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2007-07-23 23:18:28
Esta vez en lugar de la gabardina me había hecho poner un vestido blanco semitransparente, a través del cual se adivinaban mis senos desnudos, y mi sexo depilado y lampiño. Empezaba otro de sus juegos perversos. Y como siempre yo iba a ciegas, sin saber lo que iba a pasar, pero eso era lo que más me excitaba. Bajamos hasta el aparcamiento, subimos al coche y enseguida Marcos me ordenó:

Esta vez en lugar de la gabardina me había hecho poner un vestido blanco semitransparente, a través del cual se adivinaban mis senos desnudos, y mi sexo depilado y lampiño.

Empezaba otro de sus juegos perversos. Y como siempre yo iba a ciegas, sin saber lo que iba a pasar, pero eso era lo que más me excitaba. Bajamos hasta el aparcamiento, subimos al coche y enseguida Marcos me ordenó:

Sácame la polla y mámamela.

Como siempre, obedecí sin rechistar. Me incliné hacía su sexo, abrí la cremallera del pantalón y saqué su sexo que ya estaba semierecto. Marcos arrancó el coche y lo sacó del aparcamiento.

Así el pene, acerqué mi lengua al glande y lo rocé suavemente. Enseguida el aparato reaccionó. Me sentí dichosa al ver como saltaba ante mi boca. Introduje el glande en mi garganta y empecé a chuparlo y lamerlo como si fuera un helado. En menos de un minuto, ya estaba completamente erecto y noté que Marcos desaceleraba el coche, hasta que se paró en lo que supuse era un semáforo. En ese momento, deslizó una de sus manos hasta mis nalgas, que la falda del corto vestido dejaban indecentemente descubiertas, y las acarició suavemente; luego buscó mi agujero trasero y acarició el circulo que formaba, con mucha suavidad. Esas caricias me excitaron haciendo que mi sexo empezara a humedecerse, excitado. Seguí chupando aquel hermoso sexo, mientras Marcos volvía a arrancar y dejaba de acariciarme. Lamí el tronco y deslicé mis labios hasta sus huevos, que chupé y paladeé tan bien como pude. Sabía que a Marcos le encantaba que se la chuparan, por eso me concentré en aquel trabajo. Pero repentinamente tiró de mi pelo y me dijo:

Basta ya, putita. Hemos llegado.

Me incorporé y vi que estabamos en un aparcamiento. Bajamos del coche y nos dirigimos hacía la salida. Al llegar frente al ascensor vi que escrito en letras amarillas ponía: Hotel Los Robles. Estabamos en un hotel, así que supuse que está vez la acción se desarrollaría en una habitación de aquel hotel. Subimos hasta la recepción. El hotel era bastante acogedor, no muy grande y elegante. Al entrar en el recibidor varios hombres se me quedaron mirando con cara de cordero degollado. Incluso el recepcionista me dirigió una mirada aprobadora. Marcos le dijo que teníamos una reserva a nombre del Sr. Y la Sra.Toledo, el recepcionista buscó en el ordenador y dijo:

Efectivamente, suite presidencial.

Nos dio las llaves y nos deseo una agradable estancia. Mientras yo me dirigía al ascensor Marcos se quedó hablando con el recepcionista, haciéndole algunas indicaciones, supuse. En el ascensor, Marcos no dejó de abrazarme, besarme y sobarme por todo el cuerpo, tratando de excitarme al máximo, así que al llegar a la habitación yo ya tenía el sexo chorreando de deseo. La habitación era increíblemente grande. Tenía un gran salón con zona para ver la televisión compuesto por un sofá pequeño y un par de sillones y el televisor, y una zona de comedor donde había una mesa redonda con cuatro sillas.

Por una puerta que había junto a la mesa se accedía a la habitación, que tenía una gran cama de matrimonio, un par de mesitas de noche, un armario y el baño con jacuzzi. Marcos me hizo entrar en la habitación y una vez allí, me quitó el vestido dejándolo caer al suelo y me ordenó:

Pon las manos unidas en la espalda, tengo que prepararte para nuestro invitado.

Hice lo que me ordenaba y puse las manos juntas en mi espalda, se acercó a mí y me las ató con un suave pañuelo de seda. Seguidamente me hizo abrir las piernas y comprobó la humedad de mi sexo.

Perfecto – musitó al comprobar que estaba excitada.

Me besó apasionadamente y añadió:

Espero que te comportes como una buena putita, como la otra noche. Yo te grabaré con la cámara para que luego lo disfrutemos juntos.

