Se levantó, se acariciaron y besaron muy despacio, muy tiernamente. Se abrazaron con mucha ternura.
Aliena se encontraba disgustada por tener que casarse la mañana siguiente
con aquel joven fuerte y rudo que no amaba. Un joven al que le había prometido
ayudarla en su difícil situación económica. Ella había rechazado a muchos
hombres que le habían pedido relaciones, era muy exigente pero su situación
no era sostenible. Su hermano necesitaba de su ayuda, nunca tuvo un trabajo
estable y no podía hacer frente a los enormes gasto que suponía pagar a su escudero
y unos cuantos hombre que le permitieran apoyar al viejo rey Stephen en su
batalla por no perder el reino.
Ahora podría disponer de los medios necesarios una vez que Alfred se casase
con su hermana. Pero Aliena no era feliz en absoluto, más bien temía casarse con
aquel hombre y ser infeliz de por vida. Antes había podido tener hasta mejores
oportunidades de hacer una boda rentable y lo había descartado porque para ella
dentro de su fogosa naturaleza no era indispensable el sexo, al menos sin amor.
Convivía con Martha hacía ya un tiempo, ambas estaban huérfanas y había
hecho una gran amistad. Martha era voluptuosa, morena con pelo liso y abundante,
unos ojos verdes profundos y una sonrisa picarona que mantenía hasta en momentos
difíciles. Su curvado cuerpo era muy aclamado en el pueblo y Aliena no había
podido evitar mirarlo a veces de modo inexplicable. A ella siempre le habían
gustado los hombre, al menos eso pensaba, pero Martha era tan generosa y con
veinte años no parecía demostrar el más mínimo interés por los hombres. Bien
es cierto que tampoco por las mujeres.
En un extremo de su cuarto Aliena se cepillaba su precioso pelo rojo muy
rizado con un rudo cepillo de cerdas de jabalí, le encantaba hacerlo, era una
sensación inexplicable que le hacía erizar toda su piel. Miraba en el espejo sus ojos
dorados con su mirada muy fija y penetrante, sus ojeras de no haber pegado
ojo en toda la noche y las arrugas de su frente más marcadas desde que el hambre
y la penuria se había agudizado en su vida, cada vez más desde que la última
vez perdiera todo en el incendio del mercado donde vendía lana.
Tenía que casarse con Alfred aunque no le quisiera, era una cuestión
interesada, no importaba si odiaba a aquel desmañado muchacho, su hermano tenía
que recuperar el condado que su padre perdió.
Martha llamó a la puerta. Aliena preguntó quien era y la dejó entrar, no
quería que nadie de la aldea la viera en camisón y cepillando su pelo que
normalmente llevaba oculto en aquel pañuelo negro inatractivo. Martha se mostraba
triste por simpatía con su amiga Aliena, notaba que no era feliz y que aunque se casase
el día siguiente no lo sería en el resto de su vida. Se acercó a ella por detrás y
puso sus manos en sus hombros. Se interesó por cómo lo estaba pasando y si
se encontraba bien. Aliena no parecía necesitar nada, tal vez hablar con una
amiga, con un hombro generoso en el cual acudir y echarse, desahogar la pena enorme
que le embargaba en esos momentos.
Le dijo que nunca sería feliz con su hermano y que no debía casarse. Aliena
con lágrimas en los ojos le dijo que no era lo que ella quería pero que tenía
que hacerlo porque sin dinero su hermano nunca sería de nuevo el conde de
Shiring.
Las caricias de Martha en los hombros de Aliena se hacía cada vez más
cariñosas e intensas. Casi con las puntas de los dedos aquella joven solterona era
capaz de transmitir más cariño que su hermano Alfred jamás lograría con las
futuras relaciones sexuales que sin duda comenzaría a gozar desde el día siguiente.
Mientras Martha argumentaba que no siguiera adelante, que el amor era muy
importante, más que el dinero y que una persona infeliz nunca compraría un
momento agradable por mucho dinero que tuviese, hablaba con calma, con
cariño, acariciándola. Aliena cerró los ojos, no podía más, aquella muchacha le estaba
llevando al cielo, no podía seguir con aquello porque de lo contrario era
con ella con quien quería pasar el resto de su vida, pero a ella no le gustaban
las mujeres, al menos no todas, tal vez sólo le gustaba Martha.
Mientras seguía hablando con su cálida y tierna voz, Martha acercó su cara a
la de Aliena y la besó en la mejilla. Aquel beso mojó su cara, no era posible,
estaba llorando. Martha sabía que si se casaba con Alfred su relación se iba
a terminar, aquel hombre la separaría de todos, y de la primera de ella. En
más de una ocasión la había pillado soñando en voz alta, gritando el nombre de
Aliena y gritando que la quería y que no podía vivir sin ella. Su hermano era tan
rudo y salvaje que fue capaz de contarle el sueño con grandes risotadas delante de
sus padres y dando una serie de detalles íntimos de lo que hacían sus manos
mientras ella soñaba y gritaba en sueños pensando en Aliena. Pero su hermano era
así y le había advertido que cuando se casara no quería ni siquiera que mirara a
su mujer, que le daban asco las lesbianas.
Aquella lágrima llevaba todo ese recuerdo encerrado, no soportaría estar sin
ella y se había decidido a declararle su amor antes de que tomara una
decisión irreversible, para que pudiese escoger entre su cariño tierno y
desinteresado yel dinero y malos modos de Alfred.
No hacían falta las palabras, todo estaba claro, Aliena supo ese día que
cuando en la iglesia había visto como Martha la miraba desde unas filas más atrás
o cuando sus ojos se habían cruzado en la plaza del mercado, no había sido por
simpatía, admiración o respeto. Había amor en esas miradas, había cariño,
deseo y pasión. Una pasión que no sabía que podía existir entre dos mujeres pero
que era evidente que con aquellas caricias la estaba transportando al cielo y
que ningún hombre rudo y fortachón jamás lograría elevarla.
Se levantó, se acariciaron y besaron muy despacio, muy tiernamente. Se
abrazaron con mucha ternura. Caminaron de la mano hacia el cuarto sin dejar de
mirarse, con unos ojos encendidos, muy fijos, apasionados. Se sentaron en la cama
y una a la otra se fueron quitando la ropa. No podía casarse con Alfred si sentía
aquello por Martha, no podía vivir sin ella.
Si alguna ha leído el libro perdonará que haya cambiado la trama para
hacerla mucho más interesante. El libro me ha encantado y tiene algunas partes
muy excitantes pero lamentablemente no de lesbis. Un beso.