violentamente mientras yo volví a venirme, me sentía desmayar pero él no bajó el ritmo.

Los jugos de mi vulva eran abundantes y con un dedo los dirigió a mi ano. Mientras entraba y salía acercaba de vez en cuando su polla a mi pequeño agujero. Me enloqueció pensar que me cuelearía.

No esperé demasiado, cuando empecé a sentir su cabeza haciéndose espacio en mis entrañas. Ahora sus dedos entraban en mi coño mientras su polla entraba poco a poco por detrás. Me había dilatado tan bien que empecé a sentir dolor solo cuando su tranca estaba a la mitad. Solo Gustavo me había hecho el culo.

El dolor se incrementó demasiado. Intenté retirarme, al notarlo mi amante dejó caer todo su peso sobre mí perforándome de un solo empellón. Con una de sus manos ahogó el gritó que me provocó mientras seguía masajeándome la concha. Poco tardó en venirse llenándome de su leche. Recibir su semen caliente me hizo volver a correrme.

Todavía me sentí lo bastante excitada para limpiar con mi lengua esa maravillosa polla que tanto me había hecho gozar tanto.

Nos levantamos y nos vestimos ya que había pasado más de hora y media desde que llegamos y ya tenía algunas llamadas de mi esposo en el móvil. Todavía lo besé profundamente antes de irme a casa llena de su leche y con el sabor de su cuerpo en mi boca.

A partir de ese día yo me bastaba para recibir el papel de la oficina por las tardes.

Me las ingenié para tener a Alejandro un par de veces a la semana e incluso fuimos a un motel donde me convertí en su puta. Después de más de diez encuentros decidí pasar el fin de semana completo con él.

Esta vez inventé a mi esposo que asistiría a una convención en una playa cercana a la ciudad. El evento por supuesto sería el fin de semana a lo cual Gustavo no tuvo objeción.

El plan era llevar mi auto a la oficina y dejarlo en el estacionamiento el fin de semana para volver por él antes de ir a casa. Alejandro me llevaría en la furgoneta.

Cuando nos encontramos no venía solo. Otro hombre de la misma edad venía con él. Sergio era su nombre y serviría de chofer.

La idea no me agradaba mucho pero al iniciar la marcha Alejandro y yo nos dirigimos a la parte trasera de la furgoneta y comenzamos a follar. Una vez más mi amante me atendió de maravilla y aún en la incomodidad de la furgoneta yo gozaba de su polla como la primera vez.

Después de correrse en mi boca empecé a cabalgarlo. El disfrutaba mientras yo manejaba el ritmo. Alejandro llevaba un tiempo dilatándome el culo con sus dedos.

No supe en que momento la furgoneta había parado y Sergio se había colocado completamente desnudo detrás de mí. Sin ninguna advertencia me la metió por el culo de un solo empellón. Me sorprendí, pero no por eso dejé de disfrutar como una autentica perra, de la doble penetración con la que soñé la primera vez que Alejandro me hizo su hembra.

Estuvimos follando los tres por un buen rato en la furgoneta y terminamos en un motel de carretera ese fin de semana. Los recibí a los dos de múltiples maneras. Fui sometida por ellos: Mientras uno me comía el culo o el coño el otro me hacía el otro lado. Succione sus vergas al mismo tiempo y me alimenté de su leche en varias ocasiones.

Estando Alejandro en mi ano y Sergio en mi coño me corrí sin darme cuenta que chorreaba como una fuente, no puedo decir aún si oriné o simplemente "eyaculé". Fue la primera vez que me sucedió…

Fue como me inicié en la doble penetración y los tríos con dos hombres…Hace dos semanas de este último encuentro.

Mientras estoy en la oficina y escribo este relato no puedo dejar de pensar en repetirlo ahora que Gustavo solo me enciende sin poder extinguir la hoguera, ahora que durante el día debo ir al baño ocasionalmente para que mis dedos me recuerden un poco lo que es vivir de verdad, ahora que necesito de un macho que me llene y me haga gozar, ahora que un macho no es suficiente…

Autor: Ana


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