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2008-09-18 04:34:59
Clara y yo siempre hemos sido muy liberales respecto al sexo. Llevamos saliendo juntos desde los dieciséis años, y desde el principio tuvimos claro que el amor era una cosa y el sexo otra. Si iban de la mano mejor que mejor, pero si alguna vez se daba el uno sin el otro tampoco pasaba nada. Esto en la práctica suponía que de vez en cuando nos liábamos con terceras personas, generalmente evitando decirle nada al otro. Si a mí me apetecía acostarme con una compañera de trabajo lo hacía, y aunque procuraba que Clara no llegara a enterarse, sabía que si lo hacía no habría ningún problema. Incluso algunas veces, mientras lo hacíamos, nos relatábamos nuestras experiencias con otras personas, incitándonos a superar tales hazañas.
Clara y yo siempre hemos sido muy liberales respecto al sexo. Llevamos saliendo juntos desde los dieciséis años, y desde el principio tuvimos claro que el amor era una cosa y el sexo otra. Si iban de la mano mejor que mejor, pero si alguna vez se daba el uno sin el otro tampoco pasaba nada. Esto en la práctica suponía que de vez en cuando nos liábamos con terceras personas, generalmente evitando decirle nada al otro. Si a mí me apetecía acostarme con una compañera de trabajo lo hacía, y aunque procuraba que Clara no llegara a enterarse, sabía que si lo hacía no habría ningún problema. Incluso algunas veces, mientras lo hacíamos, nos relatábamos nuestras experiencias con otras personas, incitándonos a superar tales hazañas.

Entiendo que para muchas parejas esto pueda resultar extraño, pero a nosotros siempre nos ha ido bien así. El sexo con Clara funciona casi a la perfección, pero de vez en cuando se agradece desconectar un poco de la rutina y salir por ahí a por nuevas conquistas. Me consta que ella hace lo mismo, pues como digo, de vez en cuando me cuenta alguno de sus polvos. La única condición es no repetir más de dos veces con la misma persona, para evitar posibles enamoramientos inoportunos. Como digo, la pasión va por un lado y el amor por otro, aunque en la cama ambos sentimientos se mezclen y sea difícil distinguir el uno del otro.

Podría contar decenas de anécdotas, desde liarnos por separado con un matrimonio sin que ellos supieran que su cónyuge les era infiel hasta acostarme con amigas de Clara a las que los remordimientos les hacían confesar, cuando mi novia estaba enterada desde el principio. Pero la situación más impactante tuvo lugar hace un par de semanas. Era sábado, y en vista de que el frío no invitaba a estar por la calle, decidimos ir a su casa a entrar en calor. Pensábamos que no habría nadie, pues sus padres estaban pasando el fin de semana en la sierra y su hermano se iba a quedar a dormir con un amigo. Así que entramos en su casa confiados de que estábamos solos, pero caímos en la cuenta de que había alguien más. Tras la puerta del salón se oían voces y ruidos extraños.

Lo primero que pensé fue que habían entrado a robar, pues hoy en día y por desgracia es bastante frecuente. Luego nos dimos cuenta de que había un par de abrigos colgados en el perchero, uno que era de su hermano Fran y otro que debía de ser de algún amigo. Nos quedamos callados tratando de saber que hacían, y rápido caímos en que por la música y los gemidos estaban viendo una película porno. Era normal, con catorce años te pasas el día con la polla en la mano y más si tienes acceso a ese tipo de material.

Debían de estar pajeándose, y como sé que no es plato de buen gusto que te interrumpan, le dije a Clara que nos largásemos de allí sin hacer ruido. Ella tenía otros planes. Debe ser que por el calentón que llevaba encima o por simple curiosidad morbosa, Clara no quería desaprovechar la oportunidad de ver a su hermano pequeño cascándose una paja. Más de una vez me había contado que Fran se encerraba en el baño más de lo normal o que espiando el historial del Internet Explorer había encontrado páginas porno, pero nunca le había pillado con las manos en la masa y tenía curiosidad.

