Primero me presentaré: Me llamo Irina y tengo 19 años. Soy muy bajita (mido 1'55), pero delgada y con grandes pechos. Me viene de parte de madre, tengo unos pechos enormes, siempre han sido motivo de envidia para mis amigas. Tengo el pelo negro y largo, y la piel de color canela. Mis ojos son grises, herencia de padre, y en definitiva, soy una chica de buen ver, perdón por la falta de modestia.
A esa edad, no era para nada una santa. Ya había besado a un chico y había comenzado a tener mis primeros escarseos sexuales, me tocaba a mí misma casi cada día, e incluso varias veces diariamente, escondida entre las sábanas de mi habitación o con el chorro de la ducha. Me encanta sentarme en la bañera y dejar que el agua roce mis partes hasta llegar al orgasmo.
La historia que les relataré sucedió en el verano de mis 15 años, tiempo en el que ya me había desarrollado y las hormonas flotaban en el aire. Conocía a varios chicos, muchos me atraían, sin duda eran muy guapos. El que más me gustaba se llamaba Axel, tenía 17 años y era todo un hombre. Era alto, demasiado para mí, que soy bajita, y su cuerpo estaba tonificado por el deporte. Cada día, como estaba de vacaciones, quedaba con él y sus amigos, y también con mis amigas y dabamos vueltas por el barrio.
Un día, mis compañeras no querían salir y yo tenía ganas de ver a Axel. Ese día llevaba una falda amarilla a medio muslo y una camisetita de botones. Quedé con sus amigos y fuimos todos a la casa de uno de ellos. Como se aburrían, propusieron ver una película de esas. Al principio no entendí, pero ellos comenzaron a reirse y entonces no me pude negar. Ya había visto películas porno de las que tenían mis padres escondidas en su armario, y me había tocado viéndolas varias veces. Los chicos pusieron un DVD con la película. En la escena aparecieron dos rubias semidesnudas, disfrazadas de enfermeras. Los chicos comenzaron a reír.
-Ina... (así me llamaban) -dijo uno de ellos.- ¿Sabes qué les pasa a las chicas cuando hace viento?
-No, ¿qué les pasa?
-¡Se les ven las bragas! -y me levantó la falta un poco.
Todos nos reímos. Yo me sonrojé un poco, pero no tuve vergüenza, total, ya me habían visto en bikini y sabía que muchos de ellos me deseaban.
-Ina... -volvió a decir el mismo chico.- ¿Y sabes qué les pasa a las chicas cuando llueve y hace viento?
Vale, ya entendía de qué iba el juego. Me dejé llevar, porque entre la película y sus miradas lascivas, yo me había puesto burra.
-No, ¿qué les pasa?
-¡Que se les ven más las bragas?
Esta vez me levantó un poquito más la falta, pero sólo se vieron un poco mis muslos.
-Ina, Irina... ¿sabes qué les pasa a las chicas que llevan falta un día de tormenta?
-¿Que se les ven las bragas?
-No, ¡se les levanta la falda!
Y entonces me la levantó totalmente, dejando ver unas braquitas verdes con dibujitos. Todos nos reímos, y seguimos viendo la película, mientras que entre broma y broma, los chicos comenzaron a tocarse la entrepierna por encima del pantalón. En la película las dos rubias habían comenzado a "socorrer" a uno de sus pacientes.
-Bueno, creo que me voy a ir... -dije, levantándome.
Los chicos al principio se quejaron, pero yo no iba a quedarme allí viendo cómo se masturbaban. Me tenía que ir a casa a socorrer mis propias necesidades: tenía el coño totalmente encendido. Salí del piso y llamé al ascensor, cuando salió Axel también, diciéndome que me acompañaría a casa.
De camino a casa hicimos un par de bromas sobre la película y los chicos, pero nada importante. Yo, a su lado y cachonda, no tenía ningunas ganas de volver y él pareció leerme el pensamiento cuando me dijo:
-Y si vamos a dar una vuelta tú y yo solos...
