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2006-05-11 23:33:38
DE NUEVA CUENTA CONTINUAN LOS MOMENTOS DE ESTE PAR CRIAS DE 13 AÑOS, AGRADEZCO LOS COMENTARIOS ENVIADOS A MI CORREO ELECTRONICO Y PIDO DE NUEVA CUENTA QUE SI ALGUIEN ESTA INTERESADA(O) EN ESTE TEMA, CON TODA LA CONFIANZA LE BRINDO LA OPORTUNIDAD DE CONVERSAR CON PLENA DISCRECIÓN Y RESPETO, NO IMPORTA LA EDAD, EL SEXO, LA PREFERENCIA SEXUAL Y LOS PREJUICIOS, PERO NO HAGAMOS MÁS PREAMBULO Y CONTINUEMOS CON ESTA BELLA HISTORIA
HASTA PRONTO Y ESPERO CONTINUAR PUBLICANDO EL RESTO DE LA HISTORIA SI LOS ADMINISTRADORES LO ACEPTAN Y POR SUPUESTO USTEDES LECTORES.

Al despertar descubrí que Ana me miraba fijamente, sentía en mi cuerpo un cansancio de las veces que no habíamos hecho el amor, pero aún con ello no podía dejar de necesitar continuar con nuestra entrega, mire el reloj de la cómoda y eran las 2 de la tarde, tenía entre mis brazos a mi pequeña esposa y yo lo era para ella. Al verme despierta, Ana acerco su boca a la mía y nos dimos de besos, despacio, sin prisa, su lengua invadía mi boca primero, luego la mía se introducía en su boca hasta juntar las lenguas de ambas. En un descanso de nuestros besos Ana me preguntó:

-Oye Claudia, todavía tienes ganas de cogernos, porque la mera verdad aunque estoy cansada yo siento otra vez ganas de estar contigo-.

Mi respuesta fue acercar más mi cuerpo al suyo y ponerme encima de ella en un momento nuestras bocas se juntaron y nuestras manos recorrían todo nuestro cuerpo, acerque uno de mis dedos a su boca y se lo di para que lo chupara, ella me imitó y mientras nuestros dedos se lubricaban con nuestra saliva no parábamos de frotar nuestras vaginas una contra la otra, los senos de ambas se unían en un hermoso movimiento, eran pequeños se diría que apenas del tamaño de una media naranja, pero nuestros pezones se levantaban y en un roce continuo nos excitaba aún más. Cuando nuestros dedos estuvieron lo suficientemente mojados, arqueamos nuestros cuerpos para permitir poner nuestras manos en la cuca de nuestra esposa, aún cuando la sentía irritada y algo adolorida no podía de dejar lo lindo que era su dedo de Ana en mi interior. Escuchaba como repetía mi nombre con alguna que otra frase: Claudia te amo, Claudia eres la mujer que más amo, Claudia cógeme como tu sabes. Esas palabras con el placer que nos estabamos procurando dio como resultado que nuestras vaginas destilaran más flujo, nuestros dedos estaban empapados de ese líquido que sacan las mujeres.

Con algo de temor por ver su reacción, acerque mi dedo a su ano y lo volví a meter, Ana sólo dijo que ella iba a hacer lo mismo, y así fue ahora nuestras colas eran acariciadas y en un simultaneo momento pasábamos de las vaginas a los anos y viceversa, mientas nuestras bocas suspiraban y luego se entregaban en besos y más besos. El orgasmo de Ana fue suficiente para que yo la siguiera y en un momento de pleno amor besarnos todo nuestro cuerpo. Nunca había besado su ano ni ella el mío pero esa tarde del sábado fue el estreno de nuestras colas, con su lengua no paraba de lamerlo y con sus manos me abría las nalgas más, por mi parte me incliné como cuando mi mamá me ponía un supositorio y dejaba que Ana chupara todo de mi. Luego ella pidió que le hiciera lo mismo y con todo mi amor procedí a repetir un buen beso de mi boca a su ano, alargué lo más que pude mi lengua y logré meterle un poco, Ana reaccionó inmediatamente empujando más su trasero a mi cara y diciendo: Cógeme Claudia, cógeme con tu boca. Por lo que hice lo que me pedía, sentía en momentos que hasta me faltaba el aire al sentir tan cerca el trasero de Ana en mi nariz, la olía y la verdad su aroma era exquisito.