Marcos tenía la mirada llena de deseo y perversidad y eso me asustó un poco, pero no me dio tiempo a pensar o hacer nada más, ya que inmediatamente llamaron a la puerta. Marcos fue a abrir mientras yo me quedaba allí de pie en la habitación. Unos segundos más tarde apareció junto a un joven de nuestra edad, más o menos, un chico de piel de chocolate, hermoso y muy elegantemente vestido.

Bien, veo que ya tienes a la putita preparada – dijo el chico que me miró de arriba abajo dando su aprobación.

Sí, como tú me pediste, Johnny – le señaló Marcos.

Bien, pues empecemos ya, no tengo mucho tiempo que perder.

El chico se desnudó completamente ante mí, mostrándome su hermoso y musculado cuerpo y su brillante piel color café. Me quedé un poco sorprendida al ver su sexo erecto, que era bastante grueso y largo, más que la mayoría de vergas que hasta aquel momento había probado. Se situó frente a mí y acariciándose la polla me indicó:

Bien putita, empecemos con una buena mamada ¿quieres?

Yo miré a Marcos buscando su aprobación y luego me arrodillé frente aquella enorme verga. Acerqué mis labios, saqué la lengua y empecé a lamer el glande marcando círculos alrededor, luego me lo introduje en la boca y traté de mamar. Jonnhy empujaba haciendo que su verga entrara más en mi garganta, con lo cual de vez en cuando tenía alguna arcada, pero trataba de controlarme y apartar la cabeza cuando empujaba hacía mí, para no ahogarme. Me sentía un tanto impotente al no poder tocarme o acariciarme, ya que me sentía muy excitada con aquella situación, pero al tener las manos atadas me impedía llevar a cabo mis deseos.

Marcos que rondaba a nuestro alrededor con la videocámara en la mano, trataba de no perder detalle de cada plano. Pude ver que bajo el pantalón, tenía una buena erección. Sin duda le excitaba verme sometida por aquel negro. El muchacho me hizo detener diciendo:

Para guarra, que no quiero correrme aún. Quiero que todo mi juguito vaya a para a ese coñito tan lindo que tienes entre las piernas. Anda, acuéstate sobre la cama, que ahora te toca a ti disfrutar.

Obedecí y tras ponerme en pie, me dirigí a la cama y me acosté sobre ella con las piernas abiertas. La postura era un poco incómoda ya que mis manos atadas quedaban debajo de mi espalda pero las puse de modo que no me molestaran demasiado.

El negro se puso sobre mí y me beso apasionadamente pegando su cuerpo al mío y haciéndome sentir su sexo erecto entre mis piernas. Introdujo su lengua en mi boca, buscó la mía y pude sentir su humedad mientras ambas lenguas se enredaban. Mi sexo destilaba jugos sin parar. Estaba a mil, tan excitada o más que cuando me follaron los amigos de Marcos en aquel despacho. Tras el profundo beso, Jonnhy siguió besando mi cuello, lo lamió y descendió con su lengua hasta mis senos, haciéndome estremecer. Posó su boca sobre uno de mis pezones y lo succionó, lo lamió y lo mordió, haciendo que todo mi cuerpo se erizara, mientras con la mano acariciaba el otro seno. Seguidamente dirigió su boca hacía el otro pecho y repitió la operación, lamiendo, mordiendo y succionando mi pezón. Yo poco a poco me dejaba llevar por aquellas caricias e iba sintiéndome cada vez más puta, sobre todo cuando Marcos acercaba la cámara para enfocar mi cara de deseo. Mi negro amante siguió lamiendo mi piel, descendiendo por mi tórax, hasta llegar a mi ombligo, donde introdujo su lengua y de nuevo me hizo estremecer, luego siguió hasta mi monte de Venus y allí, casi sin darme tregua, empezó a lamer y chupetear mi clítoris. Primero lo hizo con suavidad, sin prisas, luego aceleró sus movimientos provocando que casi llegara al orgasmo, pero deteniéndose en el momento justo. Sentí, entonces, como con su lengua lamía y reseguía mis labios vaginales y la introducía en mi vulva, provocándome un nuevo temblor placentero. Empecé a gemir excitada mientras aquel hombre me hacía estremecer con sus caricias bucales, llevándome al borde de la cúspide del placer en varias ocasiones. Cuando creyó que ya estaba suficientemente excitada me ordenó:

Ahora vamos a follar.

El chico me ayudó a incorporarme, se sentó en la cama y me hizo poner de espaldas a él diciendo:

Lo harás de cara a la cámara, para que se vea esa carita de deseo que vuelve loco a tu novio.

Efectivamente Marcos parecía estar loco de excitación y a pesar de no perder detalle con la cámara, se había sacado la polla del pantalón y la lucía erecta e hinchada por la abertura que dejaba la cremallera; mientras se la acariciaba suavemente con la mano que tenía libre. Verle así aún me excitó más, me encantaba saber que mi propia excitación y mi deseo excitaban a los demás y eso me hacía sentirme más puta que nunca.

