Lucía tenía el cabello negro, los ojos verdes, un culo respingón, unos labios carnosos y, sobre todo unas tetas enormes. Más que suficiente para que Marcos dejara a la pelirroja y se lanzase a sus brazos. Lo que no contaba ese picaflor era con enamorarse como un imbécil. Se dio cuenta cuando antes de follar por primera vez en la parte de atrás de su coche, empezó a temblar. Había estado con muchas chicas(nueve para ser más exactos), pero con ninguna había sentido tanto placer mientras follaban. Corroboró sus sentimientos tras el polvo, cuando Lucía confesó que le había mentido y que había estado con dos chicos antes que con él.
-Lucía, yo te quiero. No me importa que no fueses virgen. Lo importante es que a partir de ahora yo voy a ser el único hombre en tu vida.
-Pues yo tengo que reconocer que sentí celos al enterarme de tu fama de mujeriego. Me muero al pensar que otros labios te besaron y que otras manos te tocaron. Me da rabia el pensar en ello.
-Mi amor, ellas tuvieron mi cuerpo, pero tú eres la única que se ha adueñado de mi corazón.
-Te quiero.
Unieron sus labios de nuevo. El amor había entrado en sus vidas. Tras cinco fogosos años de noviazgo se casaron. Marcos quería ser padre, pero Lucía aborrecía a los niños. Tras discusiones interminables, compraron un perro y la situación se zanjó. Marcos trabajaba en una inmobiliaria y las cosas le fueron también que, tras suspender por primera vez las oposiciones a profesora de Lengua y Literatura, Lucía decidió no intentarlo más y dedicarse a las labores del hogar. Compraron la casa de sus sueños, ganaban lo suficiente para ir pagando la hipoteca y darse un pequeño capricho de vez en cuando, se amaban como el primer día y follaban varias veces al día. Nuestra historia comienza en octubre de 2009: en Estados Unidos faltaba un mes para las elecciones en las que Obama resultaría vencedor, las temperaturas seguían siendo casi veraniegas en Andalucía(comunidad autónoma de España, donde viven nuestros protagonistas) y el mundo entero se encontraba ante una grave crisis económica que hundía el mercado inmobiliario, propiciando una gran cantidad de despidos. Marcos fue uno de ellos. Ni él ni su esposa encontraron empleo y ambos se dieron cuenta entonces de que se habían pasado con los "pequeños" caprichos y que se encontraban en números rojos. El día 5 de diciembre recibieron la noticia de que el banco podía embargarles la casa. Lucía se echó a llorar.
-No llores más, querida. Juró por Dios que saldremos de ésta.
-¿Ah, sí?¿Cómo?
-Bueno, no se. Podríamos pedirle a tu madre...
-¿Qué?Mi madre no tiene un duro.
-Iba a decirte que le pidiéramos, ya sabes, quedarnos en su casa.
-No es necesario, ella me lo ha ofrecido, pero es que esta casa me trae tan buenos recuerdos. No quiero perderla y...
-Cari, solo es una casa. Las cosas van a mejorar y entonces nos compraremos una mejor que ésta.
-Marcos, tengo un retraso de varios días.
-¿Has ido al médico?
-No, es que tengo miedo.
-Mierda. ¿Por qué ahora?¿Por qué?
-Marcos, no podemos perder la casa. No podemos.
-Pues tenemos que hacer algo. Atracaré un banco si hace falta.
-Creo que se algo que podemos hacer.
-¿El qué?
-Es que no te va a gustar. A mi tampoco, pero es que...
-Habla.
-¿Te acuerdas la noche en la que salí con Ana?
-¿La noche de chicas?Como olvidalo. Llegaste a casa a las dos del mediodía.
-Hay algo que no te he contado sobre esa noche.
-¿Me has puesto los cuernos?
-¿Qué?¡No!Claro que no. Jamás he estado con otro hombre desde que te conocí. ¿Cómo puedes pensar algo así?
-Perdona, princesa.
-Marcos, recordarás que te dije que Ana y yo vimos a Mauricio Delgado, el hijo del multimillonario.
-Sí,¿pero que coño tiene que ver eso con nuestro problema?
-¿Recuerdas el debate que siempre tenemos después de ver la peli esa de Robert Reford y Demi Moore?
-Una proposición indecente.
TRES MESES ANTES...