Sentía como su ano se contraía alrededor de mi lengua y como al empujar con fuerzas se escuchaba algo gracioso, mis manos recorrían sus nalgas y acerqué mi dedo medio a su vagina y sin decir nada se lo metí, ella alcanzó a suspirar como muestra de que lo que le hacía le gustaba, con mi dedo dentro arañando sus paredes vaginales y con mi lengua clavada en su ano, Ana no paraba de decir que era la esposa más feliz, otro orgasmo llego a mojar mi mano, ese calor de sus líquidos demostraba que la había hecho gozar. Ana se derrumbó en la cama y yo me acosté a su lado. Ana me miro y en un hilo de voz me dijo:

-Claudia, eres todo par mí, cuando soñaba contigo en las noches pensaba en tantas cosas, pero nunca me imagine que llegáramos a tener este tipo de encuentros, te has dado cuenta que te he entregado todo mi cuerpo, y no me arrepiento, sé que quien nos vea así unidas pensará que estamos locas que cómo dos niñas de trece años se pueden amar tanto, pero yo te amo y la verdad no quiero separarme de ti, no sé que voy a hacer ahora que nos separemos, quisiera escaparme contigo a un lugar donde no haya nadie más que tu y yo, las dos esposas, las dos amantes, por que sabes que lo que nos hacemos es lo que se hacen los amantes verdad, por que de ahora en adelante esos seremos, ¿Qué vamos a hacer Claudia?, ya no me quiero separar de ti, quiero seguir siendo tu esposa, que me hagas el amor todos los días-.

-Ana yo también te amo, jamás llegue a querer a nadie y me atrevo a decirte que nadie podrá quitarte de mi lado, es más tengo pensado huir contigo a donde sea pero que no nos separemos. Vamos a esperar que pasa en un futuro, si la verdad no podemos continuar con nuestro amor, voy a raptarte y te voy a llevar lejos, pero siempre juntas.-

Aquel hermoso dialogo entre dos adolescentes recién enamoradas una de la otra se dio mientras nuestras manos recorrían nuestro cuerpo, tenía algo de hambre y se lo hice saber a mi joven esposa, ella dijo que bajáramos a la cocina a prepararnos algo de comer. Y así las dos completamente desnudas llegamos a la cocina y buscamos en el refrigerador algo de comida, afortunadamente quedaban restos del guisado del día de ayer y mientras lo calentaba Ana yo lavaba los trastos del desayuno, luego Ana se puso a revisar el refrigerador y descubrió unas zanahorias y pepinos y me preguntó si quería una ensalada, cuando lo hizo me mostró una zanahoria, le dije que no me gustaba mucho la verdura y ella sólo alcanzo a decir que al rato iba a hacer que me encantara, no entendí a que se refería.

