De niña vivíamos en un pueblo de región andina de Venezuela, no digo el nombre para no dar pistas, pues si escribo esto es por el anonimato que da Internet. Como decía, soy venezolana, pero hija de españoles, de hecho hoy en día a mis 25 años llevo 2 viviendo en España, eso lo explico porque seguramente mezclaré palabras venezolanas con españolas en mi relato. En mi casa éramos 3 hermanos, dos niños y yo la menor y por lo tanto la más consentida de la casa. Al ser descendiente de gallegos mi piel blanca y mi cabello claro siempre resaltaron en Venezuela y por eso me llamaban la Catirita (Catira=Rubia) al resultar algo exótica entre tanta piel canela y cabello oscuro muchas veces fui la madrina de los juegos, la reina de las ferias, la muñequita de la clase, etc. Así le fui cogiendo el gusto a la coquetería y a llamar la atención. Además el crecer con dos hermanos me ayudó a perder la vergüenza, a veces por ejemplo, jugábamos a guerras de agua en el jardín y al terminar no podíamos entrar a casa tan mojados a si que nos quitábamos toda la ropa y nos enrollábamos en una toalla, una vez secos y dentro de casa tirábamos a un lado la toalla y hacíamos guerra de almohadas saltando desnudos sobre las camas. También por ahorrar tiempo nos metían juntos en la bañera, donde jugábamos a batallas navales y disfraces de espuma.

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2006-07-25 00:45:38

De niña vivíamos en un pueblo de región andina de Venezuela, no digo el nombre para no dar pistas, pues si escribo esto es por el anonimato que da Internet. Como decía, soy venezolana, pero hija de españoles, de hecho hoy en día a mis 25 años llevo 2 viviendo en España, eso lo explico porque seguramente mezclaré palabras venezolanas con españolas en mi relato. En mi casa éramos 3 hermanos, dos niños y yo la menor y por lo tanto la más consentida de la casa. Al ser descendiente de gallegos mi piel blanca y mi cabello claro siempre resaltaron en Venezuela y por eso me llamaban la Catirita (Catira=Rubia) al resultar algo exótica entre tanta piel canela y cabello oscuro muchas veces fui la madrina de los juegos, la reina de las ferias, la muñequita de la clase, etc. Así le fui cogiendo el gusto a la coquetería y a llamar la atención. Además el crecer con dos hermanos me ayudó a perder la vergüenza, a veces por ejemplo, jugábamos a guerras de agua en el jardín y al terminar no podíamos entrar a casa tan mojados a si que nos quitábamos toda la ropa y nos enrollábamos en una toalla, una vez secos y dentro de casa tirábamos a un lado la toalla y hacíamos guerra de almohadas saltando desnudos sobre las camas. También por ahorrar tiempo nos metían juntos en la bañera, donde jugábamos a batallas navales y disfraces de espuma.


El caso es que crecí acostumbrada a ver niños desnudos y a dejarme ver por ellos sin sentir vergüenza.

Aquella falta de pudor me hizo ganar algún dinero.

Un día en el recreo, calculo que yo tendría entonces 8 o 9 años, me caí cuando estaba jugando en el patio, el uniforme de la escuela constaba de falda azul y camisa blanca, la caída fue algo aparatosa y varios niños me vieron. Por supuesto las carcajadas infantiles fue lo primero que escuché al levantarme, lo cual transformó en rabia mi sensación de vergüenza, pero lo que me hizo estallar fue escuchar cantar a coro a un grupo de unos 5 niños "Se le vieron las pantaletas ! Se le vieron las pantaletas !!!" furiosa me dirigí a ellos gritándoles : "No se me vio nada !!!"

y ellos: "Se le vieron las pantaletas ! Se le vieron las pantaletas !!!"

"Mentirosos" les decía yo, y así estuvimos un rato hasta que el mayor de ellos me dijo "Claro que te las ví, son blancas." y rápidamente respondí

"Cuanto quieres apostar a que no."

