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2006-05-11 23:36:03
NUEVAMENTE SALUDO A TODOS LOS LECTORES DE ESTA BELLA HISTORIA, EN PARTICULAR QUIERO HACER UN SALUDO A UNA PERSONA MUY ESPECIAL QUE DESDE UN PAÍS DISTINTO AL QUE SE DESARROLLAN LOS HECHOS AQUÍ RELATADOS, SE HA CONVERTIDO EN ADMIRADORA DE ESTA EMOCIONANTE HISTORIA.
A ESA PERSONA QUIERO AGRADECERLE SUS COMENTARIOS Y LAS ATENCIONES QUE HA TENIDO CON QUIEN ESCRIBE ESTA SUEÑO DE AMOR. POR LO QUE RESPECTA A LA HISTORIA, PERMÍTANME DECIRLES AMABLES LECTORES, QUE LA SAGA ES ALGO EXTENSA, QUE ESTOS CUATRO CAPITULOS SON APENAS EL PREÁMBULO DE UNA RELACION INTENSA; SIN EMBARGO, PARA MANTENER EL NIVEL DE FUERZA ES NECESARIO QUE SE TRABAJE EN SU REDACCIÓN, POR ELLO UNAS DISCULPAS POR NO HABER PUBLICADO ANTES. ASIMISMO REITERO QUE TAN LUEGO ESTÉ LISTA LA 5ª. PARTE SE LAS HAREMOS LLEGAR.

Aquella tarde mirando el sol ocultarse entre las nubes, pensaba que toda había sido un sueño, que los sucesos eran parte de mi imaginación. A mi lado se encontraba Ana, ella dormía tratando de recuperarse de nuestro encuentro. Su rostro ya mostraba los rasgos de la fatiga, sus ojeras eran el signo indudable del cansancio por habernos desvelado, pero además de ello era la muestra fehaciente de que había sido agotador nuestra entrega. ¿Cuántas veces nos habíamos hecho el amor?, ¿En cuántas ocasiones probamos nuestra piel, nuestro sudor, nuestros líquidos vaginales?. Ahora a ciencia cierta no lo recuerdo.

Mi cuerpo también era el signo de esa batalla de amor, en mi pequeño seno izquierdo se mostraba el amoratamiento de una leve mordida que me proporcionó mi salvaje "novia", mi pubis con sus escasos vellos me punzaba constantemente y lo que sería peor, mi ano; el cual no dejaba de dolerme en el interior. Las paredes de mi esfínter parecían como si se hubieran rasgado y que además le hubieran echado limón. Realmente si observaba con detenimiento, tanto en Ana como conmigo eran perceptibles los rastros de ese amor eufórico. Mi mayor temor era que nuestros padres se pudieran percatar de nuestra condición, lo míos mientras siguieran en casa de la abuela y llegaran hasta el lunes difícilmente se enterarían de las travesuras de su pequeña hija; pero los padres de Ana podían en cualquier momento venir a mi casa o pero aun, pedir que mi amada se regresara a la suya.

Cuando Ana despertó me miró envuelta en esos pensamientos, sentí en mi piel la presencia de su mirada, al volearla a ver note como sus bellos ojos miraban mi cuerpo desnudo, me acerque a su rostro y en una bienvenida al mundo le entregue un beso lleno de amor. Nuestros labios se unieron sin que nada importara, era esa boca la que hacía que me sintiera realmente feliz, desde esa primera noche que nuestras bocas se unieron ese ritual de amor era para ambas lo más importante para demostrar nuestros sentimientos. Ahora también en ese ritual formaban parte importante nuestras lenguas, ese par de peces que se sumergían en el mar de nuestros alientos y salivas.

Después de ese beso, le comenté a Ana mis temores, ante eso ella propuso inmediatamente hablar a su casa y pedir permiso para permanecer otra noche en la mía. Aludiendo que había una película muy buena en la televisión por cable y que terminaría muy noche, además de referir que la tarea aún no la habíamos terminado. Ese mar de mentiras me ponían más nerviosa, pero a la vez sentía cierta excitación. Mientas Ana hacía su llamada telefónica yo la escuchaba con temor, angustia, admiración y claro deseo. Allí estaba mi amada haciendo lo necesario para calmara a sus padres y a la vez complacer a su amada para que nos regaláramos otra noche de amor.

Al observarla notaba las razones por las cuales estaba enamorada de ella, su carácter siempre decidido, su prolífica imaginación pero sobretodo su hermoso cuerpo: esa figura esbelta, esa piel blanca, ese par de senos semi infantiles, de un tamaño pequeño para nuestra edad, bueno yo también era de su misma talla, esas piernas delgadas que en sus pantorrillas se formaban perfectamente, su pubis con una finísima capa de vellos rubios.

