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2009-07-16 12:27:31
Las soldados corrieron lo más de prisa que pudieron a la sala del trono. Su entrada violenta alertó a todos los presentes, incluida la reina de las Brujas.

- ¡Majestad!

- ¿Qué os pasa? ¿A qué viene tanto escándalo?

- ¡Tenemos un problema! ¡Se ha escapado el prisionero 11235478A!

La reina pensó un momento. Ese número le era muy familiar. Estaba segura de haberlo oído alguna vez. No tardó en recordarlo.

- ¿¡Morpheus!? – Exaltada, se levantó del trono.

Las soldados asintieron. Las brujas y soldados que habían en la sala comenzaron a hablar en voz baja entre ellas. Era un caso de extrema urgencia.

- ¡Hay que poner en alerta a todas las brujas inmediatamente! ¡Comunicad a todas aquellas que estén disponibles que lo busquen y lo capturen!

- ¡Si majestad!

Las dos soldados se iban a ir pero la reina las detuvo.

- También comunicadles lo otro.

Ambas asintieron y se marcharon.

Era un caso de extrema urgencia. Si de verdad había escapado, el mundo de las brujas corría un grave peligro.

Observando el colegio, no parecía nada del otro mundo. Pero algo de otro mundo para un brujo.

- Maldita sea… primero tengo que ocultarme con la forma de un niño y ahora tengo que ir por obligación al colegio ¡Estos humanos son unos idiotas!

Le fastidiaba, pero no podía hacer otra cosa. Si no quería que las brujas le encontrasen tenía que camuflarse, y la única manera de hacerlo era hacerse pasar por un niño. Vamos, lo que significaba que le tocaba ir al colegio.

Al menos tenía que esconderse hasta que recuperase su poder mágico para poder escapar. Pero no sabía cuanto tiempo le podría llevar. Ahora estaba muy débil.

Sato-sensei entró en el aula y todos se sentaron en sus respectivos asientos. Nada más dejar sus cosas sobre la mesa, comenzó a escribir un nombre en la pizarra.

- Hoy vamos a tener un nuevo estudiante que acaba de llegar de Holanda – se giró para mirar hacía la puerta - . Entra por favor.

Todos miraron curiosos al nuevo estudiante. Su pelo era algo parecido a la plata y puntiagudo, ojos grises como la ceniza. Desde luego, se notaba que era extranjero.

- Preséntate, por favor.

- Si sensei. Mi nombre es Pheu Moriyatama. Acabo de llegar de Holanda por temas de trabajo de mis padres, así que no conozco muchas cosas de aquí – Se inclinó - Espero que nos llevemos todos muy bien.

Todos se sorprendieron de lo bien que hablaba japonés. Algo muy poco natural en alguien que venía del extranjero.

- Muy bien, puedes sentarte… a ver… mira, detrás de Senoo-san.

Morpheus se dirigió hacía su nuevo sitio. Estaba detrás de una chica de cabello azul oscuro. Esta le lanzó una mirada sonriente. No supo porque, pero el verla le trajo a su memoria un recuerdo del pasado, lo que le hizo quedarse parado mirándola unos instantes.

- ¿Eh? – Aiko se sentía nerviosa de que la mirara tan fijamente - ¿Te pasa algo?

Volvió en si.

- Ah, no. Perdona, perdona. Es que te pareces mucho a una persona que conozco de Holanda.

- Ah, vale.

Se sentó en su sitio y Aiko se giró.

- Me llamo Aiko Senoo, es un placer.

 

- Igualmente.

- Si necesitas cualquier cosa, no dudes en pedírmelo.

- Gracias.

Esta se giró y entonces Morpheus notó algo. Algo que le hizo sonreír. Cuando se estaba presentado no pudo estar seguro del todo, pero ahora lo tenía claro. Esa chica era una bruja, aunque emanaba un aura muy débil, lo que significaba que aún era una aprendiz.

No solo ella, sino que había otras dos que emanaban el mismo tipo de aura. Una chica morena con gafas y otra con el pelo de color violeta. Había tres aprendices de bruja en su clase.

