Yolanda se puso especialmente guapa y provocativa, con una falda por encima de la rodilla blanca, con mucho vuelo, una camisa azul oscura y un pañuelo que le había regalado hacía unas semanas.
Entramos al cine y nos sentamos en la fila quince de las veinte más o menos con que contaba la sala de proyección. No había casi nadie, algún hombre solo por delante de nosotros y alguna otra pareja desperdigada por las butacas.
Comenzó la película y escuchamos a una pareja de unos 30 años que llegaban a oscuras, cogidos de la mano, no dieron muchas vueltas para elegir el sitio donde tomar asiento y se colocaron en la misma fila en que estábamos nosotros. Nos separaban cuatro asientos.
Dado que la película me aburría bastante, me dediqué a mirar a la pareja cercana: él era delgado y muy alto, menos mal que no se sentó nadie detrás, pues se tendría que haber cambiado de asiento si quería ver toda la pantalla. Ella, también flaquita, tenía un precioso perfil, sus pechos se dibujaban muy bien puestos bajo una camiseta fina de tirantes. De cintura hacia abajo llevaba una minifalda negra con unas botas del mismo color y muy altas.
En el silencio de la sala, y dado que la peli me resultaba muy tediosa, comencé a prestar atención a la conversación que tenían nuestros vecinos:
Bueno bueno, parece que al final me iba a entretener en el cine, aunque fuera sin prestar atención a la película.
Me encontraba impaciente por ver qué era lo que la pedía hacer. Me daban ganas de levantarme y darle ideas, o decirle que a qué esperaba.
De repente, le escucho decirla:
Si ellos supieran que no perdía detalle de lo que hacían…
La joven se levantó de su asiento y pasó por delante de mí y luego de mi mujer, entonces pude mirar muy de cerca su cuerpo, y sólo de imaginar lo que yo haría si fuera ese chico, me comenzó a excitar, mientras Yolanda seguía absorta con la historia de la película.
Cuando mi vecina de cine me dio la espalda para pasar, me dieron ganas de meter mis manos bajo su falda, pero su paso fue rápido y yo tampoco me habría atrevido.
A los cinco minutos regresó, entonces sería cuando debía cumplir la orden que le habían impuesto. Muy obediente, al pasar ante mí, hizo como si tropezara con algo del suelo y fue a apoyarse en mis piernas, mi reflejo involuntario fue dirigir mis manos a su cuerpo para ayudarla a levantarse, al hacerlo deslicé una de mis manos levemente por su culo, ella volvió su mirada hacia mí y sonrió con picardía.
Se sentó de nuevo en la butaca y su chico la premió con un beso muy largo en su boca.
Tan pronto se separaron él se la quedó mirando y le dijo:
Aunque yo no deseaba ser muy descarado, no quería perderme detalle, así que medio volví la cabeza hacia mi izquierda para no perder detalle.
Ella se metió sus dos manos bajo la faldita, alzó un poco el culo del asiento, y vi como se sacaba unas bragas negras, una vez que las tenía en su mano la colocó en su asiento contiguo, a tres butacas de mí.
La joven volvió la cabeza hacia donde estaba yo para comprobar que no miraba, casi me parto el cuello para girarlo y que pareciera que estaba muy atento a la película. Poco a poco fui mirando de reojo hacia ella.
Ella volvió a mirarme, esta vez me descubrió observándola, pero parece que no la importó mucho, mientras hacía que seguía la película se fue subiendo la falda hasta su cintura.
Por la oscuridad del cine casi no podía apreciar detalle, pero sí era visible el tono de su piel desnuda, lo suficiente para excitarme hasta tal punto que sentía como mi corazón se iba a salir de mi pecho y mi pene del pantalón.
Comencé a besar y acariciar a mi mujer, deseaba saciar mi sed de sexo, por lo que intenté contagiar mi necesidad a Yolanda.
Ella me miró sonriente y me dijo en voz baja:
Yolanda se inclinó hacia delante en su asiento y comprobó lo que le contaba.
Mientras ambos les mirábamos, advertimos que él la pide algo nuevo en voz baja al oído, ella se moja los labios con su lengua y vemos como su mano se dirige hacia la cremallera del pantalón del chico. Se la baja, empieza a meter la mano por dentro y le saca su polla, completamente erecta, dejándola ante nuestra vista.
Miro a mi mujer y compruebo que no pierde detalle, pero lo que más me sorprende es cuando la veo bajar su mano derecha y meterla bajo la falda. Yo tampoco me quedo parado y también escondo una de mis manos bajo su falda, en busca de la suya. Así compruebo que se está acariciando el sexo por encima de sus braguitas, pongo mi mano sobre la suya, como si de su sombra se tratara, y la ayudo al masaje. Entremezclo mis dedos con los suyos, noto como su braguita está mojada, lo que hace que ya no me pueda aguantar más y también me saque la polla, para poderla acariciar libremente.