Al admirarla y estarla escuchando no dejaba de sentirme orgullosa, que con trece años hubiera ya encontrado el amor de mi vida, sentada sobre mi cama, sobre el campo de batalla de dos adolescentes amantes que se estrenaban en el amor lésbico, no dejaba de mover constantemente mis piernas, las juntaba las separaba en un insistente ir y venir. Ese movimiento, el estar observando a mi "novia" y la situación un poco riesgosa, provocaba en mí cierta excitación. Notaba como las paredes de mi vagina iniciaban su lubricación, como se desprendían pequeñas gotas de mis fluidos y poco a poco descendían hasta empezar a precipitarse hacía la entrada de mi agujero. El cual al recibir ese estímulo y lubricado como estaba empezaba a emitir un ruido similar al que hacíamos cuando Ana y yo nos besábamos.

Al terminar su llamada ella miró mi comportamiento, entre desesperada y a la vez con deseos de sexo, Ana en una sonrisa plena dijo que sus papas se lo habían creído todo y que ahora ya podíamos estar tranquilas, aunque no tanto, soltó con una expresión de deseo que mostraba nuestro perfecto entendimiento. Gradualmente se acercó a mi cama, se hincó frente a mí y con sus manos abrió mis piernas para notar como mi sexo ya rezumaba la savia del deseo.

-Estás otra vez con ganas, ¿Verdad?-

Quería contestar a su pregunta pero mi aliento terminó en un suspiro, al sentir como la lengua de Ana iniciaba su recorrido desde mi rodilla, pasando por mi muslo, internándose en medio de mis piernas y llegando hasta mis labios mayores. Los besó con tanta delicadeza, saboreó el elixir de mis entrañas, separó con dos de sus dedos mis labios y encontró mi hinchado clítoris; lo absorbió con su boca, lo chupó con la maestría que da el haberlo ensayado tantas veces. Sus manos mientras tanto me acariciaban por todo el cuerpo, las piernas, el abdomen, los glúteos, los senos. Lo único que podía hacer era devolverle esa entrega.

Recorrí mi cuerpo hacía la mitad de la cama y antes de acostarme le pedí a Ana que me dejará sentir su vagina, ella comprendió que era una solicitud para que las dos adolescentes amantes se hicieran un espléndido 69.

Ana giro su cuerpo y poniendo una pierna a lado de mi rostro inclinó su cuerpo para acercarse a continuar su labor de besar mi sexo, pero a la vez con cuidado de no aplastarme bajo su pubis a mi rostro. Ya no era el sexo de una niña de 13 años, notaba como sus labios mayores estaban un poco más abiertos, como coquetamente se mostraban sus pétalos interiores de un color rosa carmín intenso. Y al abrirlos su entrada vaginal se entre abría como pidiendo por sí sola mi lengua. Al saborear mi boca su sexo ella reaccionó imprimiendo mayor pasión al beso que le daba a mi pubis.

Nuestras lenguas se deleitaban probando los flujos de nuestras vaginas, era como una miel inagotable, entre más atención ponía en detener la salida de ese flujo más me regalaba su líquido. Mi cuerpo reaccionaba de igual forma.

Cuando noté que Ana estaba introduciendo un dedo en mi vagina repetí la acción, ahora eran no sólo nuestras lenguas las que exploraban nuestro interior, nuestros dedos se encargaban de reconocer la pile interna de nuestra amante.

Los gemidos de las dos inundaban la habitación, la escasa luz del día permitía que miráramos nuestra intimidad. Manteniendo un dedo dentro de ella jalé hacía abajo su vagina y en el espacio que dejó metí mi lengua. La reacción de Ana fue poner mayor deseo en introducir otro dedo más a mi vagina, sentía como la apretaba y también como ella hacía lo mismo con mi lengua y mi dedo. Era un danza de dedos con lengua, el sabor de su cuerpo mostraba que horas antes había experimentado algunos orgasmos. Era el sabor de la pasión.

De pronto Ana empezó a moverse más violentamente, su cuerpo era un mar en movimiento previo a la tormenta, sabía que estaba próxima para alcanzar el clímax y con mayor dedicación me esmeraba en hacerla llegar. Ella ponía toda su atención para que por mi parte alcanzara también la cima de nuestro acto. Sus dedos en un insistente mete y saca y su boca en mi botón lo estaban consiguiendo. Fue ella la que lo alcanzó primero, como gata en celo ronroneó y un río de líquido se agolpó en mi boca. Al sentirlo y olerlo fue una clara invitación para que yo experimentara lo mismo.

Después de sentir ambas nuestro orgasmo le pedí a Ana que me diera un beso en mi boca, la verdad quería probar mis jugos en su lengua. Ella inmediatamente se acostó sobre de mi poniendo su boca junto a la mía, sus senos unidos a los míos y lo más lindo, su pubis en contacto con el mío. Esos eran los besos que más nos gustaban a las dos, porque además de saborear nuestros líquidos orgásmicos probábamos la saliva de nuestra amante.

- No me canso de estar así contigo -, me dijo Ana mirándome a los ojos.

- Yo también disfruto el estar así, la verdad no sé qué vamos a hacer cuando no podamos estar así de juntas -, le conteste mientras mis manos recorrían su bello cuerpo.

- No quiero pensar por el momento en eso, tendremos que idear un plan para que por lo menos una vez a la semana podamos repetir esta entrega.- Y al decirlo Ana sobaba con delicadeza mi seno.

