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2010-06-24 05:57:18
Me llamo Oscar y soy del tipo de hombre que ninguna mujer desea. Es decir, soy robusto, nada agraciado y además en cierta forma, soy tímido con las mujeres. Hace algunos años ya, heredé de mis padres un almacén de ropa americana, muy cara por cierto, que gracias al trabajo y empeño de ellos siempre estuvo muy bien aclientada con diseños exclusivos y algunos otros copias muy parecidas a las originales. Era pues, un hombre afortunado en los negocios y desafortunado en el amor. A pesar de saberme feo, no me conformaba tampoco con cualquier mujer. Tenía mis gustos y preferencias en mujeres que sabía bien, jamás se fijarían en mi por mi físico. Así pues, era cliente asiduo de burdeles donde pagaba a las chicas con mejor cuerpo y caras de muñecas por darme un rato de placer.

Cerca de la tienda, había una escuela preparatoria donde pasaban a diario cientos de estudiantes, y chicas que pasaban y se detenían a mirar los diseños de moda. Algunas eran preciosas con sus diminutas falditas que apenas tapaban sus nalguitas y dejaban ver sus piernas tan bien torneadas que tanto me enloquecían. Era pues una de mis tantas fantasías, cogerme a alguna de esas que me provocaban tremendas erecciones cada día que pasaban por ahí, pero era tan solo eso: una fantasía.

Había una de ellas que solía prender un cigarrillo y fumárselo afuera mientras veía las blusas que se exhibían en el aparador. Había visto otras más atractivas que ella, pero había algo en ella que me llamaba mucho la atención. Aún llevaba flequillo y el pelo lacio le caía sobre los hombros. Era delgada y tenia las uñas muy largas. Sin que ella lo notara la observaba muy detenidamente cada vez que se paraba a fumarse su cigarrillo. Me asaltaban las ganas de ir a arrebatárselo y plantarle un beso y meterla arrastras hasta mi cama… tan solo eran sueños.

Mi musa apareció un día hasta mi mostrador con ese aire de seguridad y prepotencia que tanto le habia visto demostrarle a todos sus compañeros. Llevaba el uniforme, aquella mini faldita escolar de cuadros de color tinto que exhibían sus piernas haciéndolas parecer mas largas y una blusa de cuello abierta hasta el nacimiento de sus senos y el pelo por primera vez agarrado en una cola de caballo. Me paralicé al tenerla junto a mi. Pude olerla, un olor dulce aunque mezclado con el tabaco que fumaba, me daba a entender que era de niña todavía. Yo a mis 36 años, me sentía como un lobo a su lado que al percatarme de su presencia, temblé como cordero. Mi maldita timidez se imponía aunque no entendía para qué me preocupaba si mi musa, tan solo sería eso, una musa a la que le dedicaba cada noche cada chaqueta (masturbación) que me hacía.

  • Hola.-me dijo- ¿Cuánto cuesta la blusa rosa del aparador?
  • No sé a cual te refieres –le dije titubeando

Me miró con enfado. Quizás sabía el efecto que ella tenía sobre mi y sin más, se dio la vuelta y yo casi pude mirarle los calzoncitos y moría por tocar aquel culito chiquito y redondito que me imaginé que tendría. Comencé a sudar como un marrano. Tenerla frente para mi era demasiado. Luché por controlarme y la seguí.

-Esa- me dijo señalándola con su dedo- De hecho es la única color rosa que hay.

La descolgué como pude y se la dí. Se dirigió al probador y en unos instantes salió con ella puesta. Se veía preciosa, era una blusa de tirantes con piedrería de fantasía que le hacía resaltar su figura esbelta. Una vez más comprobé que de esas pulgas no brincaban en mi petate. Volvió a cambiarse y me preguntó el precio. Abrió un poco los ojos sorprendida y sacó de su mochila unos billetes arrugados . Faltaba poco mas de un tercio de lo que valía y de pronto una frase salió de mi boca que aún a mi mejor cliente jamás había hecho.

