A favor tenía que me encontraba en la mejor forma física de mi vida, tras 29 años de vida y más de diez años de entrenamiento, una simetría que quizá era mi mayor punto fuerte, con un tamaño muscular muy por encima de lo común. Sin embargo no podía competir ni compararme con gente que además de entrenar duro y hacer dieta se dopaba hasta las cejas con ciclos de esteroides, haciendo crecer sus músculos como ganado, metiéndose después furosemida y otros diuréticos para definirse y esculpir así su cuerpo cual escultor sobre granito. Incluso después de recortarse, algunos con poco más de 1.50 metros de estatura pesaban casi lo mismo que yo con 1.88. Yo tenía cierto carácter competitivo, pero no era idiota. Meterme en esa dinámica me hubiese costado la salud y el dinero. Estaba contento con mi forma física, de hecho me permitía tener una vida sexual abundante y todo hay que decirlo, bastante promiscua.
Pero por otra parte, a Toni, que era el encargado del gimnasio y directivo de la Asociación de Culturismo, le debía un gran favor que me hizo en su momento. Y no fue otro que haberme recuperado primero de una grave lesión jugando al baloncesto para después prepararme las pruebas de la Facultad de Educación Física . Ahora gracias a ello, unos cuantos años después yo soy profesor funcionario con la vida resuelta. La deuda se la tenía que pagar de alguna manera y él tenía con la crisis económica una falta endémica de competidores, ya que competir requiere de mucho dinero en suplementos, esteroides y demás. Acabó convenciéndome porque con la dichosa crisis muchos antiguos devoradores de esteroides se quedaron sin dinero, así que mis posibilidades aumentaban y además él podía presentar ante sus compañeros un número de competidores aceptable para los tiempos que corren. Así que al final acepté a regañadientes tras su insistencia, a pesar de mis reparos sobre el mundillo. Nada de esteroides anabolizantes, y como mucho, me tomaría creatina y suplementos alimenticios para conseguir unos pocos kilos más de volumen.
Por otro lado, yo lo veía como un reto. Estar trabajando solo mañanas en el instituto y con un buen sueldo. Eso era una buena cosa, pero me hacía sentirme estancado. Y es que en un momento dado todos necesitamos un reto y probarse a uno mismo. Pero aquello fue muy duro, especialmente las últimas semanas.
Entrenarse para competir en el culturismo, aunque sea amateur es algo que sobrepasa la afición, y llega a convertirse en obsesión. Por mi carácter competitivo y metódico reparé en todos los detalles, ya que no quería hacer el ridículo. Con quedar penúltimo casi me bastaba, pero no lo tenía claro.
Primero me puse algo más estricto en la dieta, introduje muchos suplementos, así que cualquier cosa que me hiciera engordar la suprimí, puesto que tenía calorías más que suficientes para conseguir el volumen adecuado sin perjudicar la definición.. Después, en el mes previo, se acabaron las escapadas nocturnas, el descanso y recuperación eran fundamentales. De hecho, en aquella época mis escarceos sexuales con mis variadas amantes los limité a encuentros de día, así que hasta cierto punto limité mi habitual promiscuidad sexual.
Pero en las últimas semanas la cosa se endureció. Mi estricta dieta solo tuvo un borrón, y fue la comida de fin de curso con mis compañeros del Instituto, la cual intenté compensar con más entrenamiento y rigor en todas mis pautas, incluso eliminando totalmente el sexo y cualquier cosa que me produjera desorden en mis pautas de nutrición, entrenamiento y descanso. Por otro lado, Toni y yo ensayamos algunas poses para dar el pego, y alguna que otra que improvisé dándome el visto bueno.
Los últimos tres días fueron una tortura. Solamente podía beber agua. Y hasta estaba limitada para no perjudicar la definición en la competición. Yo me tomaba como tope litro y medio y me duchaba varias veces al día para no tener que sudar demasiado. Porque lo que peor llevaba era pasar la horrorosa sed de los últimos días, que compensaba malamente bebiendo casi por goteo, en sorbos pequeños.
Llegó el gran día. Estaba nervioso. Toni me presentó a Celia, una voluntaria de la organización que trabajaba en otro gimnasio como recepcionista. Me ayudaron los dos a embadurnarme del pringoso tinte de piel que tanto aborrecía, pero que era imprescindible para la competición. Toni se fue al poco, y Celia se quedó sola conmigo para ponerme la segunda capa.
