He tenido la suerte de nacer en una familia "bien". Bueno, lo cierto es que siendo honestos, y habiendo que usar ese adjetivo popular referido a una posición adinerada, yo diría, que he tenido la suerte de nacer en una familia, muy pero que muy bien.

">
Porno Galerias Gratis Foro Contactos Gratis Videos Porno Fotos Porno Juegos Relatos Eroticos Porno Gratis Sexshop Webcam Porno
   






Edad &

Crea tu perfil y conoce gente cerca de ti

ZONA PRIVADA DE MACIZORRAS




 

Webcam Porno
Webcam Porno


2006-06-29 02:34:45

He tenido la suerte de nacer en una familia "bien". Bueno, lo cierto es que siendo honestos, y habiendo que usar ese adjetivo popular referido a una posición adinerada, yo diría, que he tenido la suerte de nacer en una familia, muy pero que muy bien.


Los hechos que pasaré a relatar, acontecieron hace ya bastantes años, y aun hoy, si bien con una vida plena en todos los sentidos, y felizmente casado, no hay día que no repase en mi mente, cada segundo de aquel momento en que franqueé las fronteras de la niñez, para convertirme, tempranamente, en adulto.

Como mencioné anteriormente, tuve la dicha de nacer en una familia bastante acaudalada y de gran linaje social económico en nuestro país. Con las satisfacciones y desventajas de ser hijo único, crecí entre tutores, amas, y servidumbre en general que procuraban arropar cada hueco que las ausencias de unos padres demasiados ocupados con sus obligaciones laborales en uno, y sociales en la otra, iban imprimiendo en mi crecimiento.

Pero quién más selló mi infancia fue Leonor. Leo no era realmente parte del servicio, ella era la hija de una de las cocineras, y vivía junto a su madre en nuestra casa. He de decir, que vivíamos en un gran caserón tipo victoriano con muchas habitaciones, baños, grandes salones, un gran comedor, y por supuesto, zona para la servidumbre, donde se alojaban todos aquellos que trabajan en casa a cambio de sueldo, dieta y alojamiento.

Así que como Leo vivía y comía en casa, también debía trabajar. Debido a su corta edad, tendría como 12 años, le asignaron la responsabilidad de cuidarme, y fue de aquella manera que se convirtió en mi niñera. Desde el día en que Leo asumió el encargo de cuidarme, en aquel mi primer año de existencia, se convirtió en mi sombra para siembre. No me dejaba nunca, y tuvo el privilegio de disfrutar los momentos importantes del crecimiento de un niño, mis primeros balbuceos, mis primeros pasos,…

Leo era mi amiga, mi compañera de juego, mi protectora…. mi madre…. lo cierto es que todos mis buenos recuerdos de aquellos años de infante están plagados de imágenes de mi Tata Le, como la llamaba, a diferencia de muy pocos datos a recordar sobre mis propios padres.

Pero todo comenzó a cambiar cuando cumplí 8 años. Leo no siempre estaba conmigo. Y muchas veces me dejaba sólo con mis juguetes con la promesa de que volvía "antes de un guiño de caballo.". Yo no entendía, comenzaba a pensar que Leo ya no quería ser mi amiga, o que yo había hecho algo que la había enfadado, y por eso me castigaba dejándome sólo, y cada vez, que volvía, yo le preguntaba "- ¿Tata Le, he hecho algo malo?, ¿estás enfadada conmigo?." - a lo que siempre respondía levantándome del suelo, y diciendo, - no mi niño, ¿Cómo voy a estar enfadado con mi cielo, si la vida es tan maravillosa?-

Poco tiempo después, caí enfermo, y estuve bastante en cama. En todo este tiempo, me estuvo cuidando mi querida Leo, aunque eran muchas las veces en que despertaba empapado de sudor por la fiebre, y me hallaba solo en la habitación, si bien no obstante, un par de gritos reclamando a mi niñera, la traía veloz con su eterna alegría "¿Qué le ocurre al niño de mi vida?"- siempre me decía.