Después de comer y asear la cocina nos fuimos de nueva cuenta a mi habitación tomadas de las manos, pase al baño para hacer de la pipí y lavarme los dientes, como Ana no traía cepillo de dientes le preste el mío, total si ya nos habíamos besado hasta la cola, que había de malo en compartir mis enceres de aseo. Cuando terminamos de lavarnos Ana me pidió que la esperara en mi habitación mientras ella iba a la cocina por algunas cosas, cuando entré a mi recamara observe la cama, ese era el sitio donde habíamos disfrutado ambas de nuestra entrega, me acerque al manchón que había como muestra de nuestra entrega, olía a nosotras, sus vellos y los míos eran testigos de nuestras batallas de amor lésbico, se me antojó probar los restos de nuestros flujos saque la lengua y boca abajo acostada aspiré y lamí nuestros restos, en eso estaba cuando Ana entró a la habitación y viéndome tumbada como estaba se acercó despacio y sólo pude sentir en mi ano su boca, era maravilloso como a pesar de tener tan poco amándonos ya conocíamos cuales eran nuestros sitios de placer, ella dedicaba mucho esmero en mojar mi ano con toda su lengua, escuchaba como chupeteaba mis pliegues y yo dejaba que ella hiciera conmigo lo que más quisiera, de pronto dejó de besarme y sentí como iba introduciéndome algo dentro de mi ano, no era su dedo por que se sentía un poco más ancho y algo rugoso, ella se acostó sobre de mí sin dejar de ocupar mi trasero con ese objeto que yo desconocía, al estar cerca de mi oreja me dijo con un hilo de voz, que era su esposa de nueva cuenta y si me gustaba lo que sentía, gire mi cara hacia la suya y después de un breve beso de lengüitas le dije que sí, eso fue suficiente para que me encajara más ese objeto, sentía como mi esfínter se abría poco a poco, ella entonces procedió a moverlo de adentro hacia fuera, de un lado al otro y cada ves lo iba encajando más, con algo de esfuerzo levantaba más mi trasero y abría mis piernas para sentirlo más adentro, Ana entendió con eso que me estaba gustando se acerco a mi boca sacó su lengua y nos pusimos a chuparnos las lenguas mientas sentía como ese objeto llegaba más adentro y horadaba mi esfínter por todo lados. Ana dejó de chuparme la lengua y se acomodó frente a mis nalgas, las cuales abrió con un poco de fuerza, yo le ayude con una mano mientras ella lo hacía con la otra, me puse un poco de rodillas y sentí como ese objeto me taladraba todo el ano, la verdad era placentero, sentía como cuando defecaba y me costaba algo de trabajo, sólo que en vez de salir de mi cuerpo iba adentrándose a él. Le dije que siguiera que sentía rico, ella se limitó a reír y dijo espera que falta otro poco más y diciendo eso encajó un poco más el objeto, ese fue el momento en que cerré con fuerza mis ojos, apreté más mi ano y empuje mi trasero hacia ella, entonces Ana dijo: Ya Claudia, ya la tienes lo más adentro que se puede, ahora aprieta, aprieta amor mío. Hice lo que me pedía y sentía como ese objeto se resbalaba hacia fuera de mis entrañas, Ana lo volvía a meter y en ese mete y saca continuo me llegó un orgasmo extraño, aún cuando mi vagina soltó jugo sentía que en mi ano unas punzadas de alegría que solo empece a gritarle que continuara cogiéndome, que me rompiera en dos. Ana acerco su boca a mi trasero y chupaba mi cola, y bajaba su lengua hasta mi clítoris para luego subir, yo ya no podía más con la mano que tenía libre secaba el sudor de mi frente y mis senos, era frenético ese momento y en un momento de fuerza apreté cuanto pude mi ano y el objeto salió por completo. Fue entonces que Ana lo tomó y por fin lo acercó ante mis ojos, era una zanahoria, me había metido una zanahoria de unos 12 cms, algo ancha, la observé detenidamente y note que estaba húmeda por mis fluidos y con algo de deseo la lamí con mi lengua, ella acercó su boca y ambas nos dispusimos primero a chuparla y después cada una en un extremo empezó a morderla y a saborearla, en verdad que estaba rica, una ves que nos la acabamos nuestros rostros estaban tan cerca que era el preciso momento de ofrecernos uno de esos hermosos besos que ambas nos encantaba.

