
Mis primeros relatos fueron "Mi casi primera vez", los cuales se encuentran publicados en esta misma sección y el presente relato, aunque creo que no pertenece a esta sección, lo incluyo en esta, porque es lo que sucedió después de ese maravilloso viaje y como empecé a conocer más del sexo y a saber que mi papá también era muy caliente.
A las pocas semanas de ese extraordinario viaje, Mabel cumplió 15 años, claro que mientras para festejar mis 12 años, mis padres organizaron una comida con todos mis amigos, a Mabel su mamá y le hizo una fiesta con baile a la cual por no tener la edad adecuada, de acuerdo a los criterios de aquellos años, no asistí, así que solo por terceras personas me enteré que había varios jóvenes de su edad que andaban sobre Mabel y ella también se intereso en alguno de ellos, pues a partir de esa fiesta, Mabel venía a mi casa, hacía su tarea y de inmediato se regresaba a su casa, tiempo en el que yo muy apenas le alcanzaba a dar unos cuantos besos, pues no había tiempo ni situación propicia para algo más, además dos meses después nos cambiamos a una ciudad que está a 8 kilómetros de distancia de la casa de Mabel y con este cambio, las relaciones se enfriaron e hicimos un compás de espera en nuestras relaciones.
Por ese tiempo, mi papá de 38 años y mi mamá de 35 invitaron a Juanita, una prima de ella, que vivía en la capital del estado –unos 240 kilómetros de distancia- para que se viniera a vivir y a trabajar en la empresa en donde mi padre era el gerente, ella era una señorita de más o menos 38 años, blanca, medio pecosa, ojos café claro, cabello castaño claro, con unas piernas muy bien formadas y unas nalgas que para mi eran enormes y unas tetas que hacían juego con sus nalgas. Ella dormía en una recamara que estaba junto a la mía y ambas se encontraban al lado del pasillo que conducía al baño.
Por mi parte yo seguí siendo un fanático de la puñeta y todos los días me la hacía a la salud de Mabel y no olvidaba lo que Mabel me había dicho, "que todos los adultos cogían por las noches" y con esa fijación yo trataba de ver algún indicio que me indicara que mis papás también lo hacían, pero no lograba nada, lo que si empecé a observar era que mi tía usaba las faldas muy cortas y apretadas y cuando se sentaba dejaba ver por lo menos la mitad de sus preciosos muslos y cuando cruzaba las piernas se le alcanzaban a ver las pantaletas y muy frecuentemente esto sucedía cuando mi padre estratégicamente se encontraba sentado enfrente de ella, asimismo, cuando por alguna razón yo los acompañaba en el automóvil a alguna parte y mi mamá no iba, mi papá siempre le abría la puerta a mi tía tanto en la subida como a la bajada del mismo, lo cual no hacía con mi mamá, y yo no entendía porque él era más atento con ella que con mi madre.
Igualmente, todos los sábados, al salir del trabajo, los empleados de la empresa en donde ambos trabajaban acostumbraban ir a la botana a una alameda muy popular en la ciudad, lugar en donde había un restaurante famoso por las "jarras de cerveza" que vendían y la botana que daban, así que por ir a comer de esa botana a mi me gustaba acompañarlos y durante los primeros meses que mi tía vivió con nosotros me llevaron todos los sábados, claro que yo observaba que cuando regresábamos a la casa, después de estar unas 2 o tres horas en la botana, ellos venían muy contentos y normalmente mi tía venía sentada enseñándole a mi padre hasta las pantaletas, las cuales por cierto siempre eran o negras o rojas y venían contando chistes, y haciendo comentarios como: "Juanita, que rojo se ve el cielo y ella solo se reía o en otras ocasiones él decía, que negro se ve el panorama", y ella con una sonrisa le contestaba, y más allá está todavía más negro, claro que después comprendí que ese tipo de comentarios los hacían para comunicarse que color de pantaleta traía ella y hacerle saber que se las estaba viendo a plenitud, pues cuando ella no enseñaba bien, él le decía, "hoy no distingo muy bien el panorama" y ella se reía y se acomodaba y le preguntaba, ¿ y ahora?.
Durante dos o tres meses se repitió está costumbre, hasta que intempestivamente, mi padre se negó a llevarme, diciendo que ese no era lugar para chicos de mi edad y ya no me llevaron, pero la hora de regresar de ellos a la casa ya no eran las 4 de la tarde como cuando yo los acompañaba, sino que ya eran las 8 y a veces las 9 de la noche, claro que por la inocencia que yo tenía por esos años, a mi no me parecía nada anormal, pero si veía que mi madre se molestaba un poco.
