
En la familia somos los únicos hijos, pero yo desde hace dos años
vivo en otra ciudad por motivos de trabajo. Tengo 25 años, hace uno
terminé mi carrera, tengo un excelente puesto en la empresa donde trabajo,
deportista y con una casa y auto propios (gracias a la empresa donde trabajo).
Eso les encantaba a las amigas de mi hermana, con quienes siempre me he llevado
muy bien. Muchas veces me las encontraba en casa de mi padres y trataba de
convivir con ellas. Ellas me ven como el hermana perfecto, además de
que están en la edad en que les llama la atención las personas
maduras. De Ana Gabriela siempre he tenido un trato especial, pues por lo general,
ella y mi hermana pasan mucho tiempo juntas y en vacaciones, cuando estoy en
casa de mi padres, bromeamos mucho y la llevamos bien.
Hace dos meses, mis padres salieron fuera del país, así que como
era época de vacaciones, me pidieron que me hiciera cargo de mi hermana.
Como yo no podía faltar al trabajo, le pedí que se fuera conmigo.
Ella aceptó, pero me pidió que le diera permiso de incitar a
algunas de sus amigas, así no se aburriría. Invitó a 3
amigas, entre ellas Ana, quien siempre me había llamado la atención
por su hermoso cuerpo: su largas piernas, pechos redondos y una carita de ángel.
Le dije que no habría ningún problema, así que partimos
al día siguiente. Al llegar a mi casa, les dije que dormirían
en mi cuarto, ya que era el más grande. Les llevé unas colchonetas
que tenía para ese tipo de casos. En la misma casa vive mi mejor amigo,
pero por ser época de vacaciones, fue a pasarla a casa de sus padres,
por eso aproveché y yo dormía en su cuarto. Varias veces, me
tocaba verlas en bata o pijama, ya que llegaba tarde del trabajo.
En una ocasión, me sentí un poco mal, así que preferí irme
temprano a casa. Mi hermana y sus amigas música a todo volumen, así que
no escucharon cuando llegué. Subí las escaleras para pedirles
que le bajaran poco a la música, pero cual sería mi sorpresa
que justo al asomarme al cuarto, todas ellas se estaba vistiendo y preparando
para salir. De inmediato me entró el morbo de ver como se vestían,
pero la mayoría ya lo había hecho. Fui al baño, que está justo
en frente de la recámara en la que estaban y desde ahí comencé a
espiarlas. Veía a todas, menos a Ana. Las demás ya estaban peinándose
o maquillándose. En ese momento, Ana salió del baño que
está dentro del cuarto empapada solamente con una toalla cubriéndole
su prodigioso cuerpo. Ella es alta, mide 1.60 mts, cabello castaño y
de piel blanca. Quedé pasmado al verla, así que extremé precauciones
y cerré un poco más la puerta del baño. Mientras las demás
seguían con lo suyo, ella se despojó de la toalla, dejándome
ver ese cuerpo desnudo frente a mi. Quería comérmela en ese momento.
Rápidamente y evitando que sus amigas le vieran comenzó a vestirse.
Primero se puso una diminuta tanga negra que la hacía ver aún
más sensual, después se puso un vestido con un escote increíble,
no se puso sujetador. El vestido era negro y apenas cubría esas hermosas
nalguitas. La verdad se veía deliciosa. Al ver que ya estaba vestida,
decidí hacerme una chaqueta recordando esas imágenes. Después
de eso, bajé las escaleras con la idea de fingir mi llegada y que no
sospecharan nada. Así lo hice, cuidé que vieran cuando salí del
baño y me dirigí a la puerta de entrada, tratando de hacer un
poco más de ruido, subí las escaleras y mi hermana me interceptó justo
frente su cuarto. Ahí estaba Ana, comenzando a peinarse, todas me saludaron,
pero mi mirada estaba clavada en ella. No podía quitarme de mi mente
esas imágenes. Mi hermana mi dijo que quería ir al cine y a tomar
un café, pidiéndome que las llevara y las acompañara.
Le dije que con gusto las llevaría, pero no podía quedarme con
ellas, ya que al irme temprano, había dejado muchas cosas pendientes
en mi trabajo y quería terminarlas en casa. Quedamos en que pasaría
por ellas al centro comercial a eso de las 12 de la noche. Mientras estaba
tratando de concentrarme en mi trabajo, el recuerdo de Ana se me venía
a la mente con frecuencia. No aguantaba más, tenía que hacer
algo, pero nada se me ocurría.
Así pasaron las horas y fui por Estrella, Cinthya, Diana y por supuesto
Ana. Al llegar a la casa, todas coincidieron en que estaban demasiado cansadas
y con sueño. A mi me faltaba mucho por trabajar, así que les
dije que si querían dos de ellas se podían quedar en el cuarto
de Aurelio, yo dormiría abajo, en el sofá, pues tenía
mucho trabajo. Trataba de no pensar en Ana Gabriela. De inmediato Ana aceptó y
dijo que ella se quedaría en el cuarto, le siguió Diana. Eso
me excitó demasiado.