  • Puedes llevártela y venir después a pagarme el resto en abonos.-le dije mirándola a los ojos.
  • ¿Y cómo sabes que voy a regresar a pagarte? – me dijo desafiante.
  • Porque pasas todos los días por aquí y sé que vas a la preparatoria que está cerca de aquí y más que nada porque la blusa te queda muy bien.
  • No,-contestó tajante- no puedo llevármela. Aquí la tienes.
  • De verdad te la puedes llevar. Me la puedes pagar en abonos si quieres, te doy crédito.
  • ¿ A cambio de que?- me preguntó con enfado

No pude responderle. Lo único que deseaba era que mi musa volviera a mi tienda para poder verla mejor y la única manera era dándole crédito para que fuera de vez en cuando a abonar. Antes de que pudiera responderle se dio la vuelta y se marchó. La frustración me invadió y me quedé con la blusa en las manos. Me la llevé hacia la nariz y la olí. Tenía su olor, a niña. No la volví a colocar en el aparador, sino que la envolví cuidadosamente en una bolsa de plástico y la puse dentro de un cajón de mi escritorio. Eso era lo único que tenía de ella.

Me había excitado demasiado. Tenía que descargar mis ganas y no tenía deseos de hacerlo yo solo. Tras escoger unas prendas, me dirigí al prostíbulo que acostumbraba y busqué con ansias a una de mis favoritas. Se hacía llamar así misma "Marlene" y era una chica de las más jóvenes, con 23 años de edad tenía ya mucha experiencia y se declaraba una puta de las mejores. En eso tenía razón, me complacía sin quejarse en cada uno de mis gustos y era simpática. Siempre me recibía con una sonrisa, sabía muy bien que esa noche una suma considerable de dinero se iba a sumar a sus ahorros.

  • Oscar mi amor – me dijo abrazándome efusivamente- Qué milagro que vienes a verme. Pensé que ya te habías cambiado de bando y que serías un puñal…
  • Mientras existan las putas como tu jamás, ya sabes a lo que vengo.
  • Espera y recojo mi bolsa.

Me la llevé al primer motel que encontramos. Estaba ardiendo de ganas de meterle la verga y la manoseé por todo el camino. Ella solo se reía. Bajé la bolsa con lo que había escogido y se la dí.

  • Deveras que eres un hijo de puta. O sea que me has hecho que me vista de colegiala porque de seguro se te ha de parar la verga al ver a las colegialas que pasar por tu tienda, ¿no?

No le dí tiempo de seguir hablando. Era una chica delgada a la que le quedaba muy bien el uniforme de colegiala pero no se comparaba con mi musa. Quizás le faltaba ese aire de inocencia y esa cadera no tan ancha. Aún así, mi compañera estaba exquisita. La tomé del cuello y la halé hacia mi para besarla en los labios. Mis manos recorrían sus pechos tocándolos por encima de la blusa. Ella hacía lo suyo desabotonando mi camisa y bajándome el cierre del pantalón. Ella ya sabía lo que me gustaba. Fue descendiendo por toda mi panza hasta encontrar mi modesta verga de tan solo 13 cms. Podía metérsela hasta el fondo sin ningún problema y chuparla a su antojo. Yo la dejaba hacer, dejarla hacer lo que mejor sabía y lo que tanto me gustaba. Lamía con destreza cada centímetro, su lengua y su aliento hacían lo suyo haciéndome estremecer de placer. Después de meterla y sacarla se dirigía a mis testículos. Sus manos me acariciaban mientras ella se metía primero uno y luego el otro a su boquita. Sus dedos seguían recorriendo toda mi zona erógena desde la punta del glande hasta mi ano. Me fascinaba sentir su lengüita recorrer mi ano mientras con su mano me hacía la puñeta. Sentía que estaba a punto de venirme y la halé del pelo tirándola en la cama. Sonreía traviesamente mientras se hacía a un lado la tanga para dejar al descubierto su sexo rasuradito y listo para ser penetrado. La penetré de un solo golpe y no se quejó. Sabía que mi verga pequeña, no la haría gritar puesto que estaba acostumbrada a recibir mas grandes. Aún si la penetré con fuerza. Comencé a bombearla con verdadera pasión recordando a mi musa. Imaginaba que era ella a la que me cogía y aceleraba mis embestidas. Marlene se tocaba su clítoris y de vez en cuando se metía los dedos en la boca para lubricarlos y seguir frotándose. La levanté y la puse a gatas. Una de mis posiciones favoritas puesto que me daba una vista panorámica de ese culito. Y sin más contemplaciones la penetré por el culo.

