Había pasado tanto tiempo anhelando sentir ese complemento, que pensé nada podría interponerse ... que equivocada estaba.
No noté tu presencia en un primer momento, eras igual a cualquiera de las chicas que nos rodeaban, mas no sé cómo, ni por qué, de pronto te vi diferente. Noté tu mirada de niña, tus ojos castaño claro, tus largas pestañas rizadas, tus labios redondeados. Noté tu delgado cuerpo, de senos grandes, abdomen plano, caderas perfiladas y posaderas prominentes ... de pronto descubrí a quién sería mi perdición, sólo que hasta ese momento no lo sabía.
Pasaron días en los que intercambiamos miradas, medias sonrisas, roces casuales, pero en los que no hablamos más de lo que debíamos. Era una principiante en el mundo gay, por lo que no tenía práctica en el arte de acercarme a alguien.
Un día sin embargo, me agarraste de imprevisto cuando me preguntaste de manera casual ante los demás:
No supe qué responder, solía salir sólo a sitios de ambiente, así que no estaba muy al tanto de las discotecas hetero. Pero recordé algunos sitios nombrados por mis amigas, con los que pude responder y salir airosa del asunto.
Por tu parte, mencionaste otros sitios, pero al final incluiste el nombre de una discoteca gay esperando mi reacción. No pude evitar mirarte y sonreír en señal de ″sí, lo conozco″. Desde ese mismo instante las cosas pasaron a otro nivel.
Buscabas siempre de quedar junto a mí cuando debía supervisar algún trabajo, o de agarrarme la mano cuando te entregaba algún papel, o de pegarte a mi espalda para quedar sobre mi hombro y muy cerca de mí rostro para escuchar atenta mis instrucciones.
Todo sin decir abiertamente que eras gay. No era que necesitara una confirmación para saber que lo eras, pero por ser tu superior en el trabajo, no podía dar todo por sentado. Además, no ocultabas que tenías novio, así que no sabía exactamente qué pretendías.
Llegó el día en que me entregaste una carta donde me declarabas tu amor. No sé como decir lo que sentí, alegría, miedo, incertidumbre ... satisfacción por saber que despertaba esos sentimientos en ti, pero terror al darme cuenta que me gustabas más de la cuenta, que te pensaba más de lo que había querido admitir. Traté en vano de tomarlo como una anécdota, traté en vano de poner murallas entre tú y yo contándole a mi pareja y amigos, pero nada resultó. Desde ese momento fui tuya irremediablemente.
Hablamos y te conté de mi relación, te dije que aunque no me eras indiferente, estaba bien con mi pareja y que no había posibilidad alguna de que las cosas fueran diferentes.
Me dijiste que era la primera vez que te fijabas en una mujer, que incluso habías terminado con tu novio cuando te diste cuenta de que sentías algo por mí. No sé cómo me contuve de no abrazarte, pues me robaste el aliento con esas palabras. Hablamos por horas, hasta que te fuiste con el alma en un hilo por mi negativa. Lo que nunca supiste, fue que mí alma estaba igual, que lo único que deseaba era tomarte entre mis brazos y no dejarte ir.
Al verte la semana siguiente, pensé que todo sería incómodo, pero actuaste igual que siempre, incluso más osada en tus acercamientos. Te aprovechabas de mi papel de supervisora fingiendo necesitar ayuda para tenerme a tú merced, y yo no hacia nada para evitarlo.
Casi finalizando el período de entrenamiento, un día te quedaste hasta más tarde con la excusa de querer terminar tu trabajo ese mismo día. Supe que había algo más atrás de eso, lo que nunca imaginé fue lo que me propondrías.
No podía creer lo que escuchaba, me quedé sin habla por minutos.
Aunque su cara era de niña, sus palabras y su seguridad eran de mujer. Sabía que me tendría, más tarde o más temprano.
Utilicé miles de argumentos para demostrarle el error tan grande que sería todo aquello, pero en el fondo sólo trataba de convencerme a mí misma de no hacerlo ... perdí la batalla. Caí ante ella sin paracaídas, sin red de contención.
Pasamos meses escondiéndonos, citas fugaces, encuentros apasionados que nos dejaban con ganas de más. Con ganas de gritarle al mundo lo feliz que nos sentíamos, pero regresando a la realidad de un imposible.
Mi mente era un caos, despertabas en mí, sentimientos, emociones y deseos que no sabía que tenía. Pero cuando estaba con mí pareja, sentía que era con ella con quién debía estar.
Me arriesgué y te elegí. Decidí que no podría vivir con la duda de saber qué podía haber pasado entre nosotras.
Nuestra primera noche como pareja fue inexplicable, poder besarte, oler tu piel, acariciar tu cuerpo hasta el último rincón y saber que eras mía y yo tuya, saber que sería tú deliciosa boca la que me colmaría de infinitas sensaciones y placeres, saber que despertaría contigo a mi lado y que podría decirle a todos lo mucho que te amaba, fue todo lo que necesité para llegar al clímax repetidas veces. Escuchar un TE AMO de tus labios mientras te hacía el amor, me hizo llegar a lo más alto que se puede llegar. Me entregué a ti sin reservas, sin dudas, sin remordimientos.
Pero la dicha duró poco. No lo vi venir. Eras muy joven y con ganas de vivir, de disfrutar, yo sólo quería estar contigo. De haber podido, te habría propuesto vivir juntas. Muy rápido, muy formal para ti. Conmigo entraste en un mundo que puede embriagarte de tentaciones, de posibilidades y experiencias diversas. Te deslumbró y no supe retenerte.
Me engañaste con una de mis amigas, ni siquiera tuviste el cuidado de ocultarte, de intentar negar que salías con ella o de decir que era algo de una noche, sino que lo hiciste en el lugar que frecuentábamos, frente a todos los que me conocían ... me heriste de muerte.
Me enteré por terceros que ante tu descaro, no pudieron callar. Me enteré que llevabas tiempo haciéndolo, que incluso después de una tarde de pasión y amor conmigo, te habías ido con ella.
Quisiste explicarme, pero las palabras sobraban. El engaño, la traición, la vergüenza ante todos, el papel de ingenua y estúpida ante la que se decía mi amiga, jamás lo podría olvidar.
Me llevaste al cielo y al infierno.
Entendí la ley del búmeran, actúa mal y se te devolverá el doble. Eso me enseñaste. También aprendí lo que es el amor pasional, ese que no te deja pensar, ese que se cuela hasta los huesos y no te deja respirar ...
Te amé más de lo que algunas vez te puedas imaginar ... te amé más de lo que se puede decir... te amé más de lo que mí corazón podía dar.
No sé por qué , aquí estoy, 15 años después, recordándote como el primer día, viviendo con tu desamor y deseando encontrar la fórmula para olvidarte.
No puedo odiarte, lo intenté por años sin éxito alguno, pero sé que aunque una palabra tuya o una mirada, pueda derribar mis defensas, no hay un tú y yo, no hay un tal vez, no hay un puede ser.
Nuestra historia se terminó mucho antes de comenzar. Nunca fuiste mía en realidad ... Te amé, te amo y te amaré hasta el final. Sólo espero seas feliz donde quiera que te encuentres.
PD: para todos aquellos que alguna vez hayan vivido un desamor.
Kam