Lo que me daba rabia no era que me vieran las pantaletas o bragas, sino que se rieran de mi caída de esa manera y se burlaran de mi, además yo sabía perfectamente que las braguitas que llevaba aquel día eran de color azul muy claro, pero no blancas, por eso estaba segura de ganar mi apuesta y dejar en ridículo a aquel estúpido.

El niño mayor del grupo, que luego supe que se llamaba Miguel, aceptó mi apuesta y puso 20 Bolívares como cantidad, yo, segura del color que llevaba bajo mi falda subí la apuesta y la llevé a 30 Bolívares, el aceptó.

Todos quedamos un rato en silencio, ahora se suponía que habría que verificar quien tenía la razón, todos las miradas se dirigían a mí, así que sencillamente levanté con ambas manos mi faldita azul y la dejé levantada. Todas las miradas bajaron a mi entrepierna con expresión de sorpresa, el niño que apostó dijo rápidamente "Gané" y yo le respondí "No ganaste, mira bien, son azules", él se acerco y se agachó frente a mí, yo seguía con la parte delantera de mi falda a la altura del pecho. No sentía vergüenza por la situación, me gustaba esa especie de hipnotismo en que se habían quedado todos, el perdedor de la apuesta estaba con la cara a centímetros de mis bragas y no perdía detalle, ya no se burlaba, su expresión era de concentración, algo seria. Al fin reconoció que no eran blancas, yo bajé la falda y le pedí el dinero para humillarlo públicamente, el aun medio en shock me pagó los 30 Bolívares.

Me sentía millonaria con aquel dinero que me serviría para las chucherías de toda una semana y "el negocio" apenas empezaba.

Una semana después, al salir de la escuela se me acercó un niño de la escuela, era amigo del tal Miguel y había estado presente el día de la caída. Era algo mayor que yo, tendría unos 11 o 12 años, me pidió hablar aparte, una vez solos me dijo con evidente nerviosismo, que tenía 20 Bolívares y que si le enseñaba mis bragas me los daba. Yo me quedé callada un rato, me sorprendía su propuesta, entendí al que apostó por tener la razón, pero que éste estuviera dispueso simplemente a perder 20 Bolívares solo por verme las bragas me parecía absurdo.

Le respondí: "la tarifa son 30" para no dejar la cosa sin regateo. El lo pensó un buen rato pero al final aceptó. Escogimos un parque cercano como lugar para la exibición, allí detrás de unos matorrales altos le pedí el dinero primero, el me los dio rápidamente y me dijo que se llamaba Jorge.

Igual que en el patio de la escuela levanté totalmente la falda azul de mi uniforme escolar, él puso la misma cara de tonto concentrado que el del otro día, yo lo miraba con cara de aburrimiento, él parecía más cortado que yo, incluso a veces miraba hacia otro lado supongo que para no parecer tan descaramente mirón, un rato después bajé la falda, nos dimos un beso en la mejilla y se fue.

En un par de semanas llegó mi tercer cliente. También amigo de los dos primeros, que por lo visto me hacían buena publicidad, me ofreció directamente los 30 Bs con la novedad de que exigía ver por lo menos 5 minutos seguidos, éste era más atrevido, me hablaba con picardía en los ojos, yo acepté tranquilamente y en el mismo rincón del parque volví a levantar mi falda ante los ojos fijos de Daniel, como me dijo que se llamaba. Daniel no ponía esa expresión de tonto concentrado, al contrario sonreía con malicia. Cuando bajé la falda el protestó y dijo : "Muy poco tiempo, a Miguel le dejaste ver más tiempo y más cerca", me pareció justo y levanté el telón de nuevo y le dije "Pues acércate más." Él se arrodillo en la tierra y con la carra a la altura de mi cuquita parecía alucinar, supongo también que se me notaría algo la rajita ya que las bragas que solía utilizar me quedaban siempre algo ajustadas, a lo mejor esa visión de la rayita a través de la tela es lo que lo hipnotizaba. También me dijo que quería vérmelas por detrás así que di media vuelta y levanté falda, mi culito quedó expuesto ante su cara que practicamente no parpadeaba. Casi al final de su tiempo vi algo que en aquel momento no entendí, él se metió la mano en un bolsillo de su pantalón y parecía apretar algo allí dentro.