La chica vestía con una provocativa ropa de deporte y a decir verdad es que es que estaba cañón, carita resultona, larga melena morena, 1.63 de estatura, cinturita estrecha y definida, tetas tamaño medio pero bien dibujadas, piernas torneadas y un sólido culo de impresión. Aquella vista me distendía, alejándome un poco de mi nerviosismo y mi fijación por lo que tenía que hacer. Pero justo antes de terminar recibió una llamada en el móvil. Era su novio. Tenía pareja, así que no me hacía ilusiones respecto a lo que podría hacer, si bien me había parecido algo sensual la forma de ponerme el tinte bronceador, eso me hizo relajarme un poco. Así que me tomé su amabilidad como algo agradable para relajarme ante lo que me esperaba.
Sin embargo, tras darme la segunda capa del tinte de competición, se permitió hasta hacerme una arenga al oído.
.
-Ánimo campeón. Con lo bueno que estás, son ellos quienes tienen que estar nerviosos. Cómetelos.
-Gracias- Fue lo único que acerté a responderle.
Ese detalle me hizo reaccionar, me subió el ánimo, incluso a costa de ponerme algo cachondo. Pero dejé de pensar en cosas negativas, de pronto desapareció la tensión sexual de la abstinencia, en la sed que me provocaba para intentar retener menos líquidos unido al calor tórrido de principios de Julio y sobre todo, me olvidé del miedo a la primera vez en competición, lo cual hizo aumentar mis posibilidades de quedar en un buen puesto.
Al final torneo quedé quinto de 10 participantes, mientras que los tres primeros clasificados se fueron a la final. Muy bien para ser la primera vez, para ser el único competidor libre de anabolizantes y haber hecho unas poses libres un tanto improvisadas. Lo primero que hice al conocer los resultados de la primera vuelta fue beber agua como un descosido, fundiéndome la botella de litro y medio como si fuera un vasito, así como un botellín de Acuarius para evitar caerme redondo.
Lo segundo fue irme a los vestuarios a quitarme el colorante de la piel. Comprobé al llegar al vestuario otra de las cosas que no me gustaban del culturismo, el mal perder de los competidores. Se fueron todos con un enfado y unas pataletas tremendas. Me quedé solo a los dos minutos, el resto se había ido sin ducharse ni limpiarse el artificial bronceado y los clasificados para la final estaban en el otro vestuario preparando las poses. Era evidente que tras haberse gastado una pasta en esteroides y haber entrenado como mulas todo el año no hacía gracia quedar eliminado, pero aquello era poco deportivo.
Cogí el gel exfoliante y un guante de crin mientras me iba a la ducha a quitarme toda la mugre del tinte de competición. Tenía prácticamente quitado ese tinte de mi cuerpo, cuando apareció alguien sorpresivamente. Pero esa sorpresa, todo sea dicho, se convirtió en regocijo. Era Celia, con una mirada picarona que no dejaba lugar a las dudas sobre sus intenciones. No era imaginación, ni palabras amables. La chica iba a saco. Y empezaba el juego de verdad.
-¿Has terminado?
-Bueno, queda un poco- Le respondí señalando mi slip manchado de tinte bronceador.
-Quítate eso, que también he de limpiarte por abajo.
-Como quieras.
La tensión sexual no resuelta iba a estallar, mi abstinencia anterior de los últimos días, unida a mi relativa euforia por el buen resultado conseguido me hacía irresistible el momento, ella jugaba descaradamente con mi paquete, me había estado fijando como objetivo desde el primer momento. Se notaba que conocía los entresijos de las competiciones. Sabía quien era el novato, quienes eran los gays (había dos entre los participantes), quienes iban con pareja y quien era su presa potencial. La besé apasionadamente y nos fuimos al WC, junto con las mochilas de nuestras ropas (ella también tenía que cambiarse la ropa porque tenía tintada la primera vestimenta), hacía que nadie pudiera ver ni imaginar lo que pasaba dentro.