Ellas subieron y ahora si me puse a trabajar en serio. Pasaron como dos horas
y escuche pasos en la cocina, fui a ver de quien se trataba y era Ana. Había
bajado por un vaso de agua. Me dijo que no tenía nada de sueño,
así que la invité a que pasara el estudio, ahí tengo
una televisión y video. En ese momento me olvidé del trabajo
y me puse a ver una película con ella, estábamos sentados en
el sillón, pero de repente ella se acostó poniendo su cabeza
en mis piernas. Yo aproveché la oportunidad y la abracé. Comencé a
acariciarle su cabello y su cara, cada vez con movimientos más bruscos
y seductores.... era mi plan. Después de un rato comenzó a
acelerarse su respiración y a responder mis caricias tomando mi brazo
y chupando mis dedos cada vez que pasaba mi mano por su boca. Eso me dio
pie a pasar al siguiente nivel, acariciarle sus muslos, aprovechando que
estaba en bata. Así comencé a subir poco a poco la mano, ella
solamente jadeaba discretamente. Hasta que llegué a su triángulo,
noté que su tanguita estaba húmeda, al querer tocarla, ella
apretó más la piernas. Lo cual me obligó a hacer otro
tipo de maniobra para que accediera. Con mi otra mano comencé a frotarle
sus pechos, le arranqué un gran suspiro. Seguía viendo o disimulando
ver la televisión, así que la volteé para verla a los
ojos. Sus pezones comenzaron a ponerse duros, mientras acariciaba sus muslos.
Volví a subir la mano y poco a poco fue abriendo sus piernas. Ahora
sí la tenía en donde quería. No hallaba que hacer con
sus manos, las movía de un lado a otro, así que las tomé y
las puse en mi increíblemente erecto pene. Comenzó a masajearlo
por arriba del pantalón. Al meterle un dedo en su coño, se
estremeció completamente, apretando mi miembro. Decidí levantarla
y sentarla frente a mi, quitándome la camisa y el pantalón.
A ella la dejé con su camisón, así le daría más
sensualidad. Comenzamos a besarnos apasionadamente, claro que por su corta
edad, no se animaba a hacerlo, además de que no sabía. Poco
a poco fue entrando en calor hasta al punto en que era ella quien tomaba
la iniciativa. Mientras nuestras lenguas se abrazaban, yo acariciaba sus
nalgas y sus pechos. Ella mismo se quitó el camisón y ahí estaba
al aire esos dos redondos volcanes que no tarde en comenzarlos comer. Ella
acariciaba mi cabello desesperada y comenzaba a moverse en forma circular.
Así que supuse que era el momento... en un sólo movimiento
le quité la tanga y ella mi bóxer. En todo el rato no habíamos
dicho una sola palabra, lo cual era más excitante. En ese momento
susurrándome al oído me dijo "por favor... que no me duela",
a lo que contesté "no te preocupes, lo haré con cuidado
y despacio". Poco a poco la fui acomodando para penetrarla. Cuando por
fin logre introducirle mi pene, dio un tremendo grito y me jaló del
cabello. Le había dolido, pero sin duda le gustó, ya que mientras
le salían algunas lágrimas, jadeaba fuertemente y se movía
cadenciosamente. Mis movimientos siempre fueron suaves, tratando de no lastimarla
y provocando en ella una mayor excitación. En varias ocasiones intenté sacar
mi miembro, pensando que le estaba doliendo pero ella no me dejaba, por el
contrario, apresuraba un poco más su balanceo. Así nos pasamos
mucho rato, al sentir que me venía la levanté y ella sin que
le dijera una sola palabra se agacho a tomarse toda mi leche. Eso provocó que
me viniera otra vez, pero ahora sobre toda su cara. Después de eso,
la levanté y le comencé a chupar su coño, ella estaba
realmente ardiendo. El sudor de ambos provocó que la parte del sofá en
donde estábamos quedara empapada. Nadia nos podía parar, hasta
que nos fundimos en un abrazo y besos apasionados.
Ahí nos quedamos dormidos, desnudos, abrazados y con solamente una sábana
cubriéndonos. La computadora se quedó prendida, al igual que
la televisión, pero nada quedó más prendido que nuestro
deseo por amarnos.
En la mañana siguiente, ella se despertó y se fue al cuarto en
donde se supone debió de haber dormido, yo me vestí y seguí con
el trabajo. A partir de ese día, cada que nos encontramos buscamos la
forma de vernos a escondidas y continuar lo que esa noche comenzamos. Ella
tiene 18 años, es una princesa y ya es mía. Nadie sabe lo nuestro,
perdería ese toque de misterio cada vez que hacemos el amor.