Así pasó algún tiempo, Miguel (el de la apuesta del patio), Jorge el segundo y Daniel el tercero, repitieron servicio algunas veces, sin grandes variantes, a veces me mandaban a sentar, me pedían separar más las piernas, o juntarlas más, un día uno me pidió que me levantara las bragas por el centro, no entendí bien lo que quería, pero cuando lo hice la cuquita se marcó toda y parte de las braguitas se me metieron por el medio. Otro día Daniel, que era el más atrevido me pidió que me bajara las bragas, yo le dije que eso subía la tarifa a 50 y él notenía el dinero. A raíz de unas semans después los tres llegaron juntos a hablar conmigo, me dijeron que entre todos tenían los 50 Bs. que me los darían si me bajaba las bragas delante de ellos durante 5 minutos. Una vez más acepté el negocio, me seguía pareciendo dinero fácil. Y además esa sensación de poder sobre ellos me encantaba, yo tenía algo por lo que daban hasta su último céntimo. Cómo ya éramos 4 y "el show" subía de tono, no era prudente ir al parque, Daniel propuso su casa que estaría vacía un par de horas más. Una vez allí pasamos a su desordenada habitación, dos de ellos se sentaron en la cama, otro en una silla y yo quedé encima de una alfombra en medio de ellos. "El dinero" les pedí. Miguel que parecía el mayor de tres me lo dio recordándome que tenía que desnudarme toda y dejar que se acercaran.

De nuevo ese momento tenso en que todos me miran con mucha expectativa. Tranquilamente meti mis manos por debajo de mi falda y bajé mis braguitas hasta la mitad de los muslos, luego subí un poco la falda, justo para que vieran las bragas enrolladas en las piernas, pero nada más. "Vamos súbela toda !!" me respondieron con cierto tono de urgencia.

Y así lo hice. Levanté la falda con ambas manos dejando totalmente expuesta mi rajita ante sus concentradas miradas. Daniel dijo automáticamente " Uy que rica la tienes Catirita!" y se empezó a frotar el pantalón con la mano a la altura de su polla. Ya lo había hecho en el parque y era algo que me llamaba la atención, en mi inocencia no sabía de qué se trataba. "Separa más las piernas." me pidió Miguel y yo lo hice hasta donde me permitieron las bragas que tenía enrrolladas en las piernas, los tres dejaron sus lugares y se agacharon en la misma alfombra para ver mejor y curiosamente desde un ángulo más bajo. Me parecía increíble la fascinación que les producía verme la cuca, para mi no era nada del otro mundo, una rajita normal para una niña de esa edad, sin pelos aun, solo dos pliegues de piel algo abultados divididos por una rajita vertical que esconde un agujerito, no me sobresalía ni el clítoris ni los labios menores ni nada, de hecho hoy en día sigo teniendo la vagina prácticamente igual, sin labios menores y con un clítoris muy pequeñito que solo se ve si me la abro mucho con las manos, claro hoy la tengo algo más peluda, pero en apariencia sigue siendo la misma vulvita sencilla y carnosa de una niña. El ver las caras que ponían al vérmela me resultaba muy gracioso.

Al poco rato me pidieron que me quitara las bragas totalmente, me senté en la cama para hacerlo y cuando me iba a levatar otra vez, me dijeron "No, quédate sentada, ponte al borde de la cama y abre las piernas." Así me puse, no hacía falta levatar la falda pues estaba tan al borde de la cama y tenía las piernas tan abiertas que se veía todo lo que ellos querían. Ellos se sentaron cómodamente en la alfombra a mis pies, Daniel seguía con su frenético frotamiento y noté que los otros dos también hacían algo extraño con las manos en los bolsillos, al poco rato Daniel dijo "No aguanto más, me la voy a hacer aquí delante." "Estás loco" le respondieron Miguel y Jorge, pero Daniel se puso de rodillas en el suelo, se desabrochó el pantalón y se lo bajó, yo miraba sorprendida y

cuando quedó en calzoncillos me fijé en el bulto que le se levantaba. No pude fijarme mucho tiempo porque rápidamente se los quitó también y fue entonces cuando comprobé que el bulto era su pilila levantada y totalmente tiesa. Esta vez la hipnotizada era yo, pues aunque ya había visto las minipollas de mis hermanos siempre me parecieron algo pequeñas, blandas y hacia abajo, pero esta era más grande, dura y hacia arriba, además Daniel no paraba de frotársela de arriba a abajo con la mano. Sus amigos se quedaron algo sorprendidos ante aquel espectáculo, pero un rato después Miguel hizo lo mismo. Jorge que era el más tímido no se desnudó, pero siguió con la mano en el bolsillo haciendo sus movimientos.