Sin pensarlo mucho más, entramos en el salón como si pensáramos que estaban viendo cualquier otro tipo de peli. El cuadro que nos encontramos fue para enmarcar. Fran estaba tumbado en uno de los sofás, dándole a la zambomba sin perder de vista a la pantalla y con un paquete de pañuelos de papel en la otra mano para cuando llegara el momento. En el otro sofá estaba su amigo Diego, de su misma edad, y en la misma postura: los pantalones por las rodillas, la camiseta levantada y pajeándose con total tranquilidad. Lo que me llamó la atención (y como luego descubrí, a Clara también) fue el pedazo de pollón que gastaba el chaval, considerablemente más grande que el mío, y eso que le saco diez años.

Ellos se sorprendieron y nosotros nos hicimos los sorprendidos, y para no cortarles más el rollo salimos por patas de allí diciéndoles que nos íbamos arriba y que si ellos no decían nada nosotros tampoco. El polvo que echamos Clara y yo fue de los mejores que recuerdo. A los dos nos había calentado mucho la escenita, y el estar haciéndolo con compañía nos excitó aún más. Yo no dije nada, pero me pareció oír ruidos detrás de la puerta mientras lo hacíamos, y no me extrañaría nada que Diego y Fran nos hubieran espiado en plena faena. De ser así, tampoco les hubiera podido reprochar nada, nosotros les habíamos visto a ellos y ahora tenían derecho a vernos a nosotros.

Cuando terminamos el segundo polvo, Clara me confesó que había pensado en el amigo de su hermano mientras lo hacíamos, y que le encantaría montárselo con él, en parte porque le atraía desvirgar a un chaval y en parte porque quería probar un rabo como el suyo. Puestos a confesar, le dije que la ayudaría a conseguir su objetivo, siempre y cuando pudiera estar presente e incluso participar si me apetecía. Nunca habíamos hecho un trío ni nada parecido, pero Clara aceptó. Estaba dispuesta a tirarse a Diego fuera como fuera, y lo de ver a mi novia con otro era algo que siempre me había atraído secretamente. Si el tercero en discordia aceptaba, teníamos plan.

Al día siguiente me puse manos a la obra. Hablé con Fran y le pedí perdón por la intromisión. Él se mostró comprensivo, a fin de cuentas habían cambiado de planes a última hora y nosotros no teníamos porque saberlo. Le confié que yo a su edad también hacía lo mismo con mis amigos y le pedí el Messenger de Diego para pedirle perdón personalmente. Tras decirme un par de veces que no hacía falta, que tampoco se lo había tomado mal, me lo pasó. Ya tenía por donde empezar. Le agregué y esa misma noche se conectó y hablamos.

Oo._.dIeGo._.oO dijo: oye tío kien ers?

David y Clara (18/08/99) – Te quiero niña dijo: soy David, el cuñado d Fran

David y Clara (18/08/99) – Te quiero niña dijo: le e pedido tu msn pa pedirte perdon por el marron de ayer

Oo._.dIeGo._.oO dijo: va tio no pasa na

David y Clara (18/08/99) – Te quiero niña dijo: ya joder, xo es una putada q te piyen

Oo._.dIeGo._.oO dijo: ya pero fue sin kerer ni na...

Oo._.dIeGo._.oO dijo: conq no vallais x ai contándolo

David y Clara (18/08/99) – Te quiero niña dijo: ya ya, tranqui

David y Clara (18/08/99) – Te quiero niña dijo: q no decimos na

Oo._.dIeGo._.oO dijo: pues ntonces ya ta, no problem

Oo._.dIeGo._.oO dijo: jeje

David y Clara (18/08/99) – Te quiero niña dijo: oye t puedo acer 1 pregunta?

David y Clara (18/08/99) – Te quiero niña dijo: pero no t pienss cosas raras, si no kieres no contestes....

Oo._.dIeGo._.oO dijo: el q?

David y Clara (18/08/99) – Te quiero niña dijo: es solo x curiosidad

Oo._.dIeGo._.oO dijo: joe tío, pregunta ya q me rallas

David y Clara (18/08/99) – Te quiero niña dijo: cuanto te mide?

