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2008-04-24 03:40:20
La tia paty Treita minutos antes de experimetar por vez primera los abismos del sexo con una mujer, no tenía ni la menor sospecha.de que eso iba a ocurrir. Con catorce años cumplidos y mas de 200 pajas en mi haber, había ya fantaseado con un sinúmero de mujeres de todas las clases, tamaños, raza y condición mientras mi mano derecha cubría y recubría a velocidad constante con la piel de mi prepucio el glande cónico y rojizo de mi verga juvenil hasta hacerla vomitar en el charco de agua clara del inodoro o fuera en los azulejos de la ducha, ingentes chorros blancos de semen.
La tia paty

Treita minutos antes de experimetar por vez primera los abismos del sexo con una mujer, no tenía ni la menor sospecha.de que eso iba a ocurrir. Con catorce años cumplidos y mas de 200 pajas en mi haber, había ya fantaseado con un sinúmero de mujeres de todas las clases, tamaños, raza y condición mientras mi mano derecha cubría y recubría a velocidad constante con la piel de mi prepucio el glande cónico y rojizo de mi verga juvenil hasta hacerla vomitar en el charco de agua clara del inodoro o fuera en los azulejos de la ducha, ingentes chorros blancos de semen.

Esa tarde calurosa de junio estaba yo pegado al televisor tratando de superar el record que Adolfito, mi mejor amigo, había impuesto en el video juego de Atari Invasores de Marte. Eran un poco pasada las dos de la tarde cuando me grito por la ventana de mi casa “heyyy ábreme la puerta. Mi tía Paty que la ayudes con lo que le prometiste”. Mi cólera fue instantánea y lamenté en ese momento ser el chico bueno de la cuadra que sabe dibujar bien y que lo buscan para esos quehaceres. Paty que estudiaba enfermería en último semestre en la universidad era una de las que más me fastidiaba con eso. Adolfito entró y se instaló burlonamente frente al televisor a jugar para seguir superándo su propio record, mientras yo molesto me dirigí cuatro casas bajando la calle hasta tocar la puerta de su casa. Allí vivian él, su mamá, su papá y su tia Paty.

Paty, descalza, sudorosa y sucia con su piel de ébano brillante, su cabello afro como esponja similar a un arbusto sin podar y su corta estatura me abrió la puerta para que entrara a dibujarle alguno de sus gráficos tontos, seguramente para alguna exposición. Tenía puesta una ropa ligera dado el calor insoportable de esa tarde. La blusa de algodón desgastada de florecillas amarillas con la que a veces dormía se apretaba bien a sus pechos gordos que le acentuaban su enanismo, pues ella tenía para ese entonces 23 años, nueve mas que yo, y su estatura apenas si superaba la de una chica promedio de 13 años. Había heredado esa condición de su madre, la abuelita Mari de Adolfito, quien era bajita. Su pantaloncito corto y de un blanco contrastante apenas si le cabían en sus torneadas y carnudas piernas que iniciaban en sus nalgas de ensueño. Se le veía algo vulgar esa ropa, pues la panocha se le pintaba con procacidad de puta barata. De todas formas ella estaba en su casa y el estar un poco ligera de ropas la tenía sin cuidado y más si lo estaba frente a un jovencito de confianza. Fue curioso para mi porque antes nunca le había prestado ni cinco de antención a los atributos de Paty: la negrita.

”No vas a pasar?”, me preguntó sacándome del ensueño que había arrasado ya con mi rabia. Caminé hasta la alcoba de Adolfito en la que habia un escritorio. Allí estaban unos lápices, un par de marcadores casi gastados y medio pliego de papel bond blanco. “Es eso, es para una exposición mañana” me señaló con su índice de uña pintada de rojo un dibujo en una página de un libro en el que se hallaban varias figuras ameboides. “Bueno… mientra tanto… yo me voy bañando”, me dijo dándome la espalda y tomando en sus manos una toalla tan blanca como su uniforme de estudiante de enfermería se dirigió al baño y pude verle unos segundos su culo ajustado al pantaloncito corto que casi dejaba ver la última caida de sus nalgas y muy visiblemente las líneas provocativas de su calzoncito seguramente claro. Me sentí atraido y excitado por una chica con la que a pesar de la cercanía, ni por asomo había estado en mis pajas.