Y así fueron pasando días tras días, sin ninguna novedad, salvo cierta vez, en que de nuevo despertaba tras una pesadilla fruto de las fiebres, sudando, jadeando, y una vez más solo en mi lecho… "-Tata Le, …. Tata Le……!, ¡Tata!, ¡Ven por favor!".. estuve insistiendo por un largo rato, hasta que uno de los criados que pasaba por allí, puso en conocimiento de la Ama de que yo lloraba, y que me hallaba solo. Mas tarde supe, que tras satisfacer mis reclamaciones, la Ama como responsable de la servidumbre que se hallaba en casa, se dispuso a hallar el paradero de Leo, que había desatendido su única responsabilidad ni pedir permiso previo, encontrándola en la guardilla de la casa, en postura comprometida sobre Juan, uno de los jóvenes criados.

Fue todo un escándalo. El joven fue despedido de inmediato, y ella, en honor al tiempo que llevaban en casa, tanto ella como su madre, fue duramente recriminada por mis padres, y avisada de que nunca más debía suceder de algo similar, o se vería en la calle, ella y su madre.

No obstante, su madre, por si acaso no había encajado bien las palabras de los Señores en su hija, se encargó de dar una somanta de palos, que como decía ella "-la palabra con sangre entra mejor.-".

Pasó el tiempo, yo me recuperé y todo volvió a ser como antes. Bueno, casi como antes, la alegría que caracterizaba a Leo había desaparecido. No era la Leo de siempre, muchas veces la veía llorar a escondidas, y otras, aunque le hablaba y hacía como que me oía, yo sabía que estaba en otro lugar, quizás al lado del joven Juan, quizás lo quería de veras.

Al tiempo, contaba yo con 12 años y Leo 23 aproximadamente. Todo seguía más o menos igual que estos años atrás. Yo ya estaba con mis estudios, aunque con un Tutor particular, en casa, como los hijos de las buenas familias, y en ese tiempo lectivo, Leo ayudaba con las tareas de la cocina junto a su madre.

Yo aunque todavía era muy joven, había comenzado a experimentar ciertos cambios en mi cuerpo, vellos en ciertas partes, y un miembro bastante dotado, lo que me convertía en un niño muy, pero que muy precoz. Por otro lado, a esa edad, los cambios en Leo eran más que evidente, era una muchacha alta, con un cuerpo muy bien formado, y unos pechos mas que decentes. Pechos que solían resaltar más aun si cabe, cada noche cuando venía a darme las buenas noches en camisón de dormir. Cada vez, que se agachaba hacia mí para darme un beso en la frente, me ponía esos dos tremendos pechos sobre mi cara, y me tenía que contener al máximo, si no quería que mi miembro se turbara en demasía, cosa que me avergonzaba de gran manera.

Yo a esta altura ya había descubierto el sexo. Era frecuente, que en el servicio hubiesen matrimonios, en los cuales ellas eran consignadas a la cocina, y ellos a ser mayordomos, por lo que había ciertas habitaciones destinadas a estos, separadas de las habitaciones para solteros, para que pudieran hacer vida marital sin molestar a nadie.

Yo gustaba en ciertas noches de deslizarme por la casa hasta la habitación de estos primeros, buscando la visión de dos cuerpos copulando hasta el éxtasis… en especial la de Alfredo y Clara, uno de los matrimonios más recientes que habían llegado a casa. El era mayor que ella, por lo menos tendría 45 años, en contraste a los 30 que podría tener ella. Aunque el era más atlético que su esposa, que era más bien rellenita. Les gustaba hacerlo como los animales, ella a cuatro patas y el metiendo y sacando por detrás, en ese agujero embutido por la carne… eran incansable, podían estar así mas de cuarenta minutos… y siempre al final, ella se daba la vuelta, y se metía su pene en la boca, y la chupaba hasta que el le soltaba su leche en la boca… entonces el se levantaba, y yo corría hacía arriba, cerrando primero los centímetros de puerta que abría, suficientes para que pudiera ver la escena, y me desfogaba, me desfogaba hasta reventar, hasta que me mareaba, con abundante leche derramada sobre la sabana, y un gran pene que parece pretender estallas en cualquier momento… y eso se repetía prácticamente todas las semanas.