David y Clara (18/08/99) – Te quiero niña dijo: es q ayer me qede flipao

Oo._.dIeGo._.oO dijo: joe, valla preguntas q m aces

Oo._.dIeGo._.oO dijo: 19 cms la ultima vez

Oo._.dIeGo._.oO dijo: q me la medi

David y Clara (18/08/99) – Te quiero niña dijo: ya decía yo, las pivas van a flipar cntigo

Oo._.dIeGo._.oO dijo: jeje, eso digo yo

Oo._.dIeGo._.oO dijo: lo malo es q de momento ninguna quiere probar

Oo._.dIeGo._.oO dijo: jeejejej

David y Clara (18/08/99) – Te quiero niña dijo: jajajaj

David y Clara (18/08/99) – Te quiero niña dijo: ya veras como n cuanto alguna se entere van todas detras d ti

Oo._.dIeGo._.oO dijo: ojala tio

David y Clara (18/08/99) – Te quiero niña dijo: si kieres te puedo ayudar

David y Clara (18/08/99) – Te quiero niña dijo: conozco a una tía q se lo aria cntigo

Oo._.dIeGo._.oO dijo: venga ya!!!

Oo._.dIeGo._.oO dijo: kien?

Oo._.dIeGo._.oO dijo: no me lo kreo

David y Clara (18/08/99) – Te quiero niña dijo: no te lo puedo dcir x aki, xo te juro q es vrdad

David y Clara (18/08/99) – Te quiero niña dijo: qando puedes kdar?

Oo._.dIeGo._.oO dijo: mñn x la tarde mismo

Oo._.dIeGo._.oO dijo: pero no me creo na eh?

David y Clara (18/08/99) – Te quiero niña dijo: bueno, pues kedamos a las 6 en la plaza

David y Clara (18/08/99) – Te quiero niña dijo: si te stoy engañando pues na, pero y si es verdad q?

Oo._.dIeGo._.oO dijo: stas de coña, me kieres vacilar o algo

David y Clara (18/08/99) – Te quiero niña dijo: q no

David y Clara (18/08/99) – Te quiero niña dijo: vas a ir?

Oo._.dIeGo._.oO dijo: si, pero no me lo creo

Oo._.dIeGo._.oO dijo: bueno tu te dejo q tengo q studiar q me exa la peta mi madre

David y Clara (18/08/99) – Te quiero niña dijo: ok, ta mañana

David y Clara (18/08/99) – Te quiero niña dijo: y cretelo q es verdad

No parecía muy convencido. Quizá me había precipitado y debía haber quedado con él sin explicarle exactamente para qué, pero quería ir con la verdad por delante. Entendía que no era muy creíble lo que le estaba proponiendo, pero confiaba en que Diego acudiría. No tenía nada que perder y sí mucho que ganar. Reservé una habitación en un hotel de la zona para tener intimidad, y cité a Clara allí. Ella esperaría en la habitación mientras nosotros llegábamos. No era seguro que Diego fuese a la cita, pero valía la pena intentarlo.

A las seis menos cinco, como un reloj, apareció en la plaza. No se había arreglado demasiado, prueba de que no confiaba mucho en mi palabra, pero si había ido era porque tenía una pequeña esperanza en que aquello fuese cierto. Nada más llegar me preguntó por la chica, y le contesté que nos estaba esperando en un hotel. No le dio excesiva confianza mi respuesta. Le propuse ir allí y de primeras se negó. Supongo que pensó que era yo quien iba a montárselo con él, y la idea no le hacía ni pizca de gracia. No me quedó otro remedio que llamar a Clara y decirle que hablara con Diego por teléfono para que viese que era verdad. Tampoco quedó muy convencido, pero al menos accedió a subir al hotel. Lo más difícil estaba hecho.

Según íbamos en el ascensor, le conté la parte de verdad que faltaba. En realidad la chica era Clara, y después de verle desnudo se había encaprichado de él. Le aseguré que a mi no me importaba, que solo quería que los dos disfrutaran y que miraría pero no haría nada. Su rostro cambió, era demasiada información en poco tiempo y creo que se aturdió, pero accedió a entrar a la habitación. Todo aquello le superaba.