- Esto me va a facilitar mucho el trabajo – pensó mientras sonreía maliciosamente.

Las clases pasaron muy lentamente. Pero finalmente llegó la hora del almuerzo.

Muchos se acercaron al chico nuevo para preguntar, pero pronto le dejaron un poco tranquilo para que pudiese almorzar en paz. Aiko y sus dos amigas en las que había reparado antes que eran brujas, Hazuki y Onpu, se sentaron con él.

- Así que eres parte japonés – dijo Hazuki.

- Si, por parte materna. Pasé aquí los primeros años de mi vida y luego nos fuimos a Holanda.

- Pues no se te ha olvidado para nada el japonés, lo hablas muy bien.

- Gracias. Esperaba que no se me olvidase, no se que hubiese hecho entonces.

Al comenzaron las tres clases que quedaban. Ya solo faltaba hacer las tareas de limpieza. Para su desgracia, le tocó. Pero no se lamentó al enterarse que su compañera iba a ser Aiko.

- Bueno, pues eso ya esta. Lamento que tengas que quedarte en tu primer día.

- No pasa nada. En Holanda no hacemos nada de esto.

- ¿Ah no?

- No. Por lo que sé, es una costumbre solo de Japón.

- Ya veo.

Solo les quedaba rellenar el libro de faltas, cosa de la que se ocupo Aiko. Estaba claro que así no podía hacerle nada. Ya era hora de irse, por lo que había perdido su oportunidad.

- Si quieres ya se lo llevo yo a la sensei – dijo amablemente Morpheus - . Tú vete a casa.

- ¿Estás seguro?

- Si. No hay problema.

Se marchó y se lo entregó a la sensei en la sala de profesores. Regresó para coger su mochila. Aiko no estaba. Se había marchado. Lástima. Tendría que esperar a la próxima oportunidad.

Ya casi estaba en la puerta para irse cuando le pareció ver a alguien sentado en un columpio. Solo deberían quedar los profesores en el colegio, pero por curiosidad se acercó. Se trataba de Aiko.

- ¿Aún estás por aquí?

La joven se asustó y se giró de golpe.

- Perdona, parece que te he asustado.

- N-No, perdóname tú a mi.

Se sentó en el columpio de al lado. No tenía que ser un genio para ver que estaba triste. Tenía dos maneras de averiguar el motivo, usando la magia o preguntándole. Prefirió usar primero sus poderes para leerle la mente antes de preguntar.

No tardó en dar con el motivo. Un padre que trabaja mucho, una hija que se encuentra sola en su casa. Algo ya muy habitual.

- ¿No tendrías que regresar a casa? Tus padres se preocuparán.

- No creo – respondió negando con la cabeza.

- ¿Por qué?

- Mis padres están separados. Vivo con mi padre y el trabaja hasta tarde. Así que da igual a que hora vuelva.

- Entiendo… ¿y te quedas aquí sola?

- Generalmente estoy con Hazuki y las demás, pero cuando no podemos quedar, me quedó aquí un rato y luego me voy.

- Mmm… comprendo.

Se comenzó a balancear. Era realmente triste. Además, cuando más la miraba más notaba un enorme dolor de cabeza, como si alguien de su pasado comenzará a atormentarlo.

- Si quieres… ¿por qué no te vienes a mi casa?

- ¿A tú casa?

- Es mejor que quedarte aquí sentada sin hacer nada, ¿no? Además, tampoco puedo dejarte sola.

- No quiero causar molestias.

- No lo vas a ser.

- ¿Estás seguro?

Asintió.

- Esta bien. Si insistes.

Lo había conseguido. Ya iba a cumplir su objetivo. Solo tenía que esperar a llegar a su piso y lo lograría.

No tardaron en llegar, pues el apartamento estaba a poco más de cinco minutos del colegio. Al entrar dejaron las mochilas en la entrada y se sentaron en el salón.

- Que apartamento tan grande.