En quince minutos esbocé y le eché color a esos dibujos tan tontos. Cuando salió del baño goteando agua y con la toalla blanca envolviendole desde los pechos hasta poco mas abajo del inicio de sus potentes muslos negros, su sonrisa me agradeció lo que a ella le pareció una obra de arte para su exposición del día siguiente. La miré de frente apoyándome con mis brazos en la pared y sentí un debil tic tac en la puntita de mi verga que empezaba a medio erectarse no solo con la visión, sino también por el olor fresco de su piel recien bañada. Ella contempló el dibujo unos segundos y giró su rostro hasta encontrase con mi mirada atrevida que en ese momento le recorría sus piernas. Se que notó de inmediato mi energía erótica porque su tono de voz dejó de sonar inocente. “Acaso nunca has visto a una mujer en toallas?”. Le dije que así tan simpática como ella, no. Se sonrió y me dijo que ya me debía varios favores por los tantos dibujos que yo le había hecho. “Tan mal estas?...A Adolfito también me lo he pillado así…pobrecito” No entendía a que se refería con ello hasta que me miró justo en mi encrucijada. Mi verga parada estaba hecha una carpa de circo bajo mi pantaloneta. La vergüenza pronto me invadió y puse mis manos como defensor de fútbol en un tiro libre. “No importa…eso es normal…tu eres hombre y yo mujer cierto?... y a un chico le atrae una mujer haciendo que su pipí reacciona ”. Se me acercó, se empinó sobre sus piés y me dio un beso suave con sus labios gruesos de negra típica. Yo quedé absorto y sorprendido. Ella me abrazó y yo le correspondí sin atinar a balbucear una sola palabra mientras mi corazón retumbaba entre mis pulmones.

No sé si fue ella o yo quien lo hizo, pero el nudo que sostenía la toalla se deshizo y la desnudes de su piel negra y tersa quedó al descubierto mientras ella se aferraba mas a mi cuerpo diciendo “eres tan lindo….gracias por todo lo que haces por mi….te debo muchos favores…y te los voy a agradecer”. Respiró hondo y después de un silencio glacial me preguntó con voz suave al oido: “Has estado con una mujer?” . Le dije que no con una voz entrecortada y totalmente sorprendido de la velocidad con que se manejaban las cosas Mis ojos atónitos miraban su figura pequeña y aguitarrada y en especial sus nalgas negras y carnosas justo en el espejo de pared sobre el muro frontal. Posé mis dos manos sobre ese par de lomas de carne carbonada y busqué su boca jadeante. Nos besamos como novios con una pasión inusitada mientras sus manos frescas bajaban mi pantaloneta y mi calzón hasta por encima de mis rodillas. Yo me quité mi camisilla sudada y quedamos de pie y desnudos besándonos. Mi palo enhiesto quedó atrapado entre su ombliguito y mi panza y sus tetas grandes que aún no veía las sentí aplastarse contra mis costillas. En ese momento me acordé de los comentarios obsenos de Adolfito cuando me contaba que había visto las tetas de su tía Paty al espiarla vistiéndose. Esas tetas que originaban pajas en mi amigo las tenía para mi. Paramos de besarnos y me pidió que me acostara en la cama. Lo hice boca arriba con mi verga apuntando al techo. Ella la contempló con evidente morbo y se fue metiendo a horcajadas en la cama con lentitud. Tuve por primera vez a una mujer totalmente desnuda y de verdad verdad frente a mis narices. Sus senos grandes de pezones ovalados y gruesos eran las zonas mas oscura de todo su cuerpo. No eran estéticos, sino bastos pero muy provocativos. Su piel negra era muy ecuánime y parecía tener un bálsamo natural que emitía un perfume a mujer que llenaba el ambiente de erotismo. Nunca había estado tan caliente y erecto. Su vulva tenía bastante pelo, pero llano y ensortijado hasta apretar. Lo tenía en forma de tríangulo isósceles casi perfecto. Era una mujer atractiva que yo no había descubierto y lo mejor de todo es que iba a ser toda mia.