La borrachera venció a Ana y a Lucía, que se tumbaron rendidas sobre la arena. Faltaba poco para el amanecer y la playa estaba realmente hermosa. Del agua salieron un chico y una chica con la ropa totalmente mojada. Él se quitó la camiseta. Lucía se pasó la lengua por los labios al contemplar el torso desnudo del joven, sus musculosos brazos y la tableta de chocolate que lucía en el vientre. Si lo hubiera conocido antes de enamorarse de Marcos, se lo habría pasado muy bien con semejante bombón. Tanto ella como su amiga reconocieron de inmediato al muchacho. Era Mauricio Delgado, el único hijo de uno de los hombres más ricos del planeta. Salía mucho en las revistas del corazón, pues el joven tenía mucho éxito con las chicas. Ana y Lucía eran dos ávidas lectoras de las revistas de cotilleo y, como tal, a pesar de no tener ni idea de la situación financiera de la multinacional familiar, se sabían a la perfección la vida y la personalidad de Mauricio. Rubio, ojos azules y un cuerpo atlético eran la carta de presentación del guapo heredero de 29 años. Acostumbrado desde niño a tener todo cuanto deseara, sus aficiones favoritas eran las juergas y las mujeres, y corrían rumores de que en la cama era el amante perfecto.
La chica se durmió antes de que Mauricio la tocara. Sucia puta. Se había quedado dormida dejándolo a él con el calentón. Fue entonces cuando vio a las dos mujeres. Una era fea y gorda, pero la otra era preciosa. Un bellezón con el cuerpo más perfecto sin haber pasado(en eso él era un experto) por el quirófano. Sus tetas eran enormes y sus curvas lo volvieron loco. Solo de contemplarla estuvo al borde del orgasmo. Se la tenía que follar. No solo eso. Pasaría a formar parte del pequeño y selecto grupo de mujeres con las que echaba más de un polvo. Porque, desde luego, iba a follársela sin el menor esfuerzo. Ninguna de las mujeres en las que se había fijado se había resistido a sus encantos y otras en las que él no había percatado se le habían tirado encima. Había estado con mujeres de todas las edades. Solteras, casadas, viudas y divorciadas. Jamás se le pasó por la cabeza que una mujer le pudiese dar un no por respuesta. Así que, seguro de si mismo avanzó hacia donde se encontraban las dos mujeres.
-Buenas noches, señoritas. Soy Mauricio Delgado, aunque ustedes ya me conocerán. Mi amiga se ha dormido y pensé que usted, señorita...
-Lucía.
-Lucía. Pensé que usted podía hacerme compañía en esta noche tan preciosa como usted.
-¿Qué?
Mauricio se agachó y acarició el rostro de Lucía. Ella se apartó de inmediato.
-Perdone, es que debía tocarla. No creía que fuese usted de verdad. Es que he bebido, ¿sabe? Y hasta esta noche no sabía que podía existir una mujer tan perfecta.
-¿Puede decirme que desea, señor Delgado?
-A usted.
-Lo siento, pero soy una mujer casada.
-¿Y?
-Que amo a mi marido y nunca le sería infiel.
-El matrimonio es muy aburrido si solo se folla con el marido. Además, los rumores que circulan por ahí son ciertos. Soy un hacha en la cama. No creo que su esposo me supere. Debería estar pagado con cárcel que una preciosidad como usted tenga un solo dueño.
-Márchese, por favor.
-El matrimonio mata la pasión. Su marido no tiene por qué enterarse de que...
-Mi marido y yo follamos a todas horas y me deja bastante satisfecha.
-El mío no.-dijo la amiga fea y gorda, a la que Mauricio decidió ignorar-Si ella no quiere, a mi no me importa ser el segundo plato.
-Jurame que no me deseas.
-Adiós, señor Delgado.
Se levantó. Mauricio se bajó el pantalón y se sacó la polla. Lucía y su amiga se quedaron boquiabiertas. Nunca habían contemplado un miembro tan largo y grueso al mismo tiempo. Él sabía que no se resistiría a esto. Pero Lucía jamás le pondría los cuernos a Marcos y disimuló mirando para otro lado.
-Es usted un desvergonzado. Vamonos, Ana.
Frustrado, Mauricio se subió los pantalones. Cuando las chicas se iban, se le ocurrió una idea.
-¿Cuánto quieres que te pague?
-¿Qué?
-Dinero. Te daré la cantidad que me pidas por pasar...24 horas. Sí, 24 horas en mi chalé de Ibiza follando como posesos.
-Mi cuerpo no tiene precio.
-Todo el mundo tiene un precio. ¿No ha visto la película de la Demi Moore? Le doy un millón de euros. Es una oferta imposible de rechazar. ¿Qué me dice, Lucía? Follas conmigo y encima te pago.
-Yo no soy una puta.
-Dos millones. Es mi última oferta.
-Váyase al infierno.
Lucía se dio media vuelta. Mauricio corrió hacia ella y la agarró. Empezó a chuparle el cuello con maestría. Ella se estremeció del placer. Sintió las manos de él sobre sus pechos.
