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2010-06-24 05:56:00
Hola, mi nombre es Ana y actualmente tengo 19 años y es la primera vez que escribo algo así, discúlpenme si lo hago mal. Ya he leído varios relatos así que intentaré seguir la forma de escritura de algunos relatos para que salga bien y debo prevenirlos, este relato es muy extenso, léanlo sólo si tienen tiempo, les juro que valdrá la pena.

Se preguntarán después de leer mi relato, el porqué vengo a contárselos si se trata de un relato fuerte para una chica de la edad en que lo viví y la verdad aunque sí fue una experiencia que cambió mi vida, no la recuerdo como algo malo y he vuelto a realizar las acciones que aquí les contaré en muchas ocasiones, con más placer que en mi primera vez.

Bueno, entonces para que imaginen debo describirme. Soy una chica de tez blanca, mi color es claro y en el rostro suelo tener rubor natural rosado, más en situaciones comprometedoras, vergonzosas o excitantes. Tengo cabello castaño claro y al sol llega a verse de color dorado, actualmente lo uso medio-largo, un poco arriba de la mitad de mi espalda.

Mis ojos son castaños claros y según la luz pueden verse color miel brillante, aunque me hubiera gustado nacer con ojos de color, verde o azul por ejemplo, considero muy bellos mis ojos. Mi nariz es pequeña y respingada, es una parte que me gusta de mí y por últimos mis labios son de complexión media de color rojizo natural y no suelo usar labial en ellos, prefiero el brillo.

De mi cuerpo, que parece ser la parte que más disfrutan ustedes que describamos de nosotras, desde niña ha sido delgada y desde los 16 me he esforzado en embellecerlo más en el gimnasio. Mido 1.65m y actualmente peso 57 kg. Desde la niñez y hablo de quizás una edad de 8 años, siempre noté que tenía unas pompis (glúteos) bonitos, grandes pero estéticos y en su lugar y este hecho se acentuó cuando mis caderas crecieron al madurar y sin duda un elemento distintivo de mí, es mi trasero, aunque no me guste mucho ese hecho.

Mis senos no son grandes, debo ser sincera. Crecieron a partir de los 12 años y desde los 14 no han crecido más, soy talla 32-B de México. Ah, por cierto, olvidé decirles mi nacionalidad y que actualmente estudio la Universidad en Comunicaciones.

Contrarrestando el tamaño de mis senos, tengo a mi favor que están muy en su lugar como desde cuando era niña, la gravedad no han hecho efecto en ellos y están firmes, pero muy suaves al tacto porque a diario humecto toda mi piel, incluido mi par favorito.

Mis medidas son, 85cms de senos, 63 de cintura y 95 de cadera y actualmente con mucho esfuerzo puedo presumir que no tengo pancita.

Debido a mi narración debo describirles dos lugares más de mi cuerpo. Mi vagina, la cual depilo a menudo desde los 14 por petición de mi novio de entonces y actualmente por estética y limpieza, es de color rosado claro, aunque más intenso que el color rosado de mis pezones.

Mis labios vaginales son normales, no son largos ni cortos. Mi clítoris es pequeño y eso me ha traído problemas para que mi pareja lo encuentre, pero es muy sensible al tacto y mucho más con la lengua. Mi vagina, justo la entrada, siempre fue pequeña y obviamente más cuando era virgen, aunque debo admitir que después de muchos años de relaciones sexuales no ha cambiado mucho su tamaño y eso siempre me causa dolor al inicio de la penetración.

Por último (Ya debí aburrirlos), también debo describir mi ano. Pasé mucho tiempo con un espejo a los 14 mirando entre mis piernas y entre mis nalgas, así que recuerdo bien la mayoría de los detalles. Mi ano es estrecho como el de cualquier chica, aunque a veces creo que es defectuoso y es más pequeño de lo que debería y aunque he tenido ya en varias ocasiones relaciones anales, jamás lo he visto expandido, además de obviamente justo después de que sale el pene y esa estrechez también me ha traído momentos dolorosos que aún a esta edad me duele sentarme o hasta caminar después de una buena dosis de sexo.