Por el día, pasaba cada instante anhelando pasar un rato al lado de mi Tata Le. En el tiempo de estudio, era una odisea el centrarme en la aritmética, y no pensar en el cuerpo de aquella que llevaba años cuidándome, aunque no siempre lo conseguía, y era todo un reto, el disimular el tremendo bulto que aparecía en mis pantalones.

Un día llegué a una conclusión, no pararía hasta poder hincar a una mujer. Y ¿quién sería mi objetivo?, pues por cercanía, lo intentaría como mi Tata Le. Me llevé tiempo meditando sobre el plan definitivo que me llevará a poseer a mi querida Leo, y mientras, le proponía juegos que facilitaran nuestro contacto mutuo, como hacernos cosquillas, etc… momentos en los que aprovechaba en meter mano hasta donde pudiera, encubierto de inocentes juegos y en mi corta edad, que de seguro no la hacía sospechar de nada.

Pasaron algunos días más, y yo seguía pensando en el siniestro plan. Hasta que un día se me abrieron las puertas del cielo. Yo andaba vagando por la casa, meditando en los pormenores del plan que casi tenía trazado, cuando oí unos golpes en una de las despensas. Era domingo, y por eso la casa estaba prácticamente vacía, ya que solía ser el dia libre de casi toda la servidumbre, así que me extrañó el ruido en esas dependencias.

Sigilosamente fui acercándome a la puerta de madera que se hallaba entreabierta, los golpes eran continuos, acompañados de unos ruidos sordos, casi apagados. Intenté mirar por la rejilla que la puerta ofrecía, pero era un mal ángulo de visión, y habría de abrir más la puerta. Así que armándome de valor, abrí la puerta de para en par, y me quedé petrificado. Los ojos de Leo, mi Leo, mi Tata, se posaron sobre los míos, mientras ella estaba subida en una mesa al fondo, con las piernas abierta, y entre ellas, de espalda hacia mi, un hombre, metiendo, sacando, estaba desnudo, y Leo le clavaba las uñas en la espalda, fruto de la tensión del acto, el jadeaban, y decia en voz baja, si, si…. Ella estaba como en éxtasis, al principio había creido que su mirada se cruzaba con la mia, pero ahora me daba cuenta de que miraba al vacio,... y jadeaban, al compás de los saltos sobre la mesa que producía los golpes que me habían alertado…

Yo me disponía a salir, cuando al darme la vuelta, me fije en la ropa que estaba en el suelo, no era ropa de mayordomo, más bien, no era ropa de ninguna servidumbre,… en ese momento, el hombre embestiá con una fuerza final, corriendose en ella, mientras ella pegaba un grito que me hizo mirar sobresaltado, viendo que aquel hombre con el rostro ahora de lado, era, ¡Mi propio padre!.... Salí corriendo hacía mi habitación, produciendo tan escandalera, que de seguro sorprendería sobresaltando a los amantes… quizás me hubieran visto… quizás.. pero me daba igual, me tiré en la cama llorando, traicionado, … con mi propio padre… como si ella ya fuese mia.

Aquello me enervó mucho más, y afirmo en gran manera sobre el asunto que llevaba entre manos. Ahora si que sería mía, por despecho.

Baje a cenar con cierto temor, no sabía si mi padre me había visto, así que bajé como tal cosa, y me senté a comer como siempre. Mi padre estaba tranquilo, como cualquier noche, lo que me llevó a la conclusión de que quizás ni escucharan los pasos de mi huida. Terminé de cenar, y una vez más, pedí permiso para retirarme a mi habitación, y así me fui a la cama.

Los segundos se me hacían horas, y los minutos eternidades, no sabía si ella iría a darme las buenas noches como era habitual, pero ¿Por qué no?, ellos no habían visto nada, no sabían nada, no había pasado nada…. Así que esperé a que era llegara, como cada noche.