Clara estaba tumbada sobre la cama en ropa interior, con un conjunto negro que a mí me vuelve loco. La fantasía era de ella, así que esperé a recibir sus instrucciones. Se levantó muy lentamente, y nos pidió que nos desvistiéramos y fuéramos junto a ella. Yo me quedé en ropa interior y me senté en un pequeño sillón de cuero que había junto a la cama, pero Diego se desnudó como si hiciera aquello a diario. Ahora que la tenía delante, comprobé que lo de los 19 centímetros no era ni mucho menos un farol. Yo debo andar sobre los 14 o 15 centímetros, pero viendo la suya me parecía casi minúscula, y eso que aún estaba desempalmada.

No tenía demasiado vello, lo justo alrededor de la polla y un poco en los huevos, lo cual hacía que destacara aún más. Habría que verla en acción. Clara se acercó a él y lo besó en los labios tiernamente, para romper el hielo. Él tardó en reaccionar, pero finalmente respondió. Quizá en eso si que tuviera experiencia, yo a su edad ya me comía la boca con todas las que se dejaban. En cuanto Clara empezó a hacer de las suyas con la lengua, la polla de Diego empezó a reaccionar. Según se iba llenando de sangre, yo iba quedando un poco más en evidencia. Qué un chaval con diez años menos que yo la tuviera considerablemente más larga es algo que no sienta bien.

Pero la idea de que aquel chaval inexperto fuera a aprender todo lo necesario con Clara podía más que mi envidia y mis comprensibles celos. Mi novia me contaba todo con pelos y señales cada vez que tenía una experiencia con otro, pero de oírlo a verlo con mis propios ojos iba un buen trecho. Empezaba a dudar si había sido una buena idea, pero viendo a Clara besar lentamente el blanco y lampiño pecho de Diego me confirmó que había hecho bien organizando aquel encuentro. Acaricié discretamente el dorso de mi polla, que empezaba a babear observando la escena.

La de Diego debía de estar aún más dura que la mía, a juzgar por como se le marcaban todas las venas que la recorrían. Clara aún ni la había rozado, pero sus labios se acercaban peligrosamente al ombligo del chico, que todavía estaba de pie junto a la cama, a escasos dos metros de mí. Pero como si no estuviera, quizá por miedo ni se atrevía a mirarme de reojo. Después de todo, se lo estaba montando con mi novia delante de mí, y con catorce años puede ser difícil entender según que cosas de las relaciones de pareja.

Clara se sentó en la cama y se pasó a lamer de arriba abajo los pálidos muslos de nuestro compañero de juegos, cubiertos por una fina capa de pelos rubios. Él puso las manos tras la espalda, dejando el camino libre, y se quedó muy quieto, seguramente centrado en lo que sentía. Clara se acercaba cada vez más a su entrepierna, pero cuidando no tocarla en ningún momento. Hasta que de golpe, y pillando totalmente por sorpresa al chico, se metió un buen trozo de polla en la boca con un escandaloso sonido acuoso.

Si no se cayó de bruces contra el suelo fue de puro milagro. Ni Diego ni yo nos esperábamos tal movimiento, y la impresión de sentir su polla dentro de un orificio caliente y húmedo por primera vez tuvo que ser bestial. Teniendo en cuenta que en mi primera mamada me corrí casi instantáneamente (y eso que la chica era torpe como ella sola y más que chupar, mordía), no sé como el pobre Diego no descargó en la garganta de mi chica en ese mismo momento.

No quedó ahí la cosa, pues sin darle tiempo a coger aire Clara comenzó a hacerle una felación de las mejores de su repertorio. Sin usar las manos, sus labios se deslizaban por todo el glande mientras que con la lengua daba lametazos por toda la punta. Esto último no podía verlo, claro, pero me lo había hecho tantas veces que seguramente yo mismo podría hacerlo. Si cuando lo hacía conmigo yo apenas le aguantaba un par de minutos antes de explotar, Diego se iba a correr antes de darse cuenta de lo que estaba pasando ahí abajo.