-Aaayy- gritó- no tan fuerte que me lastimas

- cállate y disfruta- le ordené sujetándola de la cintura y atrayéndola contra mi verga para hacer la penetración más profunda. Ella siguió gritando pero no me importó. No tardé mucho en terminar y la llené de mi semen. Ella me abrazó al terminar como siempre lo hacía y yo le correspondí. Se había convertido en una amiga con derecho y ya le tenía aprecio.

Al día siguiente, a la misma hora como siempre, apareció mi musa. Traía el pelo suelto y esta vez no era un cigarrillo lo que traía sino una paleta. De inmediato mi cerebro empezó a trabajar y a imaginarme que era mi verga lo que ella chupeteaba y de repente se me paró. La sentía muy dura y tiesa pero mi pantalón flojo y debido a su tamaño no lograba notárseme del todo. Caminó con ese aire de seguridad por los pasillos viendo cada prenda con añoranza. Su aroma llegaba hasta a mi y lo disfrutaba cual aire que respiraba. Volvía a ver sus piernas tan bien torneadas y ese culito redondito que me enloquecía. Sus labios eran carnosos y rojos, ¡me fascinaba esa mujer!. Me acerqué a ella y de una manera cortes le dije:

  • Tu blusa la he guardado, para cuando te la quieras llevar.

Ella giró su cabecita y me miró con desdén. Siempre me miraba así y de igual forma sentía derretirme.

  • No me alcanza el dinero para pagarte. –dijo seca- además, mis padres me han dado menos dinero cuando se han enterado que fumo. Así que ahora menos que nunca puedo pagarla.
  • Puedo hacerte un descuento – exclamé rápidamente- justo de la cantidad que te hace falta. Así gano una clienta- mentí- y tu te quedas con tu blusa.
  • No lo sé –me dijo mirándome con repulsión- no confío en ti. Y no me haces tonta, sé que tus intenciones no son buenas.
  • ¿Y si te dijera que solo quiero ser tu amigo?
  • ¿ Por qué?
  • Está bien, te diré la verdad. Me gustas, pero se que nunca te fijarás en mi así que solo quiero ser tu amigo, además ya te lo dije, también gano a una clienta. Me llamo Oscar- me presenté extendiéndole la mano- ¿tu como te llamas?
  • Karina. –contestó dándome de mala gana la mano- está bien, dame la blusa.

Y así terminó aquel día que consideré había ganado bastante con ella. Me hice ilusiones como un niño, como nunca antes. Sin querer, me estaba obsesionando con ella o quizás a enamorarme de ella. Aquello me asustaba, prefería desearla a amarla porque sabía que quizás podría llegar a poseerla pero jamás lograría que me amara. Era mucha mujer para mí. Pensaba en ella día y noche, me sentía enfermo, solo deseaba que amaneciera para poder verla pasar. A veces se paraba unos momentos y me sonreía de mala gana y me hacía un movimiento con su manita de dedos delgados y uñas larguísimas. Otras veces me comentaba algo, y yo le mostraba modelos y diseños que podía llevarse pero ella negaba. Veía en su rostro la frustración de no tener el dinero para comprarse lo que le gustaba y yo le sugería llevarse las prendas cosa que siempre me negaba.

Un día quiso el destino que cambiara mi suerte. Llegó sonriente como nunca y se acercó hacia mi escritorio. Le correspondí a su sonrisa y le dí la mano. Realmente se veía hermosa cuando sonreía.

  • Oscar – ya me tuteaba- necesito un vestido para esta noche.
  • Lo que quieras –contesté- déjame mostrarte los que hay. Le mostré los mas hermosos aunque sabía de antemano que eran los mas caros pero no me importó. De todos modos ese día estaba dispuesto a jugarme el todo por el todo. Ya no soportaba mas no poder tocarla. Se midió cada uno de los modelos y debo admitir que la chica se veía divina con cada uno y fue muy difícil escoger cual. Por fín se decidió por uno de color rojo con la espalda descubierta y de tirantitos como tanto le gustaba. Me sentía reventar y ella debió notarlo porque se cambió de inmediato.
  • Oscar solo hay un problema – me dijo con preocupación.- No te puedo pagar en estos momentos y ¿todavía esta en pie tu ofrecimiento de darme a crédito?
  • Por supuesto, pero necesito un anticipo. –le dije maliciosamente
  • Pero no tengo dinero, ya te había dicho.
  • No hablo precisamente de dinero.

