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2005-11-17 16:25:44
Conforme pasaba el tiempo, nuevas puertas en el mundo del sexo se iban abriendo. Nuestra pasión por descubrir nuevos caminos aumentaba cada vez más.

Un día comentando una noticia en el periódico en la que decían que muchas mujeres, después de haber sido violadas, experimentaban un sentimiento de vergüenza o culpabilidad, Judith me comentó si ese sentimiento de culpabilidad no se debería a que habían llegado a disfrutar mientras eran forzadas a tener relaciones sexuales. Ella comentaba que aunque la reacción inicial fuera de rechazo, una vez veían que no podían hacer nada y se dejaban hacer, debía ser difícil no excitarse, pues al fin y al cabo, sus zonas erógenas se veían estimuladas y tarde o temprano acabarían dejándose llevar y disfrutando, aunque una vez finalizado todo, volvería la sensación de rechazo, unida al sentimiento de! culpabilidad producido por haber disfrutado con la situación.

Esta conversación hizo que germinara en mi cabeza una idea muy morbosa, como casi todas las que tengo cuando se trata de sexo. Quería comprobar hasta donde podía llegar la capacidad de Judith de disfrutar con el sexo, si una vez excitada era capaz de disfrutar en cualquier situación y con cualquiera (recordaba como había disfrutado siendo follada por el hombrecillo de 50 años en Brasil). Lógicamente no quería ponerla en ninguna situación de peligro y tenía que elegir con cuidado a mis colaboradores...

Nosotros acostumbramos a ir a un gimnasio, donde yo me dedico a hacer pesas y ella hace aeróbic, step,... Cuando acaba, me viene a buscar a la sala de pesas, donde es repasada por las miradas de los que allí se encuentran, pues acostumbra a llevar un top y unas mallas muy ajustadas, que insinúan sus perfectos y turgentes pechos y su precioso y redondo culito, además de su estilizada figura. Entre los que no disimulaban sus miradas, había dos chicos con los que había hecho cierta amistad, Sergio y Pedro. A pesar de estar muy cachas, no se comían un rosco porque eran bastante feos, por lo que siempre iban muy salidos. Siempre me hacían bromas acerca de lo buena que estaba mi novia, que qué suerte que tenía, que quien la pillara. Pensé en ellos como cómplices de mi plan, pues era seguro que ellos aceptarían y además, con lo fuertes que estaban, no se les podría resist! ir nadie. Para ir preparando el terreno, les explicaba cosas de Judith de vez en cuando, como cuanto disfrutaba con el sexo, que era una auténtica fiera insaciable en la cama, llegando incluso a explicarles alguna de sus experiencias con otros chicos, como la del negro en Brasil o los intercambios con Carlos y Ana. Cuando les explicaba estas historias con todo lujo de detalles, ellos se excitaban un montón, mirando todavía con más deseo si cabe a Judith, imaginándose cómo debía ser poder disfrutar de un cuerpazo como ese entregado al sexo y al desenfreno.

Cuando vi que ya los tenía maduros, les propuse mi plan. Les dije que mi novia tenía una fantasía sexual que era ser forzada a tener relaciones sexuales salvajemente, y que yo había pensado en ellos para satisfacerla, pues sabía que eran de confianza y no le harían daño. La condición era que yo tenía que estar delante y que ellos no podrían pasar de tocamientos a menos que se viera claramente que ella aceptaba la situación. Al principio no se podían creer lo que les estaba proponiendo, pero la posibilidad de, como mínimo, poder tocar el cuerpo de Judith, poderle magrear a su antojo y, si había suerte, de poder llegársela a tirar, rápidamente se abrió paso en sus mentes y alejó cualquier objeción que pudieran tener.