- ¿Te gusta?

- Si. Tus padres deben tener mucho dinero.

No pudo evitar sonreír, pero no por ser rico, sino por lo ingenua que era. ¿Qué les enseñaban a las brujas de hoy día? ¿No eran capaces de detectar a otro igual a ellos? Los tiempos habían cambiado mucho en los últimos 600 años.

- Dime Senoo-san…

- Aiko.

- ¿Eh?

- Llámame Aiko.

Sonrió.

- Esta bien, Aiko. ¿Te gusta la magia?

- ¿La magia? – Preguntó algo nerviosa.

- Si.

- Pues no se, ¿te refieres a trucos?

- No. Me refiero a la de verdad.

- Ese tipo de magia no existe – apuntó moviendo las manos de manera negativa.

- Oh, claro que existe.

Se notaba que estaba comenzando a ponerse tensa.

- La magia es algo maravilloso, con sus conjuros y esas cosas, ¿no crees?

Ya parecía que temblaba.

- Mira, ya es tarde, así que mejor me voy.

Se levantó para irse e intentó abrir la puerta, pero recibió una descarga que la lanzó de nuevo a su sitio.

- A-au… ¿q-qué ha sido eso?

- Me parece que se me olvidó decirte que una vez entras en este apartamento no puedes salir a no ser que yo lo desee.

- ¿C-Cómo?

- Un campo mágico protege la vivienda una vez yo estoy dentro. Si alguien esta conmigo, solo podrá salir si yo lo deseo. Del mismo modo es el entrar.

- ¿¡Q-Quién eres tú!?

- Alguien que conoce tu secreto, Aiko Senoo. Eres una aprendiz de bruja, ¿no es así?

- ¡N-No sé de que me estas hablando!

Aiko no tenía elección. Tenía que transformarse si quería salir de allí y luego usar la magia para detener a ese tipo. No podía permitir que se difundiera este secreto.

Dio la palmada para poner en marcha la música para transformarse, pero no pasaba nada. Lo intentó de nuevo, pero nada. Ya comenzaba a asustarse.

- ¿Estás intentando transformarte, Aiko-san?

- ¿Q-Qué pasa?

- No podrás transformarte. Mientras estés aquí dentro, eres toda mía.

Asustada, Aiko corrió de nuevo hacía la puerta para intentar abrirla, pero de nuevo salió disparada. Esta vez no cayó en el sofá, sino que lo hizo en el suelo.

Le dolía todo el cuerpo. La descarga había sido más grande que la de antes.

- Eres más terca que una mula, ¿verdad?

Morpheus se acercó a la joven y la miró.

- ¿Q-Quién eres tú?

- ¿Yo? Yo soy Morpheus. Soy un brujo.

- ¿Q-Qué quieres de mí?

- Necesito una cosa de ti, Aiko-san. Así que te ruego que hagas todo lo que te diga y no tendré que hacerte daño.

- ¿Q-Qué es lo que quieres?

- Qué me des tu virginidad y te conviertas en mi mascota.

- ¿¡Qué!?

- Si lo haces, prometo tratarte bien y no hacerte ningún daño.

Morpheus se giró para abrir la puerta de su habitación.

- Ahora, si eres tan amable de irte quitando la ropa…

Aiko se levantó de golpe, agarró la lámpara de pie y se preparó para golpear a Morpheus, pero este se giró, le quitó la lámpara y luego la agarró del cuello con tanta fuerza que casi la asfixiaba.

- Te lo he dicho, Aiko-san. Se una buena chica y no haré daño. Pero si es al contrario… - apretó con más fuerza, dejando casi sin respiración.

- ¡S-S-Súeltage! – Casi no podía ni hablar.

- Te lo diré de un modo que lo entiendas mejor. Si me desobedeces, el castigo también ira hacía tu padre. Y créeme, no soy nada benévolo cuando estoy cabreado.

No sabía que hacer. Tenía miedo. ¿Qué le haría a su padre? Su padre para ella era la persona más importante que existía junto con su madre y sus amigas, si le ocurriese algo, no sabría que hacer.