Me miró con asco y me arrojó el vestido a la cara.

  • eres un cerdo –gritó- debí haberlo imaginado
  • Espera no te enojes –le supliqué- en realidad no es mucho lo que te voy a pedir y ni siquiera sabes que es
  • Vete a la chingada, cabrón de mierda

La había perdido. Por una pendejada la había perdido para siempre. Mi frustración aumentó cuando la vi salir para lo que yo creí que sería nunca. Lloré, no sé por qué pero lloré como un niño. Ahora me daba cuenta de que sí me había enamorado de ella. Estaba avergonzado por primera vez en mi vida, y me consolaba pensando que tendría que conformarme con verla pasar todos los días a la hora de la salida de la prepa; de todos modos llegaría el momento en que se graduaría y no volvería a verla nunca mas. Esa tarde fue la más triste en muchos años después de la muerte de mis padres. Hice el inventario con mis empleados y me disponía a cerrar la tienda cuando para mi sorpresa Karina había vuelto y estaba parada en uno de los pasillos.

  • De verdad me gustó el vestido y yo….
  • Karina no quise- le dije rápidamente
  • Cállate- me interrumpió- no te hagas pendejo que no te creo nada. Lo único que quiero saber es que quieres a cambio. De antemano te digo que soy virgen y que jamás cogería contigo aunque fueras el último hombre sobre la tierra.

Mis ojos se iluminaron al oir sus palabras. Mi musa no solo era bella y joven sino que tambien virgen! No soy machista ni tampoco me importa la virginidad aunque si tenia una fantasía sexual de cogerme a una virgen. De repente toda mi tristeza se desvaneció y me invadió la lujuria y el deseo y muy pronto mi cabeza comenzó a pensar mas friamente. Sabía que quizás esta seria la única vez que tendría a mi musa en mis manos y no podía desaprovecharla.

  • En realidad, -le dije pausadamente- lo único que quería es que me dejaras verte y tocarte.
  • ¿Desnuda? – preguntó incrédula
  • Si, bueno y que me permitas hacerme una puñeta, o mejor aún que me ayudes tu y nada mas.
  • ¿ No te parece que son demasiadas cosas? Eres un cerdo, corriente , pelado y vulgar.
  • Te juro que lo que mas deseo en este mundo es tocarte.
  • Y yo te juro que si te pasas de listo conmigo, te mato.

Sus amenazas me daban risa, por supuesto que no le haría daño a mi musa y estaba que no cabía en mi de gusto. Cerré la tienda y la metí por la puerta de atrás como le dije que hiciera para que nadie la viera. La guié hasta mi despacho y le dije que se sentara. Ella me pidió un cigarrillo y yo se lo di sin antes prendérselo como todo un caballero. Estaba nerviosa, lo podía notar y para mi sorpresa yo lo estaba mas. No podía creer que cuando apenas creía que la había perdido, estaba a punto de tenerla en mis brazos.

  • ¿Quieres un refresco? –le pregunté
  • No. –dijo ella incorporándose y aplastando el cigarrillo contra el cenicero- mejor acabemos esto de una vez para largarme de aquí.