Lo primero que hizo fue sentarse sobre mis muslos a horcajas posándose sobre su trasero almohadado. Sus piernas las dobló hincando sus rodillas oscuras en el colchón sobre el que Adolfito se pajeaba a diario mirando las revistas prono Seuca que traficaba con sus compañeros de colegio y que a veces me prestaba.. Acarició mi barriga con ternura con sus manos de enfermera sin dejar de mirarme a los ojos y a mi vara..”Esto es un secretito entre tu y yo que te va a gustar y que no debes contar a nadie…..ni a Adolfito”. Me lo recalcó varias veces hasta que con los dedos de su mano derecha arropó el tallo de mi verga e inició una paja suave que delató su experiencia en el sexo. Parecía estar fascinada con ver como la cabeza de mi pene se cubría y se descubría con el vaivén de sus movimientos porque se entregó a hacerlo. Yo no me cansaba de mirar y mirar su cuerpo desnduo. Sus tetas grandes moverse como gelatinas, su piel negra preciosa y su chocho peludito y negrito. Se inclinó y su boca de labios gruesos posaron besitos inocentes en la punta de mi verga. Luego su lengua lamió mis huevas y sentì esa sensación por primera vez que fue muy novedosa y excitante. Continuó ensalibando mi tallo hasta que por fin, jugándo con mi desepero, engulló tres cuartos de la longitud en su boca caliente y húmeda. Me la chupó por primea vez y fue algo indescriptible. En ese momento no enviadaba para nada a Adolfito que debía estar haciéndo mas de 2700 puntos en el juego. Pero ya yo me lo había ganado en la vida. Pues iba a culear primero que él. Paty me chupó con soltura y un cosquilleo incontenible y placentero me recorría como oleadas eléctricas todo mi cuerpo de cabeza a los pies con punto nodal en mi verga que parecía iba a reventar. Los músculos se me tensaron y mis manos aferradas a la cabellera afro de Paty la meneaban hacía arriba y luego hacía abajo con creciente ritmo que anunciaba mi estado desesperado como presagio de una abundante eyaculación. Pero ella pareció adivinarlo y en seco detuvo su maniobra mamadora para que la tensión eyaculatyoria se extinguiera. Me dejó quieta la verga y se me encimo acostándo su cuerpo sobre el mío hasta poner sus sudadas y abultadas tetamentas encima de mi cara atónita. Los pezones negros y gruesos parecían querer desprenderse por la gravedad de la carne a la que estaban atados como si fueran gotas de agua derritiendose del hielo.

El placer visual que me proporcionaba el mirar tan de cerca por vez primera unas tetas tan fuera de lo común me elevó tal que sentí una corriente que me indujo por reflejo humano a lamer, lamer y lamer esos pezones tan deliciosos que de inmediato se recogieron hasta ponerse tiesos como dos corozos. Con mis manos que temblaban acaricié la piel de sus senos y poco a poco los paretujé el uno contra el otro formando un precioso y estimulando canal entre ellas que bien parecía el que formaban su par de preciosas nalgas. Luego de contemplar, mi boca se inundó de esa carnosidad marrón descomunal. Los gemidos de Paty aumentaron mi excitación y la erección de mi falo, cuya punta rojiza husmeaba en las entrepiernas cáldas de esa negra preciosa que curiosamente nunca fue protagonista en mis fantasías, se hizo mucho mas intensa. Perdí el control comiéndome ese par de negras tetas gordas. Daba lenguetazos descontralos por toda la geografía de esas carnes y a veces mordisqueaba los pezones que provocaban profundos alaridos en la tía de mi mejor amigo.