Quedamos que ellos estarían esperando en un lugar apartado donde alguna vez yo había ido con Judith a hacer el amor en el coche cuando no disponíamos de otro lugar mejor donde hacerlo. El día acordado fui a cenar con Judith, bebimos bastante y una vez en el coche, después de algún beso y toqueteo, le propuse ir a ese lugar. Ella aceptó muy gustosamente. Al llegar ahí no vi a nadie, aunque supuse que estarían escondidos. Yo estaba un poco nervioso por lo que iba a suceder, pero a la vez excitado. Tras estirar el asiento, empecé a acariciarle los pechos por encima de la ropa y ella, estimulada por los efectos del alcohol, empezó a suspirar rápidamente. Como era verano no llevaba medias y empecé a levantarle la faldita, acariciándole las piernas, empezando por las rodillas y subiendo lentamente a los muslos, para pasar a acariciarle el sexo. Yo tenía que ponerla a tono para! facilitarles las cosas a ellos y, en efecto, lo estaba consiguiendo. De pronto, se abrieron las dos puertas del coche, dándonos un susto enorme, incluso a mi que me lo esperaba. Entraron Sergio y Pedro con la cara tapada por un antifaz, diciendo que si hacíamos lo que decían no nos pasaría nada. Judith seguía estirada, inmovilizada por el susto, con la falda levantada ligeramente, dejando entrever sus braguitas. A mi me sacaron del coche, diciéndome que me alejara y no volviera hasta pasada media hora, que si no lo hacía ella tendría problemas. Estábamos en un sitio tan apartado que era evidente que no podía avisar a nadie. A Judith le dijeron que si hacía caso a todo lo que dijeran no le harían daño. Yo me alejé un poco, pero volví a acercarme lo suficiente para ver todo lo que sucedía en el interior del coche, pues puertas y ventanas estaban abiertas, tal co! mo habíamos convenido.

Intentaron tranquilizar a Judith, que estaba muy nerviosa y tenía mucho miedo. Le repitieron que no le harían daño, que sólo querían entretenerse un rato y que si colaboraba sería mejor para ella. Ella comprendió sus intenciones, aunque seguro que si hubiera podido hubiera salido corriendo. Sergio, que era el que había entrado por su lado, empezó a acariciarle las piernas. Ella las cerró, diciendo que por favor la dejaran en paz, que no la tocaran, pero Sergio se las separó con fuerza de nuevo, repitiéndole que si no hacía caso de lo que le decían si que lo pasaría mal. Dicho esto, volvió a acariciarle, no poniendo ella esta vez ninguna objeción. Pedro, que se había sentado al lado, empezó a acariciarle los pechos por encima de la blusa, sabiendo porque yo se lo había dicho, que era su punto débil. Ella de nuevo intent&oacu! te; oponerse, tapándose con los brazos, pero él se los apartó con contundencia, siguiendo con sus caricias. Aparentemente, ella seguía un poco asustada, pero viendo la situación y comprendiendo que era mejor hacerles caso cerró los ojos y penso en dejarse hacer y que pasara lo antes posible este trago. Ellos seguían las instrucciones que yo les había dado, yendo poco a poco.

Pedro siguió acariciándole los pechos por encima de la ropa, mientras Sergio había ido subiendo por los muslos y le acariciaba su sexo a través de las braguitas. Pedro empezó a desabrocharle la blusa recorriendo con su boca y lengua cada centímetro de su moreno cuerpo que quedaba al descubierto, hasta llegar a los pechos, cubiertos por un sujetador blanco que hacía que resaltaran más sus morenos y hermosos pechos. Hace unos días hubiera hecho cualquier cosa por poder siquiera rozarlos o acariciarlos por encima de la ropa, y ahora los tenía para él, sin ningún impedimento, podía recrearse en ellos y a juzgar por la respiración cada vez más agitada de su propietaria, que hacía que sus pechos subieran y bajaran anhelantes, como deseando librarse de su prisión, sus caricias no serían mal recibidas. Empezó a acariciarle los pechos con m! ucho cuidado, como quien descubre un tesoro largamente anhelado y tiene miedo de que se rompa, notando acto seguido como sus pezones se erizaban. La visión de esto pareció volver loco a Pedro que sin más preámbulos se lanzó sobre ellos a devorarlos, arrancándole los sujetadores, cogiendo con las dos manos los pechos y chupándole los pezones alternativamente. Realmente, era un caramelo que a cualquier hombre le habría gustado echarse a la boca. Mientras, Sergio le había metido la mano por debajo de las braguitas y le estaba masturbando, acariciándole suavemente su sexo. Cuando volví a mirar la cara de Judith, su semblante había cambiado. Me di cuenta enseguida que había empezado a disfrutar: seguía con los ojos cerrados, con la boca entreabierta, y si hubiera estado más cerca seguro que hubiera podido oír sus suspiros cada vez más intensos. No se en que ! momento se produjo el cambio, en que momento las múltiples caricias sobre su entregado cuerpo habían hecho que su miedo fuera cediendo terreno a la excitación producida al sentir su cuerpo devorado ávidamente por bocas, lenguas y manos.