Dicho y hecho, el chaval comenzó a convulsionarse y a jadear, mientras Clara seguía a lo suyo sin preocuparse de nada más. No conseguía metérsela entera en la boca, como si podía hacer conmigo, pero a Diego le debía preocupar más bien poco. Una gota de semen resbaló por la comisura de los labios de Clara, e inmediatamente después, pude ver como comenzaba a tragar todo lo que salía de aquella polla. Me moría de ganas de levantarme y recibir yo también una mamada como esa, pero hoy no me tocaba mandar a mí; era la fantasía de Clara.

Al chico le fallaban las piernas, pero ella no paraba, como si no se hubiera enterado de que se estaba corriendo. La gota se había convertido en un chorrito blanco que resbalaba por su barbilla, y que a cada movimiento que hacía parecía que iba a acabar cayendo al suelo. Cuando ya no hubo nada más que sacar de ahí, Clara soltó la polla de Diego y le ayudó a tumbarse en la cama, aunque más que tumbarse yo diría que se desplomó. Debutar con una mamada así no debía de ser para menos.

Pensé que era mi turno, incluso hice amago de levantarme, pero Clara con un sencillo gesto me indicó que me estuviera sentadito en mi sillón. Aún no había acabado con el amiguito de su hermano. Su polla aún no se había aflojado del todo, pero incluso el más potente de los sementales necesita un descanso. Clara lo tenía todo previsto, y había preparado un curso acelerado de cunnilingus para aprovechar el tiempo de recuperación de Diego. En cuanto cogió aire, le dio tres o cuatro indicaciones básicas de cómo lo tenía que hacer y le mandó a su entrepierna a coger experiencia.

No creo que de entrada el chico lo hiciera muy bien, pues el sexo oral femenino es algo que requiere varias horas de práctica antes de ser totalmente efectivo, pero Clara no tardó en empezar a gemir entre consejo y recomendación. Ella es sobre todo clitoriana, y en cuanto Diego descubrió su ubicación, comenzó a hacerla disfrutar en serio. A mi chupar coños no es algo que me llame la atención, y lo hago más bien por aquello del karma y de no andar debiendo favores a nadie, pero por lo visto Diego se acababa de aficionar a aquello. Su polla se estaba poniendo dura de nuevo sin necesidad de tocársela.

De haber sido por él seguro que hubiera estado dándole a la lengua hasta que Clara se hubiera corrido, pero ella mandaba y tenía otros planes. Palpó la generosa polla del chico y le indicó que se la metiera. Él obedeció, pero claro, a la primera es difícil encontrar el agujero correcto y tuvo que maniobrar un poco. Clara en otras circunstancias le hubiera ayudado, conmigo lo hacía las pocas veces que yo no atinaba a la primera, pero debía de estar enseñándole a encontrar el sitio por sí mismo. Bajo mi punto de vista, estaba siendo una excelente maestra.

Tras varios intentos fallidos atinó, clavándosela hasta los huevos de un solo golpe. Tuvo que dolerle, estoy seguro, pero la cara de Clara no parecía de dolor, ni mucho menos. Ella le agarró del culo para retenerle unos segundos dentro y adaptarse al tamaño de su polla y luego le soltó para que se moviera como quisiera. Torpemente Diego empezó a sacarla y a meterla despacio, con miedo de que se saliera del todo y tuviera que luchar de nuevo para encontrar la entrada, pero poco a poco fue cogiendo ritmo. Desde mi posición no veía con claridad sus sexos, pero me bastaba con verles así, Clara desvirgando a un chaval de la edad de su hermano pequeño pero dejándole a él todo el trabajo.

Sin poder evitarlo, comencé a masturbarme lentamente, intentando llevar el mismo ritmo que llevaba Diego con sus caderas. El oírles gemir, disfrutando juntos sin apenas reparar en mi presencia me estaba excitando mucho. Era como estar espiándoles sin miedo alguno a ser descubierto. Ellos no reparaban en mí, pero yo no les quitaba el ojo de encima. Las blancas nalgas de Diego se contraían cada vez que metía su polla hasta el fondo del coñito de mi novia, y podía oír como sus huevos chocaban a cada embestida. Tenía un palco VIP, con derecho a pajearme cuanto fuera necesario observándoles.

