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2010-05-08 04:00:31
Como algunos ya sabrán, soy delgada y me gusta mucho el Volleyball de playa, por eso me mantengo en constante ejercicio. Asisto al gimnasio por lo menos 3 veces a la semana y tengo prácticas las mismas veces.

Gracias a mi papi, asisto a uno de los mejores gimnasios de la ciudad, amplio con infinidad de maquinas, instructores e instructoras profesionales, sauna, y unos baños impresionantemente lujosos para un gimnasio: un largo pasillo bordeado de casilleros personales (yo soy poseedora de dos de ellos) magníficas duchas enchapadas, azulejos de primera calidad en tonos azules, jaccuzi, cama de masajes y una tina impresionante en la cual me encanta relajarme. Cabe decir que no son cubículos personales; las duchas están dispuestas en hileras una junto a la otra, el jaccuzi se encuentra en una esquina y al lado opuesto la deliciosa tina. Es en este salón donde mi historia toma lugar.

Como todos los viernes el gimnasio estaba casi vacío, por eso es mi día favorito para ejercitarme. El dueño del gym es un colombiano maduro, negro como me gustan y con una verga que más parece de caballo. Hemos tenido uno que otro encuentro en su oficina, por lo general siempre los viernes.

Terminé mi rutina diaria, guardé mi iPod y me disponía a darme un baño cuando Roberto (así se llama el colombiano) me llama a su oficina:

  • ¡hola Karlita! ¿Qué tal el ejercicio? – me saludó
  • Excelente como siempre – le conteste, pasando una toalla por mi frente
  • Qué bien, tu siempre tan disciplinada- bromeó conmigo – quiero presentarte a mis primos Alex y José – dos enormes negros vistiendo unos vaqueros y camisetas ajustadas se levantaron del sofá y me saludaron.
  • Encantado de conocer una belleza tan encantadora – dijo Alex besando mi mano galantemente.

Conversamos de trivialidades por un momento y luego me despedí para ir a ducharme, no sin antes insinuar que me vendría bien algo de compañía.

 

Guardé mi ropa quedando totalmente desnuda y me envolví en la toalla hasta llegar a las duchas y la dejé a un lado. Abrí la llave y un chorro de agua caliente se deslizo por mi cuerpo relajando mis músculos y cada parte de mi cuerpo, deslicé el jabón por mi cuello pensando en el trío de hombres que acababa de ver, bajé por mi pecho y mis pezones se pusieron durísimos; les dediqué unos minutos frotándolos suavemente y dando pellizquitos pasando luego a mi vientre que sobe haciendo pequeños círculos hasta llegar a mi vagina completamente depilada, y que se estaba mojando no solo por el agua que salía de la regadera. Mis dedos jugueteaban sobando mis labios vaginales imaginando lo que sería tener 3 pollas negras a mi disposición, las cosas que me dejaría hacer.

Sumida en estos pensamientos no oí la puerta cerrarse. De pronto unas manos me aferraron fuertemente la cintura y pude sentir en mi trasero un fierro enorme queriendo abrirse paso entre mis piernas, presionando fuertemente contra mis nalgas y unos labios carnosos aprisionaron mi oreja luego de susurrarme – acá esta toda la compañía que la princesa necesita – mientras su lengua se paseaba por mi oreja Alex y José se pararon a mi lado con sus enormes vergas balanceándose tentadoras entre sus piernas. Sin siquiera pensarlo tome un pene en cada mano mientras el de Roberto se restregaba por mi espalda y mi trasero, la sentía caliente entre las piernas.

Roberto se separó poniéndose frente a mí e indicándome que me arrodillara, obedecí al instante sin soltar los manjares que apretaba y masturbaba, mis delicadas manos a penas alcanzaban a rodear tremendos pedazos de carne prieta con unas cabezas del tamaño de pelotas de golf. El agua seguía fluyendo sobre mi cuerpo mientras me disponía a chupar nuevamente el pene que me ofrecían.

En esa posición y sin utilizar mis manos, ya que las tenía aferrando dos penes más, introduje la polla de Roberto, comenzando por su inmensa cabeza, haciendo una "O" grande con mis labios, su falo se deslizaba despacio en mi boca, rozándose como una serpiente entrando por un agujero, y se la pelaba a medida entraba, mientras masturbaba intensamente a los otros 2 negros que me tocaban todo el cuerpo con sus manos grandes y rudas. Roberto me tomó por el pelo y comenzó a darme una follada por la boca. Movía tan fuerte las caderas que sentía que me iba a desencajar la mandíbula y continuamente sufría de arcadas cuando su vergota chocaba con mi paladar pretendiendo perforarme hasta la garganta. En ese momento Alex se liberó de mi agarre, colocándome en la posición de perrito y yo sin sacarme el miembro palpitante de Roberto de la boca y sin soltar el caliente pollón de José.

Alex se posicionó debajo de mí y al instante sentí una lengua áspera pasearse por mis ingles, mordía suavemente mi entrepierna, alternando su lamida entre mis labios vaginales y mi clítoris, a lo que yo respondía con una humedad sin precedente, apretando más fuerte y acelerando la masturbación a José y mamando con más ahínco e intensidad a Roberto.

Tragaba todo lo que podía aquel descomunal miembro y no concebía como alguien tan delgada como yo podría ser capaz de aguantar a tres potros con vergas del tamaño de bates de baseball. Pero allí estaba, sintiéndome la perra más grande del mundo y deseando ser perforada hasta desfallecer. Y mi deseo no tardó en ser cumplido.