Ya había desistido de mis ilusiones cuando me disponía a apagar mi lámpara, cuando dos golpes sonaron levemente en la puerta de mi habitación. Su entrada era como fantástica aparición, con ese camisón satén, los pechos casi asomando por la apertura de algunos botones sin abrochar, y ese pelo negro, rizado, cayendo sobre el blanco inmaculado…. – buenas noches mi niño, que descanses y tengas buenos sueños- me dijo como siempre, y cuando se vino a acercar a darme el tierno beso como cada noche, le dije, -os he visto esta tarde- . Ella paró en seco, y comenzó a respirar apresuradamente, podía oir los latidos de su corazón como tambores lejanos.

- ¿Qué dices mi niño? Pregunto disimuladamente. - Que os he visto esta tarde, a ti y a mi padre.- contesté firmemente.

Ella se sentó sobre la cama. Su rostro se confundía con el camisón por la blancura de ambos, y cerraba los ojos, como intentando asimilar la situación. Poco a poco, comenzaba a abrir la boca, buscando las palabras apropiadas.

-¿Sabes que pasaría si dijeras algo?- comenzó pausadamente. – Jaime – era la primera vez me llamaba por mi nombre de pilas. –no es por mi, sabes que mi madre es muy mayor, ¿Dónde iba a encontrar trabajo? , - Comenzaba a sollozar.

-Pero con mi padre… insistí. Lo cierto es que lo que más me dolía era que hubiese sido con mi padre. Eso traicionaba la complicidad de la que siempre habíamos gozado, yo que la tenía en más estima que a mis propios padres….

Comenzó a llorar apoyando su cabeza sobre sus piernas, y cuando se quiso levantar para marcharse, la sujete del brazo. –Espera, quieres que guarde silencio, tienes que hacer una cosa por mi – le dije, si mirarla a a cara. – ¿Qué cosa?- preguntó entre sollozos. En ese momento, me destapé de la corcha que me cubría sobre la cama, y quitándome la almohada que me había puesto para disimular, hizo aparición de mi gran miembro, erecto como un hasta, listo para funcionar…

Leo pego un gran salto, levantándose de golpe. No se si por la impresión de la situación o de la aparición de ese gran pene. -¿Qué te cree que haces? Me reprocho, con cara como de asco. -¿Quieres que no cuente nada?, aquí tienes, todo tuyo- conteste con firmeza, amenazante. Se lo pensó varios segundos, sin apartar la vista de mi pene erecto, se apoyo en la pared, meditando, quizás analizando los pros y los contras.

- Esta bien – dijo mientras acercándose se sentó sobre la cama. Agarro el pene con una mano, y lentamente se la metió en su boca. Comenzó a chuparla suavemente, por supuesto, era consciente de que aunque muy bien dotado, aun era un niño, y de seguro neófito en las cuestiones sexuales. Masajeaba los huevos, mientras con la lengua jugaba con el pene erecto, a punto de estallar…. Y o no me lo podía creer, el corazón latía como cañonazos, y en esa posición, busque su culo, firme, lo acaricié, primero sobre el camisón, luego, fui bajando hasta meter mi mano por debajo de el.

Conseguí llegar con mi mano a su concha, y poco a poco comencé a acariciárselo por encima de de las braguitas. Leo, cada vez aceleraba mas con su boca, a la vez que comenzaba a mover su cuerpo, presa de las caricias que le estaba realizando. – Cómeme mi coño- me dijo. -¿Qué?- contesté sin entender... así que sin mediar más palabra, se bajo las bragas, y poniendose de pie sobre la cama, sobre mi, se sento plantándome su enorme concha sobre mi cara… - ¡Cómeme mi coño! – me grito – Me quedé absorto por unos momentos, no sabía que debía hacer, tenía su gran concha sobre olir, con un peculiar olor, humedo, así que saqué mi lengua, y se la metí entre las rajitas… -ahhhhhhhhhhh- grito. Yo segúi haciendo eso cada vez más rapido, pasando mi lengua por cada rincón, a la vez que ella se movía jadeando, disfrutando, jadeando…. a la vez que le lamia su concha, le cojía el culo, apretando, acariciandoselo… el pene estaba en riesgo de explosión… las venas se marcaban como queriendo salir, entonces Leo, sin decir nada, se posición sobre mi pene, y bajandose lentamente se la metió, hasta dentro. –Si…Si….. SI….. esto es tremendo!!!:… -decía mientras daba saltos, con un mete saca, que parecía que le iba a llegar a la garganta….