Su seguridad estaba flaqueando. Luchaba por no demostrar que tenia miedo y comenzó a desabotonarse la blusa torpemente. Me miraba con odio, como si la forzara a hacer lo que estaba haciendo y a punto estuve de detenerla hasta que la vi sin aquella blusa. Su brassiere escondía a un par de senos redonditos y firmes. Después procedió a quitarse la falda. Se quedó con un calzoncito diminuto de esos recortados que dejan ver la mitad de las nalgas. Para esos momentos yo sentía mi verga reventar. Tuve que sacarla porque la ropa me incomodaba. Ella no pareció sorprendida de verla, de hecho debió parecerle muy pequeña porque casi la vio esbozar una sonrisa. Al menos le sirvió para relajarse un poco. Se quito el brassiere y sus panties. Pude admirarla completamente desnuda y le pedí que se soltara el pelo. Me la empecé a halar con mas fuerza, mi excitación ya era demasiada y solo quería poseerla. Le dije que se acostara en el escritorio a lo que obedeció sin replicar. No sabía por donde empezar a tocarla, asi que me decidí por sus senos. Estaban duritos y firmes. Se los mamé con vehemencia mientras se los tocaba con mis manos. Mi estimulación hizo que sus pezones reaccionaran para mi gusto que los chupe con mas ganas. Sabía que mi musa no lo estaba disfrutando pero al menos cumplía con su parte del trato y yo hacía todo lo posible porque le resultara algo placentero. Despues una de mis manos bajó hasta su vaginita. Estaba muy bien podadita e instintivamente cerró las piernas al sentir mis dedos abrirse paso entre sus labios. Se las separé ligeramente y me ensalivé mis dedos para tocarla mejor. Estaba exquisita, yo me halaba la verga sintiendo que era la mejor puñeta que me había hecho en toda mi vida. Senti la necesidad de abrazarla contra mi y la hice que quedara sentada en el escritorio y yo dentro de sus piernas. Le besé el cuello y le sobé sus senos con sus pezones una y otra vez mientras mi verga le rozaba contra el estomaguito. La besé a la fuerza, cosa que se resistió pero la sometí. Me dio una cachetada pero me la seguí halando ante la mirada furiosa de ella. Volví a mojarme un dedo con saliva y volví a explorar su puchita. Estaba riquísima, me moría por probarla, pero tuve que resistirme y después le meti poco a poco el dedo cosa que la hizo gemir y me impidío seguir penetrándola

  • No! –gritó- te he dicho que soy virgen, pendejo. Me lastimas!
  • está bien, ya casi termino.

Le seguí mamando las tetitas mientras me halaba con mas ganas la verga que ya sentía que esta a punto de estallar. La obligué a que se acostara otra vez en el escritorio y le di a mamar mi verga. Debo admitir que la forcé y la soborné diciéndole que podría llevarse otra prenda mas. Mi musa era virgen en todos los sentidos. No sabía mamar vergas tampoco. Le fui indicando como hacerlo aunque sus mordiditas en mi tronco también me gustaban.

-Así, así bonita, sigue chupando, sin dientes- gemía-así, oh si así lo haces muy bien, mm oh oh oh, sigue chupando, ya casi me vengo oh oh oh mas, sigue oh oh oh ooooohh oohh ohh

Me vine en su boquita. ¡No pude evitarlo! No duré ni 7 minutos cuando ya había terminado. Era demasiada excitación para mí y demasiado asqueroso para ella que fue a escupir y a lavarse la boca todo el semen que por poco se traga. Había sido sin lugar a dudas el mejor orgasmo de toda mi vida. Pero aún faltaba lo mejor, ahora mi obsesión por ella había crecido. Necesitaba poseerla, y tenía que idear la forma de lograrlo.

Cuando la vi salir del baño la vi aún llena de asco y supe entonces que sería muy difícil volver a tenerla en esa situación.

  • No sabes cuanto te odio y el asco que me das – me dijo a punto de llorar
  • Karina, pero no te hice daño respeté tu virginidad como quedamos
  • Eres un cerdo! No sé como hice todo esto, espero que al menos sepas ser caballero y no le cuentes a nadie!
  • No lo haré, si te hace sentir mejor, quiero que sepas que te amo.
  • ¿Qué? ¿Estás pendejo o que?
  • Te juro que es verdad. Es mas, estoy dispuesto a darte lo que quieras a cambio de que te vengas a vivir conmigo.

Su rostro ya no reflejaba asco sino una gran sorpresa. Algo en ella cambió y me miró con compasión. Quizás estaba acostumbrada a rechazar chicos a diario y yo solo era un iluso mas, un iluso que logró mas que ningún otro pendejo… jejeje. Aún así, se vistió y recogió el vestido.

  • Olvídate de mi porque nunca mas volverás a verme y yo ya he olvidado lo que acaba de pasar aquí.

Sus palabras me dolieron en lo mas profundo de mi alma. El hecho de pensar en no verla nunca más me hacía sufrir. Y lloré de nuevo al verla partir. Tendría que consolarme con Marlene de nuevo, aunque no sabía si esta vez fuera suficiente.

Autor: Michelle


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