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2007-06-26 21:54:55
Esto que se relata es una historia ocurrida en el siglo XII, sus protagonistas, el Conde Webster, su escudero Richard, y Susan dama de honor de la esposa del conde

Esto que se relata es una historia ocurrida en el siglo XII, sus protagonistas, el Conde Webster, su escudero Richard, y Susan dama de honor de la esposa del conde

Gwenda, una mañana del mes de julio se encontraba realizando labores en la huerta familiar que el señor del condado tenia arrendada a su marido, cuando de repente escuchó un ruido a lo lejos, al principio no prestó mucha atención pero el ruido se hacia cada vez más próximo, en ese momento tenia sentimientos contradictorios, por un lado quería meterme en la casa, de otro quería hacerse notar..........

La historia empezó comenzó hace tres semanas, Gwenda iba a contraer matrimonio con su por entonces novio labrador como ella, ambos pertenecientes a la casa del Conde Webster de la que tenían arrendada una tierras que malamente les permitían subsistir.

El caso es que según era costumbre aceptada en la época, el señor conde ya les habia avisado de que iba a hacer uso de su derecho de pasar la noche de bodas con la novia. Este abusivo derecho era conocido con el nombre de “derecho de pernada”.

El dia habia sido muy intenso, Gwenda y Anthony habian contraído matrimonio en la iglesia principal de la comarca, de diferentes lugares habian llegado los invitados, el banquete habia sido muy divertido, ya estaba cayendo la noche cuando el conde acompañado de su fiel escudero y de Susan se presentó en la casa de los recién casados.

Anthony, el marido, y los demás invitados al ver aparecer al señor se marcharon por diferentes caminos, sabían lo que vendría después y lo admitían como algo natural, el señor y dueño de todos ellos tenia derecho a desvirgar a la novia en su noche de bodas .

El caso fue que el Conde se dirigió a la novia inquiriéndola para que fuese a su dormitorio en compañía de Susan y de Richard, con la orden de que la fueran preparando, que el subiría después.

En efecto Susan trató de tranquilizar a Gwenda de que nada malo le iba a pasar, y que si se relajaba iba a pasar la mejor noche de su vida, lo primero que le dijo fue que se subiera los faldones para que Richard pudiera ver su virginal coñito, mientras por detrás Susan le iba desabonotando el precioso vestido de novia y le quitó las bragas, entonces Gwenda sumiendo su papel, se subió la falda dejando ver el abundante pelo que cubría los labios de su coñito.

Una vez desnuda del todo, los servidores del conde pudieron admirar el imponente cuerpo de la novia, especialmente sus erguidas y bien torneadas tetas, producto de un cuerpo con 20 años de edad. Gwenda vió como Susan sacaba un frasco que contenía un liquido, entonces la hizo poner a cuatro patas y le untó bastante dentro de su culito, bien es cierto que todo lo hizo delicadamente y no notó nada desagradable con esa acción de la sirvienta. Susan le comentó que por ahí ya estaba preparada, entonces la ordenó subirse a la cama acostarse boca arriba y abrir lo mas que pudiera sus piernas, el coñito deberia estar bien expuesto para la siguiente acción que ahora le correspondía hacer a Richard,

Este ya se habia desnudado, y dado que su polla no presentaba el estado que tenia que ser, Susan comenzó a acariciarla con sus manos, luego de un buen rato se la metió entera en la boca y durante un tiempo se la sacaba y se la metía, de vez en cuando le pasaba la lengua por los huevos y por toda la polla, que ya presentaba un aspecto temible a los ojos de Gwenda.

Ella no se lo explicaba pero sentía por el coñito una agradable sensación, entre calorcito, humedad, cosquilleo; tenia su mirada fija en la mamada - era la primera vez que veía algo así - que Susan le estaba haciendo al escudero éste cerraba los ojos fuertemente y agarraba la cabeza de la criada con las dos manos afín de que ella se tragase toda la polla hasta la garganta.

En un momento dado la criada se separó del mozo, y comentó con la novia si se habia fijado bien pues de ella el señor conde iba a exigir que se la chupase a el, pero antes, comentó Susan, Richard va a preparar tu coñito, dicho esto el escudero se plantó entre las piernas de la moza y comenzó a pasarle la lengua entre los labios de su ya encharcado coño, la chica comenzó a bufar de placer, inconscientemente movía sus nalgas arriba y abajo para sentir más fuerte el roza de la boca sobre su coño, cuando atrapó el clítoris entre sus labios la novia no pudo contenerse y entre grandes gritos de placer sintió como su cuerpo la abandonaba, no era dueña de si misma, agarró por el pelo la cabeza de Richard que tubo que hacer un gran esfuerzo para contener el ímpetu desbocado de Gwenda.

