
Nos habíamos "encontrado" en la web, su aviso tenía nuestras necesidades y después de mails y charlas por teléfono llegamos a conocernos.
Decidimos que lo mejor era ir a un bar ruidoso, tomar algo para desinhibir los sentidos y después movernos a nuestro departamento o algún hotel, según como fuera la movida.
La noche estaba muy buena. Salimos de verano. Lory, mi mujer, con un vestido blanco sobre la rodilla que dejaba adivinar su bombacha cola less. La había elegido yo. Blanca con tiritas por los costados y atrás, unidas por un simple triangulito. Creo que era Dulce Carola. Realmente muy sexy. El vestido en la parte superior tenía un strapless, razón por la cual no necesitaba corpiño. Estaba desvestible, si existiría el término, pedía a gritos que fuera amada.
El bar estaba lleno. Nos reconocimos fácilmente. Laura y Juan Cruz. Ella de pantalón y remera ajustada con escote generoso que mostraba unos senos grandes y el borde del corpiño de encaje. El de elegante sport, bien vestido. La charla se desencadenó en forma amena. EL alcohol y la excitación del momento ayudó. Ambos profesionales. El ejecutivo de sistemas en una empresa de teléfonos y ella diseñadora de interiores. Nosotros estábamos con el tema del departamento nuevo y los muebles. La charla entre ellas nos separó a nosotros de ese tema y nos entusiasmamos con otros.
Pude ver las tiritas rojas de la less de Laura. El pantalón tiro bajo y la banqueta me ayudaron. Estaba emocionado con esa situación.
Ya en confianza y previa consulta con la mirada a Lory, los invitamos a ver nuestro departamento amueblado a medias. En el viaje en su auto, acaricie las piernas de mi mujer, detalle que ellos notaron. Ya en el ascensor del edificio se generó una atmósfera especial. Todos sabíamos pero nadie decía nada. Se produjo un silencio y las miradas recorrían otros cuerpos con timidez. Se notaba la excitación en el ambiente, hasta esas risitas típicas de nervios.
Entramos, prendimos algunas luces, servimos unas copas y puse una música tranquila. Charlamos. Se mantenía la adrenalina en el ambiente. Hablamos de ropa interior. De lo excitante de las tiritas de las bombachas. De insinuar. Repasamos momentos eróticos del pasado de cada pareja. Todo de forma casual. Informal. Era difícil prever como se iría a desencadenar. Mi mujer se excuso para ir a buscar hielo a la cocina y la seguí. En la cocina, y a media luz, la tome por atrás y le hablé en el oído:
Te voy a sacar la bombachita delante de ellos para que vean tu conchita depiladita y mi lengua en tu cola. Despacio te voy coger, para que vean como entra mi pija en esa conchita hermosa. Sólo la cabeza. Vas a pedir que vengan los dos a chuparte la concha mientras te comes mi pija.
La súper excita que sea guarro en esos momentos de calentura. Rocé mis dedos sobre su tanguita. Suspiro. Bajé por su espalda dando besos y rozando con mi lengua. Levanté el vestido y ella sistemáticamente separó sus piernas. El espectáculo es fascinante. Ver esa entrepierna hinchada y correr la tela para pasar al lengua. Sentir el humedad. Introducir la punta de la lengua, subir hasta la cola. Succionar. Ella ya estaba apoyada con ambas manos en la mesada y suspirando. Siento ruido en la puerta de la estrecha cocina. Disimuladamente miro y los veo a ellos observando sin perderse detalle nuestro show y masturbándose mutuamente sobre la ropa.