Luego vino el momento cumbre. Ella se acomodó levantando su cuerpo alejando sus ensalivadas tetas de mi cara y suavemente con su mano enfiló la punta palpitante de la verga en la boquita de su raja de un morado impreciso que por vez primera divisé con claridad. Una humedad y un calor inusitado rodearon mi palo que pronto se perdió en las profundidades de ese oscuro hueco apretado. Ella emitió un gemido parecido a un grito y empezó a menearse con ese tumbao propio de las negras. Hacía adelante y hacia atrás su chucha se tragaba mi verga que probaba por fin las mieles y el placer de zambullirse en una cuca verdadera mucha mas deliciosa de la que pude alguna vez yo emular con mis dedos enrroscados en las tardes de pajas locas.

Su rostro emitía destellos de placer y sus manos apoyadas en mi pecho ejerciían presion cada vez que esa negra con ojos cerrados de cejas copiosas y perfectas, se meneaba hacia delante. Me divertía sobremanera mirar sus tetas saltar como gelatinas cada vez que ella culeaba desaforadamente, como también me embelesaba ver como mi verga clara y venuda se perdía toda hasta topar mi vello púbico con el de ella en esa vagina encharcada de jugos. No pude contenerme mas y descargué toda la leche caliente con espasmos intensos que ella sintió en lo mas hondo de ese chocho. Me llegué como nunca lo había hecho con una reacción ondeante que recorría todo mi cuerpo. Ella se sonrió y se quedó quieta para dejarme descargar todo con tranquilidad.

Se inclinó sin sacar mi verga de su concha y me regaló un beso dulce y profundo. Se fue deslizando mas sobre mi panza hasta volver a poner su peluda cuca sobre mi panza y así liberar mi picha exhausta. Descansamos unos minutos regalándonos besitos y comentarios obsenos hasta que ella se posó en cuatro en el otro extremo de la cama con sus manos abiertas apoyadas en la pared calentada por el calor de las tardes de ese infernal junio.

Allí estaba “Tía Paty” como la llamaba Adolfito ofreciéndome su culo precioso. Me incorporé despacio y mi verga recuperada, como suele ocurrir en los años mozos, se la puse en la entrada de la raja sin estar muy seguro de la ubicación correcta. Ella me ayudó colocándola en el punto preciso y yo solo tuve que embestir suavemente para sentir que mi polla se hundía otra vez en el abismo de placer infinito de esa hinchada concha morada. Mi verga pistoneó en un vaivén parejo acompañados de unos “ahhhhhhhsss…” emitidos casi a compás. La tomé por sus quebradas caderas para tener mejor apoyo y continué la culeada. Deslicé mis manos por sus costados hasta encontrar sus tetas gordas y calientes. Llené mis manos con esas masas y la cogida se tornó mas estrecha. Ella solo me exhortaaba con su “mas, mas ,maassss asii …asiii” a continuar ajustando mi pene en ese chocho estrecho y supremamente delicioso. En un momento de ese fogueo Paty exhaló profundamente y su cuerpo se contrajo en un “ahhhhhhhhhhhhhhhhhhmmmmmmmmmmmmmm” que bien parecía una queja. Supe luego que era su forma de expresar sus orgasmos. Yo no pude contenerme mas deleitándome con el espectáculo de golpear su culote con mi pubis y nuevamente sin control alguno en mi esfínter peneal mi semen inundó dentro de ses chocho por segunda vez y mi cansancio fue instantaneo.

Ella debía volver a bañarse para irse a clases y yo debía intentar batir el record de Adolfito en Invasores de Marte. Debía estar esperándome inocente de todo sin sospechar que ya el record de la vida se lo había yo quitado con su propia tía. Nunca olvidaría esa tarde y a esa mujer aunque decenas de situaciones se vendrían en años postreros.

Autor: nexdelca


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