En ese momento subía el Conde y pudo comprobar el desenfreno de la joven recién casada, la dejo reposar el orgasmo acariciando suavemente las tetas de la muchacha, besó la boca de la chica ésta respondió agradecida, sus lenguas juguetearon un rato. El conde dijo a la novia que en breve iba a follarla, que no tuviese miedo, -ahora debes chuparme un poco la polla, ella sumisa bajó entre las piernas del conde, que le advirtió de que no le rozase la polla con los dientes, y se metió la polla en la boca- era la primera vez que lo hacia- el sabor era un poco raro y olía mal- no era de extrañar pues el conde hacia dos días que no se metía en la tina y en ese tiempo habia dado cuenta de otra joven criada- .Después de un buen rato chupando la polla del conde, está ya se encontraba completamente erecta, daba miedo por lo gruesa y larga; el conde avisó a la novia que iba a follarla.

Puso su punta sobre los labios del coño y se la restregó por todo el, la chica levantaba el culo para sentir la polla de su señor, que por fin le metió el capullo hasta que este sintió resistencia en el interior de la vagina de la muchacha, entonces se besaron el la boca, y de un fuerte empujón rompió la ultima resistencia de la chica, dio un gritito y el dejó toda la polla inmóvil en el interior de su coño, pasado un momento ella comenzó a moverse rítmicamente, le arañó al tiempo que una oleada de placer, como una fuerte descarga recorrió todo su cuerpo, el conde inundó de semen el recién desvirgado coño de Gwenda.

Los dos servidores del conde esperaban ordenes del mismo, aunque no permanecieron inmóviles, Richard depositó una gran carga de semen en el culo de Susan.

Bajaron a la cocina y Susan preparó una jarra de vino Gwenda saco de la despensa pan y dos pollos que sobraron del banquete de la boda, en animada charla dieron buena cuenta de la comida y de dos jarras más de vino, una hora después el Conde empezó a contar sus numerosas andanzas sexuales con las mozas de la comarca y de su castillo, la charla se fue animando, Gwenda se ponía colorada de las cosas que contaban los hombres que hacian a las mujeres, ella tenia el coño chorreando de tanto semen como le habia metido el señor, también de la cosas que contaban se le puso muy caliente y con cosquillas.

Gwenda estaba sentada entre los dos hombres, sus desnudos muslos se rozaban con los de ellos, el conde le estaba acariciando por el interior de los mulos, llegando a tocarle por fuera de su coño, el le tomo su mano y se la puso en la polla y comenzó a meneársela, tal y como el señor le indicaba; Richard al otro lado le estaba acariciando los pezones que los tenia ya duros como piedras, el espectáculo de su escultural cuerpo, sus enhiestas tetas que el tiempo aún no habia podido bajar, estaban poniendo cachondos a los dos hombres, lo notaba especialmente en la palpitante polla que tenia en sus manos, gorda y muy larga, el conde en agradecimiento besaba con pasión su boca, la novia fuera de si le devolvía el beso y le apretaba la polla con pasión, el ambiente estaba cargado de sexo, su fuerte olor al mismo impregnaba la estancia.

Mientras Susan no estaba quieta, agachada en el suelo Gwenda veia como le estaba comiendo la polla a su amigo, lo hacia con tal maestría que se la llegaba a meter entera en la boca.

En un momento dado el señor ordenó a todos subir al lecho que el matrimonio aún no habia usado, Gwenda sin que nadie se lo dijera se abalanzó sobre la polla de su señor y comenzó a hacerle una mamada de la misma manera que Susan se la hacia al escudero, tal era el ímpetu de la novia que el conde le sacó la polla de la boca ya que notaba que se iba a correr, y no era ese el momento, la novia aún tenia que ofrecerle su última virginidad: su culito.

Entonces ordenó a las dos mozas que se comieran el coño, ya en esa postura -Susan debajo y la novia encima- el conde tuvo la magnifica visión del virginal culo de la novia mientras la criada se afanaba comiéndole el encharcado coño de la novia, el conde enfiló su capullo hasta el esfínter de la chica, asi estuvo un buen rato hasta que notó como se relajaba, la polla la fue metiendo milímetro a milímetro, cuando el enorme capullo lo tubo dentro paró un momento hasta que el intruso se acomodara en el culo de la moza, ésta ayudada por la lamidas que le propinaba Susan no sentía ningún dolor, es más, le pidió al conde que no parase, este siguió empujando su polla hasta que consiguió ensartarla hasta que sus huevos se rozaban con las nalgas.

La novia se quejó cuando el señor le sacó la polla de su culito para dársela a comer a la fiel criada, la siguiente vez que se la metió ella no sintió tanta presión como la primera vez, le estaba empezando a gustar, y estando a punto de correrse, el se la sacó para que saborease con su boca los jugos de su culo y de la polla de su dueño, entonces notó como Richard le estaba metiendo la polla en el coño, la cabeza la tenia volada, ya no sabia ni donde estaba, y menos cuando el conde tomó su polla y se la ensartó de un solo golpe en el culito.

Dos hombres follandola a la vez, sus gemidos se hacian escuchar en todo el condado, sendos ríos de semen inundaron su coño y su culito, los tres estaban cansados en la cama boca arriba, el conde dándola beso en la boca le prometió que volvería, la novia con lágrimas en los ojos, asintió en silencio......

Esta historia tiene su continuación si es suficientemente valorada.

Autor: Ferno


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