En fin, si han soportado mi narcisista descripción, les prometo que habrá valido la pena cuando continúen su lectura y aunque no me lo crean, esto que leerán de verdad sucedió y no es solo una historia salida de mi mente. (Ojalá así fuera, no hubiera estado adolorida 1 semana...)

Pues bien, ahora ya saben cómo soy físicamente en la actualidad. Ahora, transformen esa imagen a una chica de 1.60, de 54 kg y de 14 años, ya en esa edad tenía el trasero y senos que actualmente poseo.

Yo conocí a Roberto en una fiesta a la que fui junto con mi hermana y ella gustaba de Roberto, pero jamás se atrevió a confesárselo. Lo conocí cuando yo tenía 13 años y él 19, su edad era más acorde con los 18 que tenía mi hermana en esa actualidad.

Roberto, quien era amigo de mi hermana, le reveló que gustaba de mí y ahí termino "su historia de amor" y la verdad el chico era guapo y fue por él por quien inicié en el vicio del gimnasio. Media 1.83 y era muy similar a mí en cuanto a color de piel, cabello, pero sus ojos eran verdes intensos, sus ojos me volvían loca.

Antes de que yo cumpliera 14 años, ya éramos novios. Yo estaba fascinada, tenía en él un hombre independiente (Él trabajaba y estudiaba la universidad), pudiente con todos mis caprichos tontos y además de eso, disciplinado, con un cuerpo musculoso delgado digno de una portada de Mens Healt y lo que más amaba de él era que me trataba como su princesa, amoroso y caballeroso siempre. Claro, como se imaginarán, era un altísimo precio el que yo debía pagar para seguir a su lado, la diferencia de edad era un punto vulnerable, más con todas las chicas que se arrastraban por él, chicas más adultas y más sexys, comparadas con mi aún puberto cuerpo.

En las primeras charlas sobre sexo que tuvimos, me contó con detalles el cómo perdió su virginidad y me contó también su fantasía, la cual era penetrar a una chica doblemente, con un vibrador por el ano y el pene por la vagina y al revés después, el pene por el ano y el vibrador por la vagina. También deseaba con locura tener su primera vez anal, porque su ex novia jamás le había permitido penetrarla por ahí.

Esa charla me movió completamente y tuve sueños húmedos imaginándonos cumpliendo su fantasía y fue entonces cuando empecé a inspeccionar con mucho detenimiento mi vagina y mi ano, pero jamás me atreví a penetrarlos, quería darle ese privilegio a él.

Pasaron unos dos meses después de esa charla para el día en que sucedió todo. Yo cursaba el tercer año de la secundaria y él solía recogerme a las 3pm, en el pequeño lapso que tenía libre entre el trabajo y la escuela que estudiaba por las tardes.

Pero ese día fue diferente, él no tenía planeado asistir a la escuela y yo, junto con mis vírgenes vagina y ano, seríamos sus víctimas de esa tarde. Cubrió el hecho con mis papás inventando una salida al cine y después a cenar que nos tenía libres de culpa hasta por lo menos las 10pm, teníamos 7 horas para la locura.

Mis papás habían convivido con Roberto desde que él era un niño y sabían lo buen chico que era y por eso no temían que sucediera lo que sucedería. Ya habíamos cumplido 6 meses de nuestro noviazgo y él solo me había besado, había respetado mi cuerpo al máximo, lo que contrariamente hacia crecer mis ganas porque me hiciera suya cada día.

Yo aún era muy inocente, pero noté que algo no estaba bien por sus actitudes, estaba menos sonriente de lo normal, estaba nervioso. Llegamos a su casa y yo vestía mi uniforme escolar, el clásico uniforme de secundaria que consta de falda y camisa. También traía mi uniforme de deportes en la mochila, porque ese día lo habíamos usado y ese costaba de pants y shorts, además de una playera mucho más justa.

Al llegar a su casa, la cual estaba sola, (Vivía con su familia, así que era extraño que estuviera completamente sola) nos sentamos en el sillón y por primera vez en seis meses los besos fueron muy apasionados e intensos, por primera vez sentí su lengua entrar a mi boca y hasta se atrevió a tocarme los muslos desnudos por mi falda, pero no hubo más y yo con solo unos besos estaba muy excitada, como jamás en mi vida.