- Oye Ana, dime qué es lo que piensas cuando acabamos de hacer el amor; porque la verdad yo no dejo de pensar que eres para mí lo más importante del mundo -.

- Simplemente pienso que ahora va a ser más difícil escondernos para hacer estas "cositas", aunque también siento que eso nos va a llevar a buscar una solución pronta -.

Mientras dialogábamos no dejábamos de besarnos en nuestras bocas, en nuestro rostro y nuestras manos se deleitaban sintiendo nuestro cuerpo.

- Claudia ¿te puedo pedir un favor?, sé que a lo mejor no vas a querer, pero hace un instante mientas me besabas en mi vagina, se me antojó algo. -

- Pídeme lo que quieras que yo estoy dispuesta a hacer todo por ti -.

- ¿Te acuerdas cuando te metí casi toda mi mano en tu cuca?, bueno pues yo tengo ganas de que tu me metas tu mano linda en la mía, quiero sentirme llena de ti, quiero que cuando me entregue a ti sea una entrega completa, que te adueñes de todo mi cuerpo. -

- Es que es algo doloroso y me da un poco de miedo que te vaya a lastimar Ana, además no sé como poderlo hacer para que no te duela mucho, la verdad ahorita que me dices eso, siento ganas de intentarlo, como que me excita la idea de estar dentro de ti de esa forma. -

- Mira vamos a hacerlo de esta forma, yo me siento hasta arriba de la cama recargada mi espalda en la cabecera, abro mis piernas todo lo que pueda incluso con mis manos jalo mis labios, así creo que vas a tener más espacio y también puedo mirar por el espejo cómo me vas metiendo tu mano. ¿Qué dices?, anímate amorcito, hazme sentirte, hazme toda tuya. -

Sus palabras y ruegos me estaban animando, además si yo que tenía mi vagina más estrecha que ella lo había soportado por unos instantes, era muy probable que mi amada Ana pudiera aguantar eso. Por respuesta le di uno de esos besos con lengua incluida demostrándole toda mi aprobación.

Ella al percatarse de mi aceptación y concluido nuestro beso inmediatamente fue a colocarse sentada apoyada en la cabecera de la cama, se le notaba ansiosa pues tan luego abrió sus piernas y mostró completamente la entrada de su sexo.

Me acerqué a sus piernas besándolas y puse mi mano a la altura de su boca para que ella fuera lubricando con su saliva mis dedos, los ojos de Ana no dejaban de mirarse a través del espejo. El olor de su sexo siempre logra excitarme, por lo que con la mano que no lubricaba Ana yo me estaba dando un masaje a mi botón. Una vez que tres de mis dedos estuvieron repletos de saliva de Ana, los acerque a su entrada e inmediatamente su vagina hambrienta los atrapó.

Sentía como las paredes de su vagina se expandían y contraían para succionar más mis dedos, sólo el pulgar y el meñique estaban fuera de ese conducto rosado, que se mantenía permanentemente mojado por efectos de nuestro amor.

Con cautela incorporé el dedo meñique y girando mi mano oprimía con el pulgar el capuchón de su clítoris, ella no paraba de gemir y mirar como se metía mi mano a su interior, era una entrega plena yo lo sabía porque horas antes lo había experimentado en mi propio cuerpo.

Llegaba el momento decisivo, abandone mi pulgar de su botón y lo fui acomodando en su vagina, Ana me animaba diciéndome cosas como: - Más, métela toda, anda Claudia cariño, entra en mí ya.- Así que sin mayores contratiempos mis cinco dedos se reunieron dentro de su vagina, al sentirlo Ana dijo que eso era riquísimo.

Por mi parte no paraba de estimular mi pobre clítoris e incluso metía ya un dedo en mi vagina para estimularme más, nos estábamos convirtiendo en un par de chicas adictas al sexo.

Cuando mis dedos alcanzaron a entrar Ana en un arranque empujó mi mano para que entrara más a su interior, vi como ahora era la mitad de mi mano la que se adentraba a su interior, sus labios mayores me abrazaban mi mano, sentía algo único, Y hasta ahí permití meterla, no quería lesionar a mi amada, por lo que me puse a mover mi mano y acercando mi boca a su botón le proporcioné una serie de besos.

Eran los momentos más fuertes que habíamos vivido, incluso de la boca de Ana se llegaron a escuchar alguna que otra mala palabra, eso logró que nos encendiéramos más y en un frenético mete y saca Ana estalló en un orgasmo que dejó las almohadas todas mojadas.

Con lentitud saqué mi mano la chupe un buen rato por un extremo mientras Ana probaba por el otro, nuestras lenguas se encontraban a veces y eso servía para darnos más besos. Y repuestas de esos momentos, las dos abrazadas y sentadas recargadas en la cabecera, nos mirábamos por el espejo, éramos la imagen viva del amor.

Dos jovencitas que se daban cariño, dos amantes que se entregaban la una a la otra, dos soñadoras que querían vivir en un mundo creado para ellas, dos amigas de intimida, sí, dos lesbianas que se amaban.

Continuara...
Autor: Alfil Blanco


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