El negro me ayudó a situarme sobre él, guió su verga erecta a mi vulva y la restregó por mi sexo durante unos segundos, la untó con mis jugos y luego la empujó intentando penetrarme. Sentí como poco a poco aquel pene se abría camino en mi sexo y como finalmente se introducía hasta algo más de la mitad.

Eres una buena putita, te ha cabido un buen trozo de mi polla.

Marcos sentado frente a nosotros con la cámara en mano se relamía viéndome gozar. El negro empezó a empujar suavemente, y yo también comencé a moverme despacio sobre aquella polla que me hacía sentir llena y puta. Jonnhy me abrazó y besando mi cuello comenzó a acariciar y sobar mis senos, pellizcando los pezones, lo que hizo aumentar la placentera sensación de excitación, mientras su verga entraba y salía despacio de mi sexo. Marcos no se perdía detalle y enfocaba con la cámara cada movimiento que mi amante y yo realizábamos, mientras se acariciaba el sexo suavemente. Yo deseaba aquel sexo que veía ante mí tan erecto e hinchado, deseaba chuparlo, lamerlo, darle a Marcos el placer que el negro me estaba proporcionando a mí, pero no era posible. En aquella sesión y por el momento, Marcos prefería seguir como espectador, ya llegaría el momento en que se tomaría la revancha.

Jonnhy, bajó con sus manos por mi vientre y buscó mi clítoris entre los pliegues de mi sexo, acariciándolo con suavidad. Empecé a gemir por el placer que aquellas manos y aquel sexo masculino me estaban proporcionando, sintiendo como entraba y salía de mí, estaba apunto de alcanzar el orgasmo, pero justo antes de llegar. Jonnhy sacó su miembro de mí.

¡Qué buena putita eres! Vamos al jacuzzi, quiero follarte ese culito tan lindo – me susurró al oído.

Esa afirmación me asustó un poco, el sexo de aquel negro era bastante grueso y largo para penetrar en mi estrecho agujero, pero por otra parte también me atraía. El negro me desató las manos, y tras bajar de la cama me acerqué a Marcos. Le besé obscenamente, buscando su lengua y acariciando su sexo. Luego seguí a Jonnhy que se había dirigido al baño. Allí volvimos a besarnos con lujuria. Las manos de negro se deslizaron por mi piel, acariciando rincones que jamás habían sido acariciados, introdujo un par de dedos en mi vagina e hizo que todo mi cuerpo se estremeciera. Tras de mí se oía el burbujear del agua del Jacuzzi. El negro se metió en él y me tendió la mano para ayudarme a entrar. Jonnhy se sentó y cogiéndome de la cintura, me atrajo hacía él para que me sentara sobre sus piernas. Su sexo erecto rozó el mío, que seguía húmedo de deseo, y sin ninguna dificultad me penetró. Empecé a cabalgar sobre aquel instrumento, mientras mi amante chupeteaba y sobaba mis senos. Sus manos se deslizaron hacía mi culo, separó mis nalgas y jugueteo con sus dedos en la entrada de mi agujero posterior, lo masajeó, lo mimó, introdujo un dedo, luego otro. Mientras mi cuerpo vibraba de deseo y placer deshaciéndose en mil gemidos.

Marcos seguía con la cámara en mano y de vez en cuando oía que me decía:

Lo estás haciendo muy bien, putita. Cuando te coja no voy a dejar un rincón de tu cuerpo sin explorar.

Sabía que eso era verdad y eso aún me excitaba más.

Y entonces, cuando estaba sumergida en mis propias sensaciones el negro guió su erecta verga hacía mi agujero trasero y empezó a empujar.

No – musité.

No te preocupes, hermosa, con el agua y lo excitada que estás te entrara sin dificultad.

Yo no estaba totalmente convencida de eso, pero tampoco tenía muchas fuerzas para resistirme. Estaba muy excitada y sólo deseaba sentir el orgasmo que aún no había recibido.

Poco a poco y con cierta dificultad, el negro logró introducirme el glande, sentí un pequeño dolor, pero cuando el negro empezó a moverse suavemente, el dolor dejó pasó al placer y todo mi cuerpo se erizó. Era una sensación increíblemente maravillosa y sin darme cuenta, empecé a sentir el cosquilleo previo al orgasmo. No sé si fue por lo excitada que estaba o porque Jonnhy había sabido como estimularme para llegar a aquel punto de exasperación, pero en pocos minutos sentí como el placer estallaba en todo mi cuerpo haciéndolo estremecer. En ese momento el negro empezó a empujar con fuerza, hasta que se vació por completo en mi agujero trasero. En aquel baño ya sólo se oían nuestros jadeos y gemidos de placer.