Alex abandono el delicioso oral que me estaba dando, mi vagina estaba inundada de flujos e increíblemente lubricada por lo cual no le fue difícil incrustarme casi 20cm de polla de un solo empujón, mi grito bien pudiera haberse oído a kilómetros de no ser porque tenía la boca ocupadísima con otros 23cm de carne gruesa y salada. Cuando Alex me penetraba hasta el fondo empujándome hacia delante haciendo a sus enormes bolas chocar a los costados internos de mis piernas y mi pubis, Roberto empujaba más su duro caño contra mi boca y sus huevos también chocaban en mi barbilla, al punto de quedar traspasada casi a totalidad. Mi frágil cuerpo parecía romperse ante tal trato. José había quedado abandonado a un lado, ya que ante la fuerza de las embestidas había tenido que utilizar ambos brazos para apoyarme, y se cascaba una paja viendo como yo era ensartada por sus primos.

Sin sacarme su miembro, Alex me dio la vuelta, cargándome y sentándose en el suelo me dejó sentada sobre él y pude sentir su polla hundirse más profundamente en mis entrañas. Roberto y José se pararon frente a mi, y casi sin aliento tomé una polla en cada mano nuevamente, alternando caricias, paseando mi lengua por los huevos, por todo el tronco de cada uno, llenándome de su sabor, sus mazos estaban completamente ensalivados por mí, se veían brillantes, más tentadores. Alex me penetraba tan profundo que le sentía hasta en el estómago. Me tenía tomada por las caderas y me levantaba casi completamente para dejarme caer nuevamente en su tranca, mi vagina se deslizaba suavemente en su poste y yo completamente fuera de mí gritaba pidiendo más.

Ya oyeron a la princesa – dijo Roberto – hay que darle más – dicho esto se acostó en el piso de las duchas dejando su polla apuntando al techo como el mástil de un impresionante navío. El vapor que emanaba por el agua caliente de las duchas (que habían sido todas encendidas) le daba a todo aquello una atmósfera de ensueño que hacía un perfecto contraste con la escena de la brutal y deliciosa follada que estaba recibiendo.

Me levanté de la polla de Alex y a horcadas me senté en la polla de Roberto, bajando despacio, saboreando con mi vagina cada milímetro de delicioso pene hasta estar todo su miembro en mi interior, comencé a moverme lentamente en su descomunal pija. Ahora Alex se puso frente a mí y sin mediar palabra comencé a mamarle el pene que tenía una mezcla de fluidos de mi propia vagina.

Entonces llegó el momento de la verdadera acción: José me levanto el trasero y apuntando bien, dejó ir todo su pene en mi culo, una oleada de dolor recorrió mi cuerpo, atenuado por la sensación placentera que me producían las otras dos pollas que me poseían. Espasmos y temblores recorrían mi cuerpo que estaba en estado de shock, en un éxtasis total y solo pude seguir mamando como niña recién nacida mientras el intruso se apoderaba más y más de mi pequeño trasero.

Estaba siendo empalada al puro estilo de los bárbaros, mi sueño se estaba haciendo realidad y yo gozaba como la puta más grande de la tierra. Siempre había deseado ser brutalmente cogida por más de un hombre, soñaba verme rodeada de penes descomunales en gran número, mamar hasta que me doliera la boca, una tras otra, y finalmente ser bañada con grandes cantidades de leche de muchos machos.

No eran millones los que me cogían, pero esas tres vergas bien valían lo que muchas otras y eran esas las que me estaban sometiendo, sentía mi culo caliente, podía sentir como la pija de José chocaba con la de Roberto en mi interior, casi no podía respirar, tragaba saliva mezclada con semen de Alex, las embestidas arrítmicas de los 2 potros que me cogían me zarandeaban de un lado a otro y Alex ahora me golpeaba la cara con su palo diciéndome lo puta que era, las lágrimas de emoción rodaban por mis mejías cuando el más grande chorro de leche hirviendo salió disparada desde la punta de la verga de Alex llenándome todo el rostro. Con reflejos felinos a pesar de lo frágil que me sentía tome su manguera con una mano y la volví a introducir en mi boca aprovechando un par de chorros más que fueron directo a mi garganta, los saboreé entre mis labios y con mi lengua antes de tragarlos completos, era lo más delicioso que había probado, al mismo tiempo sentí como una gran inundación quemaba mis entrañas, al verme tragar el semen Roberto y José habían alcanzado tal grado de excitación que se corrieron en mi, descargando lo que yo sentí como litros y litros de espeso jugo de hombre, blanco, lleno de vida, solté un grito inmenso antes de caer desmayada, exhausta sobre el pecho de Roberto…

Cuando desperté estábamos los 3 aun en las duchas. Ellos al verme conciente de nuevo me llenaron de elogios por lo buena que era cogiendo, me sonrojé y les prodigué unas cuantas sobadas más me hinqué nuevamente y los 3 se pusieron frente a mi – llénenme la cara de leche por favor – les pedí y dediqué unos minutos a sobar y mamar alternadamente esos tres pollones de sabor tan exquisito. Entonces llegó mi regalo: nuevamente grandes chorros (aunque menos abundantes que los primeros) llegaron hasta mi cara, abrí la boca lo más grande que pude para tragar la mayor cantidad de semen posible. Mis facciones quedaron blancas como las de un mimo y esbocé una gran sonrisa de satisfacción. Alex me ayudó a ponerme en pie y los tres jugueteamos mientras nos bañábamos.

Me vestí y luego de despedirme y recoger mi Jeep en el estacionamiento del gimnasio me dirigía a mi casa.

Al llegar telefoneé a mi novio, ya que habíamos quedado para salir esa noche y aduciendo que me había lesionado la ingle con unos ejercicios cancelé nuestra cita.

Esa noche dormí placenteramente (aunque en verdad adolorida) soñando con los sucesos de la tarde y recordando el mejor sexo de mi vida.

Un besote para todos: Los amo!!!

Autor: sickgirl


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