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2008-01-15 02:29:31
La cortina, hecha con gotitas de todos colores. El azul, el rojo. Gotas verdes y gotas amarillas se movían mientras los ojos celestes de Luna mostraban susto. Wally y yo hacía dos horas que estábamos sentados sobre los almohadones, jugando al playstation; Inés y Natalia, en la cocina. El cuerpito blanco y tibio de mi gatita siamesa recostada sobre mis piernas temblaba, la lluvia golpeaba en los ventanales y los truenos le daban miedo. Volvía a esconderme sus pupilas que eran como piedras preciosas. Un octavo piso. Luz tenue porque la tensión era baja. Un departamento amoblado con cajones de madera pintados con témperas. Un ambiente grande con un desnivel hacia donde estaba la mesa. Un mueble enorme y oscuro que exhibía un whisky escocés, un martini, algunas copas decorando y un Baillys. Y en la puerta de entrada la letra de Ismael Serrano, era mi casa encantada. Una lámpara antigua colgaba desde el techo bajo hasta el paño de poker, y en un costado cartones en forma de luna y estrellas refugiaban un plato de leche. El calorcito de adentro empañaba los vidrios de esa noche fría.
La Casa Encantada

Otra historia en mi vida que a veces recuerdo con nostalgia

La cortina, hecha con gotitas de todos colores. El azul, el rojo. Gotas verdes y gotas amarillas se movían mientras los ojos celestes de Luna mostraban susto. Wally y yo hacía dos horas que estábamos sentados sobre los almohadones, jugando al playstation; Inés y Natalia, en la cocina. El cuerpito blanco y tibio de mi gatita siamesa recostada sobre mis piernas temblaba, la lluvia golpeaba en los ventanales y los truenos le daban miedo. Volvía a esconderme sus pupilas que eran como piedras preciosas. Un octavo piso. Luz tenue porque la tensión era baja. Un departamento amoblado con cajones de madera pintados con témperas. Un ambiente grande con un desnivel hacia donde estaba la mesa. Un mueble enorme y oscuro que exhibía un whisky escocés, un martini, algunas copas decorando y un Baillys. Y en la puerta de entrada la letra de Ismael Serrano, era mi casa encantada. Una lámpara antigua colgaba desde el techo bajo hasta el paño de poker, y en un costado cartones en forma de luna y estrellas refugiaban un plato de leche. El calorcito de adentro empañaba los vidrios de esa noche fría.

Ya está la comida bombón?-

Ya va a estar. Porque no apagan ese juego y sacas el paño para poner la mesa mi amor? –

Mi bombón es Natalia. Es mi rubia de ojos verdes que tiene diecinueve años y duerme en casa cuatro de los siete días de la semana. Ese viernes vinieron como todos los viernes a cenar, Inés y Wally, que siempre o me aburrían mucho o me hacían reír mucho, sobre todo cuando se pelaban y armaban escándalos en frente de cualquiera. Esa noche no tenía ganas de que estén, pero llegaron con el frío y una bicicleta embarrada; y la lluvia los retuvo. Cenamos. Miramos una película. Se hizo tarde, muy tarde. Y los relámpagos jamás cesaron. Suele pasarme noches así que quiero acostarme con mi mujer, desnudos, en una cama abrigada. Con algo de música suave, puede ser Dido o puede ser cualquiera de los discos de Café del Mar, escuchando los truenos. Abrazarnos mucho, acariciarnos y dormirnos sintiendo nuestra piel, nuestros cuerpos pegados. Pero esa noche Natalia no tuvo otra idea que decirles que se queden a dormir así no se mojaban. Mi casa es chica, no hay otra habitación. Mi cara fue de fastidio y mis ojos de odio. La miré a Luna que se agazapaba conmigo y asentí.

En serio no hay problema? –

No, Wally. Sacamos la cama de abajo y se acuestan ahí? –

Me acosté con un pantalón cortito de fútbol de los años 80 que guardo con cariño y con el torso desnudo. Natalia se acurrucó a mi lado, y eligió de mi placard invadido otro pantaloncito corto y una camiseta que le quedaba bastante suelta. A Wally pude darle unas bermudas lo mismo que a Inés, que tenía puesta una remerita ajustada sin mangas y muy escotada. Me di cuenta que no llevaba corpiño y que tiene un tatuaje en la cintura. Como me excitan las mujeres con tatuajes!!!!! Me acosté a dormir, soñé con eso, y terminó mi noche.

Cuando el ambiente se aclaraba. Cuando el sol empezó a sentirse fuerte sobre mis frazadas y el calor del día calentaba el departamento; sentí los maullidos de Luna en mis pies. Gato de mierda ya tenía hambre. Había dormido mal, realmente mal. Me levanté despacio intentando no hacer ruido para no despertar a nadie y darle de comer a la gata. La vi a Inés dormir destapada, con su pelo negro hasta la cintura, su muy lindo cuerpo y ese tatuaje que me tenía desvelado. Inés era muy sexy. Caminé hasta la cocina y volví a acostarme. – Quiero que se vallan Nati -. Te quiero hacer el amor. Ella que tenía los ojos entreabiertos se acercó más a mí y me besó suavemente. Mis manos acariciaron sus piernas y mis labios se mojaban con su lengua. Lentamente comencé a tocarla en su entrepierna. Ella se abrió más para darme paso. La acaricié, tomo mi pene que en ese momento tenía una erección enorme y empezó a masturbarme. Mis dedos tocaron su clítoris y mi mano apretaba fuerte. La sentí gemir. – Despacio que no se despierten - . Me acosté sobre ella y le quité su pantalón, también quité el mío; pasé mis manos bajo su camiseta para apretarle los pechos y excitarla. Me moví lentamente y muy suave entré en ella. Me sentía que ardía de caliente. Me gustaba estar así tan callados, tan sigilosos. Seguí moviéndome acelerando un poco el ritmo y me aceleré más. Quise tocar la punta de sus dedos con mis pies y estirarme de placer. Ella se retorció y llevó sus manos sobre mis nalgas, apretó fuerte contra su pelvis. Tuve que taparle la boca para que no gritara y los dos, tuvimos un orgasmo. Yo eyaculé dentro de ella. Desde que la conocí que tomaba pastillas entonces nunca hubo problemas de embarazo a menos que se olvidara.