-Te gusto como te di tu verdura amorcito- Me preguntó Ana con una sonrisa en los labios que demostraba cuanto había disfrutado el haberme metido una zanahoria por el culo, yo sólo le dije que sí y le di un apretón a uno de sus senos, ella contestó de la misma manera y continuamos amasando nuestros pequeños pechos, era más que una pasión delicada un arranque de pasión fuerte, nos tirábamos de los pezones con fuerza, entonces en un momento de euforia acerque mi boca a uno de sus senos y lo chupe con fuerza por unos instantes, los suficientes para dejarle marcado con rojo la huella de mi boca, Ana al ver el resultado dijo que si así no llevábamos nos aguantábamos e hizo exactamente lo mismo en uno de mis senos de niña. En cierta ocasión había notado que mi mamá tenía un moretón similar en el cuello y cuando le pregunté que le había pasado, ella sólo se limitó a decir que fue por culpa de mi padre. Ahora descubrí que era lo que había pasado, entonces le advertí a Ana que si nos íbamos a llevar así tuviéramos cuidado de no dejarnos chupetones en lugares que pudieran ser vistos por alguien más, ella se puso seria y de pronto me aventó contra la cama me abrió las piernas y en la parte interna de mi muslos derecho me hizo un chupetón y al terminar dijo que era la marca de su amor, entonces me le abalancé y forcejeando con ella logre ponerla de espaldas y en su nalga le di un chupetón.

Al estar tan cerca de su trasero no podía de dejar de mirar su ano por lo que con mi dedo índice le metí un poco, mientras no dejaba de chuparle su nalga, ella sólo dijo que quería ser ahora la esposa, ni falta que hacía, la sujeté con fuerza con mi boca y mi dedo la cogía continuamente, sentía como su ano se dilataba para dar paso a mi dedo, cuando solté mi boca de su ano noté la huella de mis dientes y en un momento de ternura procedí a lamerle todo su trasero, ella me decía: Claudia mete más tu dedo, mételo hasta el fondo, cosa que hice, mientras Ana ponía sus rodillas sobre el colchón y levantaba más el trasero, saque mi dedo índice e inmediatamente coloqué mi dedo medio para tener más profundidad, ella dijo que así le gustaba más y en un rápido mete y saca notaba como su esfínter se amoldaba a mi dedo. Baje mi cabeza y me puse a besar su vagina poblada con unos escasos vellos de color castaño claro, casi rubio, ella con una mano abrió los labios de su vulva para sentir más de cerca mi boca, chupe y mordí su clítoris y luego acerque mi otra mano a su entrada vaginal y con dos dedos se los metía hasta lo más profundo posible. Sentía como las paredes de su vagina goteaban de placer, también pude percatarme como con mi otra mano recorría su culo, entonces oprimí mis tres dedos con fuerza en la pared que separaba ambos agujeros, eso a Ana la enloqueció, pues entre palabras medio cortadas, me decía que era maravilloso. Su orgasmo fue la más hermosa gratificación que haya recibido, pues con una abundancia de líquidos mojó mis manos y para no perder tan rico elixir lo absorbí con mi boca y luego poco a poco extraje mis dedos de su cuerpo, me acosté a su lado y le di mi boca para que probara los jugos de una niña satisfecha con la más placentera sesión de amor lésbico.

Sí, reconocía ahora con todas sus letras que nos habíamos convertido en un par de adolescentes lesbianas, el lesbianismos era algo que en cierta ocasión habíamos escuchado en una vaga clase de educación sexual y que después en un libro de los papas de Ana pudimos conocer. Sí, éramos dos niñas que dejaban de serlo para conocer lo que era la homosexualidad y particularmente el lesbianismo. No nos importaba, eso para nosotras era y es amor, amor del más puro, amor del cual hace falta en este mundo de guerras, amor inocente, amor pasional, sólo amor, sin necesidad de calificarlo como bueno, normal o sano. Ana me amaba igual que yo, quizás si en nuestro despertar sexual hubieran participado otras personas, pero no, éramos y somos ella y yo. Teníamos miedo que la sociedad nos rechazara, que nuestros padres nos alejaran pero no nos importaba éramos y somos nosotras y a nadie hacemos daño. Quizás después sea distinto y se acepte este amor pero por lo pronto y por nuestras edades era mejor dejarlo así escondido, que sólo ella y yo logramos ocultar.

Continuara…
Autor: Alfil Blanco


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