Sergio debió notar también su excitación al sentir lo mojada que empezaba a estar, y le sacó las bragas lanzándose a comerle el sexo con fruición, como un hambriento que se lanza sobre un plato de comida. Querían ponerle realmente caliente para poder tirársela. Al cabo de poco rato, los suspiros de Judith pasaron a ser gemidos perfectamente audibles desde donde yo estaba.

Esta fue la señal definitiva para que ambos, que debían estar que no podían más, se lanzaran como fieras sobre una víctima rendida. Sergio se bajo los pantalones y sacó su poderosa verga, totalmente empalmada, y sin pensárselo dos veces se la metió a Judith de golpe, entrando esta perfectamente, a pesar de sus dimensiones, por lo lubricado que estaba el sexo de Judith, lanzando esta un gemido ahogado de placer. Sergio empezó a follársela con toda la intensidad de que era capaz, sujetándola por las caderas. A cada embestida se notaba que descargaba toda la tensión y excitación acumulada durante tanto tiempo. Supongo que había imaginado tantas veces poder disfrutar de Judith, viendo su precioso cuerpo en el gimnasio, imaginando las historias que yo les había contado, que ahora que estaba disfrutando de ella y que veía cómo disfrutaba ella su excitación! era enorme y se la estaba follando salvajemente, haciendo que Judith gimiera de auténtico placer. Pedro, que también estaba que estallaba se bajó los pantalones y sacándose su polla se la puso en la boca a Judith. Ella abrió los ojos un instante, pero enseguida los cerró y sumisamente se introdujo la polla en su boca, moviéndose él más que ella, que estaba más pendiente de la follada de Sergio que de comerle la polla a Pedro. Sergio no tardó demasiado en correrse dentro de Judith, cosa normal pues seguro que llevaba bastante tiempo sin estar con ninguna chica, y menos de las características de Judith. Después de correrse, Sergio se apartó un poco, y Judith se pudo concentrar en la mamada que le estaba haciendo a Pedro, chupándole la polla de una forma que parecía que le estaba gustando lo que hacía. Pedro debía disfrutar tanto q! ue no pudo aguantar mucho rato y se corrió en la boca de Judith, no dejando ella escapar ni una gota de líquido, tal como siempre hacía.

Pero evidentemente la fiesta no había acabado. Habían pasado demasiado tiempo de abstinencia sexual, habían deseado tanto tiempo tener a una hembra como Judith, que no la iban a dejar escapar fácilmente. Querían saciarse de sexo, realizar todas sus fantasías con ella, pues sabían que tardarían mucho tiempo en volver a tener una oportunidad como esa. Sergio debió de volverse a excitar contemplando la mamada de Judith a Pedro y cuando vio que habían acabado, hizo salir del coche a Judith, y estirándose sobre la hierba, le dijo que se lo follara. Ella se quedó asombrada ante esa petición, sin saber que hacer, pero Pedro la empujó hacia Sergio, que tendido en el suelo y con el mástil en alto esperaba que Judith se lo follara tal y como yo les había explicado, como una hembra salvaje. Sergio le dijo que no se hiciera la estrecha ahora, que habían vis! to como había disfrutado y sabían que quería seguir disfrutando y que no se preocupara que yo no me enteraría. Ella debía estar todavía muy excitada, pues la follada de Sergio apenas había durado unos minutos y viendo además esa gran verga que la estaba esperando en toda su extensión, tiesa como una espada que ella podía clavarse en lo más hondo de sus entrañas para hacerle disfrutar, y sabiendo que no tenía más remedio que hacerles caso, no se lo pensó más, situándose encima de Sergio y sentándose encima de él, quedando empalada por la lanza que estaba esperándole enhiesta, advirtiendo yo un gesto de placer en su cara. Empezó a follárselo como ella sabía, empezando lentamente, con movimientos suaves, circulares, aumentando su excitación y la de su compañero, y cuando notaba que la excitación llega! ba al punto cumbre, empezaba a moverse con un ritmo frenético, salvaje. Parecía mentira que pudiera mover las caderas con esa rapidez y violencia. Sergio le dijo que así le gustaba, que quería verla disfrutar, que se lo follara con todas las ganas. A juzgar por los movimientos de Judith, estas indicaciones eran del todo innecesarias, pues era exactamente lo que estaba haciendo. Se follaba a Sergio con todas sus ganas, mientras este, ligeramente incorporado, le lamía y mordía los pechos, agarrándolos con ambas manos, cosa que hacía que ella se volviera más loca, teniendo el primero de una larga serie de orgasmos acompañados por gritos que demostraban el gusto que le estaba dando. Lo estaba utilizando como un instrumento de placer, para satisfacer sus deseos.