En ese momento, recordé a las escenas tantas veces observadas en la clandestinidad… -Leo por detrás, quiero por detrás. – le dije. – Si mi amor por detrás- dijo mientras se levantaba, y se ponía sobre la cama a cuatro patas. Yo me incorporé, y poniéndome por detrás, quise embestir por el único agujero que veía en ese momento... –No, cariño por ahí n…aaaaaaaaaaaaaayyyyyy- grito de una vez. Yo que no entendí el porque de lo que decía, comencé a empujar con ímpetu… y el lamento del principio, se convirtió en más jadeos, mas movimientos, y mas "si mi amor, dame mas de tu tranco"…. Cuando llevábamos como 10 minutos así, se reincorporó, y sentándome sobre la cama, se sentó sobre mí, y de nuevo, comenzó a votar, a galopar, jadeando, sudando,… entonces algo se agolpó en mi pene, y se liberó de sopetón, como una manguera que suelta un chorro a presión…. Toda la leche se derramo dentro de ella, suavemente me retire de dicha posición, rendido cai sobre la cama. Leo, se acercó, y abrazándome me dio un calido beso sobre mis labios… - ¿sabes?, ya no serás más un niño, ya eres un hombre. – me dijo suavemente y me quedé dormido.

Al día siguiente me levanté tarde. Rosa, una de las criadas me despertó de golpe al abrir las ventanas de para en par. – Arriba señorito, que hay que ventilar esta habitación, ¡aquí huele a hombre!- dijo, mientras yo me levantaba de un salto… - si Rosa, a que quieres que huela, si aquí lo que hay es un hombre.-

En los días siguientes no pude ver mucho a Leo. Estaba de exámenes y debía pasar bastante tiempo estudiando. Un día, mi madre entro en mi habitación y me dijo – Hijo, ya eres mayor y creo que ya podemos prescindir de una niñera, ¿no crees tu? - Aunque yo ya sabía que estaba todo decidido, había oido en la cocina, que mi madre había descubierto a Leo y a mi padre en una de sus reuniones secretas, y la había puesto de patitas a la calle, junto a su madre. Y aunque lloré y pataleé para que la readmitiesen, mi madre había tomado la determinación de ser firme en este asunto.

Pasaron los años, y fui a la universidad. Alli conocí a una chica de la que me enamoré. Me casé con ella, y hoy en día, yo sucedo a mi padre en la estirpe social económica. Por lo que no me puedo quejar, aunque nunca olvidaré aquella noche que pasé de ser un niño a ser un hombre.

*****

Hace algunos días, acompañaba a mi familia por un paseo por el parque, cuando una preciosa mujer se me acerco para vender un clavel. Aun que su rostro estaba bastante desmejorado, aquellos ojos, me recordaron a alguien de mi pasado… Ella se quedó mirándome, fija, … y tras unos segundos, reaccionaba diciéndome – un clavel señor- a lo que yo asentía dándole una moneda, sin poder desviar la mirada sobre sus ojos… -muchas gracias señor- dijo mientras se daba la vuelta y llamaba a su hijo que estaba detrás corriendo portando un gran cesto de claveles…-Vamos Jaime, que ya está bien por hoy mi niño - dijo mientras proseguía su camino, seguido por su hijo, yo la seguía con la mirada, absorto… -Que te ocurre Jaime- la voz de mi amada esposa que me regresaba a la realidad – Nada, nada, creí reconocer a alguién de mi niñez- y esa fue la última vez que vi a aquella que cambió mi vida, y por lo que vi, a quién también se la cambié yo…

Autor: adonis


webcam porno

All logos and trademarks in this site are property of their respective owner.
The comments are property of their posters, all the rest Copyright 2004-07 by me.
Todos los derechos reservados - MaciZORRAS.CoM Copyright 2004-07. Porno Gratis