Clara decretó un cambio de posición, esta vez ella se pondría arriba. Me miró para comprobar que todo iba bien, y al ver que mi polla estaba tiesa como un mástil volvió a ignorarme, como hasta entonces. En cierto modo, era como si yo fuera el intruso de la escena, pero para nada me sentía ofendido, aquello era parte del juego. Clara me estaba provocando para que luego yo pudiera vengarme a gusto.

En la nueva posición fue mi novia quien se encargó de dirigir la polla hasta la entrada de su rajita, para insertarse hasta el fondo del tirón. Comenzó a cabalgarle sin piedad, a un ritmo rápido que ni yo muchas veces podía soportar. Me encantaba ir así de deprisa, pero me corría a las primeras de cambio. Confiaba en que Diego aguantar algo más, aunque solo fuera porque acababa de correrse hacía pocos minutos, pero no las tenía todas conmigo. En parte deseaba que se corriera cuanto antes, antes me tocaría a mí ocupar su lugar. Pero Clara aún tenía otra sorpresa.

Se inclinó un poco hacia delante, quedando casi en posición horizontal, en paralelo al chaval. Su culo estaba totalmente expuesto, y comencé a pajearme más deprisa con aquella visión: por un lado su ojete en todo su esplendor, y por el otro, su coñito tragándose aquella polla desproporcionada. Me estaba poniendo a mil, y eso que al principio no las tenía todas conmigo. Le besó con pasión en los labios durante unos segundos, le susurró algo al oído y se giró hacia mí, indicándome que me acercara.

Así lo hice, rezando porque a Clara se le hubiera ocurrido lo mismo que a mí. Premio. Quería que se la metiera yo también mientras ella se follaba a Diego. Por fin tenía ocasión de probar aquello que tanto me excitaba ver en las películas.

Sin dilación, pues Diego no iba a aguantar mucho más ese ritmo, lubriqué mi polla con un poco de saliva y presioné suavemente su ano, más que acostumbrado a recibirme. La metí lentamente, procurando no hacerle daño, aunque mi polla fuese algo ridícula al lado de la de nuestro joven amigo. Cuando hice tope, Clara me dio una última sorpresa. No quería tener una polla en cada agujero; su idea era que ambos se la metiéramos en el coño. Mi chica no dejaba de sorprenderme.

De perdidos al río, me dije. Puestos a probar cosas nuevas, probaríamos también con aquello. Lo que menos me atraía era tener que juntar mi polla con la de otro, bastante repelús me había dado sentir algo extraño al metérsela en el culo, pero todo fuera por satisfacer su fantasía. No me lo pensé y la metí muy despacio, su coño nunca había recibido nada tan grueso y tenía miedo de hacerle daño de verdad. Muy poquito a poco fue entrando, gracias en parte a que la polla de Diego perdió algo de fuerza con la parada. A cada avance Clara gemía como una loca, y me tenía que aclarar que era de placer, no de dolor.

Una vez dentro, le indiqué a mi novia que comenzara a moverse a su antojo para irse adaptando del todo a la suma de nuestros grosores. Era muy extraño sentir algo palpitando justo al lado de mi polla, pero para nada era algo desagradable, solo distinto. Imagino que Diego estaría alucinando bastante más que yo, sin comerlo ni beberlo estaba metido en una situación que ya les gustaría a muchas películas porno. Me dije que cuando acabáramos le explicaría al chico que aquello no era muy normal, que casi todas las chicas eran mucho más convencionales y que algunas del misionero no había manera de sacarlas. A lo mejor algún día acababa haciendo cosas más raras que esa, pero que se diera con un canto en los dientes si encontraba a alguna que se dejase hacer sexo anal.

Clara se adaptó más rápido de lo que yo esperaba, y en pocos minutos nos indicó que nos moviéramos nosotros. Comenzamos a hacerlo, cada uno a nuestro ritmo, y aunque era difícil coordinarse, a Clara le gustaba, que era lo importante. Diego también jadeaba mucho, llevaba ya un buen rato follando y no iba a tardar demasiado en descargar de nuevo. Mucho estaba aguantando.