Subo y libero sus pechos. Mis manos tratan de abracarlos. Una de mis manos se dirige a su interior y a su clítoris. Luego las dos. Una a su conchita y la otra a su cola. La excita tener varios dedos en la cola y la otra mano adelante, sintiendo mi palma golpeando su clítoris. Se suspende en el aire con el apoyo de esos falos artificiales. Mi pene roza sus piernas. Hinchado. Desesperado. Generalmente acaba rápido, pero esta vez lo fue regulando, insinuando cuando quería frenar y sentir. Retardaba, sentía, esperaba. El público y su calentura, despidieron al orgasmo con un gemido lujurioso y mucha humedad. Ellos se estaban masturbando cada uno por su lado. Los miramos y casi instantáneamente acabó Juan, largando chorros de leche sobre el piso. Mientras su otra mano estaba perdida en su mujer, quien se encargó de chupar el miembro de su marido cuando este terminó.
Le hice un gesto con la intención de que se dirijan al living y para reponer e intercambiar unas palabras con mi mujer. Ella estaba relajada y tranquila. Me dijo que quería verlos a ellos.
Les habrás gustado el espectáculo?
Seguro – le dije
Tomamos algo e hicimos el tiempo necesario para que ellos entraran en clima.
Fuimos despacio hacia el living a media luz. El estaba tirado en el sillón y ella entretenida con su miembro, intentando ponerlo en carrera. Lo agarraba como si fuera a levantar a su hombre por ahí, y pasaba su lengua por la unión del ano y los huevos. Se perdía su cara en sus nalgas yendo más allá. Por sus gemidos y gritos entiendo que estaba jugando con la lengua en su ano. Estaba desesperada y desesperándolo a él. Luego se introdujo los huevos de a uno, mirándolo fijo a los ojos. Después fue el turno del miembro. Se sentía el ruido de la saliva y la vos de ella diciéndolo:
Te gusta el dedo en el culito, te gusta que te coja con el dedo?
Si mi amor, si mi amor...
Y se volvía a introducir el pene gordo en la boca. Yo estaba como loco. Me había relajado pero al ver la escena, la erección fue automática. Mi miembro se había mantenido gordo. Necesitaba un poco de atención.
El la hizo levantar. Le ayudó a sacar el pantalón y nos mostró esa tanguita chiquita que ya había conocido. Se sacó la remera y el corpiño con sutileza y elegancia:
¡Que buenas tetas tiene! Me susurró mi mujer
Si, tenés razón, dije
El buscó los pezones con su boca. Eran tetas pesadas, con presencia. Hermosas. Ella se fue sentando en su pene erecto. También llamó la atención de mi mujer el pene de Juan. No era muy largo, pero el grosor era considerable.
Nos ubicamos en el sillón individual y vimos como entraba:
Mirá como entra– dijo mi mujer –mientras se tocaba despacio. Le encanta mirar en el espejo cuando le está entrando y jugar con la cabeza del pene, metiéndolo y sacando para que roce.
Me desvestí y me seguí tocando- Ella se sentó sobre mi dándome la espalda y tocándose sin perder detalle del espectáculo.
Laura tenía metida esa verga hasta el tope y los dedos de él pasaban de a turnos por su colita. Ella estaba gimiendo, susurrando al oído de él. De pronto frenó, escucho a su novio y se dio vuelta, mostrando el espectáculo de sus senos formidables.
Mi mujer apuró el ritmo de sus manos y yo el de las estocadas, casi estaba en el aire. Ambas parejas entramos en un ritmo de no volver y empezamos a acabar. Intentaba alargar ese momento lo máximo posible pero no pude aguantar la escena de Laura agarrándose un seno con fuerza y frotándose el clítoris con desesperación mientras todo el grosor del pene de Juan chorreaba semen en abundancia.
Mi mujer acababa y me mojaba con una intensidad desconocida para mi. Creo que acabó varias veces. Fue un espectáculo simultaneo e imborrable.
Fuimos a los baños. Después intercambiamos las emociones con unas copas y se fueron, con la promesa de repetir.
Cerramos la puerta y seguimos haciéndolo. El efecto de esa noche continuó y fue el disparador de muchas noches más, de fantasías y realidades. De ver y ser vistos. De amar y gozar.