Me gustaba a veces usar su ropa, porque me quedaba tan grande que según él me hacía ver muy tierna y yo amaba quedar impregnada de su aroma en mi piel, así que me sugirió que me pusiera ropa más cómoda mientras él preparaba las palomitas para la película que se supone veríamos en su casa.

En vez de eso, decidí usar mi uniforme de deportes. Los shorts siempre se me ajustaban a los glúteos demasiado, usaba bóxers chicos al usarlos para evitar que mi ropa interior entrara entre mis nalgas, pero a pesar de ello sucedía y era por eso que jamás los usaba en la escuela y la playera se ajustaba a mis pequeños senos de manera agradable. Quedé descalza y bajé de nuevo a la sala.

Él se quedó mirándome sin disimular su sorpresa y caminó hacia mí con una mirada demoniaca y perversa que hizo temblar mis piernas. La televisión quedó encendida con la imagen de DVD en ella y el olor de palomitas inundó la sala porque jamás fueron comidas.

Me cargo en sus brazos desesperadamente y me llevó a su habitación, siempre bastante limpia y ordenada, con un aroma suyo que me encantaba. Me recostó en su cama y me habló al oído, me previno de lo que sucedería, fue honesto con los detalles, quería que tuviéramos relaciones vaginales, anales y orales y me preguntaba si yo estaba de acuerdo.

Yo lo amaba y él a mí, claro que yo estaba de acuerdo, deseaba vivir esto desde tiempo atrás y no me importaba si dolía, yo quería tener mi primera vez con él y qué mejor que todas mis virginidades en una tarde, como mi mejor regalo hacia él.

Una vez que acepté, se lanzó sobre de mí en la amplia cama y me sentí atemorizada al sentir su peso sobre todo mi frágil cuerpo y empezó a besarme aún con más pasión que en la sala. Se detuvo cuando empezó a notar que me asfixiaba el beso y cambió su objetivo a mis oídos. Los lamio lenta y suavemente, metía su lengua en ellos y eso me hacía sentir escalofríos y para entonces yo ya estaba muy lubricada.

Siguió por mi cuello, los chupaba con cuidado para no dejarme marcas y yo estaba cerca de un orgasmo con tan solo muy poco. Por primera vez tocó mis pechos, con ambas manos los estrujó con fuerza y después con suavidad y después bajó a mi abdomen, subiendo mi playera para empezar a besarlo, pasando su lengua por mi ombligo y por todo lo largo de mi abdomen. Subió más mi playera hasta que dejó mis senos sólo cubiertos por mi brassiere de detalles infantiles y empezó a hundir su rostro en ellos, besándolos y lamiéndolos como si no hubiera mañana. Besaba mis pezones por arriba de mi sostén y mordía con suavidad de vez en cuando, logrando una erección de mis pezones.

Me incorporó y me sentó, para retirarme la playera y abrir mi sostén, dejando por primera vez mis senos desnudos y muy excitados frente a él. Me volvió a recostar y entonces empezó a lamer y succionar, jalar y estrujar, morder y apretar, todos los movimientos posibles sobre mis pezones, mientras ocupaba su boca en uno, el otro lo estimulaba con su mano. Yo sufrí un orgasmo entonces, sentí electricidad en mi cuerpo y cada vez deseaba más y más, lo quería todo.

Succiono tanto que me dejó moretones en los pezones y senos, por suerte nadie los vería ahí y tuve que pedir que se detuviera cuando empezó a lastimarme. Él caballerosamente continuó con su siguiente objetivo, aunque no era el que yo creía. Me pidió que me recostara boca abajo, para admirar mi trasero y empezó a masajearlo con fuerza, metiendo sus manos entre mis nalgas y piernas, tocando en un movimiento mis nalgas, ano y vagina.

Creí que terminaría por desnudarme, pero decidió primero besar mi nuca y espalda, lentamente y recostado sobre de mi, en el momento que sentí por primera vez su pene duro en contra de mi trasero. Cuando llegó a la altura de mi trasero, empezó a besarlo sobre de los shorts y hundió su rostro entre mis glúteos, sentía la presión de su lengua sobre la ropa.