La siguiente orden fue que me acostará hacia atrás y levantara las piernas abriéndolas al máximo. Cuando me cansé de tener las piernas estiradas las flexioné y las mantuve separadas tirando de ellas con mis manos por detrás de las rodillas. Como desde el suelo no veían bien se levantaron y se acercaron a la cama para ver mi agujerito expuesto totalmente, pues en esa posición mis pliegues se abrian y aparecía la zona rosada y más oscura en la que está mi entrada, también supongo que mirarían el ojete del culo, pues las nalgas ya no escondían nada.

Esa situación ya no me resultaba tan cómoda, yo ahí acostada enseñando todo y ellos de pie muy cerca, desnudos dos de ellos ajitándose la polla tiesa como desesperados y el otro haciendo lo mismo por dentro del pantalón, además cada vez respiraban más aceleradamente y su tono de voz al decirme las cosas iba cambiando y me ponía nerviosa, decían cosas como "Uy Catirita, me encanta verte la cuquita así abierta, que rica la tienes." "Cuando seas mayor vas a estar buenísima." "Así putita ábrete para nosotros"

Me pidieron dejarme tocar, pero me negué, ni siquiera por más dinero.

Lo último que me pidieron, pues ya se les acababa el tiempo, fue que me pusiera en cuatro patas, con la parte trasera hacia ellos. Jorge, el más callado no me había ordenado nada hasta entonces, pero en aquel momento me pidió "por favor que me soltara el cabello que llevaba recogido en una cola de caballo. Obedecí tranquilamente y solté la melena sobre mi espalda una vez lista y en posición de perrita me levanté la falda y la dejé remangada en mi cintura, casi no los veía por tenerlos a mi espalda, pero sentí como se aceleraron por sus gemidos, de repente Jorge salió corriendo con urgencia al baño. Daniel y Miguel me miraban el culo y la rajita con cara de enfermos, en eso Miguel me dijo "Ábretela con las manos", como ya quedaba muy poco tiempo obedecí, recosté mi cara en una almohada manteniendo el culito alto y las rodillas separadas y con una mano por cada lado separé los pliegues de mi cuquita.

A los pocos segundos oí gemir fuerte a Daniel, antes de que pudiera verlo se me acercó rápidamente y sentí un líquido salpicando mi raja abierta, las nalgas y los muslos. Me incorporé asustada y vi a Danel de rodillas en la cama con los ojos cerrados y la boca abierta, sostenía con su mano la polla toda mojada y roja, con la punta pelada. En eso vi que Miguel también convulsionaba y se agitaba su pito con más furia, en la mano que lo frotaba tenía mis braguitas, con ellas lo envolvió cuando le empezó a salir el chorrito blanco.

Me produjo algo de asco que me echaran eso que me parecía una especie de meado blanco y más espeso, y además me tuve que ir a casa con las bragas pegajosas por culpa del cerdo de Miguel, por eso y porque en la última fase de "los juegos" me había sentido algo nerviosa, decidí no volver a hacerlo. En su momento lamenté dejar de ganar ese dinero fácil con el que me complacía cualquier capricho, pero hoy en día entiendo que es lo mejor, pues pudieron haberme violado en una de esas.

Espero que os haya gustado, yo disfruté mucho escribiéndolo, reviví en cierta forma aquellos momentos y al recordar esas situaciones en más de una ocasión tuve que dejar de escribir y bajar alguna mano a mis bragas para aliviar el ardor. Me encanta poder expresarme abiertamente aquí.

Autor: Batichica


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