
Es extraño relatar lo que paso en mi vida., nunca pensé que algo así me pudiera suceder ni a mí o mi esposa, ya que ante los ojos de la gente somos una pareja muy tranquila.
Mi nombre es Juan y les voy a contar una historia que me ocurrió hace muy poco.
Para describirme soy una persona casada, con dos hijos y mi matrimonio es normal, nunca fui infiel, y con mi esposa siempre condenamos la infidelidad.
Hola amigos, me he decidido a escribir esta vivencia, (porque os prometo que es completamente veridica), ya que yo cada vez que la recuerdo me hace sentir culpable pero pongo cardiaco, y he pensado que me gustaria compartila con todos vosotros/as.
Ahora tengo 36 años y estoy casado con una buena mujer y tengo un sexo con ella pero como ustedes saben los hombre somos así si se nos da la oportunidad por lo menos yo no las desprecio.
Hola, me llamo Rebeca y tengo 32 años. Estoy prometida y me caso con Raúl dentro de unas semanas. Esto que cuento me sucedió hace muy poco y no sé cómo ocurrió, fue cuando él estaba escayolado. Como no podía bailar, me sacó a bailar Carlos, uno de sus mejores amigos. Todo iba bien hasta que noté que se había empalmado. Yo estoy buena, pero no estoy acostumbrada a "levantar" pasiones. Además, vestía de lo más recatado con una falda negra con una abertura en el muslo y una camisa bajo la cual tenía otra camiseta blanca de tirantes. El bulto que se notaba estaba muy caliente. Bromeé con él porque no parecía muy avergonzado.
Mi marido, de pronto, tiene que hacer un viaje por cuestiones que tienen que ver con sus actividades comerciales, yo me preparo a pasar un par de días sola con mis hijos organizando mi casa para tales menesteres, aviso en mi trabajo mis excepcionales horarios, me organizo de tal forma que buena parte del día estoy sola en una ciudad que ofrece miles de oportunidades y que rara vez alguien quiere aprovechar.
Me sorprendí de no sentir el más mínimo remordimiento. Lo que acababa de hacer horas antes era algo que ni se me habría pasado por la cabeza unos meses atrás. Pero lo había hecho y ningún cargo de conciencia pesaba sobre mí. A fin de cuentas, no había otra alternativa. Bueno, tal vez si la hubiese, pero me habría colocado de nuevo en la casilla de salida. Mi serenidad era total, ni un atisbo de nerviosismo, ni un asomo de arrepentimiento.
Había quedado con Raúl que pasaría a buscarme para la situación de ese cliente al que le había caído la inspección de impositiva.
Llegué con el tiempo justo a casa para bañarme antes de que pasara a buscarme.