Marcos, había dejado de grabar y estaba sentado en la taza del water, sobre la tapa, meneándosela con la mano. Era un espectáculo digno de ver.

Jonnhy, me ayudó a separarme de él y me senté a su lado. Estaba algo agotada, pero sabía que la sesión de sexo no había terminado, ya que Marcos estaba como una moto.

Mi amante salió del jacuzzi, me ayudó a mí a salir. Me tendió uno de los albornoces que había colgados y se puso el otro. Yo me acerqué a Marcos y me senté sobre sus piernas. Acaricié su sexo erecto y palpitante y le susurré al oído:

Ahora te toca a ti.

Marcos, me abrazó, se puso en pie, cogiéndome fuertemente; enredé mis piernas alrededor de su cuerpo y así abrazados me llevó hasta la cama. Me tumbó sobre ella, y abriendo mis piernas se lanzó sin más preámbulos a lamer mi sexo, aún lleno del sabor de otro hombre.

Jonnhy empezó a vestirse mientras nos observaba, lo que aún me excitó más. Y de nuevo volví a sentirme como la puta que era, disfrutando mientras un hombre me hacía sexo oral y otro observaba la escena. Marcos movió muy diestramente su lengua por todo mi sexo, explorando con su húmeda lengua cada rincón y haciendo que todo mi cuerpo se estremeciera.

Entretanto Jonnhy terminó de vestirse, ví como sacaba dinero de su cartera y lo dejaba sobre la cómoda diciendo:

Aquí te dejo lo acordado, Marcos.

Marcos ni siquiera le hizo caso, sólo levantó la mano en señal de haber oído lo que le había dicho, pero siguió lamiendo mi sexo, introduciendo su lengua en mi vagina o en mi ano, saboreando el semen que el negro había dejado en mi interior. Su lengua se movía sabiamente dentro y fuera de mí, haciéndome estremecer. Oí como Jonnhy cerraba la puerta tras él saliendo de la suite. Estabamos solos.

Sentí como Marcos introducía un dedo en mi ano y musitaba entre mis piernas.

Te ha follado de lo lindo ese negro.

¡Ah! – Gemí – Sí.

Marcos se puso entonces sobre mí, me besó apasionadamente y sin más dilación, acercó su sexo al mío y me penetró de una sola estocada. Comenzó a moverse, empujando con fuerza contra mí. Yo quería que fuera más suave, pero él estaba enloquecido por la excitación que le había producido verme con otro hombre. Estrujaba mis senos y apretaba con fuerza contra mí, haciendo que su verga entrara y saliera de mí. Sentí sus dientes mordiendo mi cuello y eso intensificó mi estado de excitación, lo que hizo que en pocos segundos alcanzara el orgasmo, justo en el mismo instante en que lo alcanzaba mi amado.

Nos separamos y nos quedamos acostados, hasta que el sueño nos venció. Al despertar por la mañana, Marcos se estaba duchando, podía oír el ruido del agua cayendo sobre su cuerpo y una idea perversa vino a mi mente.

Así que me levanté de la cama, me acerqué sigilosa hasta el baño y entreabrí un poco la puerta. Por el reflejo del espejo pude verle desnudo enjabonándose, su miembro estaba en reposo, pero parecía pedirme a gritos que me acercara a despertarlo. Entré en el baño. Marcos tenía los ojos cerrados ya que tenía la cabeza bajo el agua. Me acerqué a él, abrí sigilosamente la puerta de la mampara de cristal y toqué su sexo con suavidad.

¿Qué haces, nena? – Preguntó sorprendido.

¡Shhh, no te muevas! – Le supliqué.

Me arrodillé frente a él. Al sentir el contacto de mis manos, su pene empezó a crecer y lo hizo aún más cuando mis labios rozaron el glande. Lamí la punta, introduje mi lengua en el agujero y sentí las primeras gotas de su liquido preseminal sobre mis papilas gustativas. Seguí chupando, mientras le rogaba a Marcos que no se moviera, ahora me tocaba jugar a mí con esa perversidad que él utilizaba conmigo. Chupeteé, lamí y mimé aquel miembro que poco a poco iba creciendo en mi boca, hasta que Marcos ya no resistió más y se vació por completo en mi boca. Tragué toda su esencia y seguidamente, me levanté, me pegué a él y le abracé.

Te quiero – le susurré mirándole a los ojos, pero él no me contestó como lo hacía habitualmente.

Dime ¿cuál será tu próxima perversión? – le pregunté curiosa.

Ya lo verás cuando llegué el momento, putita. – Me respondió él.

No tenía más remedio que esperar.

Mujersensual. Junio 2007

Autor: Mujer Sensual


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