Pensé que él sería el primero en terminar, pero Clara se adelantó. Raras veces llegaba al orgasmo solo con la estimulación vaginal, pero hoy, aparte de tener dos pollas en lugar de una, era una ocasión especial, nuestro primer trío. Empezó a revolverse dentro del poco espacio que Diego y yo le dejábamos y a gemir como hacía tiempo que no gemía conmigo. No podía verle la cara, pero se lo estaba pasando en grande. Diego se quedó un poco parado, pero yo seguí empujando deprisa, sabía que a Clara le gustaba correrse mientras la follaba a toda velocidad.

Estuvo cerca de un minuto corriéndose, y cuando acabó, estaba casi sin fuerzas. Se apoyó en la cama con los brazos y tuve que cambiar un poco de posición para poder seguir. Diego retomó la marcha, aunque con Clara apoyado sobre él apenas podía moverse. Me recoloqué y empecé de nuevo a moverme por los tres, sintiendo más que nunca la polla que se acomodaba junto a la mía.

Aunque casi no podía meterla ni sacarla, noté que Diego empezaba a jadear tan fuerte como antes, y supuse que él también se iba a correr. Sus caderas se movían dentro de lo que podía, y noté que su polla se hinchaba un poco más. Aceleré un poco, consciente de que mis embestidas también le estaban estimulando, y en pocos segundos sentí un líquido caliente salpicando mi polla. A Diego si podía verle la cara, y la tenía completamente desencajada, se notaba que no estaba acostumbrado a placeres tan intensos. Clara ayudó un poco al notar su corrida, e intentó retomar el mete saca, aunque en su posición era difícil.

Seguimos así hasta que el chico se descargó del todo, mientras Clara le besaba con ternura los labios. Yo aún no había acabado, así que seguí moviéndome aprovechando la lubricación extra. Era un poco extraño sentir el semen caliente de otro en el coño de Clara, pero no era desagradable. La polla de Diego comenzó a flojear, pero seguía dentro de mi novia mientras yo seguía a la carga.

Tampoco a mí me quedaba mucho, había tenido que hacer esfuerzos por no correrme mientras les observaba masturbándome en el sillón. Solo los problemas de acoplamiento y demás me habían retrasado, pero ahora que éramos prácticamente uno contra uno no tardé en coger ritmo. Mis huevos se topaban de vez en cuando con los de Diego, y su vello me acariciaba con suavidad.

En pocas embestidas sentí que mi corrida estaba a punto, y decidí sacarla para correrme en la espalda de Clara, como me gustaba hacer habitualmente. Con un sencillo "hazlo dentro", me convenció de lo contrario. Mi novia quería tener dos corridas en su interior, y a mi no me costaba nada darle el capricho. Empujé un poco más y enseguida empecé a correrme como un caballo, fruto de llevar cerca de media hora con ganas de descargar. No tardé en quedarme sin fuerzas y me salí de su interior, dejando un reguero de semen brotando de su coño.

Clara se tumbó entre los dos, y Diego se acurrucó a su lado, algo aturdido. Se debió de quedar dormido casi a la vez que yo, y cuando desperté ya estaba anocheciendo. Los dos dormían como angelitos, y llamé discretamente a recepción para que nos sirvieran algo de cena en la habitación. Iba a salirnos por un buen pico, pero un día es un día. Les desperté cuando todo estaba listo, y tras la cena, acerqué a Diego hasta su casa en coche, mientras Clara me esperaba en el hotel. Ya que habíamos pagado la habitación había que aprovecharla, ¿no?

-¿Te ha gustado? –Pregunté cuando volví. Clara se había dado una ducha y solo vestía con un albornoz blanco y una toalla enrollada en la cabeza.

-Claro. Ha sido el mejor polvo de mi vida. ¿Y tú que tal?

-Bien, me ha dado mucho morbo verte montándotelo con otro, y encima enseñando a un amigo de tu hermano...

-¿Le has dicho que no le cuente nada a Fran? –Dijo Clara cambiando la cara.

-Si, ha dicho que no pensaba decírselo. Supongo que por no ponerle los dientes largos.

-¿Fran? Mi hermanito el pobre seguro que está más verde que Diego... –Me dijo con una sonrisa picarona.

-Pues ya sabes lo que tienes que hacer con él, espabilarle un poco...



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