Por fin, decidió quitarme el short y de paso, el bóxer pequeño que ya estaba muy adentro entre mis nalgas, dejándome desnuda ante él. Supuse que sería mi vagina el objetivo de su lengua, pero prefirió primero abrir mi culo con sus dos manos, dejando mi ano a su vista y hundir su rostro entre ellas, lamiendo mi ano con fuerza y presión.

Yo estaba incómoda con la situación, me resultaba poco higiénico, pero poco tardé en olvidar esos pensamientos al sentir lo bien que era tener su lengua empujando en mi ano, como si quisiera entrar. Ahí paso un par de minutos y cuando se cansó me pidió recostarme boca arriba una vez más.

Abrió mis piernas y admiró mi vagina, ya muy húmeda y con por lo menos dos orgasmos vividos, abrió mis labios de manera delicada y se acercó curiosamente. Yo ya la depilaba desde la charla que habíamos tenido dos meses atrás y estaba en perfecto estado para él.

Hundió su rostro entre mis piernas y empezó a lamer con locura y entonces sentí como nunca, viniéndome justo en su boca, viviendo mi tercer orgasmo de la tarde. Él estaba fascinado de lamerme y yo me retorcía de placer.

Empezó a meter su lengua en mi vagina y creí que terminaría metiéndola y así perdería mi virginidad, pero decidió dejar ese momento para un poco después.

Se levantó y ahora era mi turno de darle placer. Nos pusimos de pie y empecé a abrirle su camisa, admirándome de su pecho y abdomen, partes de su cuerpo que jamás había visto, tenía un cuerpo digno de Hércules, como cincelado en mármol y me encantaba su abdomen, con 4 cuadritos muy definidos, pero yo tenía en la mira otro músculo suyo.

Toqué su bulto y abrí su cinturón. Grata mi sorpresa al mirar que usaba también bóxers y pensé poco en bajárselos mirando por primera vez un pene, grueso, grande y robusto, creí que para que eso entrara en mi estrecho ano me iba a doler bastante, pero decidí que sería valiente, todo por mi amor.

No sabía cómo hacer sexo oral, así que me lo llevé a la boca y empecé a chuparlo dentro de ella, pero me era difícil por el tamaño de la cabeza, apenas dejando espacio libre en mi boca para mover la lengua. Noté que cuando succionaba él gemía tímidamente y decidí dedicarme a succionarlo, movimiento que él valientemente soporto por varios minutos y por suerte cuando yo ya tenía cansada la boca, él me tomó la cabeza en sus manos y empujó su pene hasta el fondo de mi boca y en el mismo instante eyaculó tanto que creí que me ahogaría y empecé a tragarme todo el semen para evitar ahogarme, estaba tan caliente que sentí su recorrido por mi garganta y también estaba espeso, pero su sabor era bastante aceptable, hasta me gustaba.

Sacó su pene de mi boca y empecé a toser, con un poco más de fuerza creo que hubiera penetrado mi garganta y eso es posible, después lo lograría con él en otro contacto. Cuando recobré el aliento, tomé su pene que había disminuido de tamaño y lo seguí lamiendo para no dejar rastro de semen en él, realmente saboreándolo.

Le dije que estaba lista, ya ardía por dentro por sentirme penetrada por él y sabía que iban a ser dos penetraciones, solo esperaba que la vagina perdiera su virginidad por su pene y no por el vibrador que ya había visto sobre la cama. Me recostó boca arriba y llevó mis piernas a sus hombros y dentro de su fantasía, deseaba penetrar a la chica con fuerza, de un solo golpe y me explicó que sería muy doloroso para mí, pero yo acepté de todas formas.

Así fue, colocó su cabeza en la entrada de mi vagina y yo agarré entre mis manos las sábanas y me llevé una almohada pequeña a la boca para morder. Entró de un golpe y el dolor fue inmenso, sentí como me rompí por dentro por capas, en por lo menos tres ocasiones, sentí su pene topar con mi fondo y yo grité en silencio, mordiendo la almohada con toda la fuerza posible y apreté los puños con todas mis fuerzas.