Acepté sin pensármelo dos veces. Caminamos hacia el final del barrio, donde hay casas adosadas, y allí él comenzó a jugetear a cogerme de la cintura y del culo. En una de esas, arranqué a correr, entre risas, y él me cogió y me levantó en brazos. Cualquiera pensaría que era un juego inocente, pero al alzarme rozó mis tetas con su poca y me tocó el culo deliberadamente. Así, en sus brazos, nos quedamos unos segundos y nos miramos, cuando comencé a besarle. Nos besamos durante unos minutos, cuando él me puso de nuevo en el suelo y pude notar el bulto en su entrepierna.
-Estoy caliente... -me dijo.
-Yo también -admití.
Pensé que esa sería mi primera vez, y no estaba del todo equivocada. Para entonces ya eran eso de las siete de la tarde y comenzaba a oscurecer. Nos metimos en la entrada de un parking oscuro y comenzamos a manosearnos enteros. Yo me sentía en la gloria. Axel me había desabrochado la camiseta y manoseaba mis pechos con una mano mientras la otra acariciaba mi coño por encima de las bragas, ya empapadas. Yo le besaba e intentaba desabrocharle el pantalón.
Él me volvió a coger el brazos y yo hice una llave con mis piernas en su cintura para no caerme. Sacó mis tetas del sujetador y comenzó a lamerlas, succionarlas, chuparlas... Yo estaba en la gloria mientras me cogía a su cuello con las manos. Me volvió a poner en el suelo y se agachó, poniéndose de rodillas delante de mí. Me bajó las bragas de golpe y metió la lengua en mi coño, dándo con el clítoris. Me volví loca, casi no pude reprimir el grito de placer. Comenzó a comerme el coño de manera magistral. Movía la lengua de un lado a otro, hacia delante, hacia atrás, rápidamente. Pronto añadió un dedo. Al principio me asusté, porque aún era virgen, pero con lo mojada que estaba, su dedo entró perfectamente en mi interior, proporcionándome un placer inigualable.
Minutos después, llegué al orgasmo. Él espero a que me calmase, bebiéndose todos los jugos que salían de mi ser. Luego se levantó y me besó.
-Buff... Ahora tendrás que ayudarme tú a mí
Me dijo mientras se sacaba el pene erecto de los calzoncillos.
Al principio me quedé algo impresionada. Era la primera vez que veía un pene en toda su esplendor. Pero el de Axel era más pequeño que los que había visto en las películas porno. Pequeño y regordete. Pensé que no quería perder la virginidad con algo tan pequeño, y sin que él me dijese nada más, simplemente me lo metí en la boca.
No sabía muy bien qué tenía que hacer. Intenté mover las manos, pajeándole de la manera que había visto hacer a las actrices porno, y succionándolo y llenándolo de saliva. Me cabía entero en la boca sin ningún tipo de esfuerzo. Axel suspiraba un poco, había cerrado los ojos para disfrutar más. Yo seguía succionando su falo e introducí las manos en sus calzoncillos para tocar sus pelotas, que eran grandes y peludas. Ahora sabía qué era lo que abultaba tanto el paquete, jaja.
Duró un poco más que yo. Estaba succionando su glande cuando me dijo que se corría. Rápidamente alejé la cabeza, no quería probar el sabor de su semen. Mis amigas me habían dicho que era amargo, y no quería arriesgarme.
Seguí pajeándole y un minuto después un montón de líquido salió de la punta. Con la poca luz que había, se veía gris blanquecino. Cuando acabó de eyacular, le di un besito en la punta.
Miré a Axel, que tenía cara de cansado.
-¿Querrás continuar? -me preguntó.
-No... hoy no -le dije.
Yo sabía que con él no habría nada más. Había estado bien como primera vez, pero no quería que él me desvirgara...
No pasó mucho tiempo después de que eso pasara, pero eso lo contaré en otro relato... El caso es que no volví a estar con Axel. Días después de lo sucedido, simplemente nos reímos y seguimos con nuestra vida normal, como si eso nunca hubiese pasado.