Volvió a reducir el ritmo de sus embestidas. Ahora quería disfrutar ella y no estaba dispuesta a que se acabara la fiesta sin poder llegar a disfrutar todo lo que podía. Pedro, que estaba contemplando la escena, volvió a excitarse y decidió reincorporarse al festín. Se situó de rodillas detrás de ella, cogiéndole los pechos desde atrás con las dos manos, mientras Sergio se los recorría con labios y lengua. Judith estaba disfrutando a lo grande. El sentir esos dos cuerpos musculosos, rodeándola por todos lados, recorriendo todo su cuerpo, le hacían sentirse muy deseada...

Pedro, que volvía a estar totalmente empalmado, restregaba su polla por el culo de Judith. Rápidamente intuí lo que iba a pasar. Pedro empujó la espalda de Judith inclinándola hacia delante. Su precioso y redondo culito dejó abierto el camino para que Pedro se la metiera. Después de la primera vez en que lo hizo con Carlos, lo habíamos repetido en algunas ocasiones por lo que a Pedro no le fue difícil metérsela lentamente. Ella no puso ninguna objeción. Estaba totalmente entregada, llegando incluso a darle un lascivo beso a Sergio, en el que sus lenguas se fundieron con deseo.

Ahora el que dominaba la situación era Pedro. Él imprimía el ritmo que quería, empezando lentamente, aumentando poco a poco el ritmo, que era a su vez el ritmo al que Judith se follaba a Sergio. Judith, aplastada entre los dos cuerpos, estaba siendo utilizada por ellos para satisfacer su apetito sexual, pero a su vez era evidente que estaba disfrutando también muchísimo. Pedro se incorporó un poco, haciendo que Judith se incorporara también, quedando a cuatro patas. Vista desde atrás la perspectiva que ofrecía Judith era magnífica, pues tenía un culo precioso. Pedro, agarrándola fuertemente por las caderas, empezó a follársela con todas sus fuerzas y a pesar de haberse incorporado más tarde, no tardó en correrse. Debía ser la primera vez en su vida que daba por culo a alguna chica y no habría podido aguantar tanta excitaci&oa! cute;n.

Sergio se incorporó y sin sacar su polla del interior de Judith, se levantó sujetándola por el culo con sus poderosos brazos y la llevo hasta el coche, depositándola sobre el capó delantero. Se colocó sus piernas sobre sus hombros y siguió follándosela salvajemente. En esta posición podía contemplar el magnífico cuerpo de Judith, sus hermosos pechos moviéndose al ritmo que el imprimía a sus embestidas, al mismo tiempo que llegaba a lo más hondo de ella, lo que provocaba los constantes gemidos de placer provocados por los orgasmos que ella debía estar teniendo constantemente. Así estuvieron un rato hasta que finalmente él se corrió de nuevo con unas embestidas finales brutales que hicieron las delicias de Judith.

Al parecer, Pedro



y Sergio estaban ya cansados y satisfechos sexualmente, por lo que se vistieron y se fueron, dejando a Judith exhausta sobre el capó del coche. Tardé todavía un rato en aparecer. Le dije a Judith que lo había contemplado todo, ruborizándose ella al momento. Cuando le expliqué que todo había sido preparado por mi se enfadó bastante, por el susto que se había llevado, pero al recordarle lo que había disfrutado se le pasó el enfado, reconociendo que si, que había disfrutado muchísimo.

Autor: roger


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