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2005-11-17 16:28:46
Había sido difícil pero lo habíamos conseguido

Los padres de mi novia se había puesto muy duros para darle permiso de viajar conmigo a Puerto Vallarta, un paradisíaco centro turístico de México, con hermosas playas y muchos hoteles. Ellos alegaban que su nena nunca había salido de casa sola, que no era correcto que viajara sola conmigo. Pero los convencimos de que no viajaría sola, que mis padres nos acompañaríamos y además ya teníamos 19 años, ya no eramos unos niños, nos sabíamos cuidar muy bien. No les quedó otra, tenían que ceder.

Mis padres no tenían ninguna intención de acompañarnos, de hecho, ellos partían ese mismo día rumbo a Europa, a pasar unas soñadas vacaciones en el viejo mundo, me habían invitado, pero la verda me atraía más la idea de pasar la semana con mi hermosa novia en la playa.

Romina y yo somos de la misma edad, 19 años, estudiamos juntos, teníamos un par de meses de conocernos, desde que la vi me pareció una mujer extraordinaria, para empezar llamaba la atención su cabello rubio, largo y siempre desordenado, cubriendo unos ojos verdes que a cualquiera vuelven loco. Su cuerpo es como el de una escultura, no le sobra ni le falta nada, todo está en su justo lugar. Sus senos empiezan a madurar y se ven redondos y firmes, su piel es blanca y suave. Tiene una pequeña cintura que resalta mucho más cuando uno mira sus turgentes caderas.

Hace unas dos semanas, estando en una fiesta y con el valor que da el alcohol decidí declararle mi amor y para mi sorpresa ella aceptó gustosa. Yo estaba maravillado, pues estaba segurísimo que ella me diría que no, pero resultó todo lo contrario, nos estuvimos besando y acariciando ¡delante de todos! Esa noche fui la envidia de todos mis amigos. Yo sentía un poco de pena, porque lo normal es que si estás con tu novia en una fiesta y quieres tener un poco de acción con ella, te busques un lugar solitario para poder hacer lo que quiera, pero ella insistió en que ese era el mejor lugar, ¡y claro que yo no iba a decirle que no!

Pues bien, después de una larga lista de consejos por parte de sus padres partimos a Puerto Vallarta juntos, habíamos decidido viajar en mi automóvil, pues la carretera está muy buena y así nos ahorraríamos unos pesos para pasarla mejor en la playa. Nos pusimos ropa cómoda para viajar, yo usaba unos pantaloncillos azul marino, una camiseta blanca y zapatos tenis. Ella usaba una minifalta blanca y muy pequeña y arriba el top de su traje de baño. Mientras iba manejando nos pusimos a cantar, ibamos llenos de felicidad pues la libertad nos esperaba al final de camino.

De pronto una Pick Up negra se puso junto a nuestro vehículo y me hizo señales para detenerme. Yo me negué y aceleré un poco más. La camioneta aceleró y golpeó nuestro automóvil haciendome perder el control por un momento. Romina estaba muy asustada y gritaba como una loca.

Yo estaba muy nervioso, no sabía que hacer, los tipos de la camioneta venía armados y nos apuntaban amenazando con disparar. Decidí que lo mejor era detener el vehículo, era mejor que nos asaltaran, se llevaran mi auto y nos dejaran en paz. Le dije a Romina lo que pensaba hacer y ella estuvo de acuerdo.

Fui disminuyendo la velocidad poco a poco, los asaltantes venían junto a nosotros y curiosamente ningún otro vehículo pasaba por ahí. Cuando estabamos totalmente parados, bajamos del auto, ellos eran tres, traían pasamontañas que les cubrían el rostro. Iba a decirles que tomaran lo que quisiera y se fueran, pero uno de ellos me golpeó la cabeza con la pistola y perdi el conocimiento.

Cuando desperté un fuerte dolor trituraba mi cabeza, me lleve la mano a la herida y me percaté de que estaba sangrando. No reconocía el lugar en el que me encontraba, era una bodega o algo así. Todo estaba obscuro, no veía absolutamente nada, empecé a gritar, a pedir auxilio. Inmediatamente Romina me pidió que me callara. Ella estaba conmigo, parecía que estaba tranquila, los secuestradores le habían dicho que pedirían rescate por mi, que sabían que mi padre era muy rico y les daría lo que pidieran.

Yo me asusté inmediatamente, ¡mis padres estaban viajando en esos momentos a Europa!, se lo recordé a Romina y ella se puso a llorar, le dije que se calmara, que todo se solucionaría. Así estuvimos un buen tiempo, para nosotros fue toda una eternidad, parecía que estabamos en una granja o algo parecido, ya que en la bodega en la que nos encotrabamos había caballos, gallinas y varios animales más. Se sentía un olor penetrante a desecho de animal. Decidimos calmarnos, pensando en que todo saldría bien.