Natalia fue hasta el baño y yo volví a mirar a Inés que estaba con los ojos abiertos, guiñándome y hasta con cara de complicidad. Sin quitarme la mirada de encima ni yo a ella le arrancó la bermuda a Wally que dormía profundamente. Se la rompió de un golpe. Bruscamente. Y comenzó a lamerle en su parte más íntima. Su mirada no dejaba de penetrarme y esperaba la reacción de Natalia cuando saliera del baño. Wally seguía durmiendo e Inés seguía provocándome con todos sus sentidos. Sus ojos negros puestos en mí expresándome deseo. Su lengua que era muy sensual rodeaba la erección de Wally, sus manos que lo acariciaban suavemente y sus dedos que me llamaban. Esperaba ver la reacción de Natalia cuando salga del baño y viera esto. Que la viera a Inés así. Tan libre. Tan llena de pensamientos oscuros y lujuria. La puerta se abrió lentamente y ella apareció en la escena.

Que pasa? –

Me voy a coger a tu novio - .

Inés se quitó la remerita y sus pechos quedaron desnudos. Firmes y redondos. Hermosa. Sus pupilas negras siempre puestas en mí. Caminó lentamente hasta mi cama como si desfilara. Haciéndose en su andar mas bonita a cada paso. Apretó mi pene que reventaba con su mano y lo llevó a su boca. Grité de placer. Natalia confundida entre el fastidio y la excitación se acercó a Wally que prefirió no ver nada, no mirar, de hecho nunca abrió los ojos. Se acomodó en su erección. Se le sentó encima y le cabalgó de una manera como para sentirlo hasta la garganta. Con furia. Con bronca. Por Inés y por mí. Y gozando seguramente.

Agarré a Inés de la cintura. La apreté fuerte. Y le mordí los pezones. Tenía unos pechos muy calientes y una piel muy rica. Los jadeos de ella aceleraban mi respiración. Los gritos de Natalia me ambulaban en mi mismo. En mis propias fantasías. Me sentí un potro. Un ser deseado. Luego de pasarle mi lengua por todo su cuerpo. Luego de darle placer a su clítoris. La arrodille y agaché su lomo. Separé sus nalgas que mojé con mis labios. Ardiendo besé la forma de su tatuaje que coloreaba su piel. Y la penetré analmente. Con un golpe seco. Elle gritó y se descosió de placer. Llevo sus dedos a su clítoris y me acompañaba en el ritmo. La expresión en su cara, sus ojos negros, y la manera de gritar y pedirme me calentaron hasta el punto de derramarle toda mi leche más caliente que de costumbre dentro de ella. La sentí chorrear entre sus piernas. Cada orgasmo de Inés me provocaba temblores. Espasmos. Sedienta, me quitó de encima y me tragó con su boca y sus labios gruesos me empaparon. Mi erección no terminaba nunca. Y me sentía reventar cada vez más. Cada vez más, retorcido. Natalia en un costado observaba todo. Wally seguía sin abrir sus ojos y simulando dormir aunque su cara de goce lo delataba. Ella le cabalgaba con más furia ante cada evidencia de placer entre su amiga y yo. Inés, como una excelente hembra en celo, gateó hasta mí y optó por la misma posición que Natalia. Ambas cruzaron una mirada que todavía no entiendo aún que se quisieron decir con eso. Y sus pechos bailaban al ritmo que ella subía y bajaba o quebraba su cadera. Llevó un dedo a mi boca y una mano apretando en su pecho. Esa mano subía hasta sus labios. Se recogió el cabello. Gritó. Gimió. Y Gozó. Un orgasmo intenso. Sus alaridos fueron prolongados por la manera de retorcer su cuerpo y cuando se sintió hastiada y exhausta, apoyó sus pechos en mis pectorales. Me rozó con su lengua y me abrazó. Nuestras pieles sudadas se pegaron y nuestras piernas se enredaron queriendo sentirnos completos. Mis dedos acariciaban su espalda suavemente.

Duró alrededor de cinco minutos el silencio y la sonrisa. Inés volvió con Wally y Natalia se recostó a mi lado abrazándome fuerte como no queriendo dejarme nunca. Una lágrima deslizó en su mejilla. Le di un beso muy profundo. Le dije un te amo muchísimo y nos dormimos juntos. Inseparables. Hasta que nuestros invitados decidieran irse.

Con el paso de los días esa mañana repercutió fuerte. Inés y Wally se dejaron y nunca más volvieron. Natalia estaba más histérica que de costumbre y nuestras peleas eran frecuentes hasta cosa de todos los días. Y la chica del tatuaje y yo, tuvimos muchos encuentros secretos los días que mi novia volvía a la casa del padre.

Autor: VicenzoIII


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