-Suéltame-susurró en un suspiro.
Lucía no pensaba serle infiel a su marido, pero decidió esperar un poco más antes de darle una bofetada y largarse. La lengua de Mauricio recorrió la oreja de ella y sus manos bajaron hasta debajo de su falda. Ella sintió que le metía un pequeño papel debajo de las bragas.
-Ahí tienes mi número de teléfono y mi dirección-le dijo al oído-por si cambias de opinión.
Entonces se marchó y ella, no sabía por qué, guardó el papel. Ese ricachón la ponía a mil. Sin embargo, jamás engañaría a Marcos. Nunca.
-No puedo consentir que te prostituyas. No puedo.
-Cariño, piénsalo bien. Son dos millones de euros. Y será solo un día. Antes de estar juntos, ambos tuvimos sexo con otras personas. Y no ha pasado nada.
-Joder, es que nos hace tanta falta.
Se quedaron unos minutos meditando en silencio.
-Jurame que no disfrutarás con él.
-Marcos, es sexo. Me gusta el sexo. Y no voy a hacerlo con un viejo asqueroso. No puedo prometerte algo así. Intentaré no hacerlo, pero es sexo y...Mi amor, durante 24 horas, él tendrá mi cuerpo. Solo mi cuerpo. Tú seguirás siendo el único dueño de mi corazón.
-Entonces, ¿quieres hacerlo?
-¿Tú quieres?
-Es tu cuerpo, no el mío.
-Pero tú eres mi marido.
-Aceptaré lo que tu decidas.
-Marcos.
-¿Qué?
-Te quiero.
Lucía cogió su móvil y marcó el número de teléfono de Mauricio Delgado.
-¿Diga?-contestó una voz femenina de acento cubano.
-¿Es el número de Mauricio Delgado?
-Él se encuentra ocupado. Entre mis piernas.
-Trae puta-dijo Mauricio-. Puede que sea importante. Mauricio Delgado al habla, ¿dígame?
-Buenos días, soy Lucía. No se si te acuerdas de mi, nos conocimos hace...
-Sí, me acuerdo. La oferta sigue en pie.
-Dos millones, ¿no?
-Correcto. Por 24 horas de sexo. ¿Ha cambiado de opinión, doña jamás le seré infiel a mi amado esposo?
-Mire, niñato. La única razón por la que hago esto es por dinero. Estamos pasando un bache económico. Y mi marido me apoya en esto.
-¡Ah! Es un cornudo consentido. Pásele el teléfono. Me gustaría hablar con él.
-Cariño, quiere hablar contigo.
-¿Conmigo?
-Sí. Toma.
-¿Diga?
-Así que tu eres el que me vas a prestar a tu mujer por dos millones. A las cinco de la tarde pasate por la dirección que te voy a dar. Apunta.
Mauricio apuntó la dirección en una servilleta.
-Ya.
-Pasate por allí para firmar el contrato. En él dirá claramente que mañana mismo ingresaré los dos millones en tu cuenta corriente a cambio de los servicios sexuales de su esposa, que serán grabados para que no se produzca una estafa por ninguna de las partes. ¿A Lucía le importa que la grabe mientras follamos? Mi chalé tiene cámaras de seguridad por todas las habitaciones?
-No, a ella no le importa.
-Bien. El avión hasta Ibiza sale a las nueve de la noche.
El avión aterrizó Un chófer la llevó hasta el chalé. Una sirvienta la llevó hasta un amplio dormitorio. Sobre la cama había un minúsculo vestido rojo con una tarjeta que decía PONTELO SIN NADA DEBAJO PARA LA CENA. Lucía se desnudó y se miró al espejo. Seguía estando buenísima a pesar de tener ya 33 años. Se puso el vestido, que le quedaba de puta madre. Estaba muy sexy. Bajó a cenar a la terraza. Mauricio se encontraba elegantemente vestido sentado en una pequeña mesa adornada con velas. Sobre ella, dos platos, de jugoso solomillo de cerdo acompañado de una guarnición de patatas fritas.
-Estás que te sales. Ven, dame un besito.
Lucía se agachó para besarle en la mejilla, pero él le puso los labios. La agarró y la sentó sobre él. Se besaron apasionadamente. Sus lenguas recorrían las bocas del otro mientras ella le acariciaba el pelo y él le tocaba las piernas. Cuando separaron sus labios, el pintalabios había desaparecido de la boca de Lucía.
-No pasará nada que no quieras que pase. Aún estás a tiempo de echarte para atrás. ¿Qué me dices?
-No, quiero continuar.
-Bien, son las once en punto. Nos quedan 24 horas por delante.