Cuando abrí los ojos, su mirada era perversa y lujuriosa, como si yo fuera su víctima y él hubiera cumplido su deseo y aunque el dolor era aún insoportable, verlo en ese estado me reconfortó. Sentía el palpitar de su pene por todo lo largo de mi vagina y el no era tan malo, por lo menos después de esa bestial penetración se había mantenido quieto. Yo, a pesar de estar cerca de gritar de nuevo por el dolor, moví mi cadera hacia su pene y le dije que continuara. No debí hacerlo.

Empezó a bombearme con fuerza, sin real delicadeza y yo me estaba partiendo en dos por dentro. Sangré con ganas, sentía correr mis fluidos junto con la sangre hacia atrás, hacia mis pompas y espalda.

Me dolió los primeros minutos, después sólo sentía un ardor y calor interno muy fuerte y yo ya gemía tanto que esperaba sólo no oyeran mis gritos los vecinos. No sé cuantos orgasmos pude haber tenido en los minutos que estuvo su gran pene en mí, pero al final volvió a eyacular dentro de mí. Él no había usado condón, así que sentí como otra gran cantidad de semen me llenaba y de alguna forma su calor me reconfortaba el ardor.

Sacó su pene, bastante duro aún y me incorporé, solo para ver la inmensa mancha roja y blanca que habíamos dejado en las sábanas. Volví a llevarme su pene a la boca y limpié mi sangre de su miembro, que estaba también húmedo de semen y mis fluidos.

Pensé que ahora me penetraría por el ano, dejando descansar mi vagina al menos un momento, pero no fue así. Me pidió acostarme boca abajo y abrió mis piernas solo para penetrarme de nuevo, ahora con el vibrador, el cual era tan impresionante como lo era su pene, pero estaba acompañado de bordes salientes a lo largo de todo el cuerpo del vibrador. Tener este cuerpo extraño dentro ya me llenaba, no tenía idea de cómo me cabría su inmenso pene en mi ano y yo sabía que esta vez sí iba a dolerme en serio esa penetración.

Encendió el vibrador, se movía muy rápido adentro de mí y la sensación me volvía loca, aunque estaba muy adolorida para disfrutarlo por completo. Me levantó la cadera para ponerme en la posición de perrito, pero yo mantenía mi cabeza y brazos abajo, apoyados en la cama, dejando mi vagina vibrante y mi ano virgen en lo más alto, listo para sentir lo que era tener su miembro entre sus paredes.

Volvió a lamerme justo en el ano con su lengua empujando con más fuerza que antes y la sensación del vibrador moviéndose sumado a la legua empujando me dio mucho placer. Me dejó sola unos segundos cuando fue por un extraño tipo de crema que se untó en el pene y en mi ano, sintiendo por primera vez entrar algo, un dedo suyo que poco después fue acompañado por uno segundo que intentó abrirme desde dentro. Volví a morder la almohada al sentir dolor.

Cuando quedé bien lubricada, colocó su pene en la entrada de mi ano mientras el vibrador seguía moviéndose dentro de mí y me preguntó si estaba lista. Yo respondí afirmando con la cabeza en silencio, porque ya mordía la almohada y empujó con mucha fuerza, pero involuntariamente apreté los músculos de mi ano, cerrándolo, lo que generó más dificultad para la penetración y más dolor para mí.

A pesar de que involuntariamente apreté con todas mis fuerzas, el pene se abrió paso en mi estrecho orificio y yo creí que terminaría por desmayarme debido al dolor intenso. Esta vez se olvidó de darme unos segundos de respiro y empezó a bombear con dificultad debido a lo apretado de mi ano y por eso mismo lo hacía con más fuerza, haciéndome sentir desgarrarme por dentro.

Cerré los ojos y pensé que pronto pasaría, que esto lo hacía por amor, él merecía estos regalos, pero el dolor no se iba.

Soporté lo suficiente para sentir placer una vez más y cuando empecé a gritar de nuevo el aumentó el ritmo de sus movimientos, que ahora eran con la misma fuerza, pero permitían desplazar más el pene de afuera hacia adentro lo que me hacía enloquecer.