Todos los días mi mamá acostumbraba ir a la tienda a comprar leche y carne, así que un domingo, ella salió y supongo que al cerrar la puerta todos escuchamos el ruido que hizo la puerta cuando se cerró, y como yo siempre dormía con la puerta de mi cuarto abierta por miedoso, escuche que tan pronto salió mi mamá, se abrió la puerta del cuarto de ellos y también escuché cuando se abrió la del cuarto de mi tía, pero nunca los vi pasar a ninguno de los dos para el baño, entonces yo me levanté para ver que había pasado y observé que el cuarto de mis papás estaba abierto y no había nadie dentro de él y del de mi tía, que estaba cerrado, salía un pequeño murmullo y la curiosidad me llevó a colocar uno de mis ojos en el hueco que dejaba la cerradura y pude ver a mi papá, vistiendo solo un bóxer y una camiseta acostado a un lado de mi tía, la cual se encontraba completamente destapada enseñando sus ricas piernotas y ambos se estaban besando apasionadamente y mi padre, con una mano le sobaba entre las piernas y con la otra la apretaba el pezón derecho y con la boca le chupaba la teta izquierda y entre más tiempo pasaba las piernas de mi tía se abrían más, hasta el momento que claramente vi como mi papá le metía la mano por debajo de la pantaleta y le agarraba el bizcocho a mi tía, el cual yo no alcanzaba a ver, pues la mano de mi papá y el ángulo de visión no ayudaban mucho, así siguieron un rato hasta que supongo ella se vino pues los gemidos de ella se escuchaban hasta donde yo me encontraba y levantaba y movía las nalgas como queriendo meterse toda la mano de mi papá adentro y con las de ella empujaba la de mi papá, al termino de ese cachondeo, mi padre se levanto de la cama y claramente vi como su verga se salía por la bragueta de su bóxer y quedé asombrado, pues aunque él era un hombre de poca estatura, 1.60M, alcancé a ver que lo que le faltaba de estatura le sobraba de verga, pues a diferencia mía que siempre la he tenido chica y no muy gruesa, la de él era como de 18 cm. y bastante gruesa y claramente vi como mi tía se la agarraba con una mano y se la empezaba a besar y a comer, así estuvieron un rato hasta que de repente veo que mi papá tomó a mi tía de la cabeza y se empezó a estremecer y a aventar chorros de leche que se veía que mi ti disfrutaba en plena cara y boca, parte de la misma ella se tomó y otra se le escurrió por la cara hasta las tetas, ella le limpió muy bien toda la verga con la lengua a mi papá y este, se acostó sobre ella, le dio un beso cachondo y se levantó diciéndole, me voy porque tu prima ya debe estar llegando y se levantó de la cama todavía bien parado y se enfilo hacia la puerta, mientras le decía a mi tía, "al rato nos vamos al la oficina a continuar con el trabajo" y ella con una sonrisa le dijo, claro, y en ese momento yo corrí me metí a mi cuarto y me acosté, casi de inmediato mi padre salió del cuarto de mi tía y pasó enfrente de la puerta de mi cuarto al baño, cuando él cerró la puerta del baño, se escuchó que la puerta de la calle se abría, lo que anunciaba que mi mamá había llegado de sus compras.
Con lo caliente que yo me encontraba, en menos de un minuto me hice una rica puñeta en memoria de lo que acababa de ver. Claro que con esa visión supe que no solamente metiendo la verga en el bizcocho se podía uno venir, además confirmé lo que Mabel me había comentado, como era , el que los adultos lo hacían, que efectivamente salía leche de la verga y que había pelos alrededor de ella.
Más o menos una hora después, cuando todos nos encontrábamos en el comedor desayunando mi papá muy serio, comentó, "bueno Juanita, tenemos que ir a la oficina a terminar el trabajo que dejamos pendiente ayer" y ella también muy seria, le contestó, si señor, y mi mamá un poco maliciosa, solo preguntó ¿cómo a que hora regresaran? y mi padre dijo, como a las 2 de la tarde y yo pregunté ¿puedo ir con ustedes? y mi papá me dijo no, mejor ponte a estudiar y a terminar tu tarea para que en la tarde puedas ir al cine y aunque no me dejó satisfecho su respuesta, de alguna manera me gustó el tener permiso ya para ir al cine.
Claro que las imágenes que aquella mañana observé, no solamente me duraron ese día en el cual anduve muy caliente, sino que durante toda mi existencia han estado presentes en mi mente y contribuyeron en mucho en lo que después ha sido mi vida sexual.
Como han de suponer, este fue solo el principio de una larga cadena de ocasiones en que observé a mi padre coger, pues a partir de ese día me propuse andar siempre a la caza de haber que veía y también supe que él era muy caliente y que le encantaba el culo, pero también supe que por las dimensiones de su miembro y la posición económica y social que tenía era un hombre muy solicitado por muchas de las secretarias que con él trabajaban, por amigas y parientes de mi mamá y por cualquier sirvienta que estuviera buena, así como también supe que en la cama, mis padres gozaban de lo lindo y todo era permitido, incluyendo algunos tríos y no había ni inhibiciones ni reclamos entre ellos.
Si ustedes quieren conocer algunas otras aventuras que observé en mi casa, en próximos relatos se los contaré y serán enviados a la sección voyerismo.