Yo también pido a Yolanda que se quite las braguitas y me las dé. Lo hace de inmediato pues así se podría acariciar mejor.
Vemos a nuestros vecinos que se han quedado quietos, ya no hay órdenes, ahora les toca a ellos disfrutar de nuestro espectáculo.
Cuando el chico ve que tengo las bragas de Yolanda en mi mano se levanta de su silla y se sienta a mi lado. Me pregunta si quiere que juguemos los cuatro juntos. Yolanda le ha escuchado y me mira con unos ojos que claramente me pedían que le diera una respuesta afirmativa.
Ambos vimos como ellas se ponían las braguitas ajenas, imposible no pensar que se notarían la humedad de la otra en sus sexos.
Yolanda nos dijo a ambos:
Cuando quise reaccionar, noté como mi pene estaba siendo agarrado por otra mano que no me era para nada conocida. Miré al chico de mi derecha y comprobé como me estaba masturbando mientras me la miraba golosamente.
El tenía su polla completamente dura a mi lado, así que…sin pensarlo dos veces dirigí mi mano a ella. Fue una sensación extraña notar una polla en mi mano, gruesa y muy caliente, que no fuera la mía. Miré a mi mujer y se sonreía, de repente alzó una de sus manos y me empezó a hacer el gesto de que le pajeara también.
Obedecí y comencé a masturbarle, devolvía lo que él me hacía a mí en ese mismo momento.
Yolanda tomó la iniciativa, se cambió de asiento y se sentó junto a la joven. Se miraron mutuamente a los labios y, sin esperar ni un segundo más, comenzaron a devorarse con sus bocas y lenguas.
Así lo hicieron y se quedaron en sujetador ambas.
Ellas se abrazaron y se desabrocharon sus sujetadores, se los quitaron y los dejaron colgando del asiento de delante de Yolanda.
Y así hicieron, resultaba muy excitante ver el pezón de la joven jugando con el de mi mujer. Nosotros ya habíamos dejado de tocarnos el uno al otro y lo hacíamos cada uno a nuestra respectiva polla.
Las dos se desabrocharon un botón que mantenía sujeta las faldas y se las quitaron. Sólo sus bragas nos separaban de su total desnudez.
Yolanda no necesitó ni que se lo pidieran. Metió su mano entre las piernas de la joven e introdujo sus dedos por un lado de las braguitas, así empezó a meterla dos dedos en su sexo. La joven arqueaba la espalda y gemía mientras abría todo lo que podía sus piernas.
Nosotros no podíamos aguantar más tiempo quietos, así que decidimos pasar al ataque. El joven se pasó al lado de Yolanda y yo le sustituí a él en su sitio, de tal manera que cada uno quedó junto a la mujer del otro.
Según permanecía con los ojos cerrados la joven, disfrutando de los dedos de Yolanda, yo me aproximé a una de sus tetas y comencé a lamerle uno de sus pezones, muy puntiagudos en esos momentos. Yolanda, al verme, hizo lo mismo con el otro pezón. De vez en cuando, los dejábamos de lamer para besarnos y, a continuación, volvíamos a imitarnos el uno al otro con lo que hacíamos con nuestra lengua y el pezón de la chica.
Mientras, el joven, aprovechando que se encontraba Yolanda de espaldas a él, la bajó las bragas y la metía su lengua por el agujerito de su culo, mientras introducía varios dedos por su vagina.
Me baje casi al suelo del cine, me coloqué entre las piernas de la joven y la quité sus braguitas, así comencé a masturbarla con mi lengua hasta que dijo que ya no podía aguantar más.
Fue entonces cuando los chicos nos sentamos en dos butacas y las pedimos a ellas que se sentaran sobre nosotros. Las follamos durante unos minutos, no muchos, la verdad, pues todos estábamos a punto de acabar tras tanto juego.
Tanto Yolanda como la otra chica nos pidieron que, por si acaso, no nos corriéramos dentro de ellas. Así que los dos nos pusimos en pie y cada una de ellas al chico de la otra, empezaron a hacernos una mamada tan deliciosa que les llenó rápidamente de leche sus bocas.
Ellas luego nos reconocieron que nunca habían tenido tantos orgasmos seguidos.
Así que decidimos repetir en pocos días otra aventura, pero para esa elegiríamos algún otro lugar, eso sí, siempre repleto de morbo.
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