Por fin, al final, eyaculó por tercera vez haciéndome volver sentir el calor interno de su semen y como este intenta salir por el orificio más cercano. Sacó su pene y apagó el vibrador, diciéndome que iría a lavar su pene, para el último round.

Antes de que se fuera, pedí que me revisara el ano, sólo para saber si también había sangrado y para mi alivio dijo que estaba abierto y rojizo debido a la fricción, pero no estaba sangrando, sólo expulsaba su semen.

Me dio un respiro cuando fue a lavarse y yo estaba completamente exhausta y toqué mi ano el cual estaba de verdad abierto instantes después de haber sido penetrado. Tomé el vibrador y lo metí en mi ano, para aprovechar que seguía abierto, no quería que me volviera a doler la penetración. Lo encendí y dejé que me acostumbrara y para cuando el volvió, ya estaba lista para el último asalto.

Verme ahí, masturbándome analmente sin que él lo pidiera lo excitó lo suficiente para una nueva erección que tuvo como fin mi vagina que ya había dejado de sangrar. Fueron las penetraciones más largas y profundas que sentí en la tarde y también el momento que más duraron las penetraciones sin pausas de descanso, no tenía idea de cuantos orgasmos ya había vivido, pero un par al menos llegó en el último round.

Eyaculó por última vez y se dejó caer sobre de mi cuerpo que se convulsionaba de placer y ambos nos quedamos inmóviles, él aún tenía su pene dentro de mí, que iba decreciendo de tamaño a cada segundo y el vibrador seguía moviéndose con fuerza, lo que me hizo seguir gimiendo después de esos segundos de silencio que sucedieron al terminar.

Mis gemidos le recordaron que yo seguía penetrada por el vibrador y sólo me levantó las piernas y lo sacó de un movimiento, lo que me causó dolor y me hizo gritar levemente.

Para mi sorpresa, habían pasado 3 y media horas desde que habíamos llegado, ya eran las 7 de la noche y yo me quedé inmóvil y desnuda, inundada de su semen por dentro y fuera por al menos 15 minutos en los que no supe a donde se había ido.

Yo estaba perdida, y cuando recobré un poco de la conciencia que ya me exigía dormir, noté que él ya se había dado una ducha. Me levanté con dificultad sólo para sentir el verdadero dolor muscular que sentía sólo por rozar mi ano o vagina al caminar, dolor que estaría presente por casi una semana.

Me duché sola, pasando el jabón con mucha delicadeza sobre mi ano y vagina para lavarlos y terminé en unos veinte minutos. Mientras me bañaba, recordé que había sido un error no usar condón y sentí miedo, mucho semen había entrado en mi vagina, temí quedar embarazada.

Tuve que soportar 20 días de incertidumbre hasta que mi próximo periodo menstrual llegó, aunque Roberto me había ya reconfortado que, en caso de quedar embarazada, él se haría completamente responsable.

Esa noche, la pasamos desnudos en su habitación por otras tres horas, recibí muchos halagos de su parte, acerca de mi valentía, de haber soportado el dolor, de lo dulce que se oían mis sonidos de placer y mil y una cosas más.

Una semana después dedicamos dos horas a relatar esa noche y yo aún conservo el documento original en el que con mis palabras, de expresiones más infantiles, relaté todo lo que acaban de leer, aunque debo aceptar que fui súper descriptiva en esta ocasión.

Aún sería novia de Roberto y él hubiera sido el hombre con el que me hubiera casado. Es muy triste para mí aceptar su muerte que sucedió hace 2 años en un accidente automovilístico en el que yo también estuve y me llevó al hospital por 2 meses.

Pero bueno, este sitio no es para relatar esa triste historia, ahora tengo otro novio que es bastante bueno, pero mi corazón siempre será sólo de ti Roberto. Hoy 05 de Junio del 2010 cumpliríamos 6 años de habernos conocido y por ti escribí este relato. Te amo.

Espero les haya gustado leerlo tanto como a mí escribirlo y disculpen que haya sido tan largo, sé que a ustedes les gustan los relatos cortos, pero sean benevolentes conmigo, se trataba de una historia muy especial.

Besos y saludos. Ana.

Autor: Kimberly


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