La mano de Morpheus se cerró un poco más, impidiendo que entrará el aire en su cuerpo. Sin poder remediarlo, Aiko se orinó encima, empapando sus pantalones y el suelo a sus pies. Llorando de impotencia y de pánico, asintió con la cabeza.

- Muy bien.

La soltó y cayó sobre el mismo líquido que ella había soltado unos segundos antes. Tuvo que hacer esfuerzos para respirar, pero por fin lo logró. Nunca en la vida había deseado tanto el aire.

- Vamos, ven.

No podía hacer nada más. Estaba a merced de ese brujo. Esperaba encontrar la oportunidad para escapar cuando se despistará. Pero no sabía lo equivocada que iba a estar.

Morpheus se sentó en la cama mientras Aiko permanecía en pie delante suya, intentando contener las lágrimas, cosa que no podía hacer.

- Quítate la ropa anda. Estás empapada.

 

Con impotencia y sin dejar de llorar, Aiko comenzó a desnudarse. Al desabrochar los tirantes que sostenían sus pantalones vaqueros y al comenzar a bajárselos, dejo al descubierto unas bragas con el dibujo de un pulpo en la parte de su trasero. En la delantera llevaba un lacito rosa.

Se quito la camisa y titubeó un poco con sus bragas, pero una sola mirada de Morpheus sirvió para que entendiera que esa parte también se la tenía que quitar.

Tras bajárselas un poco, estás cayeron solas al suelo y la joven quedó totalmente desnuda.

- Así me gusta. Ahora, túmbate en la cama.

Titubeó un momento. Pero al final lo hizo. Se tumbo boca arriba. Comenzó a sentir como la manos de Morpheus recorrían su cuerpo. Primero sus mejillas, luego sus pechos los cuales acarició durante un par de minutos, su estómago, sus caderas y, finalmente, su vagina, la cual comenzó a tocar con la yema de uno de sus dedos.

Aiko sentía cosquillas cuando lo hacía, pero su miedo era tal que casi ni las notaba. Deseaba que todo eso acabase. Y cuando hubiese acabado, le denunciaría al consejo de brujas para que se hicieran cargo de él. Ese cabrón iba a pagar por lo que le estaba haciendo.

De golpe comenzó a notar como algo se movía por su vagina, era la lengua de Morpheus que comenzó a entrar y la recorría por dentro.

- ¡E-E-Espera! ¡N…!

Sin poder evitarlo comenzó a gemir. Sentía algo que no había sentido nunca antes. No solo eran cosquillas, sino también algo más placentero. Algo que le gustaba. Por mucho que le fastidiase, no quería que Morpheus parase de hacerle algo así. En su interior luchaba por resistirse, pero no podía para de gemir de placer.

A la vez que la lamía, el brujo comenzó a acariciar los casi inexistentes pechos de Aiko. Luego comenzó a pellizcar sus pezones. Esto le dolió un poco, pero pronto comenzó a sentir como se ponían más y más duros.

- ¡Ah…ah…! – Eran los únicos ruiditos que se escapaban de su boca.

- Parece que esto te gusta… seguro que esto también…

Comenzó a introducir un dedo en la vagina, hasta el nudillo. Esta vez le dolió bastante y se quejo, pero Morpheus no le hizo caso y continuó la penetración con el dedo. Luego metió un segundo y después un tercero.

- ¡Para! ¡No! ¡Ah!

Aiko no sabía porque, pero se encontraba ya casi sin fuerzas ante ese acto que le estaba haciendo. Ella se había tenido que meter varias veces un dedo para lavarse ahí dentro o cuando tenía la regla para limpiarse y se había hecho daño, pero nunca había sentido placer. Ahora era una mezcla de todo eso.

- Muy bien… y ahora…

Morpheus dejó de tocarla y comenzó a desnudarse, dejando su miembro erecto en el aire, bien firme. Al verlo, la joven se asustó.

- Chúpalo.