Cuando regresaron nuestros secuetradores ya era de noche, habíamos estado ahí por más de 8 horas, sin tomar agua ni alimento sólido. Abrieron la puerta de la bodega, traían las armas en la mano, uno de ellos traía una linterna encendida. Venían riendose a carcajadas. Romina se juntón inmediatamente a mi, cubriendose con mi cuerpo. Se acercaron a nosotros amenazandonos con sus armas. Yo les dije que no había necesidad de eso, que no intentaríamos nada, que esperaríamos a que mis padres enviaran el dinero del rescate para que nos dejaran ir. Ellos ríeron ahora con más intensidad. No entendía de qué, pero decidí seguirles la corriente y empecé a sonreír. Uno de ellos se puso serio y me dio un tremento puñetazo en el rostro.

Me dolía mucho, pero me aguanté. Uno de ellos, el más delgado, tomó a Romina del brazo y la jaló hacia él, yo intenté impedirlo pero otro de los secuestradores me puso su pistola en la cabeza. "¡Si te mueves te mato, hijo de puta!" me gritó. Yo me quedé paralizado, viendo como el hombre, tocaba a Romina. Sabía lo que pasaría. La violarían y yo no podría hacer nada. Me dolía mucho lo que pasaba. Giré la cabeza para no ver, pero el hombre que me apuntaba me dijo: "Quiero que veas lo que le vamos a hacer a tu noviecita", y todos empezaron a reir estruendosamente.

Hasta ese momento me di cuenta que estaban alcoholizados, seguramente habían estado tomando desde hacía buen rato, pues los ojos se les veían rojos y vidriosos bajo el pasamontañas, además de que todo el ambiente olía a alcohol. Cuando volví a mirar a Romina ya le habían quitado el top, dejando al desnudo sus senos, ella estaba muy asustada, y de los nervios no podía ni siquiera llorar, me miraba con los ojos muy abiertos, temiendo lo inevitable.

El hombre delgado que estaba con ella, no paraba de tocarla, le pasaba ambas manos por los senos y la cintura, mientras los demás lo animaban a seguir con gritos y carcajadas. De un tirón le rompió la falta y con la otra mano le quitó el bikini dejandola totalmente desnuda y a merced de ellos. Los tres hombres estaban maravillados con el hermoso cuerpo de Romina, se felicitaban unos a otros por el "tesoro" que habían encontrado.

Recostaron a Romina en el suelo y dos de ellos la empezaron a tocar por todas partes, mientras el otro seguía apuntandome con la pistola y me obligaba a mirar lo que sucedía. Romina cerró los ojos y dejó que pasara lo que tenía que pasar. Uno de los hombres se metió entre sus piernas y empezó a besarle toda la concha, mientras que el otro le besaba los senos y los apretaba.

Todos se divertían y no paraban de reír, el hombre que estaba junto a mi me ordenó que me bajara los pantalones, yo me negué y él me golpeó con su arma, estaba a punto de mandar a volar todo, quise devolverle el golpe, pero me contuve, creo que en parte fue el miedo y en parte el saber que también estaba en riesgo la vida de Romina, así que lo obedecí, me bajé el pantaloncillo y los calzones. El se puso atrás de mi, me acariciaba las nalgas y el pene que estaba totalmente rígido sin que yo me lo propusiera, tal vez se debía a los nervios.

El sacó su herramienta y me la empezó a introducir por el ano, me dolía muchísimo, tenía miedo, vergüenza, me puse a llorar en silencio. Me tomó del cabelló y me obligó a ver lo que le hacían a mi novia. La tenían en cuatro patas, uno estaba atrás de ella penetrandola mientras que el otro le metia el pene por la boca. Ella parecía haberse resignado, no quería hacerlos enojar y hacía todo lo que ellos pedían. Le gritaban ¡muévete, puta! y ella inmediatamente obedecía.

La escena era realmente trágica. El hombre me estaba penetrando tenía un pene muy grande y grueso, lo podía sentir en mis entrañas, rompiendo todo lo que encontraba por dentro, pero poco a poco el dolor fue cediendo, a los pocos minutos ya no me dolía, empecé a sentir mucho calor en el ano, sentía cada milimetro de su herramienta adentro de mi, él me agarraba las nalgas y me las separaba, escupía en mi ano para hacer más fácil la penetración.

De pronto el hombre que tenía su pene en la boca de Romina empezó a eyacular, le llenó toda la cara de semen blanca y pegajozo, ella parecía disfrutarlo, supongo que lo hacía para que ellos no se molestaran. Su respiración se hizo más rápida y empezó a gemir como si tuviera un orgasmo. La escena que estaba viendo y el hombre que tenia atrás me provocaron una sensación indescriptible. Sin que yo me tocara para nada mi pene empezó a derramar semen, no pude evitar moverme al ritmo del secuestrador, el también tuvo un orgasmo en ese momento y me lleno todo el ano de su leche caliente.

El hombre que penetraba a Romina sacó su pene se masturbó terminando en el culo de mi novia. Después de un rato de estarse burlando de nosotros, se retiraron dejandonos solos. Romina



se acercó hacia mi. Me abrazó y me dijo que no me preocupara

Autor: roger


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