Dicho habitáculo era lo suficientemente amplio como para hacerlo de pie. Y eso era suficiente penetrar y hacer gozar a esa hembra hambrienta de sexo, que le daba igual ya el novio, el lugar, su reputación o su trabajo de voluntaria. Y vista mi musculatura en la competición, solo le interesaba la única parte de mi anatomía que no podía ver en público. Me la chupó para meterme bien el preservativo que tenía yo en mi cartera, con una maestría digna de una artista del sexo.
-Bueno, después de beberte la botella como si fuera un chupito, creo que voy a dejarte seco de nuevo.
-Ah, sí. Inténtalo.
Se la clavé brutalmente. Llevaba varios días esperando clavar la estaca. Y lo hice sin contemplaciones. Su coño tremendamente humedecido era una incitación a ello.
-Dame más.. dame más.. me rompes, pero quiero más. Rómpeme. Ah, ah.
Lo hice bestialmente. Mi polla estaba hambrienta. Percutí de pie, como una bestia, ella chorreaba por su entrepierna cada vez más. Estaba sobreexcitada.
-Arrggggg. Eres una bestia feroz, me vas a mandar al hospital como sigas así.
-¿Quieres más, encanto?
-Rómpeme, rómpeme. Demuéstrame que eres un macho de verdad. Vamos, termina de romperme.
Me puso a mil, me volví loco, haciéndole hice unas acometidas tremendas, con ella pegada a la pared y yo metiéndosela hasta el fondo. Solamente su coño ardiente pero maravillosamente lubricado impidió un desgarro vaginal.
Su gritos y gemidos no se notaron porque el sonido de la megafonía del pabellón, con el speaker y la música de fondo estaban a todo tren. Parecía que nadie se había dado cuenta de nada, porque en ese momento no parecía haber nadie.
Llegó al orgasmo rápidamente y yo aguanté un poco más, hasta eyacular un hermoso chorro que apenas podía contener el preservativo.
-Madre mía, ¿todo eso es tuyo? No lo tires.
Se tragó todo el contenido, con una cara de placer que parecía la continuación de su orgasmo, tirando después el preservativo en la papelera.
-Bueno guapa, creo que deberíamos salir.
-Espera, que tengo otra cosa por hacer.
Quería completar su tarea haciéndome una “limpieza de bajos”. Justo después de empezar entró alguien al vestuario.
-Oye, para, creo que hay alguien aquí
-No nos pueden ver, ¿no ves que he puesto la bolsa delante de la puerta?
Ella siguió con su “trabajo”. De rodillas y yo sentado en la taza tapada del WC.
No se dio cuenta de nada porque había puesto la bolsa de deporte con mi ropa delante de la puerta, para que no nos delatasen las piernas.
Por eso, ella siguió su labor, es más, aquello le excitaba. El miedo a ser descubiertos hizo que sus mamadas fueran más intensas, y a pesar de mis gestos de advertencia, ella lo hacía cada vez con más ganas, como queriendo explotar el morbo al máximo y hacerme sufrir, y aunque parecía increíble que después de la eyaculación anterior me quedase algo dentro. Estaba jugando conmigo de forma silenciosa pero implacablemente ardiente.
El tipo ya se fue después de mear, así que yo ya dejé de aguantarme las ganas, y a los diez minutos sus mamadas me hicieron brotar otro chorro de mi leche que se tragó enterito. Me había quedado a gusto. Esta chica era una fiera, me había puesto a prueba, me había hecho eyacular dos veces en diez minutos y le había importado un pimiento su novio, su reputación y hacerlo en un lugar donde podía ser descubierta.
Todavía se permitió una licencia más, mientras me duchaba con agua y jabón antes de vestirme, ella me grabó su número de móvil en el mío y hacer dos llamadas perdidas, una entrante y otra saliente, para asegurarse de saber mi número y poder contactar.
-Mira tu móvil, creo que tienes una llamada perdida. – Me dijo con una sonrisa picarona.
Al lunes siguiente ya nos citamos a solas. Ya estaba a su disposición para sexo prohibido e intensivo. Su novio trabaja de ingeniero de caminos, así que era habitual que se ausentara de casa, así que aproveché al máximo sus ausencias para adueñarme de la cama de su novia durante varios meses, que fue el verdadero trofeo que gané en esa competición. Y puedo dar fe que mereció sobradamente el esfuerzo.