La niña no hizo nada. Al comprobar esto, Morpheus se lo acercó más a la cara, la agarró del pelo y la acercó más a su miembro.

- ¿Qué te he dicho?

Aiko recordó las amenazas de Morpheus, por lo que no le quedó otro remedio. Comenzó pasar la lengua por el miembro de su captor, hasta llegar a la punta, la cual lamió con más intensidad.

Sabía que los chicos orinaban por ahí, por lo que le daba bastante asco. Pero Morpheus le había lamido por el mismo sitió por donde ella orinaba. ¿Le daría el mismo placer que había sentido ella?

- Ahora métetelo en la boca.

- ¿Qué?

- Métetelo en la boca y chúpalo como si fuese un helado.

De nuevo titubeó pero lo hizo. Abrió la boca y comenzó a cubrir el miembro con ella. Le cabía a la perfección. En su boca comenzó a lamerlo como si fuese un helado, con cuidado de no tocarlo con los dientes.

De golpe Morpheus comenzó a meter y a sacar su miembro de la boca de la joven, cada vez con más velocidad, por lo que a la pequeña le costaba respirar. Finalmente se la sacó y Aiko no pudo evitar toser. Sentía arcadas en su garganta, pero por fin podía respirar con normalidad.

- Túmbate – ordenó.

Aiko obedeció. No sabía lo que venía ahora y deseaba no saberlo. De golpe, Morpheus comenzó a meter su miembro en su vagina. Aiko sintió un enorme dolor recorrerle el cuerpo e intento reincorporarse para impedir que Morpheus continuará, pero este no se detuvo y se la metió entera.

- ¡Aaaaah! ¡Basta! ¡No! – Gritaba sintiendo el dolor recorrer todo su cuerpo.

Sus gritos no servían de nada. La barrera mágica impedía que saliesen de la casa. Morpheus se estuvo un rato quieto y luego comenzó a moverse, metiendo y sacando su miembro de la vagina de la pequeña, tal y como había hecho antes con su boca.

Lloraba. Aiko no podía dejar de llorar. Le dolía, pero poco a poco notaba a comenzar a sentir la sensación de placer que había sentido cuando el brujo le había chupado la vagina con la lengua.

 

Al cabo de un rato, el dolor era casi inexistente. Pero no podía dejar de llorar. Aunque gemía de placer no podía evitar el llorar por el dolor que había sentido y la impotencia de ser víctima de esta violación sin poder evitarlo.

Morpheus agarró las piernas de Aiko, las posó sobre sus hombros y continuó con la penetración, aumentando a cada minuto más el ritmo. Aiko gemía sujetando fuertemente las sábanas con sus manos.

Finalmente notó como algo comenzaba a llenar su vagina, algo caliente y líquido comenzaba a inundarla por dentro. Pensó que Morpheus se había orinado dentro de ella, pero no era así. Lo que sentía no era algo líquido sino más bien pastoso y ardiente. Ella también tuvo un orgasmo, aunque no se dio cuenta.

Poco a poco, sacó el miembro de la pequeña, dejando que el esperma brotara de su interior. Se notaba que la niña se había cansado con esto. Estaba exhausta, tirada en la cama mirando al lado derecho y respirando con dificultad. Morpheus había notado que se había corrido, pero a lo mejor ella no lo sabía.

 

- Lo has hecho muy bien – dijo acariciándole su azulado cabello.

- A-Ahora… sniff… me dejarás en paz… ¿verdad?

- No – negó con la cabeza - . A partir de ahora eres mi mascota Aiko. Tendrás que hacer todo lo que te ordene.

Escondió la cabeza entre las sábanas y empezó a llorar. Tenía miedo. Quería denunciarlo al consejo de brujas, pero si lo hiciese… ¿qué garantías le quedaban de que Morpheus no hiciese algo contra su padre antes de que lo atrapasen?

Estaba claro, ella era la que estaba atrapada. Y lo peor de todo, es que no sabía por cuanto tiempo.

Autor: oscar1992414


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